Capítulo 16: El matrimonio: Una relación eterna
    Notas al pie de página

    Capítulo 16

    El matrimonio: Una relación eterna

    “La mejor relación de la vida se halla en el matrimonio, en ese vínculo que tiene importancia perdurable y eterna”

    De la vida de Howard W. Hunter

    Cuando Howard W. Hunter tenía 20 años de edad, conoció a Claire Jeffs en un baile de la Iglesia en Los Ángeles, California, al que ella había asistido con uno de los amigos de él. Después del baile, algunos de los jóvenes adultos fueron a la playa a caminar entre las olas. Howard perdió la corbata y Claire se ofreció a recorrer la playa con él para ayudarlo a buscarla. Más adelante, Howard dijo: “La siguiente vez que salimos, yo lo hice con Claire, y [mi amigo] fue con otra persona”1.

    Al año siguiente empezaron un noviazgo formal, y una tarde de primavera, casi tres años después de conocerse, Howard llevó a Claire a un hermoso mirador con vista al océano. “[Observamos] las olas del Pacífico llegar y romperse sobre las rocas a la luz de la luna llena”, escribió él. Aquella noche Howard le propuso matrimonio a Claire, y ella aceptó. Él dijo: “Esa noche conversamos sobre nuestros planes [y] tomamos muchas decisiones, y algunas firmes resoluciones, concernientes a nuestra vida”2.

    Howard y Claire se casaron en el Templo de Salt Lake el 10 de junio de 1931. Durante los siguientes 52 años, el amor entre ellos aumentó conforme criaron a sus hijos, prestaron servicio en la Iglesia y afrontaron las dificultades con fe.

    Su dicha como matrimonio era evidente para la familia. Robert Hunter, su nieto mayor, dijo: “Cuando pienso en mi abuelo, lo que más resalta en mi mente es su ejemplo como esposo amoroso… Se podía palpar el estrecho vínculo de amor que existía entre los dos”3.

    El amor del presidente Hunter por su esposa se hizo especialmente evidente mientras cuidaba de ella durante sus últimos diez años de vida, tiempo en que ella padeció graves problemas de salud. El fallecimiento de Claire el 9 de octubre de 1983 fue “un golpe devastador” para el presidente Hunter4. Él escribió que al llegar a casa el día en que ella murió, “la casa parecía fría y, al recorrerla, todo me la recordaba”5.

    Tras pasar casi siete años solo, el presidente Hunter se casó con Inis Stanton en abril de 1990. El presidente Gordon B. Hinckley efectuó la ceremonia en el Templo de Salt Lake. Inis fue una fuente de gran consuelo y fortaleza para el presidente Hunter durante el servicio de éste como Presidente del Cuórum de los Doce y como Presidente de la Iglesia. Lo acompañó en muchos de sus viajes para reunirse con los santos de todo el mundo.

    El élder James E. Faust, del Cuórum de los Doce, se refirió a la bendición que Inis fue para el presidente Hunter: “Tras el fallecimiento [de Claire], fue una época solitaria de varios años hasta que se casó con Inis. Juntos, han compartido muchísimos recuerdos y experiencias felices”. Luego, dirigiéndose a la hermana Hunter, dijo: “Inis, estamos agradecidos mucho más de lo que podemos expresarle por su compañerismo y por cuidarlo amorosa y dedicadamente. Usted trajo brillo a sus ojos y dicha a los años culminantes de su vida y su ministerio”6.

    pareja con templo al fondo

    “En el templo recibimos la mayor ordenanza disponible para el hombre y la mujer: el sellamiento del esposo y la esposa que los une por la eternidad”.

    Enseñanzas de Howard W. Hunter

    1

    El matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y su designio es que sea eterno

    El Señor nos ha definido el matrimonio. Dijo: “…Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne” (Mateo 19:5)7.

    La mejor relación de la vida se halla en el matrimonio, en ese vínculo que tiene importancia perdurable y eterna8.

    Con el conocimiento del plan de salvación como base, el hombre que posee el sacerdocio debe considerar el matrimonio como un privilegio y una obligación sagrados. No es bueno que el hombre ni que la mujer estén solos. El hombre no es completo sin la mujer. Ninguno puede cumplir la medida de su creación sin el otro (véanse 1 Corintios 11:11; Moisés 3:18). El matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios (véase D. y C. 49:15–17). Sólo por medio del nuevo y sempiterno convenio del matrimonio alcanzarán la plenitud de las bendiciones eternas (véanse D. y C. 131:1–4; 132:15–19)9.

    A menudo se hace referencia al matrimonio como una sociedad con Dios, y esto no es sólo una metáfora. Si esa sociedad se mantiene fuerte y activa, el hombre y la mujer se amarán el uno al otro tal como aman a Dios, y sobrevendrán en el hogar una dulzura y un cariño que traerán el éxito eterno10.

    El primer matrimonio lo efectuó el Señor. Fue un matrimonio eterno, puesto que no existía aquello que denominamos tiempo cuando la ceremonia tuvo lugar. La ceremonia se realizó a favor de una pareja que en ese entonces no estaba sujeta a la muerte; por consiguiente, en esas circunstancias, la relación no finalizaría jamás. Después de la Caída, nuestros primeros padres fueron expulsados del Jardín [de Edén]. Luego quedaron sujetos a la muerte, mas se les prometió la resurrección. En ningún momento se dijo que su matrimonio eterno finalizaría11.

    En el templo recibimos la mayor ordenanza disponible para el hombre y la mujer: el sellamiento del esposo y la esposa que los une por la eternidad. Esperamos que nuestros jóvenes no se conformen con algo inferior al matrimonio en el templo12.

    Así como el bautismo es un mandamiento del Señor, también lo es el matrimonio en el templo. Así como el bautismo es esencial para la admisión en la Iglesia, el matrimonio en el templo es esencial para nuestra exaltación en la presencia de Dios. Es parte de nuestro destino. Sin él no podemos cumplir nuestros objetivos finales. No se conformen con menos que eso.

    Ustedes no aceptarían una forma mundana de bautismo, ¿cierto? Dios tiene Su modo de bautismo, por inmersión por alguien que posea la autoridad. Entonces, ¿aceptarían ustedes una forma mundana de matrimonio? Él tiene también Su modo de casamiento, y es el matrimonio en el templo13.

    Ruego que el Señor nos bendiga para que comprendamos la razón de nuestra existencia y lo que hemos de hacer a fin de hallar el camino a la exaltación y la vida eterna. Parte del plan eterno es el matrimonio, que consideramos sagrado. Si estamos dispuestos a cumplir, las ordenanzas se tornan permanentes para siempre. ¡Qué glorioso es entender eso y que se nos hayan revelado esas verdades!14.

    2

    Al decidir con quién casarse, sean pacientes, tengan fe y manténganse dignos de recibir ayuda divina

    Pienso que la decisión más importante que deben tomar… es la decisión que forjará su vida por la eternidad; y ésta es su matrimonio. Estoy seguro de que estarán de acuerdo conmigo en que eso será mucho más importante que cualquier otra cosa que hagan en la vida, ya que su trabajo y su profesión, o cualquier cosa que vayan a hacer es muchísimo menos importante que los valores eternos… [La decisión tocante al matrimonio] influirá en ustedes a lo largo de la eternidad; también influirá en ustedes mientras vivan aquí, sobre la Tierra15.

    No se apresuren a formalizar ninguna relación sin antes recibir la debida inspiración y haberlo pensado bien; busquen la guía del Señor al respecto. Manténganse dignos de recibir la ayuda divina16.

    Muchos de ustedes… se preocupan en cuanto al cortejo, el matrimonio y el formar una familia. Es probable que no encuentren el nombre de su futuro cónyuge en la visión de Nefi ni en el libro de Apocalipsis; es probable que no se los diga un ángel ni tampoco su obispo. Algunas cosas las deben resolver ustedes mismos. Tengan fe y sean obedientes, y vendrán las bendiciones. Traten de ser pacientes; traten de no permitir que aquello que no tengan no los deje ver aquello que sí tienen. Al preocuparse demasiado en cuanto al matrimonio, puede perjudicarse la posibilidad misma de casarse. Vivan de manera plena y fiel como persona individual antes de sentir ansiedad excesiva por vivir en pareja17.

    Mientras se aguardan las bendiciones prometidas, no debemos interrumpir nuestro progreso, ya que el miedo a seguir adelante es hasta cierto punto un retroceso. Conságrense anhelosamente a causas buenas, incluso a su propio desarrollo18.

    jóvenes adultos en caminata

    “Mientras se aguardan las bendiciones prometidas… [conságrense] anhelosamente a causas buenas, incluso a su propio desarrollo”.

    3

    No se negará ninguna bendición a las personas dignas que no estén casadas

    Esta es la Iglesia de Jesucristo, no la Iglesia de los casados ni de los solteros, ni de ningún grupo ni persona. El Evangelio que predicamos es el evangelio de Jesucristo, el cual abarca todas las ordenanzas salvadoras y los convenios necesarios para salvar y exaltar a todas las personas que voluntariamente acepten a Jesucristo y guarden los mandamientos que Él y nuestro Padre Celestial han dado19.

    A ninguna persona digna se le negará ninguna bendición, incluso la del matrimonio eterno y la de una familia eterna. Aunque tal vez a algunos les requiera más tiempo obtener esa bendición —quizás hasta después de esta vida mortal— no se le negará a nadie…

    Ahora, permítanme pronunciar algunas palabras de consejo y amor.

    Para los hombres solteros: No pospongan el matrimonio hasta estar en la profesión y en la posición económica perfectas… Recuerden que, como poseedores del sacerdocio, tienen la obligación de tomar la iniciativa en lo que respecta a buscar una compañera eterna.

    Para las mujeres solteras: Los profetas de Dios siempre han dicho que el Señor se preocupa por ustedes; si son fieles, todas las bendiciones serán suyas. El no estar casadas o el no tener familia en esta vida es sólo una condición temporal, y la eternidad es un largo tiempo. El presidente Benson nos ha recordado: “El tiempo le es medido solamente al hombre; Dios tiene presente su perspectiva eterna” (véase Liahona, enero de 1989, pág. 104). Llenen su vida con actividades útiles y significativas.

    Para los que han pasado por un divorcio: No dejen que la desilusión ni el sentimiento de fracaso afecte el concepto que tienen del matrimonio ni de la vida. No pierdan la fe en el matrimonio ni permitan que la amargura mine su alma, ni que los destruya a ustedes ni a quienes aman o han amado20.

    4

    El matrimonio de éxito requiere nuestro mayor esfuerzo por vivir los principios del Evangelio

    [El matrimonio]… es un comportamiento que se aprende. Nuestro esfuerzo consciente —y no instintivo— determina el éxito. La fuerza motivadora procede de la bondad, del afecto verdadero y de la consideración hacia la felicidad y el bienestar del otro.

    Antes del matrimonio vemos la vida desde nuestro propio punto de vista, pero después de cruzar ese umbral, comenzamos a considerarla también desde el punto de vista de otra persona. Existe la necesidad de hacer sacrificios y ajustes como una manifestación de apoyo y amor.

    Con frecuencia se dice que estar felizmente casado y tener éxito en ello generalmente no es tanto una cuestión de casarse con la persona indicada, sino de ser la persona indicada. Las estadísticas que muestran el alto índice de divorcio quizás indiquen decisiones imprudentes al escoger a la pareja. Si se hubieran casado con otra persona, tal vez el problema en particular se hubiese eliminado, pero seguramente otro problema tomaría su lugar. Elegir con sabiduría a la pareja es una gran contribución a un matrimonio de éxito; sin embargo, el esfuerzo consciente por cumplir plenamente con nuestra parte es el elemento que más contribuye al éxito21.

    Aun cuando es verdad que las parejas dignas obtendrán la exaltación en el reino celestial, todo hombre y toda mujer que se selle en una relación eterna debe ser digno de esa bendición en forma individual.

    Un matrimonio eterno estará compuesto de un hombre digno y una mujer digna, quienes individualmente deberán haberse bautizado con agua y con el Espíritu; ido al templo y recibido sus propias investiduras; prometido individualmente fidelidad a Dios y a su compañero en el convenio del matrimonio; y guardado sus convenios individualmente, haciendo todo aquello que el Señor espere de ellos22.

    Vivir los principios del Evangelio crea un matrimonio feliz… Cuando las dos personas viven los principios del Evangelio, el matrimonio puede ser dulce y dichoso23.

    5

    El esposo y la esposa deben colaborar para fortalecer los lazos del matrimonio

    Caridad y paciencia ante las imperfecciones

    La mayoría de los cónyuges tiene imperfecciones… Richard L. Evans dijo una vez: “Tal vez a cualquiera de nosotros le sería posible congeniar con personas perfectas, pero nuestra tarea es congeniar con las imperfectas” [Richard Evans’ Quote Book, 1971, pág. 165]. Entendemos que en el matrimonio no tratamos con personas perfectas; procuramos la perfección y seguimos el curso en el que esperamos hallarla, pero debemos tener comprensión, dar lo mejor de nosotros y hacer que la vida sea hermosa…

    …La Biblia nos dice: “La caridad es sufrida, es benigna” (1 Corintios 13:4). Esa clase de amor, la clase que no se toma a la ligera, que no se termina a discreción para desecharse cual plástico desechable, sino que afronta todas las dificultades pequeñas de la vida de la mano y con las almas entrelazadas, es la máxima expresión de la dicha humana24.

    Unidad de corazón

    Indudablemente, los matrimonios más felices son aquellos en los que tus heridas son mis heridas; mis dolores, tus dolores; mis victorias, tus victorias; mis preocupaciones, tus preocupaciones. La unidad de corazón, del alma, de la carne, parece ser un desafío mayor de lo que jamás lo ha sido en un mundo en que la cuestión aparentemente es: “¿Qué beneficio obtengo yo de esto?”. Hay demasiados cónyuges que han llegado a ser un simple trofeo en la vitrina en vez de parte del corazón25.

    pareja joven con bebé

    Cuando el esposo y la esposa “se [aman] el uno al otro tal como aman a Dios… sobrevendrán en el hogar una dulzura y un cariño que traerán el éxito eterno”.

    La fidelidad en pensamiento, palabra y hecho

    El hombre que posee el sacerdocio debe ser perfecto en su fidelidad moral a su esposa y no darle motivos para que ella dude de su fidelidad. El marido debe amar a su esposa con todo su corazón y allegarse a ella y a ninguna otra (véase D. y C. 42:22–26). El presidente Spencer W. Kimball explicó que “las palabras ninguna otra eliminan a cualquier otra persona o cosa. De manera que el cónyuge llega a ocupar el primer lugar en la vida del esposo o de la esposa, y ni la vida social, ni la vida laboral, ni la vida política, ni ningún otro interés, persona o cosa deben recibir mayor preferencia que el compañero o compañera correspondiente” (El Milagro del Perdón, Paraguay: Bookcraft, 1977, pág. 256).

    El Señor prohíbe y Su Iglesia condena cualquier y toda relación íntima fuera del matrimonio. La infidelidad por parte del hombre quebranta el corazón de su esposa y hace que él pierda la confianza de ella y la confianza de sus hijos (véase Jacob 2:35).

    Sean fieles a sus convenios matrimoniales en pensamiento, palabra y hecho. La pornografía, el coqueteo y las fantasías malsanas corroen nuestro carácter y asestan un feroz golpe a los cimientos de un matrimonio feliz. De ese modo se destruyen la unidad y la confianza de un matrimonio. El que no domine sus pensamientos y cometa así adulterio en su corazón, si no se arrepiente, no tendrá el Espíritu, sino que negará la fe y temerá (véanse D. y C. 42:23; 63:16)26.

    La ternura y el respeto en la intimidad

    Eviten cualquier proceder dominante o indigno en la delicada e íntima relación entre marido y mujer. Por motivo de que el matrimonio ha sido ordenado por Dios, la relación íntima entre marido y mujer es buena y honorable a los ojos de Dios. Él ha mandado que sean una sola carne y que se multipliquen e hinchen la tierra (véanse Moisés 2:28; 3:24). Ustedes deben amar a su esposa como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella (véase Efesios 5:25–31).

    La ternura y el respeto —nunca el egoísmo— deben ser los principios que rijan la relación íntima entre marido y mujer. Cada uno debe ser considerado y sensible para con las necesidades y los deseos del otro. Cualquier proceder tiránico, indecente o desenfrenado en la relación íntima entre marido y mujer es condenado por el Señor.

    El hombre que maltrate o rebaje a su esposa física o espiritualmente es culpable de grave pecado y tiene necesidad de arrepentirse sincera y seriamente. Las diferencias deben resolverse con amor y con bondad y con el espíritu de mutua reconciliación. El hombre siempre debe hablarle a su mujer con amor y con amabilidad, tratándola con el mayor respeto. El matrimonio es como una delicada flor… y hay que cuidarlo… constantemente… con expresiones de amor y de afecto27.

    Escuchar con atención

    Muchos problemas podrían solucionarse rápidamente, y muchas situaciones difíciles podrían resolverse, si comprendiéramos que hay ocasiones en que necesitamos escuchar. En el colegio aprendíamos la lección cuando escuchábamos, pero fracasábamos cuando rehusábamos prestar atención. En el matrimonio hay una completa falta de entendimiento a menos que estemos dispuestos a escuchar… Desde luego es necesario hablar, pero tenemos que escuchar el otro punto de vista a fin de aumentar nuestra comprensión lo suficiente como para tomar una decisión inteligente. A menudo, un oído que escucha puede marcar la diferencia28.

    El altruismo

    Las amistades no perduran si se basan en las arenas del egoísmo. Los matrimonios no perduran cuando sólo tienen la atracción física como cimiento y carecen de un fundamento de mayor amor y lealtad29.

    Esperamos que ustedes, los que estén casados, recuerden los sentimientos de amor que los condujeron al altar en la Casa del Señor. Se nos aflige el corazón al enterarnos de muchas personas cuyo amor se ha enfriado, o que debido a razones egoístas o de transgresión olvidan o tratan con liviandad los convenios matrimoniales que hicieron en el templo. Rogamos a los esposos y esposas que tengan amor y respeto el uno por el otro. Ciertamente, nuestra mayor esperanza sería que cada familia fuera bendecida con una madre y un padre que se expresen amor el uno al otro, que sean respetuosos el uno con el otro, y que se esfuercen juntos para fortalecer los lazos del matrimonio30.

    Sugerencias para el estudio y la enseñanza

    Preguntas

    • En la sección 1, el presidente Hunter recalca que el matrimonio es ordenado por Dios y que su designio es que sea eterno. ¿De qué manera el saber eso influye en su relación con su cónyuge? ¿Qué significa para usted que el matrimonio sea una “sociedad con Dios”? ¿Cómo podemos ayudar a los niños y a los jóvenes a prepararse para casarse en el templo?

    • ¿Qué opina y siente al estudiar el consejo del presidente Hunter sobre cómo decidir con quién casarse? (Véase la sección 2).

    • ¿De qué modo las promesas y consejos del presidente Hunter de la sección 3 ayudan a las personas que no están casadas? ¿Cómo podemos poner en práctica el mensaje del presidente Hunter de que “esta es la Iglesia de Jesucristo, no la Iglesia de los casados ni de los solteros”?

    • ¿Qué piensa que quiso decir el presidente Hunter cuando manifestó que el matrimonio “es un comportamiento que se aprende”? (Véase la sección 4). ¿En qué oportunidades ha visto que vivir los principios del Evangelio produce felicidad en el matrimonio? Si está casado, considere lo que podría hacer para manifestar más plenamente su amor a su cónyuge.

    • Medite en el consejo que imparte el presidente Hunter en la sección 5. ¿De qué manera los cónyuges pueden cultivar mayor paciencia con las imperfecciones del otro? ¿Cómo pueden los cónyuges cultivar una mayor “unidad de corazón”? ¿En qué forma los cónyuges pueden demostrar fidelidad en el matrimonio en pensamiento, palabra y hecho?

    Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema

    Génesis 2:18, 21–24; Jacob 2:27, 31–33; 4 Nefi 1:11; D. y C. 42:22; Moisés 3:19–24; véase también “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

    Ayuda para el estudio

    “El estudio del Evangelio resulta más eficaz cuando se recibe instrucción del Espíritu Santo. Comience siempre su estudio del Evangelio con una oración, pidiendo que el Espíritu Santo le ayude a aprender” (Predicad Mi Evangelio, 2004, pág. 18).

    Notas

    1. En Eleanor Knowles, Howard W. Hunter, 1994, pág. 72.

    2. En Knowles, Howard W. Hunter, págs. 79–80.

    3. En Don L. Searle, “El élder Howard W. Hunter: Presidente en funciones del Quórum de los Doce Apóstoles”, Liahona, abril de 1987, pág. 23.

    4. Gordon B. Hinckley, “A Prophet Polished and Refined”, Ensign, abril de 1995, pág. 34.

    5. En Knowles, Howard W. Hunter, pág. 270; véanse también las págs. 264, 267, 269.

    6. James E. Faust, “Howard W. Hunter: Man of God”, Ensign, abril de 1995, pág. 28.

    7. The Teachings of Howard W. Hunter, ed. Clyde J. Williams, 1997, pág. 137.

    8. The Teachings of Howard W. Hunter, pág. 130.

    9. “El ser marido y padre con rectitud”, Liahona, enero de 1995, pág. 57.

    10. The Teachings of Howard W. Hunter, pág. 130.

    11. The Teachings of Howard W. Hunter, pág. 132.

    12. The Teachings of Howard W. Hunter, pág. 130.

    13. The Teachings of Howard W. Hunter, págs. 131–132.

    14. “Divine Creation of Women”, discurso pronunciado en una Conferencia del Área Australia, Adelaida, Australia, 30 de noviembre de 1979, pág. 7, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.

    15. The Teachings of Howard W. Hunter, págs. 141–142.

    16. Véase “La Iglesia es para todos”, Liahona, agosto de 1990, pág. 44.

    17. “Fear Not, Little Flock”, discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young, 14 de marzo de 1989, pág. 4; speeches.byu.edu.

    18. Véase “La Iglesia es para todos”, pág. 44.

    19. Véase “La Iglesia es para todos”, pág. 42.

    20. Véase “La Iglesia es para todos”, págs. 43, 44–45.

    21. The Teachings of Howard W. Hunter, págs. 129–130.

    22. Véase “La Iglesia es para todos”, pág. 43.

    23. The Teachings of Howard W. Hunter, pág. 137.

    24. The Teachings of Howard W. Hunter, págs. 135–136.

    25. The Teachings of Howard W. Hunter, pág. 137.

    26. “El ser marido y padre con rectitud”, pág. 57.

    27. “El ser marido y padre con rectitud”, pág. 58.

    28. The Teachings of Howard W. Hunter, pág. 129.

    29. En Conference Report, octubre de 1967, pág. 12.

    30. The Teachings of Howard W. Hunter, págs. 130–131.