Siempre haré lo justo
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    Siempre haré lo justo

    “…escogeos hoy a quién sirváis;… pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

    Piensa en las decisiones que tienes que tomar todos los días; ¿decides la ropa que te pondrás, lo que dirás, lo que leerás y verás, y la forma en que actuarás? La facultad de tomar decisiones es un don de nuestro Padre Celestial, a la que se le conoce como albedrío. El uso de nuestro albedrío es una parte importante del plan que nuestro Padre Celestial tiene para nosotros. ¿Qué es lo que te ayuda a hacer lo justo?

    Nuestro Padre Celestial te ayudará a hacer lo justo. Tú eres un hijo de Dios y Él desea que regreses a vivir con Él de nuevo. Recuerda que puedes orar a nuestro Padre Celestial en todo momento y dondequiera que estés, y Él te bendecirá con el valor para hacer lo justo.

    Jesucristo te ayudará a hacer lo justo; Él es “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6) y el ejemplo perfecto que debes seguir. Tú elegirás hacer lo justo si te preguntas: “¿Qué querría Jesús que yo hiciera?”.

    El Espíritu Santo te ayudará a hacer lo justo. Cuando te bautizas y participas de la Santa Cena, haces el convenio (o la promesa) de guardar los mandamientos. Al hacerlo, nuestro Padre Celestial te promete que el Espíritu Santo estará contigo. El Espíritu Santo te inspirará a hacer lo justo, te hará advertencias y te bendecirá con paz cuando elijas hacer lo justo.

    Los profetas te ayudan a elegir hacer lo justo. Las Escrituras contienen la palabra de Dios que enseñan Sus profetas; ellos te pueden ayudar a saber qué hacer. Hoy día, nuestro profeta y otros líderes son los siervos de Dios; pon atención cuando hablen en la conferencia general. Si sigues su consejo, estarás haciendo lo justo.

    Laberinto “Haz lo justo”

    Sigue el laberinto de la página A4. Escoge las ilustraciones que representen buenas decisiones. El laberinto te conducirá a Jesucristo si tomas las decisiones correctas.

    Ideas del Tiempo para compartir

    1. 1. Para enseñar la Palabra de Sabiduría y las normas del vestir con modestia, prepare tiras de papel en las que haya escrito lo siguiente: de D. y C. 89, versículos 7, 8, 9, 10, 11, 12 y 14; y las siguientes citas del presidente Gordon B. Hinckley: “¡Qué verdaderamente bella es la jovencita bien arreglada que es limpia en cuerpo y mente!”. “¡Qué apuesto es el jovencito bien arreglado! Él es un hijo de Dios, considerado digno de poseer el santo sacerdocio de Dios”. “[Un hijo de Dios] no necesita tener tatuajes o aretes en ninguna parte de su cuerpo”. “Les prometo que llegará el día, si ustedes llevan tatuajes, en que se arrepentirán de sus acciones”. “En cuanto a las jovencitas… un modesto par de aretes es suficiente”. “No hay necesidad de que ningún niño o ninguna niña Santo de los Últimos Días… siquiera intente probarlas [las drogas]”. (Véase “El consejo y la oración de un profeta en beneficio de la juventud”, Liahona, abril de 2001, págs. 30–41.) Explique que tanto la modestia como la Palabra de Sabiduría tienen que ver con el cuidado de nuestro cuerpo. Coloque las tiras de papel en una bolsa; haga que los niños se la vayan pasando mientras estén cantando; detenga la música e invite a un niño a escoger una de las referencias de la bolsa y a leerla. Enseñe los principios de la Palabra de Sabiduría y de la modestia en el vestir, y hablen al respecto.

    2. 2. Del juego de láminas Las Bellas Artes del Evangelio, coloque en la pizarra de ocho a diez láminas en las que Cristo esté haciendo obras de caridad hacia los demás. Enseñe a los niños que Jesús es nuestro amigo, y que por medio de ejemplos que nos dio, Él nos enseñó a ser amigables. Pida a un niño de cada clase que elija una lámina y que lea el relato correspondiente en las Escrituras o en el reverso de la lámina. A medida que cada clase haga una representación del relato, hablen en cuanto a la forma en que el ejemplo de Jesús nos ayuda a ser amigables.