2018
Mi extraño vecino
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Mi extraño vecino

La autora vive en Victoria, Australia.

Me hallaba en un momento de de desaliento en mi vida, pero ir a la Iglesia con mi vecino lo cambió todo.

Studying

Ilustración por Rafael Mayani

Hace algunos años, me hallaba deprimida porque sentía como si no tuviera a nadie con quien hablar. Mi familia se hallaba lejos y no tenía amigos, de modo que no podía concebir la idea de vivir más tiempo.

Residía con mi tía y mi tío, quienes me prohibieron una sola cosa: hablar con el vecino. Aseguraban que era extraño, e inventaron mentiras sobre él para atemorizarme.

Sin embargo, cierto sábado, este y dos jovencitas adolescentes de mi edad me pidieron ayuda para construir una valla; accedí y pusimos manos a la obra.

Tras observar a aquellas jóvenes, me di cuenta de que eran simpáticas, así que empecé a hablar con ellas, lo cual llevó a una conversación sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Yo tenía muchas preguntas, las cuales me contestaron; y me quedé intrigada. Mi vecino me invitó a asistir a la Iglesia con él al día siguiente para ver si me agradaba. Me hallaba en un momento de desaliento en mi vida, de modo que imaginé que no tenía nada que perder.

Al atravesar aquellas puertas a la mañana siguiente, sentí una instantánea paz interior que no comprendí, aunque supe que esa Iglesia era el lugar donde debía estar. Esa mañana me presentaron a los misioneros y vi cómo ellos sabían que la Iglesia era verdadera.

Comencé a escuchar las diferentes lecciones de los misioneros. No podría haber habido un momento mejor para pedir al Padre Celestial que me enviase aquellos dos misioneros amorosos, compasivos y espirituales. A través de su ayuda, logré el conocimiento que ellos tenían en cuanto al Evangelio.

Después de escucharlos hablar sobre la forma en que su conocimiento sobre el Padre Celestial los ayudaba durante las pruebas, sentí que debía orar para ver si lo que me habían dicho era verdad. Después de orar, sentí un profundo sentimiento de felicidad, paz y calma en mi interior. Supe que aquella noche había recibido mi respuesta a través del Espíritu Santo.

Al tener ese conocimiento, mi testimonio ha crecido rápidamente. Desde que me uní a la Iglesia en 2013, he visto sin lugar a dudas las bendiciones que me ha brindado el tener un conocimiento de nuestro Padre Celestial. Agradezco a aquellos misioneros y a mi vecino el haberme invitado a venir a Cristo.