Música digna, pensamientos dignos
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Música digna, pensamientos dignos

Adaptado de un discurso de la conferencia general de octubre de 1973.

President Boyd K. Packer

Cuando era apenas un jovencito, vivíamos en una casa rodeada por un huerto. Parecía que nunca había suficiente agua para los árboles. Aun cuando las zanjas estaban siempre bien aradas en la primavera, pronto se llenaban de maleza. Un día, estando yo encargado del riego, me encontré con un problema serio. Al correr el agua por la zanja, chocaba contra la maleza y se dispersaba en todas direcciones. Comencé a levantar bancos de contención en los charcos formados al costado de la zanja. No bien terminaba de levantar uno, el agua se filtraba por otro lugar. De pronto llegó al huerto un vecino. Me observó por un momento, y luego, con un par de fuertes paladas, cavó en el fondo de la zanja, permitiendo que el agua corriera por el canal que había hecho, y me dijo: “Si deseas que el agua se mantenga en su curso, debes preparar el cauce por el cual corra”.

He llegado a la conclusión de que los pensamientos, al igual que el agua, permanecerán en su curso siempre que les preparemos un cauce por el cual correr. De otro modo, nuestros pensamientos, al igual que el agua, siguen el curso de menor resistencia buscando siempre los niveles más bajos. Es posible que el más grande desafío y lo más difícil a lo que ustedes se enfrenten en esta vida mortal sea aprender a controlar sus pensamientos. En la Biblia dice: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7). Aquel que puede controlar sus pensamientos se ha conquistado a sí mismo.

La mente es semejante a un escenario

A medida que aprendan a controlar sus pensamientos, podrán eliminar hábitos, aun aquellos que sean degradantes. Podrán cobrar valor, vencer el miedo y disfrutar de una vida feliz. Me fue dicho cientos de veces, durante mi adolescencia, que los pensamientos deben ser controlados, pero nadie me dijo cómo debía hacerlo. Con el paso de los años he pensado sobre eso y he llegado a la conclusión de que la mente se puede comparar a un escenario. El telón está levantado en todo momento en que estamos despiertos; siempre hay alguna obra llevándose a cabo en ese escenario. Puede ser una comedia, una tragedia, interesante o aburrida, buena o mala, pero siempre hay una actuación en el escenario de nuestra mente.

¿Se han dado cuenta de que los pequeños pensamientos sombríos entran en escena desde los costados y captan su atención en medio de cualquier actuación en ese escenario y sin ninguna intención de parte de ustedes? Esos pensamientos ofensivos procurarán distraer la atención de ustedes. Si permiten que sigan adelante, todos los buenos pensamientos abandonarán el escenario. Se quedarán, por consentirlo, a la influencia de pensamientos impuros. Si lo permiten, ellos actuarán en el escenario de su mente tanto como se lo toleren. Pueden representar tramas de amargura, de celo y de odio. Pueden resultar vulgares, inmorales y aun depravados. Cuando tienen el escenario a su disposición, si ustedes lo permiten, les persuadirán sutilmente para acaparar su atención. Por cierto que pueden hacer que la experiencia sea interesante. Incluso pueden convencerlos de que son inocentes, puesto que son tan sólo pensamientos. ¿Qué harán en una circunstancia tal cuando el escenario de la mente de ustedes esté invadido por impulsos de pensamientos sucios, aun cuando sean pensamientos grises que parezcan casi limpios, o los inmundos, que son sin duda malos? Si llenan su mente con pensamientos limpios y constructivos, entonces no habrá cabida para esos impíos y se verán forzados a partir.

¿Cómo controlan sus pensamientos?

Me doy cuenta de que en el mundo actual es a menudo difícil mantener la mente llena de pensamientos limpios. Eso requiere un control cuidadoso. No obstante, se puede lograr si uno edifica un lugar seguro por el que puedan correr los pensamientos. En lo personal, he encontrado la forma de edificar dicho lugar, y quisiera compartirla con ustedes. Está relacionada con la música, la música digna. Un hombre sabio dijo en una ocasión: “La música es uno de los instrumentos más poderosos para gobernar la mente”. Ya sea que la música gobierne de una manera positiva o de una negativa, eso lo decide lo que ustedes pongan en el escenario de su mente. Si pueden decir que una canción los inspira espiritualmente o que los lleva a verse en una perspectiva más noble, entonces la música vale la pena. Si sólo entretuviera o elevara su espíritu, tendría entonces un buen uso, pero si les hace sentir la necesidad de reaccionar de una manera carnal o sensual, o de sentir deseos inmodestos, entonces tal música se debe evitar. No es digna.

Siempre han existido aquellos que toman las cosas hermosas y las corrompen. Ha sucedido así con la naturaleza, también con la literatura, con el drama, con las artes y con certeza ha sucedido con la música. Por siglos ha sido obvio que cuando se escribe una letra inmodesta para una música atractiva, la canción puede desviar el pensamiento de los hombres; y la música en sí, según la forma en que se toque, por su ritmo, por su intensidad, puede opacar la sensibilidad espiritual.

Vivimos en una época en la que la sociedad atraviesa un cambio sutil, pero poderoso. Se está volviendo cada vez más permisiva en aquellas cosas que acepta como modo de entretenimiento. Como resultado, mucha de la música que en la actualidad escuchamos de músicos populares parece estar más encaminada a agitar que a pacificar, a excitar más que a calmar. Algunos músicos parecen promover abiertamente tanto los pensamientos como las acciones malsanas.

Jóvenes, no se pueden dar el lujo de albergar en su mente los efectos de la música indigna de hoy en día. No es inofensiva; puede traer al escenario de su mente pensamientos indignos que marquen un ritmo al cual éstos actúen y ustedes reaccionen. Ustedes se degradan a ustedes mismos cuando se identifican con esas cosas que a veces rodean los extremos en la música: el desaseo, la irreverencia, la inmoralidad, los vicios. Tal música no es digna de ustedes.

Seleccionen cuidadosamente aquello que escuchen y produzcan, porque pasa a ser parte de ustedes, controla sus pensamientos e influye también en la vida de los demás. Les recomiendo que revisen su discoteca y se deshagan de todo aquello que promueva los pensamientos degradantes. Dicha música no debería estar en manos de jóvenes a quienes les concierne el desarrollo espiritual.

No quiero decir con esto que toda la música actual produce pensamientos indignos. En la actualidad sabemos de música que promueve el entendimiento entre la gente; música que inspira valor; música que despierta sentimientos de espiritualidad, reverencia, felicidad y reconocimiento a lo bello.

Seleccionen música que inspire

El Señor ha dicho: “…mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una bendición sobre su cabeza” (D. y C. 25:12). La Primera Presidencia de la Iglesia ha expresado su parecer en cuanto a la influencia de la música en nuestra vida. Ha dicho: “A través de la música, la habilidad del hombre para expresarse va más allá de los límites de la palabra hablada, tanto en sutileza como en poder. La música puede utilizarse para exaltar e inspirar, o para llevar el mensaje de destrucción o degradación. Por lo tanto, es importante que los Santos de los Últimos Días apliquemos en todo momento los principios del Evangelio y busquemos la guía del Espíritu para seleccionar la música con que nos rodeemos”1.

Permítanme aconsejarlos a ustedes, jóvenes líderes, que presten cuidadosa atención a la música que seleccionan para sus actividades. Consulten a sus asesores al hacer dichas selecciones. Ustedes necesitan el beneficio de la sabiduría de ellos, pues la brecha que existe entre la Iglesia y el mundo, con los excesos de su música, es más amplia en esta época que en cualquier otra generación anterior.

El presidente J. Reuben Clark, hijo (1871–1961), uno de nuestros grandes líderes de la Iglesia, lo explicó de esta forma: “Nuestros deberes en la Iglesia no nos permiten proveer ni tolerar un entretenimiento desmedido, con la teoría de que si no lo permitimos, la juventud irá a otra parte para obtenerlo. No sería razonable de ningún modo instalar una mesa de ruleta en el salón de actividades de una capilla con el objeto de hacer juegos de azar, con la excusa de que si no lo hacemos, la juventud irá a un casino para jugar. Jamás podremos conservar a nuestra juventud de este modo”.

Tampoco es debido proporcionar el tipo de música y la atmósfera que atrae a la juventud en el mundo. Ustedes deben permanecer firmes y no arriesgar aquello que saben que es justo y bueno; deben tener el valor de encender más luces y de bajar el volumen de la música cuando ésta no contribuya a la clase de atmósfera que origine pensamientos dignos, y deben insistir en las más altas normas de vestir y de actuar, tanto de parte de aquellos que animan las actividades, como de los que asisten a ella.

Los exhorto a que desarrollen sus talentos, y si tienen el talento para la música, piensen en esto: Hay aún mucha música por escribir y mucha para ser interpretada; la de ustedes puede ser la música digna que edifique, que esparza el Evangelio, que influya positivamente en la gente y que dé consuelo y fuerzas a las mentes perturbadas.

Existen muchos ejemplos, tanto antiguos como modernos, que hacen referencia a la influencia de la buena música. El desaliento desapareció y las mentes se llenaron de paz cuando las palabras “Santos venid” dieron a los pioneros el valor que necesitaban para enfrentar sus dificultades. Esta misma canción ha servido de inspiración para muchas personas en el transcurso de los años. En una ocasión, estaba hablando con un piloto que hacía poco había regresado de un peligroso vuelo. Hablamos del valor y del miedo, y le pregunté cómo se había podido controlar al pasar por todo lo que había enfrentado, y me dijo: “Tengo un himno que es mi favorito, y cuando me encontraba en medio de la desesperación, cuando quedaban pocas esperanzas de que pudiera volver, lo entonaba mentalmente y era como si los motores del avión cantaran conmigo”.

Santos, venid,

sin miedo, sin temor,

mas con gozo andad.

Aunque cruel

jornada ésta es,

Dios nos da Su bondad2.

De esta fuente extrajo ese hombre la fe, el ingrediente esencial del valor.

El Señor mismo estaba preparado para Su más grande prueba mediante la influencia de la música, pues en las Escrituras dice: “Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos” (Marcos 14:26).

Escojan un himno predilecto

Recuerden, jóvenes, deseo que cada uno de ustedes recuerde que ésta es la Iglesia de ustedes, y que su Señor y Salvador se encuentra al frente de ella. La guía e inspiración constantes de Él están a disposición de ustedes si conservan la mente llena de buenos elementos, de lo hermoso, de lo que inspira. Ésta es una de las formas de lograrlo: escojan un himno o canción favoritos, al igual que lo hizo mi amigo el piloto, un himno cuya letra sea edificante y su letra sea reverente; un himno que les haga sentir algo parecido a la inspiración. Hay muchas canciones hermosas entre las que se puede elegir; busquen la guía del Espíritu al hacer la selección; escudriñen la canción cuidadosamente; memorícenla. Aun cuando no hayan tenido preparación musical, pueden analizar una simple canción. Utilicen entonces esto como un curso para sus pensamientos. Hagan que sea su canal de emergencia.

Cuando encuentren actores sombríos infiltrándose en los pensamientos de ustedes sobre el escenario de su mente, interpreten ese CD, por así decirlo; cambiará por completo su estado de ánimo.

Debido a que la música es edificante y limpia, los pensamientos turbios se alejarán avergonzados. Porque, mientras que la virtud, por decisión propia, no se asociará con lo inmundo, la maldad no puede tolerar la presencia de la luz. En el debido tiempo, ustedes se encontrarán tarareando la música casi en forma automática, para alejar los pensamientos indignos de la mente. Jóvenes, a medida que toman parte activa en cosas buenas y dignas, conserven la mente llena de pensamientos nobles, “porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”, y tendrán la habilidad de realizar aquellas cosas que traerán gozo a su vida.

Ustedes son hijos e hijas del Dios Todopoderoso. Les doy mi testimonio de que Dios es nuestro Padre, de que somos Sus hijos, de que nos ama y que nos ha brindado cosas grandes y gloriosas en esta vida. Yo sé estas cosas y agradezco a Dios la influencia edificante de la buena música en mi vida, que ha favorecido mis pensamientos y elevado mi alma.