Liahona
Cómo volver a encender nuestros cortacircuitos espirituales
Abril de 2023


“Cómo volver a encender nuestros cortacircuitos espirituales”, Liahona, abril de 2023.

Ven, sígueme

Mateo 14:22–33

Cómo volver a encender nuestros cortacircuitos espirituales

La fe en Jesucristo nos brinda poder y fortaleza.

Imagen
persona con una linterna reiniciando un disyuntor

En febrero de 2021, Texas afrontó temperaturas históricamente bajas. La helada afectó a millones de personas, y causó daños en tuberías, cortes de electricidad y falta de calefacción. La familia de mi hija, como tantas otras, sufrió el corte total de la energía eléctrica. Para mantener a sus pequeños abrigados, tuvo que envolverlos con abrigos y mantas.

Después de sobrevivir durante varios días en condiciones semejantes al ártico, mi hija notó luces en un apartamento vecino. Estaba agradecida de saber que se había restablecido la energía eléctrica, pero quedó estupefacta al descubrir que en realidad hacía ya varios días que se había restablecido. No se había dado cuenta de que se había disparado el cortacircuitos. La electricidad estaba disponible, ¡simplemente tenía que volver a encender el interruptor del disyuntor!

Al reflexionar acerca de la experiencia de mi hija, me di cuenta de que cada uno de nosotros también tiene lo que podríamos llamar un “cortacircuitos espiritual”.

Imagen
Retrato de Jesucristo

Light of the World [La Luz del mundo], por Brent Borup

Poder perfecto

Ejercer fe en Jesucristo proporciona un inmenso poder proveniente de Dios; día a día, dicho poder puede fluir en nuestra vida. Quizás estemos tan acostumbrados a ello que ni siquiera lo notemos, pero Su poder siempre está a nuestro alcance. A veces atravesamos alguna crisis espiritual y nos preguntamos si acaso hemos perdido ese poder. En esos momentos, debemos decidir ejercer la fe para poder continuar recibiendo Su poder prometido. Al hacerlo, se podría decir que volvemos a encender nuestro cortacircuitos espiritual.

“Es nuestra fe la que activa el poder de Dios en nuestras vidas”, dijo el Presidente Russell M. Nelson. Además enseñó: “El Señor no requiere que tengamos una fe perfecta para tener acceso a Su poder perfecto, pero nos pide que creamos”1. El élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La cantidad de fe que tengan o el grado de conocimiento que posean no es lo que importa; es la integridad que demuestren hacia la fe que ya tienen y hacia la verdad que ya conocen”2.

Sea cual sea el nivel de fe que tengamos, cuando elegimos creer en Cristo, podemos contar con Su poder para ayudarnos.

Imagen
jovencito sonriente

Mason, a quien se le diagnosticó cáncer de huesos a los 14 años, afrontó esa prueba con fe. Su madre relata: Mason seguía luchando con temor, pero decidió no permitir que este limitara su fe ni su amor”.

Fotografías por cortesía de la familia de Mason

La decisión de afrontar el temor con fe

En agosto de 2021, mi esposa y yo conocimos a un dulce matrimonio, cuya amistad hemos llegado a atesorar. A su hijo, Mason, le acababan de diagnosticar un raro cáncer de huesos conocido como osteosarcoma. Antes del diagnóstico, era, en apariencia, un joven sano de 14 años con una pierna dolorida y un uniforme de béisbol manchado de tanto deslizarse para anotar carreras.

Sin embargo, en poco tiempo, la vida de Mason parecía haber dado un giro de 180 grados. De manera abrupta, se encontró en medio de intimidantes conversaciones con los profesionales médicos acerca de quimioterapia, radioterapia, cirugía, una posible amputación y sobre su esperanza de vida. Su mamá describe lo que ocurrió cuando los médicos le preguntaron si deseaba conocer sus probabilidades de supervivencia: “Después de un largo silencio para lidiar con las nuevas y abrumadoras emociones, hubo algunas lágrimas en silencio. Y Mason respondió con valentía: ‘No, ¡gracias! Estoy bien así’. Con esas pocas palabras, comenzó a escoger con resolución de qué manera afrontaría su prueba”.

El élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce, dijo: “La fe nunca exige una respuesta para cada pregunta, sino que procura la seguridad y el valor para seguir adelante, a veces admitiendo que ‘no sé todo, pero sé lo suficiente para seguir en el camino del discipulado’”3. La fe se manifiesta cuando escogemos seguir adelante sin saber lo que vendrá después.

El cáncer de Mason era agresivo; el cuerpo se rebeló contra cada tratamiento para prolongarle la vida. Su madre dice: “Sentimos un enorme deseo de detener el tiempo, pero este siguió su curso y experimentamos la pérdida de todo lo que habíamos conocido como normal”. Ella continúa: “Junto con el aplastante temor por el futuro, presenciamos cómo se generó fortaleza, poder y paz más allá de nuestras capacidades terrenales. La única explicación que tuvimos fue esta: Dios ensanchó nuestras capacidades. Recibimos milagros, aunque fueron diferentes de los que queríamos al principio”.

No desmayar

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, preguntó una vez al élder Neal A. Maxwell (1926–2004) qué lecciones había aprendido al sufrir de leucemia. El élder Maxwell respondió: “He aprendido que no desmayar es más importante que sobrevivir”4. Elegir no desmayar requiere acción incluso frente al temor, pero invoca un poder que excede la capacidad mortal.

Isaías enseña: “Él da fuerzas al cansado y multiplica las fuerzas del que no tiene vigor” (Isaías 40:29). Cuando el pueblo de Alma afrontaba un sufrimiento aparentemente insuperable, el Señor los consoló debido a su fe en Él. Se sometieron a Su voluntad y recibieron poder para soportar las cargas que se les imponían (véase Mosíah 24:13–16).

Fortaleza en medio del pesar

La madre de Mason relata: “Una noche, Mason pasó por la habitación donde yo estaba orando con su hermana de ocho años. Entre lágrimas, ella expresó sus preocupaciones en cuanto a su hermano. La abracé con fuerza y lloramos juntas. Mason se arrodilló a nuestro lado y nos envolvió a ambas con sus brazos debilitados. Escogió afrontar emociones incómodas y dejar de lado sus temores personales para poder ayudar a su hermana y a mí. Nos fortaleció para que afrontáramos nuestro pesar al unirse a nosotras en nuestro dolor”.

Imagen
familia de pie al aire libre

Mason con su familia

Fotografías por cortesía de la familia de Mason

En las Escrituras leemos que los hijos de Helamán “estimaban más la libertad de sus padres que sus propias vidas” (Alma 56:47). Se centraron más en su amor por su familia que en sus propias circunstancias. Mason también halló fortaleza más allá de la propia al dar prioridad al amor que sentía por su familia por encima de sus propias emociones, temores y dudas.

“Mason se dio cuenta de que no tenía que esperar a ser sanado para que se fortaleciera la fe”, dice su madre. “Pudo confiar en Dios y eso le permitió no quedar aferrado a su vulnerabilidad. Vi producirse milagros dentro de nuestra familia, e incluso en la comunidad, a medida que Dios nos ayudaba a ver que el amor era —y es— más poderoso que el miedo. Mason seguía luchando con temor, pero decidió no permitir que este limitara su fe ni su amor”.

Tener fe no es un acontecimiento puntual. Las decisiones diarias de poner nuestra confianza en Dios, que tomamos una y otra vez, nos ligan en unión a Él y a Su poder.

Tan solo seis meses después de su diagnóstico inicial, Mason se graduó valientemente de esta vida terrenal. En repetidas ocasiones escogió dejar que Dios prevaleciera y fue librado de todos sus temores.

La fe para mover montes

Quienes eligen tener fe en Cristo pueden esperar esta gran bienvenida de nuestro Salvador: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23).

El presidente Nelson nos ha advertido con amor que en los días venideros necesitaremos el poder de Dios5. Ese poder está al alcance de todos los que siguen adelante con fe en Cristo. No importa cuáles sean nuestras pruebas, la respuesta es encender nuestro cortacircuitos espiritual y confiar en Su poder.

“Mediante su fe”, dijo el Presidente Nelson, “Jesucristo aumentará la capacidad de ustedes para mover los montes que haya en su vida, aunque sus desafíos personales puedan ser tan grandes como el monte Everest.

“Sus montes pueden ser la soledad, la duda, las enfermedades u otros problemas personales. Sus montes serán distintos, no obstante, la respuesta a cada uno de sus desafíos es aumentar su fe”6.