2018
Mi oración en la azotea
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Voces de los Santos de los Últimos Días

Mi oración en el ático

My Rooftop Prayer

Ilustración por Carolyn Vibbert.

En un día lluvioso de otoño, fui al ático y noté una gotera. El agua goteaba de unos clavos del techo entre dos vigas. Años antes, había hecho muchas reparaciones a mi casa y no tenía miedo de acometer nuevos proyectos; pero en ese momento estaba pasando por pruebas personales y me faltaba confianza. No sentía que tenía la fortaleza emocional para hacer frente a la gotera, aun cuando sabía que hacía falta hacer algo antes de que llegara el invierno.

Una o dos semanas después, subí al techo con una navaja multiusos, una espátula y una pistola para calafatear con alquitrán para techos. Pensé que simplemente necesitaba encontrar la fuente de la gotera y cubrirla con el pegajoso alquitrán; pero no tenía ni idea dónde estaba. Me sentí descorazonado. Hice una pausa y ofrecí una oración, pidiendo al Señor que me dirigiera al lugar correcto para que pudiera arreglar la gotera. Esperaba que Él simplemente me mostrara el lugar. En vez de eso, me vino a la mente una palabra: investiga.

Esa no era la respuesta que quería, pero empecé a mirar a mi alrededor. Mis ojos se centraron en un conducto de ventilación. Arranqué dos tejas pequeñas al lado de la ventilación y vi lo que parecía la fuente de la gotera. Corté el alquitrán viejo y seco y apliqué una gran cantidad de alquitrán nuevo. Reemplacé las tejas y en menos de una hora había terminado el trabajo. Mis sentimientos de depresión desaparecieron y me sentí bien conmigo mismo por lo que había hecho para resolver el problema. Durante el siguiente día de lluvia, busqué goteras en el ático y ¡lo encontré seco!

Pensé en Oliver Cowdery, quien “no [había pensado] sino en [pedir]” (D. y C. 9:7). Al igual que él, yo había esperado que el Señor simplemente me diera una respuesta rápida a mi oración sin ningún esfuerzo de mi parte; y pensé en lo bien que me sentí cuando hice mi propio esfuerzo de “estudiarlo” (D. y C. 9:8), de investigar. Aprendí que el Señor no hará todo por nosotros. Él nos ayudará y guiará, pero también se espera que nosotros hagamos lo que podamos de nuestra parte porque esto trae crecimiento personal.