Cómo conectar a las hijas de Dios con Su poder del sacerdocio
    Notas al pie de página

    Cómo conectar a las hijas de Dios con el poder de Su sacerdocio

    Las mujeres son participantes esenciales en la obra que Dios lleva a cabo por medio del poder de Su sacerdocio.

    woman looking toward the temple

    Fotografía de una mujer mirando hacia el templo de Oakland, California

    He llegado a darme cuenta, como nunca antes, de la importancia de entender el sacerdocio y las bendiciones que conlleva para las mujeres. Vivimos en una época en que se promocionan la igualdad, el poder, la justicia y la tolerancia, a menudo por encima de otras virtudes. Es más, la identidad, la autoridad, la espiritualidad e incluso Dios son temas que a muchos les producen gran confusión.

    Muchas mujeres, al no saber a qué bendiciones tienen acceso, no se benefician plenamente del banquete espiritual que tienen a su alcance. Muchos hombres también están confusos con respecto a ese tema.

    ¿Cómo podemos comprender mejor la conexión que tienen las mujeres con el poder del sacerdocio y ayudarlas a que “den un paso al frente”, a que “como nunca antes, ocupen [sus] puestos en el hogar y en el reino de Dios que les corresponden y que son necesarios?”1. Primero, podemos tratar de comprender con humildad las verdades relacionadas con el sacerdocio, en especial las enseñanzas más recientes de los líderes de la Iglesia. Segundo, podemos tratar de comprender por qué algunas mujeres no entienden plenamente el acceso que tienen al poder del sacerdocio de Dios. Tercero, podemos estar al tanto de cómo podemos ayudar a las mujeres a participar más plenamente de la obra que Dios lleva a cabo por medio del poder de Su sacerdocio.

    1. ¿Qué verdades se han aclarado con respecto a las mujeres y el sacerdocio?

    Los apóstoles y las líderes generales de las organizaciones auxiliares últimamente han hecho mayor hincapié en la relación que hay entre las mujeres y el sacerdocio. A continuación, se dan algunas verdades que son vitales para comprender y enseñar correctamente.

    El sacerdocio es el poder y la autoridad de Dios.

    El sacerdocio es el poder por medio del cual Dios lleva a cabo Su gran obra de salvación, para llevar a cabo “la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Tanto los hombres como las mujeres tienen una función importante en la obra de Dios y ambos tienen acceso a Su poder para llevar a cabo Su obra.

    Las mujeres tienen una función oficial y de suma importancia en la obra de salvación.

    Bonnie L. Oscarson, ex-Presidenta General de las Mujeres Jóvenes, declaró: “Todas las mujeres necesitan verse a sí mismas como participantes esenciales en la obra del sacerdocio. Las mujeres de esta Iglesia son presidentas, consejeras, maestras, miembros de consejos, hermanas y madres, y el reino de Dios no puede funcionar a menos que nos levantemos y cumplamos nuestros deberes con fe”2.

    El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) enseñó: “Dios ha dado a las mujeres de esta Iglesia una obra que cumplir en la edificación de Su reino. Esa obra tiene que ver con todos los aspectos de nuestra responsabilidad tripartita, la cual es: primero, enseñar el Evangelio al mundo; segundo, fortalecer la fe y promover la felicidad de los miembros de la Iglesia; y, tercero, llevar adelante la gran obra de salvación de los muertos.

    “Las mujeres en la Iglesia aúnan esfuerzos con los hermanos para llevar adelante esta poderosa obra del Señor… [Las] mujeres llevan sobre los hombros tremendas responsabilidades, y son responsables por su cumplimiento; están a la cabeza de sus propias organizaciones, las cuales son fuertes y viables, y una importante influencia positiva en el mundo. Esas hermanas tienen una función homóloga al sacerdocio; se esfuerzan todos juntos para edificar el Reino de Dios en la tierra. Las honramos y las respetamos por su capacidad. Esperamos liderazgo, fortaleza y resultados sobresalientes de las organizaciones que tienen a cargo y por las que son responsables. Las apoyamos y sostenemos como hijas de Dios que colaboran en una gran sociedad destinada a ayudarle a Él a llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de todos los hijos e hijas de Dios”3.

    Tanto a las mujeres como a los hombres se les delega poder y autoridad por parte de aquellos que poseen las llaves del sacerdocio.

    Las llaves del sacerdocio son “la autoridad que Dios ha dado a los líderes del sacerdocio para dirigir, controlar y gobernar el uso de Su sacerdocio en la tierra”4. El presidente Dallin H. Oaks, Primer Consejero de la Primera Presidencia, explica: “Todo acto u ordenanza que se efectúa en la Iglesia se hace bajo la autorización, directa o indirecta, de uno que posea las llaves para dicha función”5.

    Las mujeres tienen la autoridad para desempeñar sus llamamientos, bajo la dirección de alguien que posee las llaves del sacerdocio, tal como lo hacen los hombres. El presidente M. Russell Ballard, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, declaró: “Quienes poseen llaves del sacerdocio… literalmente hacen posible que todos los que sirven fielmente bajo su dirección ejerzan la autoridad del sacerdocio y tengan acceso al poder del mismo”6.

    El presidente Oaks dijo: “No estamos acostumbrados a hablar de que las mujeres tengan la autoridad del sacerdocio en sus llamamientos de la Iglesia, pero, ¿qué otra autoridad puede ser? Cuando a una mujer, joven o mayor, se la aparta para predicar el Evangelio como misionera de tiempo completo, se le da la autoridad del sacerdocio para efectuar una función del sacerdocio. Ocurre lo mismo cuando a una mujer se la aparta para actuar como oficial o maestra en una organización de la Iglesia bajo la dirección de alguien que posea las llaves del sacerdocio”7.

    Missionaries walking

    Cuando enseño este concepto a mis alumnos, a menudo pregunto: “Si una estaca tiene una reunión conjunta de las presidencias de Hombres y Mujeres Jóvenes, ¿quién preside?”. Debido a que tanto la presidenta de las Mujeres Jóvenes como el presidente de los Hombres Jóvenes de la estaca fueron llamados y apartados por alguien que posee las llaves del sacerdocio (el presidente de estaca), ambos tienen la misma autoridad del sacerdocio y, por lo tanto, ninguno de los dos preside al otro. Sería prudente que ambos se turnaran para dirigir las reuniones.

    El Señor bendice a mujeres y hombres por igual por medio de Su sacerdocio.

    El Señor, por medio de Su sacerdocio, brinda muchas bendiciones que pueden recibir todos los miembros que hacen convenios sagrados y los guardan. El presidente Ballard enseñó: “Todos los que han hecho convenios sagrados con el Señor y que honran dichos convenios son dignos de recibir revelación personal, de ser bendecidos con el ministerio de ángeles, de comulgar con Dios, de recibir la plenitud del Evangelio y, finalmente, de llegar a ser herederos junto con Jesucristo de todo lo que nuestro Padre tiene”8.

    El presidente Joseph Fielding Smith (1876-1972) instruyó: “Las bendiciones del sacerdocio no se limitan a los hombres solamente. Dichas bendiciones también se derraman sobre… todas las mujeres fieles de la Iglesia… El Señor ofrece a Sus hijas todos los dones y las bendiciones espirituales que pueden obtener Sus hijos”9.

    Y a medida que las mujeres lleven a cabo la labor de Su Padre, también serán bendecidas para ser “hereder[as] de Dios, y cohereder[as] con Cristo” (Romanos 8:17; véase también versículo 16).

    Tanto las mujeres como los hombres (solteros y casados) pueden ser investidos con el poder del sacerdocio en el templo.

    En 1833, el Señor le prometió a José Smith que los santos, tanto hombres como mujeres, serían investidos con “poder de lo alto” (Doctrina y Convenios 95:8). El presidente Ballard aclaró: “La investidura es literalmente un don de poder. Todas las personas que entran en la casa del Señor ofician en las ordenanzas del sacerdocio. Esto se aplica a hombres y mujeres por igual”10. Todos los miembros dignos que han recibido su investidura y guardan los convenios que hicieron en el templo tienen el poder del sacerdocio. Por tanto, las mujeres, casadas o solteras, pueden tener el poder del sacerdocio en sus hogares, independientemente de que reciban la visita de un poseedor del sacerdocio.

    Sheri Dew, ex consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, preguntó: “Qué significa tener acceso al poder del sacerdocio? Significa que podemos recibir revelación, ser bendecidas y tener la ayuda del ministerio de ángeles, aprender a apartar el velo que nos separa de nuestro Padre Celestial, ser fortalecidas para resistir la tentación, ser protegidas e iluminadas y ser más inteligentes de lo que somos, todo sin ningún intermediario mortal”11. ¿Cuál es el resultado más importante de este poder y cómo se recibe? El Señor ha revelado que “el poder de la divinidad”, incluido el poder de llegar a ser como Él, se manifiesta por medio de las ordenanzas del sacerdocio (véase Doctrina y Convenios 84:20).

    La autoridad del sacerdocio a veces funciona de manera diferente en la Iglesia que en la familia.

    La organización de la Iglesia es jerárquica; la familia es patriarcal. El presidente Oaks enseñó que hay “algunas diferencias en cuanto a la forma en que la autoridad del sacerdocio funciona en la familia y en la Iglesia”12. Por designio divino, el esposo y la esposa pueden tener responsabilidades diferentes; sin embargo, trabajan juntos como “compañeros iguales”13. El élder L. Tom Perry (1922–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Recuerden, hermanos, que en su función de líder en la familia, tienen a sus esposas por compañeras… Desde el principio, Dios ha indicado a la humanidad que el matrimonio debe juntar a esposo y esposa en unión, por lo cual, en la familia no hay presidente ni vicepresidenta. Ambos cónyuges trabajan juntos eternamente por el bien de la familia. Al liderar, guiar y dirigir a su familia, se unen en palabra, obra y acción. Se encuentran en igualdad de condiciones, y así, juntos y unánimes, avanzan en la planificación y organización de los asuntos familiares”14.

    ¿Qué pasa entonces cuando fallece un cónyuge? El presidente Oaks enseñó: “Al morir mi padre, mi madre presidió nuestra familia. Claro que no tenía el oficio del sacerdocio, pero al ser el progenitor que quedaba vivo, pasó a ser el oficial gobernante de la familia. Al mismo tiempo, siempre respetaba por completo la autoridad del sacerdocio de nuestro obispo y de los demás líderes de la Iglesia. Ella presidía su familia, pero ellos presidían la Iglesia”15.

    2. Piedras de tropiezo

    ¿Cuáles son algunas de las piedras de tropiezo que pueden impedir que las mujeres entiendan plenamente su acceso al poder del sacerdocio de Dios?

    Confusión tanto de hombres como de mujeres con respecto al sacerdocio.

    El presidente Oaks enseñó: “El Sacerdocio de Melquisedec no es un rango ni un título. Es un poder divino que se nos confía para su uso en beneficio de la obra de Dios para Sus hijos. Debemos recordar siempre que los hombres que poseen el sacerdocio no son ‘el sacerdocio’. No es apropiado decir ‘el sacerdocio y las mujeres’. Debemos decir ‘los poseedores del sacerdocio y las mujeres’”16.

    Al decir: “El sacerdocio ahora cantará una canción”, o “necesitamos voluntarios del sacerdocio para ir al campamento de las Mujeres Jóvenes”, nos estamos perjudicando a nosotros mismos y a los demás, a pesar de nuestras buenas intenciones, al promover y perpetuar la confusión y disminuir el poder de Dios.

    Pensar que el sacerdocio no tiene que ver con las mujeres.

    Cuando se las invita a estudiar el sacerdocio, algunas hermanas responden: “No tengo que aprender sobre ese tema; no se aplica a mí”. Pero dado que el sacerdocio bendice a todos los hijos de Dios, todos nos beneficiamos de una mayor comprensión de ello. Todos nos beneficiaríamos de una mayor comprensión del sacerdocio. Piensen en cómo serían bendecidas la Iglesia y nuestras familias si tanto las mujeres como los hombres de la Iglesia fuesen igualmente versados en entender y enseñar verdades acerca del sacerdocio.

    Linda K. Burton, ex Presidenta General de la Sociedad de Socorro, hizo hincapié en que tanto las mujeres como los hombres tienen que estudiar el tema del sacerdocio. “Hermanas, no podemos levantarnos y enseñar aquellas cosas que no entendemos ni sabemos por nosotras mismas”17.

    Church meeting

    Poner a las mujeres límites que en realidad no existen.

    Está claro que algunos llamamientos en la Iglesia requieren la ordenación a un oficio del sacerdocio, pero debemos tener cuidado de no poner límites a nuestras mujeres basados simplemente en cultura, historia, percepciones falsas o tradiciones. Por ejemplo, las mujeres pueden ser líderes y maestras capaces, voces importantes en los consejos de la Iglesia y ejemplos poderosos de discipulado para los miembros de todas las edades.

    3. ¿Qué podemos hacer?

    Las siguientes son algunas formas en que cada uno de nosotros puede ayudar a nuestras hermanas en el Evangelio a participar más plenamente en la obra que Dios lleva a cabo por medio de Su poder del sacerdocio.

    Estar al día de las palabras de las Autoridades Generales y de nuestras hermanas líderes.

    En los últimos años, los miembros del Cuórum de los Doce Apóstoles de mayor antigüedad han hablado específicamente sobre la función de las mujeres en la Iglesia. ¿Estamos escuchando atentamente esos discursos?

    Por ejemplo, en 2015, el presidente Russell M. Nelson exclamó: “¡El reino de Dios no está completo, ni puede estarlo, sin las mujeres que hacen convenios sagrados y los guardan; mujeres que pueden hablar con el poder y la autoridad de Dios!”18.

    Ayudar a todos los miembros a comprender la función singular que tienen las mujeres en la obra del sacerdocio.

    El presidente Ballard recordó a las mujeres de la Sociedad de Socorro que su “ámbito de influencia es único; los hombres no pueden duplicarlo. Nadie puede defender a nuestro Salvador con mayor persuasión ni poder que ustedes, las hijas de Dios, quienes poseen tan gran fortaleza y convicción interior. El poder de la voz de una mujer convertida es inconmensurable, y la Iglesia necesita sus voces ahora más que nunca”19. Bonnie L. Oscarson declaró: “[Las mujeres] de la Iglesia necesitan verse a sí mismas como participantes esenciales en la obra de salvación dirigida por el sacerdocio y no solo como espectadoras y seguidoras”20.

    Dar credibilidad a las mujeres líderes.

    Justificadamente, prestamos gran atención a lo que dicen aquellos a quienes sostenemos como profetas, videntes y reveladores. Ellos poseen las llaves del reino, y el Señor dirige Su obra por medio de ellos. Además de sus enseñanzas, a las líderes femeninas se las ha apartado y se les ha dado la autoridad del sacerdocio para hablar tanto a los hombres como a las mujeres de la Iglesia. También queremos oír sus enseñanzas y escuchar el consejo que Dios desea darnos por medio de ellas.

    Den participación a las mujeres en los consejos, no solo por su título, sino para que intervengan activamente.

    El presidente Ballard dijo: “Y cualquier líder del sacerdocio que no hace participar a las hermanas líderes con pleno respeto e inclusión, no honra ni magnifica las llaves que se le han dado. Su poder e influencia disminuirá hasta que aprenda la manera del Señor”21.

    ward council

    No den respuestas “autorizadas” a preguntas que el Señor mismo no ha contestado.

    El presidente Oaks ha advertido a los miembros de la Iglesia que eviten responder a las preguntas que el Señor no ha contestado: “No cometan el error que se ha cometido en el pasado… de tratar de alegar razones para la revelación. Los motivos terminan siendo, en gran medida, ideados por los hombres. Las revelaciones son lo que sostenemos como la voluntad del Señor y ahí es donde yace la seguridad”22.

    El presidente Ballard da un ejemplo perfecto de ello: “¿Por qué se ordena a los hombres a los oficios del sacerdocio y a las mujeres no?… El Señor no ha revelado por qué ha organizado Su Iglesia como lo ha hecho”23. El presidente Ballard también nos ha advertido: “No compartan rumores sin fundamentos ni creencias obsoletas ni explicaciones de nuestra doctrina y prácticas del pasado. Siempre es aconsejable hacer de esto una práctica para estudiar las palabras de los profetas y apóstoles vivientes; estar actualizado en temas como los asuntos, normas y declaraciones de la Iglesia por medio de mormonnewsroom.org y LDS.org; y consultar obras de reconocidos, reflexivos y fieles eruditos Santos de los Últimos Días para asegurarse de que no enseñan cosas que no son ciertas, obsoletas, raras o extravagantes”24. Recuerden que algunas veces, “no lo sé” es la mejor respuesta. Debemos escudriñar diligentemente en la luz de la fe para aprender la verdad divina.

    Ayuden a las mujeres y a los hombres a comprender mejor el sacerdocio.

    Ayudar, tanto a los hombres como a las mujeres, a que sientan confianza en su capacidad para estudiar y aprender acerca del sacerdocio es extremadamente importante. Estos son algunos pasajes de las Escrituras que pueden ser útiles en este proceso, aunque no se limitan a estos: Alma 13 y Doctrina y Convenios, secciones 2, 13, 20, 76, 84, 95, 107, 110, 121, y 124. No se puede recalcar demasiado el asistir al templo con el propósito de buscar fielmente no solo respuestas, sino en especial preguntas inspiradas acerca del tema.

    El élder Bruce R. McConkie (1915–1985), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Esta doctrina del sacerdocio, desconocida en el mundo y poco conocida aun en la Iglesia, no se puede aprender estudiando las Escrituras solamente…

    “Solamente se puede conocer por revelación personal. Aquellos que aman y sirven a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza la reciben ‘línea sobre línea, precepto tras precepto’, a través del poder del Espíritu Santo. (Véase D. y C. 98:12)”25.

    Ayuden a las mujeres a comprender que deben apoyar al Señor y a Sus profetas.

    El mundo se está volviendo más conflictivo y cínico. Se está empujando a las mujeres a enfrentarse unas a otras de muchas maneras. Las opiniones son firmes y las emociones intensas. Imaginen la influencia para bien que habría en este mundo si todos los miembros de la Iglesia pudieran reconocer que, al igual que Ester, han sido reservados “para esta hora” (Ester 4:14) y que a ellos, individualmente y como grupo unido, se les necesita para guiar al mundo y no para seguirlo.

    4. Conclusión

    Emma Smith declaró: “Vamos a hacer algo extraordinario… Esperamos oportunidades extraordinarias y llamamientos apremiantes”26. Esos llamamientos apremiantes, incluso súplicas, han venido de los líderes de la Iglesia para las hermanas durante los últimos años como nunca antes. Al comprender mejor las verdades relacionadas con el sacerdocio, reconocer las posibles razones por las que muchas mujeres viven por debajo de sus privilegios y actuar de acuerdo al conocimiento que adquirimos con respecto a las mujeres y sus muchas oportunidades para participar en la obra del sacerdocio, podemos “hallar el gozo y la paz que vienen de saber por medio de sus enseñanzas que han influido en una vida, que han elevado a uno de los hijos del Padre Celestial en su trayecto para que algún día se encuentre de nuevo en Su presencia”27.

    Notas

    1. Russell M. Nelson, “Una súplica a mis hermanas”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 97.

    2. Bonnie L. Oscarson, “Levantaos en fortaleza, hermanas de Sion”, Liahona, noviembre de 2016, págs. 14, 15.

    3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley, 2016, pág. 107.

    4. Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 2.1.1.

    5. Dallin H. Oaks, “Las llaves y la autoridad del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2014, pág. 49.

    6. M. Russell Ballard, “Hombres y mujeres en la obra del Señor”, Liahona, abril de 2014, pág. 48; véase también Hijas en Mi reino: La historia y obra de la Sociedad de Socorro, 2011, págs. 153–154.

    7. Dallin H. Oaks, “Las llaves y la autoridad del sacerdocio”, pág. 51.

    8. M. Russell Ballard, “Hombres y mujeres en la obra del Señor”, Liahona, págs. 48–49.

    9. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013, págs. 172–173. Para un análisis más profundo sobre las bendiciones del sacerdocio, véase Bruce R. McConkie: “Las diez bendiciones del sacerdocio”, Liahona, febrero de 1978, págs, 41–45.

    10. M. Russell Ballard, “Let Us Think Straight” (Devocional en la Universidad Brigham Young, 20 de agosto de 2013), pág. 7, speeches.byu.edu.

    11. Sheri Dew, Women and the Priesthood: What One Mormon Woman Believes, 2013, pág. 125.

    12. Dallin H. Oaks, “Dallin H. Oaks, “La autoridad del sacerdocio en la familia y en la Iglesia”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 26.

    13. “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, mayo de 2017, pág. 145.

    14. L. Tom Perry, “El ser padre, un llamamiento eterno”, Liahona, mayo de 2004, pág. 71.

    15. Dallin H. Oaks, “La autoridad del sacerdocio en la familia y en la Iglesia”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 26.

    16. Dallin H. Oaks, “Los poderes del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2018, pág. 65.

    17. Linda K. Burton, “Priesthood: ‘A Sacred Trust to Be Used for the Benefit of Men, Women, and Children’” (Discurso de la conferencia de mujeres en la Universidad Brigham Young, 3 de mayo de 2013), womensconference.byu.edu/transcripts.

    18. Russell M. Nelson, “Una súplica a mis hermanas”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 96.

    19. M. Russell Ballard, “Los hombres y las mujeres, y el poder del sacerdocio”, Liahona, septiembre de 2014, pág. 37.

    20. Bonnie L. Oscarson, “Levantaos en fortaleza, hermanas de Sion”, págs. 13–14.

    21. M. Russell Ballard, “Los hombres y las mujeres, y el poder del sacerdocio”, Liahona, pág. 35.

    22. Dallin H. Oaks, Life’s Lessons Learned: Personal Reflections, 2011, págs. 68–69.

    23. M. Russell Ballard, “Los hombres y las mujeres, y el poder del sacerdocio”, Liahona, septiembre de 2014, pág. 35.

    24. Véase M. Russell Ballard, “Las oportunidades y responsabilidades de los maestros del SEI en el siglo XXI” (discurso dirigido a maestros de religión del Sistema Educativo de la Iglesia, 26 de febrero de 2016), broadcasts.lds.org.

    25. Bruce R. McConkie, “La doctrina del sacerdocio”, Liahona, julio de 1982, pág. 64.

    26. Emma Smith, en Hijas en Mi reino, pág. 16.

    27. Véase M. Russell Ballard, “Las oportunidades y responsabilidades de los maestros del SEI en el siglo XXI”.