EL LIBRO DE MOISÉS
Notas al pie de página
Tema

EL LIBRO DE MOISÉS

Índice de temas:

  • Dios se revela a Moisés.

  • Satanás se enfrenta con Moisés.

  • La creación de esta tierra y de todas las formas de vida que hay en ella.

  • Adán y Eva en el Jardín de Edén.

  • La Caída trajo la mortalidad a esta tierra.

  • Adán y Eva aprenden el plan de salvación.

  • La gente escoge entre el bien y el mal.

  • El ministerio de Enoc.

  • Enoc y su pueblo son trasladados y llevados al cielo.

  • Matusalén y Noé.

La portada. Partes de la traducción de la Biblia

Poco después de que la Iglesia fue organizada, el 6 de abril de 1830, el Señor mandó al profeta José Smith comenzar una traducción inspirada de la versión del rey Santiago de la Biblia. Hoy, a esa revisión inspirada, en la que el Profeta trabajó hasta el momento de su muerte, se le conoce como la Traducción de José Smith. El profeta José Smith restauró a la Biblia “muchas partes que son claras y sumamente preciosas, y también… muchos de los convenios del Señor” que se habían quitado (1 Nefi 13:26; véase también 1 Nefi 13:39–40). Entre junio de 1830 y febrero de 1831, el Profeta terminó desde Génesis 1:1 hasta Génesis 6:13, que ahora forma parte de la Perla de Gran Precio como Moisés 1–8.

El libro de Moisés se puede dividir en dos secciones principales: Moisés 1, que relata las experiencias de la vida de Moisés que no se encuentran en el libro de Génesis, y Moisés 2–8, que contiene los relatos inspirados y restaurados de acontecimientos que se describen en la Biblia, entre los que se encuentran la creación de la tierra; la caída de Adán y Eva; la historia de Caín y Abel; el ministerio, las enseñanzas y las visiones de Enoc; y la historia de Noé hasta el tiempo en el que el Señor decretó la destrucción de toda carne por medio del Diluvio. Al llegar aquí, debemos regresar a Génesis 6:14 para continuar el registro histórico.

El profeta José Smith escribió como introducción a Moisés 1: “El Señor, que conocía bien nuestra situación principiante y delicada, nos dio fortaleza y nos concedió ‘línea sobre línea de conocimiento: un poco aquí y un poco allá’, de lo cual lo que sigue es una valiosa porción” (History of the Church, tomo I, pág. 98; citado por el élder Neal A. Maxwell; “La vida premortal, una gloriosa verdad”, Liahona, enero de 1986, pág. 12). 3

Moisés 1:1-11

DIOS SE REVELA A MOISÉS

Moisés 1:1. “Moisés fue arrebatado a una montaña extremadamente alta”.

La visión que se registra en Moisés 1 tuvo lugar después de que Jehová habló a Moisés desde la zarza que ardía pero antes de que éste sacara a los hijos de Israel de Egipto y cruzaran el Mar Rojo (véase Moisés 1:17, 25–26).

Moisés 1:2, 9–11. ¿Cómo pudo soportar Moisés la presencia de Dios?

Moisés pudo soportar la presencia de Dios porque “la gloria de Dios cubrió a Moisés” (Moisés 1:2); fue transfigurado (véase el versículo 11; véase también D. y C. 67:10–12). El élder Bruce R. McConkie, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió:

“La transfiguración es un cambio especial que experimenta la apariencia y la naturaleza de una persona o cosa por medio del poder de Dios. Esa transformación divina eleva a la persona desde un estado más bajo a uno más alto y da como resultado una condición más exaltada, admirable y gloriosa…

“Por medio del poder del Espíritu Santo, muchos profetas han sido transfigurados para poder estar en la presencia de Dios y presenciar visiones de la eternidad” (Mormon Doctrine, segunda edición, 1966, pág. 803).

Moisés 1:3–8. ¿Quién habló a Moisés?

El personaje que le habló a Moisés fue el Jesucristo premortal, que es Jehová, el Dios del Antiguo Testamento. Al ser uno con el Padre Celestial, Jesús en ocasiones habla como si Él fuera Dios el Padre (véase Moisés 1:6). Eso se conoce como investidura divina, por medio de la cual Cristo está investido con autoridad para hablar por el Padre y en Su nombre (véase también D. y C. 29:1, 42, 46).

El presidente Joseph Fielding Smith escribió: “Toda revelación desde la Caída ha venido por medio de Jesucristo, quien es el Jehová del Antiguo Testamento… Él es el Dios de Israel, el Santo de Israel, el que sacó a aquella nación de su cautiverio en Egipto y el que dio y cumplió la Ley de Moisés. El Padre nunca trató directa o personalmente con el hombre después de la Caída, y nunca se ha mostrado a no ser para presentar y dar testimonio del Hijo” (Doctrina de Salvación, comp. Bruce R. McConkie, 3 tomos, tomo I, pág. 25).

Para ejemplos adicionales del Padre dando testimonio de Su Hijo, véase Mateo 3:16–17; 17:5; Juan 12:28; 3 Nefi 11:6–7; José Smith—Historia 1:17.

Moisés 1:4–6. Moisés es un hijo de Dios.

©1992 Robert T. Barrett

Todas las personas de la tierra son hijos espirituales de Dios, nuestro Padre Celestial. En un discurso que la Primera Presidencia escribió en 1909, titulado el “Origen del hombre”, dijo: “El hombre es hijo de Dios, formado a la imagen divina e investido de atributos divinos, y así como un hijo de madre y padre terrenales puede llegar a ser un hombre a su debido tiempo, así la progenie aún sin desarrollar y que viene de padres celestiales puede, mediante el aprendizaje a través de las épocas y de los siglos, evolucionar hasta llegar a ser un Dios” (véase Mi reino se extenderá, pág. 78; véase también Hechos 17:27–28; Hebreos 12:9; Marion G. Romney, Learning for the Eternities, George J. Romney, comp. 1977, págs. 31–32).

Moisés 1:6. “Aparte de mí no hay Dios”.

La frase “aparte de mí no hay Dios” no debe interpretarse como que el género humano no tiene el potencial eterno de llegar a ser como Dios. En un discurso que la Primera Presidencia dio en 1912 acerca de Moisés 1:6, ofreció un contexto histórico con el fin de ayudarnos a comprender esa frase:

“Moisés se crió en un ambiente idólatra, ya que entre los egipcios había gran número de dioses. Al comenzar la obra que el Señor dijo a Moisés que tenía para él, era necesario que éste concentrara sus pensamientos y su fe en Dios el Padre Eterno como el único Ser al cual adorar…

“…El solo objeto de adoración, Dios el Padre Eterno, ocupa un lugar supremo y único, y es sólo en el nombre del Unigénito que, para ese propósito, nos acercamos a Él, como Cristo siempre enseñó” (“Only One God to Worship”, Improvement Era, abril de 1912, págs. 484–485).

El élder Boyd K. Packer, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “El Padre sí es el único Dios verdadero. Por cierto que nadie le superará, ni nadie ocupará Su lugar. Tampoco nada cambiará la relación que nosotros, Su progenie literal, tenemos con Él. Él es Elohim, el Padre. Él es Dios. Sólo hay Uno como Él. Reverenciamos y adoramos a nuestro Padre y nuestro Dios” (véase “El modelo de nuestro Progenitor”, Liahona, enero de 1985, pág. 56).

Moisés 1:6. “Para mí todas las cosas están presentes”.

Pasado

Lo que sabe Dios

Futuro

Presente

Lo que puede saber el hombre

El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Dios no vive en la dimensión del tiempo como nosotros; no sólo nos obstaculiza (tanto física como intelectualmente) nuestro estado finito sino también el encontrarnos en la dimensión del tiempo. Por otra parte, dado que ‘todas las cosas están presentes’ para Dios, Él no solamente predice basándose únicamente en el pasado. En una forma que no está clara para nosotros, Él ve el futuro en lugar de preverlo, ya que todas las cosas a la vez están presentes delante de Él” (Things As They Really Are, 1978, pág. 29; véase también Alma 40:8; D. y C.130:4–7).

Acerca del conocimiento de Dios de todas las cosas, el profeta José Smith enseñó: “Sin el conocimiento de todas las cosas, Dios no podría salvar a ninguna de Sus criaturas; ya que en virtud de ese conocimiento de todas las cosas que Él tiene, desde el principio hasta el fin, puede brindar ese conocimiento a Sus hijos, lo cual permite a éstos ser partícipes de la vida eterna. Si no fuese por el concepto que tienen los hombres de que Dios es poseedor de un conocimiento pleno, ellos no podrían ejercer fe en Él” (Lectures on Faith, 1985, págs. 51–52; véase también D. y C. 88:41; 93:8–36).

El conocimiento previo de Dios sobre todas las cosas no obstaculiza ni limita nuestra libertad para escoger el bien o el mal. El élder James E. Talmage, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Muchas personas han llegado a creer que esta precognición de Dios es una predestinación por medio de la cual quedan señaladas las almas para gloria o condenación aun antes de su nacimiento en la carne, y sin consideración al mérito o indignidad del individuo. Esta doctrina herética trata de despojar a Dios de Su misericordia, justicia y amor; presentaría a Dios como un ser caprichoso y egoísta, dirigiendo y creando todas las cosas únicamente para Su propia gloria, sin importarle los sufrimientos de Sus víctimas. ¡Qué terrible! ¡Cuán ilógico este concepto de Dios! Conduce a la absurda conclusión de que el simple conocimiento de sucesos futuros va a obrar como fuerza determinante para efectuar dichas cosas. El conocimiento que Dios tiene de la naturaleza espiritual y humana le permite saber con exactitud lo que sus hijos harán en determinadas condiciones; sin embargo, este conocimiento ninguna fuerza compulsiva ejerce en aquel hijo” (Los Artículos de Fe, pág. 212).

Moisés 1:10. “El hombre no es nada”.

Moisés había vivido cuarenta años como príncipe de la familia real de Egipto y fue venerado como un renombrado líder militar. Sin embargo, después de haber visto por sí mismo el poder y la gloria de Dios, con humildad admitió que en comparación: “el hombre no es nada”. El élder Neal A. Maxwell escribió que la declaración de Moisés “ciertamente no se dijo para menospreciar al hombre, ‘el milagro más grande de Dios’, sino para colocarlo en la vasta perspectiva de las creaciones de Dios y hacernos entender que aun así somos la obra exclusiva de Dios y Su gloria más grande” (Notwithstanding My Weakness, 1981, pág. 75). Las Escrituras de los últimos días afirman la veracidad del hecho de que con Dios y por medio de Dios, el hombre puede cumplir su potencial divino para llegar a ser incluso como Él (véase D. y C. 76:55–59, 92–95; 88:107; 121:29; 132:20).

Moisés 1:12–23

SATANÁS MANDA A MOISÉS QUE LO ADORE

Moisés 1:19. ¿Por qué afirmaría Satanás ser “el Unigénito”?

La arrogante afirmación de Satanás pone en evidencia su motivo principal: engañar a la humanidad para que lo adoren a fin de que, al igual que él, sean desdichados para siempre (véase 2 Nefi 2:17–18; Moisés 4:1–4). Además, pone en evidencia los fines principales de Satanás: el obtener el poder y la gloria del Padre Celestial y el suplantar y usurpar la función de Jesucristo. No hay dudas de que Satanás busca desplazar al mismo Padre.

Moisés 1:20. “Moisés empezó a temer grandemente”.

Cuando Moisés comenzó a temer en presencia de Satanás, vio la amargura del infierno. El estar constantemente en rebelión contra Dios es realmente un infierno y la forma en que Satanás desea que vivamos. Sin embargo, si somos fieles no tenemos por qué temer, ya que sabemos que la sabiduría de Dios es mayor que la astucia del diablo (véase D. y C. 10:43). Sabemos además que Satanás será finalmente atado (véase D. y C. 45:55; 88:110), temblará de miedo (véase D. y C. 35:24) y será expulsado de esta tierra y de entre sus habitantes (véase D. y C. 76:33, 36). Aun ahora podemos atar a Satanás al vivir rectamente, para que de esa forma no tenga poder sobre nosotros (véase 1 Nefi 22:26).

Moisés 1:12–22. Las tentaciones de Satanás.

El élder Spencer W. Kimball, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dio la siguiente sugerencia sobre cómo oponer resistencia a las tentaciones de Satanás:

“En el ejemplo del Salvador se recalca la importancia de no dar cabida a la tentación ni en el más mínimo grado. ¿Acaso no reconoció el peligro cuando se hallaba en el monte con su hermano caído, Lucifer, ante la fuerte tentación del consumado tentador? [véase Mateo 4:1–11]. Pudo haber abierto la puerta y jugado con el peligro, diciendo: ‘Muy bien, Satanás, escucharé tu proposición. No es necesario que yo me someta; no tengo que rendirme; no hay necesidad de que yo acepte; pero escucharé’.

“Cristo no transigió de esta manera. Terminante y prontamente dio fin a la discusión, y mandó: ‘Vete, Satanás’, dándole a entender probablemente: ‘No quiero verte más; retírate de mi presencia; no quiero escucharte; no quiero tener nada que ver contigo’. Leemos que tras esto ‘el diablo entonces le dejó’.

“Éste es nuestro modelo apropiado, si es que queremos evitar el pecado más bien que tener frente a nosotros la tarea, mucho más difícil, de curarlo. Al leer la historia del Redentor y Sus tentaciones, estoy seguro de que utilizó Sus energías para fortalecerse contra la tentación, más bien que para lidiar con ella a fin de vencerla” (véase El Milagro del Perdón, págs. 218–219).

Moisés 1:24–42

MOISÉS APRENDE MÁS ACERCA DE LA OBRA DE DIOS

Moisés 1:24. El Espíritu Santo estuvo en la tierra en la época del Antiguo Testamento.

Desde la época de Adán, el Espíritu Santo ha estado en la tierra inspirando y testificando a los hijos de Dios. El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “El hecho real es que todos los profetas tuvieron el Espíritu Santo, y fueron guiados y dirigidos por Él. Sin este poder no hubiesen sido profetas. Pedro dijo que la profecía misma no ‘fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo’ [2 Pedro 1:21]. El libro de Moisés, que es el relato original y perfecto de una parte del Génesis, menciona al Espíritu Santo; y también lo hacen los profetas nefitas, incluso los que vivieron en la época anterior a Cristo” (véase Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 44).

Moisés 1:35–38. “Hay muchos mundos”.

El presidente Brigham Young dijo: “¿Cuántas tierras hay? Esta mañana observé que se pueden tomar las partículas de materia que componen esta tierra y, si se pudiesen contar, sólo serían el principio del número de las creaciones de Dios; y continuamente se están creando y cambiando y pasando por las mismas experiencias por las que estamos pasando nosotros ahora” (en Journal of Discourses, tomo XIV, pág. 71).

Moisés 1:35–39. Jesucristo redimió todas las creaciones de Dios.

El élder Marion G. Romney, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Jesucristo, en el sentido de ser su Creador y Redentor, es el Señor de todo el universo. Excepto por Su ministerio mortal llevado a cabo en esta tierra, Su servicio y relación con otros mundos y sus habitantes son los mismos que con los de esta tierra y sus habitantes…

“…En pocas palabras, Jesucristo, mediante quien Dios creó el universo, fue escogido para poner en acción el gran plan de Elohim, de ‘llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre’ —el Evangelio de Jesucristo— el único camino por el que el hombre puede obtener la vida eterna” (véase “Jesucristo, Señor del Universo”, Liahona, abril de 1969, págs. 10, 12).

Moisés 1:39. La inmortalidad y la vida eterna.

El élder Bruce R. McConkie escribió: “La inmortalidad es vivir eternamente en un estado resucitado con un cuerpo y un espíritu inseparablemente unidos” (Mormon Doctrine, pág. 376). Todos los hijos de Dios que obtengan cuerpos mortales resucitarán algún día y recibirán cuerpos físicos inmortales (véase 1 Corintios 15:22).

El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Vida eterna es tener la clase de vida que Dios tiene. Todos aquellos que se convierten en siervos tendrán inmortalidad, pero los que se convierten en hijos e hijas de Dios tendrán el don adicional de la vida eterna, que es el máximo don de Dios” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 8). El presidente Spencer W. Kimball enseñó que “la vida eterna… es lograr la exaltación en el cielo más alto” (“Cristo, nuestra eterna esperanza”, Liahona, febrero de 1979, pág. 109).

Moisés 1:39. La generosidad de Dios.

Después de citar Moisés 1:39, el presidente Marion G. Romney, que fue consejero de la Primera Presidencia, dijo: “Por lo tanto, vemos la completa generosidad de nuestro Padre Celestial. Su gloria y el propósito total de Su obra es dar vida eterna y felicidad a Sus hijos. Por consiguiente, ¿no debería ser el propósito de nuestra vida el servirnos con rectitud los unos a los otros? Si no es así, ¿cómo entonces esperar ser como Él?” (véase “Vivir los principios del Plan de Bienestar”, Liahona, febrero de 1982, pág. 167).

Moisés 1:40–41. A Moisés se le encomendó escribir acerca de esta tierra.

Además de su llamamiento de libertar a los hijos de Israel del cautiverio egipcio, a Moisés se le encomendó que escribiera acerca de los acontecimientos que habían tenido lugar desde la creación de la tierra hasta los últimos días de su propia misión. Los primeros cinco libros de la Biblia contienen los escritos de Moisés; sin embargo, algunas de las verdades que Moisés registró en esos cinco libros fueron quitadas de la Biblia por hombres inicuos que alteraron su texto bíblico (véase 1 Nefi 13:24–28; Moisés 1:23). El profeta José Smith, por medio de revelación, restauró muchas verdades que se habían perdido (véase 2 Nefi 3:6–15; Moisés 1:41).

Moisés 2:1–25

LA CREACIÓN FÍSICA DE LOS CIELOS Y DE LA TIERRA

Moisés 2. Un relato de la creación física.

El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “El relato de la creación de la tierra como se describe en Génesis, y en el Libro de Moisés, y como se relata en el templo, es la creación física de la tierra, de los animales y de las plantas” (Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 71).

Moisés 2:1. ¿Quién creó la tierra?

Jesucristo creó el cielo y la tierra bajo la dirección del Padre (véase Moisés 1:31–33; 2:1). A otros se les concedió el privilegio de ayudarle en la Creación; entre ellos estaba Miguel, o sea, Adán. El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Cierto es que Adán ayudó a formar esta tierra, pues trabajó junto a nuestro Salvador Jesucristo. Yo poseo un fuerte punto de vista o convicción de que hubo otros que también cooperaron con ellos. Tal vez Noé y Enoc, ¿y por qué no José Smith y aquellos que fueron señalados para ser gobernantes antes de que la tierra fuese formada?” (Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 70–71).

Moisés 2:1. La tierra no fue creada por accidente ni por casualidad.

El élder John A. Widtsoe, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La tierra existe por la voluntad y el poder de Dios… La casualidad está descartada. Los Santos de los Últimos Días creen que la tierra y los cielos, y las diversas funciones que existen dentro del universo, son producto de una inteligencia en acción, de la mente de Dios” (Evidences and Reconciliations, arr. G. Homer Durham, 1960, pág. 150).

Moisés 2:3. Dios obra por el poder de la fe.

El profeta José Smith enseñó:

“Cuando un hombre obra mediante la fe, hace uso de sus facultades mentales en vez de la fuerza física. Toda persona, cuando obra mediante la fe, lo hace por medio de las palabras en vez de los poderes físicos. Dios dijo: ‘Haya luz; y hubo luz’… Y el Salvador dice: ‘…si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará’ o ‘podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería’. Por lo tanto, la fe obra por las palabras; y por su intermedio las obras más grandiosas se han efectuado y se efectuarán…

“…La Creación total que está a la vista, tal como existe en el momento, es el resultado de la fe. Fue por medio de la fe que se formó, y es por el poder de la fe que continúa en su forma organizada, mediante la cual los planetas siguen sus órbitas y hacen brillar su gloria” (Lectures on Faith, págs. 72–73; véase también Mateo 17:20; Jacob 4:6, 9).

Moisés 2:3–4. “Y hubo luz”.

El élder John Taylor, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó que Dios “hizo que la luz brillara sobre [la tierra] antes de que el sol brillara en el firmamento [véase Moisés 2:3–4, 14–19]; porque Dios es luz y no hay tinieblas en Él. Él es la luz del sol y el poder por el cual fue hecho; es la luz de la luna y el poder por el cual fue hecha; es la luz de las estrellas y el poder por el cual fueron hechas” (en Journal of Discourses, 18:327; véase también Apocalipsis 21:23–25; D. y C. 88:7–13).

Moisés 2:5. ¿Cuán largo fue un día de la Creación?

El presidente Brigham Young, al hablar sobre los seis días de la Creación, dijo que seis días “es simplemente un término, pero da igual si llevó seis días, seis meses, seis años o seis mil años. La Creación ocupó ciertos lapsos de tiempo. No estamos autorizados a decir qué duración tuvieron esos días; ya sea que Moisés haya escrito esas palabras tal como las tenemos ahora o que los traductores de la Biblia hayan dado la interpretación correcta a ellas.

Sea como sea, Dios creó el mundo. Dios hizo traer la materia con la cual formó esta tierra sobre la cual deambulamos. ¿Desde cuándo existe esa materia? Desde siempre, en alguna forma o condición ha existido siempre” (Discourses of Brigham Young, sel. John A. Widtsoe, 1971, pág. 100; véase también Alma 40:8).

El élder Bruce R. McConkie enseñó que un día, en el relato de la Creación, “es un periodo específico; es una era, un eón, una parte de la eternidad; es la época entre dos acontecimientos identificables. Y cada día, sea cual fuere su duración, consta del tiempo necesario para sus propósitos…

“No existe nada revelado que especifique que cada uno de los ‘seis días’ de los que se habla en la Creación fueron de la misma duración” (véase “Cristo y la Creación”, Liahona, septiembre de 1983, pág. 27).

Moisés 2:6–8. El firmamento dividió las aguas.

El élder Bruce R. McConkie enseñó: “ ‘…las aguas’ fueron separadas de entre las superficies de la tierra y de los cielos atmosféricos que la rodeaban. Un ‘firmamento’ o una ‘expansión’ llamado ‘Cielo’ se creó ‘de tal modo que separó las aguas que estaban debajo de la expansión de las aguas que estaban sobre la expansión’. Es así, que al ver el desarrollo de los acontecimientos creativos, parece haberse previsto que nubes, lluvias y tormentas dieran vida a lo que aún en el futuro crecería y moraría sobre la tierra. (Véase Moisés 2:6–8; Abraham 4:6–8.)” (véase “Cristo y la Creación”, Liahona, septiembre de 1983, pág. 28).

Moisés 2:11–12, 21, 24–25. “Según su especie”.

El élder Boyd K. Packer enseñó: “No encontramos en la naturaleza ninguna lección más clara que el hecho de que todas las cosas vivientes hacen como el Señor mandó en la Creación. Se reproducen ‘según su especie’. (Véase Moisés 2:12, 24.) Siguen el modelo de sus progenitores… Un pájaro no crecerá para llegar a ser una bestia ni un pez. Un mamífero no engendrará reptiles ni los hombres ‘recogen… higos de los abrojos’ (Mateo 7:16)” (véase “El modelo de nuestro Progenitor”, Liahona, octubre de 1984, pág. 53).

Moisés 2:26–31

LA CREACIÓN FÍSICA DEL HOMBRE Y DE LA MUJER

Moisés 2:26–27. LA CREACIÓN FÍSICA DEL HOMBRE Y DE LA MUJER

La revelación moderna declara que el Padre Celestial “tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre” (D. y C. 130:22). La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acepta literalmente Génesis 1:26 y Moisés 2:26. Como hijos de nuestro Padre Celestial, nuestro cuerpo físico y nuestro cuerpo espiritual son a Su imagen.

Moisés 2:26–27. “Varón y hembra los creé”.

La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han afirmado: “Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna” (“La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, junio de 1996, pág. 10 y octubre de 1998, pág. 24).

Moisés 2:28. ¿Qué significa henchid?

Un análisis del texto de Génesis 1:28 en hebreo nos ayuda a comprender mejor las instrucciones de Dios al hombre y a la mujer cuando les dijo: “…Fructificad y multiplicaos; llenad [henchid] la tierra” La palabra de la cual se tradujo “fructificad” en este versículo es en hebreo parah, que significa “aumentar, dar a luz o dar fruto”. La palabra de la cual se tradujo “multiplicaos” es rabah y significa “llegar a ser muchos”. La palabra en hebreo male se tradujo allí como “llenad o henchid”, que significa eso, “llenar o colmar”. El Señor dice al hombre y a la mujer que tengan hijos (multiplicaos, fructificad).

En 1942, la Primera Presidencia enseñó: “El Señor nos ha dicho que es el deber de todo marido y mujer obedecer el mandamiento dado a Adán de multiplicarse y henchir la tierra, para que las legiones de espíritus escogidos que esperan tabernáculos de carne puedan venir a la tierra y progresar por medio del gran plan de Dios y llegar a ser almas perfectas, porque sin estos tabernáculos de carne no pueden progresar y llegar al destino que Dios ha planeado para ellos. Por lo tanto, todos los maridos y las mujeres en Israel deben llegar a ser padres de niños que nazcan bajo el sagrado convenio eterno” (citado por el élder Boyd K. Packer, “Por esta vida y por la eternidad”, Liahona, enero de 1994, pág. 25).

Moisés 2:28. Al hombre se le dio dominio.

El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió que tener “dominio” significa tener responsabilidad (véase The Way to Perfection, sexta edición, 1946, pág. 221). Tener dominio sobre todas las cosas vivientes es una responsabilidad sagrada que no debemos utilizar incorrectamente (véase D. y C. 49:19–21; 59:17–20; 104:13–18; 121:39–46).

El élder Sterling W. Sill, en ese entonces Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Uno de los mensajes más inspiradores de las sagradas Escrituras es la historia del sexto día de la Creación, cuando Dios hizo al hombre a Su imagen, al que dotó también de una serie de Sus propios atributos. Entonces, como el punto culminante de la Creación, Dios dio al hombre dominio sobre todo lo que había en la tierra, incluso sobre él mismo. El diccionario dice que ‘dominio’ significa control o el poder para gobernar. La parte más importante del dominio que se le dio al hombre fue el autodominio” (en “Conference Report”, octubre de 1963, págs. 77–78).

Moisés 3:1–7

TODAS LAS COSAS SE CREARON PRIMERO ESPIRITUALMENTE

Moisés 3:1. ¿Qué sabemos acerca de la condición preterrenal de la humanidad?

Algunos de los acontecimientos importantes que ocurrieron en la vida preterrenal fueron:

  1. Todo el género humano nació como hijos e hijas espirituales de Dios el Padre (véase D. y C. 93:29, 38; Moisés 6:51).

  2. Los hijos del Padre Celestial participaron en un concilio y escogieron seguir Su plan o rebelarse junto con Lucifer (véase D. y C. 29:36; Moisés 4:1–3).

  3. Quienes siguieron el plan del Padre Celestial escogieron seguir a Cristo y continuar creciendo y progresando; algunos de ellos participaron en la creación de la tierra (véase D. y C. 138:55–56; Abraham 3:22–24; 4:1).

  4. Se creó una tierra paradisíaca y se prepararon cuerpos inmortales y paradisíacos para Adán y Eva, los primeros de los hijos espirituales de Dios en venir a la tierra.

Moisés 3:1. ¿Quiénes son “todas sus huestes”?

El profeta José Smith dijo: “Todo hombre que recibe el llamamiento de ejercer su ministerio a favor de los habitantes del mundo, fue ordenado precisamente para ese propósito en el gran concilio celestial antes que este mundo fuese. Supongo que me fue conferido este oficio en aquel gran concilio” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 453–454).

El presidente Joseph Fielding Smith enseñó:

“El Señor le dijo a Abraham que Él había escogido gobernantes de entre las inteligencias que fueron organizadas, para que desempeñasen diferentes funciones a través de las edades; y Abraham fue uno de esos escogidos [véase Abraham 3:22–23].

“Es lógico pensar que en el comienzo, antes de que la tierra fuera preparada, el Señor habría organizado todas las cosas desde el principio hasta el fin. Está escrito en las Escrituras: ‘Así se terminaron el cielo y la tierra y todas sus huestes’. Esto es lo mismo que si el Señor dijera que todo estaba preparado para estar colocado en la tierra en el momento debido, cuando el género humano debía ser colocado en ella” (Answer to Gospel Questions, comp., Joseph Fielding Smith Jr., 5 tomos, 1957–1966, tomo V, pág. 182).

Moisés 3:2–3. ¿Qué significa que Dios descansó?

Él élder Dallin H. Oaks enseñó:

“El día de reposo fue bendecido y santificado como día santo, un día de descanso (Génesis 2:3; Moisés 3:3; Éxodo 20:9–11). Pero esa santificación y ese mandamiento de descansar se dieron con un propósito: no el de que el hombre deje de trabajar para buscar placer o diversión, sino el de servir a Dios y adorarle…

“El presidente Spencer W. Kimball resumió en forma breve lo que enseñamos acerca del cumplimiento del día de reposo, cuando sugirió que ‘midiéramos nuestras actividades de acuerdo con nuestra devoción a Dios’ (The Teachings of Spencer W. Kimball, Edward L. Kimball, ed., Salt Lake City: Bookcraft, 1982, pág. 219)” (Pure In Heart, 1988, págs. 27–29, véase también Isaías 58:13–14; D. y C. 59:9).

Moisés 3:4. “Los orígenes del cielo y de la tierra”, ¿a qué se refieren?

La palabra hebrea para “orígenes” es towldah que en este versículo sencillamente significa “relato” o “historia”.

Moisés 3:5. Una interpolación que demuestra que todo se creó primero espiritualmente.

El presidente Joseph Fielding Smith explicó:

“No hay relato alguno sobre la creación del hombre ni en cuanto a otras formas de vida con relación a su creación como espíritus. Simplemente hay una sencilla declaración de que fueron creados en esa forma antes de ocurrir la creación física. Las declaraciones de Moisés 3:5 y Génesis 2:5 son interpolaciones [explicaciones aclaratorias] incluidas en el relato de la creación física con el fin de explicar que primeramente todas las cosas fueron creadas como una existencia espiritual en los cielos, antes de ser puestas en esta tierra.

“Todos nosotros fuimos creados en épocas remotas antes de ser puestos en la tierra. En Abraham 3:22–28 descubrimos que mucho antes de la formación de la tierra se presentó el plan de salvación a los espíritus o ‘inteligencias’. Por ser esto verdad, entonces el hombre, los animales y las plantas no fueron creados en espíritu en el momento de la creación de la tierra, sino mucho antes” (Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 71–72).

En 1925, la Primera Presidencia enseñó: “El hombre, como espíritu, se engendró y nació de Padres Celestiales, y se crió hasta llegar a la madurez en las mansiones eternas del Padre, antes de venir a la tierra con un cuerpo temporal con el fin de someterse a la experiencia de la vida terrenal” (“ ‘Mormon’ View of Evolution”, Improvement Era, septiembre de 1925, pág. 1090; véase también D. y C. 77:2).

Moisés 3:6–7. ¿Cómo creó Dios los cuerpos de Adán y Eva?

El presidente Spencer W. Kimball dijo: “El hombre se convirtió en un alma viviente: un ser humano, hombre y mujer. Los creadores soplaron sobre la nariz de ellos el aliento de vida y el hombre y la mujer se convirtieron en almas vivientes. No sabemos exactamente cómo vinieron a este mundo y, cuando estemos capacitados para comprenderlo, el Señor nos lo dirá” (“The Blessing and Responsibilities of Womanhood”, Ensign, marzo de 1976, pág. 72).

Moisés 3:7. ¿Se formó el hombre “del polvo de la tierra”?

El élder Bruce R. McConkie escribió: “A esos elementos naturales que forman la tierra física, en ocasiones se les llama polvo en las Escrituras. Por consiguiente, el que Adán fuese creado del polvo de la tierra significa que el cuerpo físico que recibió fue creado de los elementos de la tierra. (Génesis. 2:7; Moisés 3:7; Abraham 5:7; D. y C. 77:12.) Asimismo, todos los hombres son creados del polvo de la tierra, o sea, que mediante el proceso del nacimiento, los elementos que se organizan para formar el cuerpo mortal se juntan (Moisés 6:59)” (Mormon Doctrine, pág. 209).

En la creación física, el hombre se convirtió en un “alma viviente” (véase Moisés 2:26–27; véase también D. y C. 88:15). Eso significa que su cuerpo espiritual obtuvo un cuerpo físico de carne y huesos. El presidente Joseph Fielding Smith explicó que los cuerpos de Adán y Eva fueron primeramente “vivificados por el espíritu y no por la sangre… Después de la Caída, la cual vino por la transgresión a la ley bajo la que Adán estaba viviendo, el fruto prohibido tuvo el poder de crear sangre y cambiar su naturaleza, y la mortalidad tomó el lugar de la inmortalidad, y todas las cosas, participando del cambio, se tornaron mortales” (Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 72–73). De ese modo, durante la Caída, Adán y Eva se convirtieron en los primeros seres sobre la tierra con carne mortal, o sea, sujetos a la muerte.

Moisés 3:7. “También el primer hombre”.

En 1909, la Primera Presidencia declaró: “Algunos afirman que Adán no fue el primer hombre sobre la tierra, sino que el primer ser humano evolucionó de un orden inferior de la creación animal. Éstas, sin embargo, son teorías de hombres. La palabra del Señor declara que Adán fue el ‘primer hombre de todos los hombres’ (Moisés 1:34) y que, por lo tanto, debemos considerarlo como el primer padre de la raza humana” (véase Mi reino se extenderá, pág. 77).

Moisés 3:8–17

DIOS PUSO A ADÁN EN EL JARDÍN DE EDÉN

Moisés 3:8. ¿Dónde estaba el Jardín de Edén?

El presidente Brigham Young enseñó: “En el principio, después de que la tierra fuese preparada para el hombre, el Señor comenzó Su obra en lo que hoy se llama el continente americano, donde se organizó el Jardín de Edén” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, pág. 102).

El presidente Heber C. Kimball, que fue consejero de la Primera Presidencia, dijo: “El sitio que se escogió para el Jardín de Edén fue el condado de Jackson, en el estado de Misuri, donde en la actualidad se encuentra asentada la ciudad de Independence; allí fue donde moró Adán en la mañana de la Creación” (en Journal of Discourses, tomo X, pág. 235).

Moisés 3:9. Los árboles se tornaron en almas vivientes.

Moisés 3:9 indica que “todo árbol… se tornó en alma viviente”. El hombre, las bestias y las aves “también fueron almas vivientes” (véase Moisés 3:7, 19). En Doctrina y Convenios 88:15, se enseña que el alma es la unión del espíritu y del cuerpo. Sobre el tema de que las cosas vivientes tienen alma, el presidente Joseph Fielding Smith escribió: “En el mundo religioso donde la verdad del Evangelio no se entiende correctamente, prevalece la idea, creo yo, de que el hombre es el único ser sobre la tierra que posee lo que se entiende por alma o espíritu. Sabemos que no es así, pues el Señor ha dicho que no es solamente el hombre quien tiene espíritu, sino que también las bestias del campo, las aves del aire y los peces del mar tienen espíritus y por lo tanto son almas vivientes” (Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 60).

Moisés 3:9. ¿Qué representan los dos árboles?

El élder Bruce R. McConkie escribió: “En las Escrituras se explica que en el Jardín de Edén había dos árboles. Uno era el árbol de la vida, que de manera figurada se refiere a la vida eterna; y el otro era el árbol de la ciencia del bien y del mal, que en forma figurada se refiere a cómo y por qué, y de qué manera, la vida terrenal y todo lo perteneciente a ella llegó a existir” (A New Witness for the Articles of Faith, 1985, pág. 86).

Moisés 3:16–17. “No obstante, podrás escoger según tu voluntad”.

Cuando Dios puso a Adán en el Jardín de Edén, le mandó no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Le dijo también que podía escoger por sí mismo, “porque [el albedrío] te es concedido” (Moisés 3:17). Pero si Adán comía, “de cierto” moriría. El presidente David O. McKay explicó que al hombre “se le da una investidura especial, la cual no se ha dado a ningún otro ser viviente. Cuando el Creador ‘sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente’ le dio el poder de escoger. ([Génesis] 2:7.) Sólo al ser humano el Creador le dijo: ‘…podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido…’ (Moisés 3:17.) Con el fin de que se cumpliese la intención de Dios de que el hombre llegara a ser como Él, fue necesario que primeramente le diera libertad.

“Por consiguiente, fue investido con la bendición más grande que se le podía conceder a un ser mortal: el don del libre albedrío. Sin este divino poder para escoger, el género humano no puede progresar” (en “Conference Report”, octubre de 1963; véase también 2 Nefi 2:11–16).

Moisés 3:16–17. Las elecciones de Adán en el jardín.

El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Yo interpreto esto [Moisés 3:16–17] de la siguiente manera: El Señor dijo a Adán: Aquí tienes el árbol de la ciencia del bien y del mal; si quieres permanecer aquí, entonces no puedes comer del fruto. Si realmente deseas permanecer aquí, entonces te prohíbo comerlo. Pero no obstante, puedes obrar por ti mismo y comerlo si lo deseas; pero si lo comes, morirás” (véase “Caída, Expiación y Santa Cena”, en Un mandato a los maestros de religión [32686 002], pág. 124).

Moisés 3:18–25

ADÁN Y EVA ERAN MARIDO Y MUJER

Moisés 3:18. No es bueno que el hombre ni la mujer estén solos.

La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles, en la proclamación sobre la familia, declararon: “El matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios” (“La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octubre de 1998, pág. 24; y junio de 1996, pág. 10). Una plenitud de gozo en esta vida y el grado más alto de exaltación en el reino celestial se obtienen al entrar en el nuevo y eterno convenio del matrimonio (véase 1 Corintios 11:11; D. y C. 131:1–4; véase también Boyd K. Packer, “Por esta vida y por la eternidad”, Liahona, enero de 1994, págs. 23–26). Dios unió a Adán y a Eva en matrimonio antes de la Caída. El presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “El matrimonio tal como se estableció en el principio fue un convenio eterno. El primer hombre y la primera mujer no fueron casados hasta que la muerte los separara, pues en ese entonces la muerte no había venido al mundo. En esa ocasión la ceremonia fue realizada por el mismo Padre Eterno cuyas obras perduran para siempre. Es la voluntad del Señor que todos los matrimonios sean de la misma índole, y al convertirse en ‘una carne’ el hombre y la mujer deben continuar en el estado matrimonial de acuerdo con el plan del Señor, por toda la eternidad así como en esta vida mortal” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 66).

Moisés 3:18. Una ayuda idónea para el hombre.

La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles, en la proclamación sobre la familia, enseñaron: “Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente” (“La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octubre de 1998, pág. 24 y junio de 1996, pág. 10).

El presidente Howard W. Hunter dijo lo siguiente acerca de la relación entre marido y mujer: “El hombre que posee el sacerdocio debe aceptar a su esposa como compañera en la dirección del hogar y de la familia, por lo que ella debe participar en forma total, y con un conocimiento pleno de los detalles, en todas las decisiones que atañen a éstos… El Señor dispuso que la esposa fuese una ayuda idónea para el hombre, o sea, una compañera apropiada y necesaria para él e igual en todo sentido” (“El ser marido y padre con rectitud”, Liahona, enero de 1995, pág. 58).

Moisés 3:19–20. Adán dio nombre a los animales.

Dios dio a Adán dominio sobre todos los seres vivientes (véase Moisés 2:26–28). Como un ejemplo de su recto dominio, Adán puso nombre a todos los animales, a los machos y a las hembras. Adán, a diferencia de los animales a los cuales les había dado un nombre, no tenía compañera.

Moisés 3:21–23. La costilla de Adán.

El presidente Spencer W. Kimball enseñó que Eva no fue creada literalmente de una costilla de Adán. Él dijo: “El relato de la costilla es, claro está, algo figurado” (“The Blessings and Responsibilities of Womanhood”, Ensign, marzo de 1976, pág. 71).

Moisés 3:24. El hombre debe allegarse a su mujer.

La palabra allegarse significa estar estrechamente unidos. A Adán y a Eva se les mandó ser “una sola carne”, o sea, ser uno mental, social, sexual y espiritualmente. Esa unidad fue un mandamiento que no pudieron cumplir totalmente sino hasta después de la Caída. El élder Jeffrey R. Holland, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó:

“…la intimidad está reservada para la pareja matrimonial, ya que es el símbolo supremo de la unión absoluta, una totalidad y una unión ordenadas y definidas por Dios. Desde el Jardín de Edén en adelante, se tuvo el propósito de que el matrimonio significara la completa unión de un hombre y una mujer: sus corazones, esperanzas, vidas, amor, familia, futuro, todo. Adán dijo que Eva era hueso de sus huesos y carne de su carne, y que serían ‘una sola carne’ durante su vida juntos. [Véase Génesis 2:23–24.] Esa unión es tan completa que nosotros utilizamos la palabra ‘sellar’ para expresar su promesa eterna. El profeta José Smith dijo una vez que quizás podríamos interpretar ese vínculo sagrado como el eslabón ‘conexivo’ [véase D. y C. 128:18] del uno con el otro.

“Sin embargo, esa unión total, ese compromiso inquebrantable entre un hombre y una mujer, sólo se obtiene por medio de la proximidad y la permanencia que proporciona el convenio matrimonial, con promesas solemnes y la consagración de todo lo que poseen: el corazón y la mente mismos, todos sus días y todos sus sueños” (“La pureza personal”, Liahona, enero de 1999, pág. 91).

Moisés 3:24. “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre”.

Acerca de la instrucción de que el hombre debía dejar a sus padres y allegarse a su mujer, el presidente Spencer W. Kimball dijo: “¿Se dan cuenta? Ella, la mujer, ocupa el primer lugar. Ella es preeminente, aun sobre los padres que son tan queridos para todos nosotros. Incluso los hijos deben ocupar su lugar apropiado pero a la vez importante” (Ensign, marzo de 1976, pág. 72).

Moisés 3:25. Un estado de inocencia.

Adán y Eva fueron inocentes durante el tiempo que estuvieron en el Jardín de Edén, sin conocer el bien ni el mal y sin sentirse avergonzados por su desnudez. Ésos fueron sentimientos que surgieron después de la Caída. Adán y Eva eran como niños pequeños, que son naturalmente ingenuos y confiados, y que no tienen inhibición ni conocimiento del bien ni del mal porque son inocentes.

Moisés 4:1–6

CÓMO LUCIFER LLEGÓ A SER EL DIABLO

Moisés 4:1. “Ese Satanás a quien tú has mandado”.

Esa frase se refiere a una confrontación que Moisés había tenido anteriormente con Satanás (véase Moisés 1:12–22). Moisés había mandado a Satanás, en el nombre de Jesucristo, que se retirara.

Moisés 4:1. El concilio de los cielos.

El presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “En el estado anterior [la preexistencia] éramos espíritus. A fin de poder avanzar y alcanzar finalmente la meta de la perfección, se nos hizo saber que recibiríamos tabernáculos físicos de carne y huesos, y que pasaríamos por la mortalidad donde seríamos probados, para ver si nosotros, mediante esas pruebas, seríamos capaces de prepararnos para la exaltación”. Declaró además que cuando nuestro Padre Celestial presentó Su plan a Sus hijos en un concilio de los cielos, “la idea de pasar por la mortalidad y de participar de todas las vicisitudes de la vida terrenal, en la cual ganarían experiencia mediante el sufrimiento, el dolor, el pesar, la tentación y la aflicción —así como mediante los placeres de la vida en esta existencia terrenal— y luego, si demostraban fidelidad, pasar por la resurrección y seguir hacia la vida eterna en el reino de Dios y ser como Él, los llenó del espíritu de regocijo y ‘gritaron de gozo’ [Job 38:1–7]” (véase Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 55).

Moisés 4:1–2. El plan de nuestro Padre Celestial.

El élder Neal A. Maxwell dijo que es “sumamente importante comprender correctamente qué sucedió en el concilio que se llevó a cabo en la existencia preterrrenal. No fue una reunión sin planeamiento ni tampoco hubo diferentes planes para discutir entre ellos, ni una sesión para exponer ideas de cómo formular el plan de salvación y llevarlo adelante. El plan de nuestro Padre Celestial ya se conocía y la pregunta era a quién enviaría el Padre para ponerlo en práctica” (Deposition of a Disciple,1976, pág. 11; véase también Juan 7:16–18).

Moisés 4:1–4. Satanás y su oposición al plan del Padre Celestial.

En la existencia preterrenal, a Satanás se le llamaba “Lucifer”, que significa “El que brilla” o el “Portador de Luz”. Él fue el “hijo de la mañana” (véase Isaías 14:12; D. y C. 76:25–27) y tenía el potencial de hacer mucho de bueno. Pero Lucifer buscó obtener el trono, el honor, el poder y la gloria del Padre Celestial (véase D. y C. 29:36; 76:28; Moisés 4:1). Con ese fin, él propuso redimir “a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma” (Moisés 4:1). Sin embargo, su proposición estaba basada en la compulsión y por consiguiente eliminaba así el albedrío de los hijos del Padre Celestial y la necesidad de un Salvador que padeciese y los redimiera.

Moisés 4:3. El albedrío del hombre.

El élder Dallin H. Oaks, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “El método de Satanás de asegurarse de que no se perdiera ‘ni una sola alma’ (Moisés 4:1) habría destruido ‘el albedrío del hombre’ (Moisés 4:3). Mediante su plan, Satanás habría sido nuestro amo y señor y nos habría llevado ‘cautivos según la voluntad de él’ (Moisés 4:4). Sin el poder para escoger, hubiéramos sido simplemente robots o títeres en sus manos” (“Free Agency and Freedom”, en The Book of Mormon: Second Nephi, The Doctrinal Structure, ed. Monte S. Nyman y Charles D. Tate Jr., 1989, pág. 4).

Moisés 4:4. Los deseos de Satanás.

El presidente Joseph F. Smith enseñó: “No hay que olvidar que el maligno ejerce gran poder en la tierra y que se vale de todo medio posible para ofuscar la mente de los hombres, y entonces les ofrece falsedades y desengaños a guisa de verdad. Satanás es un hábil imitador, y al paso que se va dando al mundo la verdad genuina del Evangelio en abundancia cada vez más grande, él hace circular la moneda falsa de la doctrina falaz. Guardaos de su moneda espuria, porque no os comprará nada sino la decepción, la miseria y la muerte espiritual” (Doctrina del Evangelio, pág. 370).

El presidente Brigham Young dijo: “A toda persona que desea ser santa y se esfuerza por lograrlo, la vigilan de cerca tanto los espíritus caídos que vinieron aquí cuando Lucifer cayó, como los espíritus de las personas inicuas que han estado aquí en tabernáculos [en cuerpos de carne y huesos] y ya los han dejado… Esos espíritus no están nunca ociosos; vigilan a toda persona que desea hacer lo justo y permanentemente las incitan a comportarse mal” (en Journal of Discourses, tomo VII, pág. 239).

Moisés 4:6. Satanás no conoce la mente de Dios.

El élder James E. Talmage explicó que Satanás en realidad “dio ímpetu a los fines de Dios, tentando a Eva; no obstante, su objeto fue frustrar el plan del Señor. Terminantemente se nos dice que Satanás ‘no conocía la mente de Dios, de manera que procuraba destruir el mundo’. [Moisés 4:6.] Sin embargo, su esfuerzo diabólico, lejos de ser el paso inicial hacia una destrucción, contribuyó al plan del progreso eterno del hombre” (Los Artículos de Fe, pág. 76).

Moisés 4:7–19

LA CAÍDA DE ADÁN Y EVA

Moisés 4:10. “De cierto no moriréis”.

Dios le dijo a Adán que si comía del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, moriría. La declaración de Satanás de que Adán no moriría fue una explotación diabólica e ilustra la naturaleza perniciosa de Satanás, “el padre de todas las mentiras” (Moisés 4:4), porque él intentó hacer creer que Dios es un mentiroso. Pero Dios es un Dios de verdad y no puede mentir (véase Éter 3:12). Poco después de que Adán y Eva participaron del fruto prohibido, se vieron forzados a dejar el jardín y la presencia del Señor y, como consecuencia, sufrieron la muerte espiritual. Además, cuando cayeron, sus cuerpos cambiaron de un estado inmortal a un estado mortal y de esa forma quedaron sujetos a la muerte física. (Véase D. y C. 29:40–43.)

Moisés 4:11. “Seréis como dioses, conociendo el bien y el mal”.

Cuando Adán y Eva participaron del fruto, se convirtieron en seres mortales y, en lo que respecta al conocimiento del bien y del mal, comenzaron a ser como Dios. Pero Satanás insinuó que Dios les prohibía participar del fruto porque no quería que ellos llegaran a ser como los dioses, e hizo parecer que los motivos que Dios tenía eran egoístas. La verdad es que la obra y la gloria de Dios es ayudar a todos Sus hijos a llegar un día a ser como Él (véase Moisés 1:39).

Moisés 4:12. ¿Por qué participaron Adán y Eva del fruto?

Ni Adán ni Eva participaron del fruto porque amaban a Satanás más que a Dios ni porque deseaban rebelarse contra Dios. El élder Dallin H. Oaks enseñó:

“Eva fue quien primeramente traspasó los límites establecidos en el Edén a fin de iniciar las condiciones de la vida terrenal; su acción, fuera la que fuese, fue oficialmente una transgresión, pero en la perspectiva eterna fue un glorioso requisito para abrirnos los portales hacia la vida eterna. Adán mostró sabiduría haciendo lo mismo. Y así fue que Eva y ‘Adán [cayeron] para que los hombres existiesen’ [2 Nefi 2:25].

“Hay cristianos que la condenan por su acción, dando por sentado que ella y todas sus hijas han quedado un tanto manchadas por lo que hizo. Los Santos de los Últimos Días no pensamos así. Con el conocimiento que nos da la revelación, celebramos el acto de Eva y honramos la sabiduría y el valor que demostró en ese gran episodio que llamamos la Caída… Brigham Young declaró que ‘no debemos jamás culpar a Eva, en lo más mínimo’ (en Journal of Discourses, tomo XIII, pág. 145). El élder Joseph Fielding Smith dijo: ‘Cuando me refiero a la parte que le correspondió a Eva en la Caída, nunca la califico de pecado, ni tampoco acuso de pecado a Adán… Ésta fue una transgresión de la ley, pero no un pecado… porque era algo que Adán y Eva tenían que hacer’ [Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 109]” (véase “El gran plan de salvación”, Liahona, enero de 1994, pág. 85).

Moisés 4:12. La diferencia entre la transgresión y el pecado.

El élder Dallin H. Oaks dijo que el “contraste que se indica entre un pecado y una transgresión nos recuerda las claras palabras del segundo Artículo de Fe: ‘Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán’ (cursiva agregada). También se asemeja a una distinción que se hace en la ley y que nos es bien conocida: Algunos actos, como el asesinato, son delitos porque son en sí de naturaleza mala; otros, como manejar un vehículo sin licencia de conducir, son delitos sólo por estar prohibidos por la ley. De acuerdo con esas distinciones, el hecho que dio como resultado la Caída no fue un pecado —o sea, algo de naturaleza mala— sino una transgresión, algo que era malo por estar prohibido. Estas palabras no siempre se emplean para denotar algo diferente, pero esta diferencia parecería propia si la aplicamos a las circunstancias de la Caída” (“El gran plan de salvación”, Liahona, enero de 1994, págs. 85–86).

Se podría decir que otro significado de la palabra transgredir es “violar o traspasar lo señalado”. Adán y Eva violaron o traspasaron lo señalado que los hubiese mantenido en el Jardín de Edén por siempre; pero al hacerlo, nos brindaron a todos la oportunidad de llegar a ser mortales.

Moisés 4:14. Adán y Eva trataron de ocultarse de Dios.

En Moisés 3:25 se nos dice que antes de la Caída, Adán y Eva no sentían vergüenza a pesar de su desnudez. Pero una vez que adquirieron conocimiento del bien y del mal, se dieron cuenta de su desobediencia y de su indignidad delante de Dios. Se podría decir que cobraron conciencia y se avergonzaron de su “desnudez” espiritual. En calidad de seres caídos, tuvieron que enfrentarse a Dios conscientes de su propia culpa. Como Alma le explicó a su hijo Coriantón: “Mas he aquí, tú no puedes ocultar tus delitos de Dios; y a menos que te arrepientas, se levantarán como testimonio contra ti en el postrer día” (Alma 39:8; véase también 2 Nefi 9:14).

Moisés 4:15–19. Dios preguntó a Adán y a Eva si habían comido del fruto.

Dios “sabe todas las cosas, y no existe nada sin que él lo sepa” (2 Nefi 9:20). ¿Por qué entonces hizo Dios a Adán y a Eva las preguntas registradas en Moisés 4:15–19? Porque, como el élder Bruce R. McConkie enseñó: “La responsabilidad personal de todos nuestros actos forma la base de todo el plan del Evangelio y es la consecuencia natural de la ley del albedrío” (Mormon Doctrine, pág. 15).

Moisés 4:20–32

LAS CONSECUENCIAS DE LA CAÍDA

Moisés 4:20. La serpiente fue maldecida.

El élder Bruce R. McConkie escribió: “Desde el día en el que Satanás habló por boca de la serpiente para engañar a Eva con el fin de que comiese del fruto prohibido (Moisés 4:5–21), a Satanás se le llamó aquella ‘serpiente antigua’. (Apocalipsis 12:9; 20:2; D. y C. 76:28; 88:110.) La elección del nombre es excelente ya que indica una astucia sutil, maliciosa, taimada y engañosa” (Mormon Doctrine, pág. 704).

“El ser maldecido es lo contrario del ser bendecido; las bendiciones de Dios deferentemente invocan algo bueno, mientras que Su maldición justificadamente invoca algo malo sobre alguien que lo merece. De ese modo, a Satanás se le informó por medio de términos simbólicos que él no tendría el privilegio de la vida en esta tierra, que hasta el ganado y las bestias tienen” (Ellis T. Rasmussen, A Latterday Saint Commentary on the Old Testament, 1993, pág. 16).

Moisés 4:21. Enemistad.

El presidente Ezra Taft Benson enseñó: “Enemistad significa ‘aversión, odio, resentimiento u oposición’ ” (“Cuidaos del orgullo”, Liahona, julio de 1989, pág. 4).

Moisés 4:21. La “simiente” de la mujer se refiere al Salvador Jesucristo.

El élder James E. Talmage escribió: “El patriarca de la raza humana, Adán, se regocijó por la certeza del ministerio señalado del Salvador, mediante cuya aceptación, él, el transgresor, podría lograr la redención. En la promesa de Dios, pronunciada a raíz de la Caída, se hace breve mención del plan de salvación —cuyo autor es Jesucristo— en el cual se dice que aun cuando el diablo, representado por la serpiente en el Edén, tuviera el poder para herir el calcañar de la posteridad de Adán, la fuerza para herir la cabeza del adversario vendría por conducto de la descendencia de la mujer. Es significativo que por medio de la posteridad de la mujer se iba a realizar esta promesa de la victoria final sobre el pecado y su efecto inevitable, la muerte, ambos traídos al mundo a causa de Satanás, el enemigo mortal del género humano. Observemos que no se extendió la promesa al hombre en forma particular, ni a la pareja. El único caso en que una mujer ha concebido sin conocer varón en la carne, fue el nacimiento de Jesús el Cristo, Hijo terrenal de una madre mortal, engendrado por un Padre inmortal. Él es el Unigénito del Padre Eterno en la carne, y nació de mujer” (Jesús el Cristo, pág. 44).

Moisés 4:22. “Multiplicaré en gran manera tus dolores”.

La palabra hebrea “multiplicar” es rabah, que significa repetir una y otra vez; no significa un dolor mayor, sino un dolor que se repite. La palabra en hebreo para “dolor” en el relato de Génesis (Génesis 3:16) proviene del término atsab que significa “esfuerzo” o “sufrimiento”. Si bien esas palabras indican que el trabajo duro y el sufrimiento pasarían a formar parte de la vida de Eva, ella no consideró que las condiciones que recibiría a causa de la Caída fuesen una maldición (véase Moisés 5:11). En Moisés 4:22 se da “una gran revelación para las mujeres. Eva y sus hijas se convertían en cocreadoras con Dios al preparar los cuerpos que Sus hijos espirituales utilizarían en esta tierra y más tarde en la eternidad. La maternidad implicaría inconveniencias, sufrimientos, penalidades y pesares, cosas que el Señor vaticinó como consecuencias naturales y no como una maldición” (Rasmussen, Latter-day Saint Commentary, pág. 17).

Moisés 4:22. “Él se enseñoreará de ti”.

Acerca de esa frase, el presidente Spencer W. Kimball dijo: “Tengo una duda en cuanto a la palabra enseñoreará; da una impresión equivocada. Yo preferiría usar la palabra presidirá porque eso es lo que él hace.

“Un marido justo preside a su esposa y a su familia” (citado por S. Michael Wilcox en “Una relación divina”, Liahona, septiembre de 1997, pág. 8). En Efesios 5:22–31 y en Doctrinas y Convenios 121:41–46, el Señor da instrucciones claras sobre cómo debe presidir el marido.

Moisés 4:23–25. “Maldita será la tierra por tu causa”.

El presidente Marion G. Romney enseñó: “Como ven, la maldición no fue puesta sobre Adán, sino sobre la tierra por el bien de él; en lugar de ser ésta una maldición, fue sin lugar a dudas una bendición para Adán” (véase “Según mi propia manera”, Liahona, febrero de 1977, pág. 70).

El presidente Brigham Young dijo que las consecuencias de la Caída fueron universales: “La maldición cayó sobre los frutos, lo vegetal y sobre nuestra madre tierra; cayó sobre lo que se arrastra, sobre el grano del campo, los peces del mar y sobre todas las cosas que pertenecen a esta tierra” (en Journal of Discourses, tomo X, pág. 312). Desde el tiempo de la Caída, crecieron espinas y cardos espontáneamente de la tierra. Sólo por medio de un esfuerzo persistente pudo Adán plantar y nutrir la tierra y cosechar de ella y asegurar así su supervivencia. Antes de la Caída, se le había encomendado “cultivar” y “guardar” el Jardín de Edén (Moisés 3:15). Después de la Caída, se le dijo que tendría que trabajar y mantenerse con el sudor de su rostro.

Moisés 4:23. “Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”.

“Si para dar a luz Eva debía realizar un gran esfuerzo, también Adán debía esforzarse (Génesis 3:17–19; Moisés 4:23) para vivificar la tierra a fin de que ésta produjera. Ambos debían dar vida con sudor y lágrimas, y en ello Adán no fue la parte favorecida. Aun cuando su esfuerzo no es tan severo como el de ella, es más prolongado, ya que la vida de Eva será preservada mucho después de haber dejado de dar a luz —aún así su vida será perdonada— mientras que el trabajo de Adán deberá seguir hasta el fin de sus días: ¡‘…con dolor comerás de ella todos los días de tu vida’! Ni siquiera con la jubilación se escapa a ese sufrimiento” (Hugh Nibley, Old Testament and Related Studies, John W. Welch, Gary P. Gillum y Don E. Norton, eds. 1986, pág. 90).

Moisés 4:25. La muerte vino al mundo.

Con el fin de señalar la falsedad de lo que Satanás le había dicho a Eva (véase Moisés 4:10), el Señor le dijo a Adán: “…pues de cierto morirás” (vers. 25). Adán y Eva experimentaron una muerte espiritual cuando fueron echados del Jardín de Edén y de la presencia del Señor. Se convirtieron también en seres mortales y, por consiguiente, quedaron sujetos a la muerte física.

Moisés 4:27. Dios hizo túnicas de pieles para Adán y Eva.

Véase Génesis 3:21.

Moisés 4:31. Querubines.

Los querubines son “figuras que representan seres celestiales, cuya forma exacta se desconoce. Se ha llamado a querubines para custodiar los lugares sagrados, [se] colocaron dos imágenes de querubines en el propiciatorio… [Éxodo 25:18, 22; 1 Reyes 6:23–28; Hebreos 9:5] y se mencionan querubines en las visiones de Ezequiel [Ezequiel 10; 11:22]” (véase “Querubines” en la Guía para el Estudio de las Escrituras, pág. 172).

Moisés 5:1–15

A ADÁN Y A EVA SE LES ENSEÑA EL EVANGELIO

Moisés 5:1–2. Adán y Eva trabajan juntos.

El principio que se encuentra en Moisés 5:1–2 es sumamente importante y profundo a la luz de los muchos ataques y desafíos que se hacen en la actualidad sobre el matrimonio y las relaciones familiares. En la proclamación para el mundo relacionada con la familia, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles declararon:

“El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. ‘He aquí, herencia de Jehová son los hijos’ (Salmos 127:3). Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amar y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan…

“…Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes. Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente” (“La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octubre de 1998, pág. 24, y junio de 1996, pág. 10; cursiva agregada).

Moisés 5:5. “Las primicias de sus rebaños”.

“La palabra ‘primicias’ pone ciertos requisitos y restricciones, e incluso determina la índole de la fe que se utiliza al ofrecer sacrificios. El término ‘primicia’ no significa necesariamente el mayor del rebaño, sino el primogénito de una madre en particular. Una ‘primicia’ es un macho, el primero ‘que abre [la] matriz’ de su madre (Éxodo 13:2; 34:19). Toda madre puede tener sólo un primogénito [primicia] durante su vida, pero un rebaño de ovejas puede tener varios primogénitos que nazcan cada año. Con el fin de saber qué corderos eran aceptables para el sacrificio, el dueño tenía que conocer su rebaño. Era por lo tanto importante prestar atención a las madres y a los corderitos; de otra forma, ¿cómo podría saber alguien qué madres habían dado cría por primera vez? No había forma alguna en que un hombre, ya fuese Adán u otro, pudiera saber qué machos habían sido primogénitos a no ser que se llevara un registro o se estableciera cierta manera de identificar a las madres y a las crías. Ese requisito eliminaba el peligro de equivocarse, de la obediencia al azar o de la obediencia sólo de vez en cuando. La fe de la persona se demostraba no sólo por medio de su disposición de ofrecer un sacrificio sino que se evidenciaba también en el cuidado que tenía y que se requería, y en la necesaria preparación de antemano que hacía, a fin de escoger el animal apropiado.

“Ese pasaje en particular de las Escrituras ilustra el concepto de que los mandamientos de Dios requieren la inteligencia y la atención deliberada de quienes buscan la salvación. Eso da pie para la observación de Pablo de que ‘sin fe es imposible agradar a Dios’ (Hebreos 11:6), ya que sin fe, no se hubiera llevado un registro, ni marcado (por lo menos mentalmente) qué animales eran apropiados para el sacrificio” (Robert J. Matthews, “The Doctrine of the Atonement”, en Studies in Scripture, Volume Two: The Pearl of Great Price, ed. Robert L. Millet y Kent P. Jackson, 1985, págs. 118–119).

Moisés 5:5–6. Adán y Eva fueron obedientes.

El presidente David O. McKay dijo: “No perdamos jamás de vista los principios de la obediencia. La obediencia es la primera ley del cielo” (Gospel Ideals, 1953, pág. 484). El presidente Ezra Taft Benson enseñó: “La gran prueba de la vida es la obediencia a Dios” (“El Señor en primer lugar”, Liahona, julio de 1988, pág. 4).

El élder Henry D. Taylor, que fue Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Me gusta la hermosa lección que enseñó nuestro primer progenitor, el padre Adán, y el admirable ejemplo que dejó. El Señor le mandó ofrecer las primicias de sus rebaños como sacrificio. Él no sabía la razón por la cual debía de hacerlo, pero sin duda alguna, obedeció el mandamiento: ‘Y después de muchos días, un ángel del Señor se apareció a Adán y le dijo: ¿Por qué ofreces sacrificios al Señor?’. Y Adán respondió con esta magnífica y confiada respuesta: ‘No sé, sino que el Señor me lo mandó’ (Moisés 5:5–6). Para Adán no fue un caso de obediencia ciega, sino un despliegue de confianza absoluta e incondicional y de fe en la palabra e instrucción del Señor” (“Faith”, Improvement Era, diciembre de 1970, pág. 44).

Moisés 5:5–8. El sacrificio de animales.

Los elementos del sacrificio de animales señalaban la expiación de Jesucristo. El élder Bruce R. McConkie enseñó: “Desde Adán hasta Moisés, y desde Moisés hasta la venida del Señor Jesucristo en la carne, ya sea como parte del Evangelio o como la ley mosaica, según el caso, los santos ofrecían sacrificios en similitud del sacrificio del Cordero de Dios… Para los pastores, cuyas vidas dependían de sus rebaños, no podía haber una similitud mejor que ésa” (A New Witness for the Articles of Faith, págs. 114–115).

Moisés 5:8. A Adán y a Eva se les enseñó la importancia del nombre de Cristo.

“En [Moisés 5:8] uno de los conceptos más importantes es la clara afirmación de que Adán debía hacer todo cuanto hiciera ‘en el nombre del Hijo’, debía arrepentirse y debía invocar ‘a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás’. Ésa es la misma doctrina que se enseña en muchos otros pasajes, algunos de los cuales son: [Hechos 4:12; 2 Nefi 31:20–21; Mosíah 3:17; 4:8; D. y C. 18:23–24; Moisés 6:52].

“De esa manera, vemos que la doctrina más fundamental de todas —que existe sólo un plan de salvación y un solo Salvador— se le enseñó a Adán desde un principio. Esos pasajes también especifican que no hay ningún otro plan ni ningún otro salvador” (Matthews, en Studies in Scripture, Volume Two, págs. 119–120).

El profeta José Smith dijo: “Algunos dicen que el reino de Dios no quedó establecido sobre la tierra sino hasta el día de Pentecostés, y que Juan el Bautista no predicó el bautismo de arrepentimiento para la remisión de los pecados; pero yo declaro, en el nombre del Señor, que desde los días de Adán hasta el tiempo actual, el reino de Dios se ha hallado en el mundo, siempre que ha habido un hombre justo sobre la tierra, a quien Dios haya revelado Su palabra y conferido poder y autoridad para administrar en Su nombre” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 332).

Moisés 5:10–11. Adán y Eva creyeron en Jesucristo.

Adán sabía que, ya fuese “en la carne” o como ser resucitado, vería a Dios. Eva testificó del gozo de su redención; ella sabía que por medio de la expiación de Cristo, recibirían la vida eterna si permanecían obedientes.

Para más información sobre el gozo, véase 2 Nefi 2:25; y para más información sobre la resurrección, véase 2 Nefi 9:6–14. Los beneficios que Adán y Eva recibieron a causa de la Caída y de la expiación de Jesucristo se resumen en 2 Nefi 2:22–28.

Moisés 5:13. “Y Satanás vino entre ellos”.

El presidente Ezra Taft Benson, en ese entonces Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Cada vez que el Dios del Cielo da a conocer Sus intenciones por medio de la revelación, Satanás va entre los hombres para pervertir la doctrina, diciendo: ‘No lo crean’. A menudo él establece un sistema falso, concebido con el propósito de engañar a los hijos de los hombres” (“A Vision and a Hope for the Youth of Zion”, 1977 Devotional Speeches of the Year, 1978, pág. 75).

Moisés 5:13. “Carnales, sensuales y diabólicos”.

El élder Bruce R. McConkie escribió: “Después de la caída de Adán, el hombre se volvió carnal, sensual y diabólico por naturaleza; se convirtió en un hombre caído. (Moisés 5:13; 6:49; Mosíah 16:1–4; Alma 42:10; D. y C. 20:20.) Todas las personas responsables de la tierra heredan ese estado caído, ese estado probatorio, ese estado en el cual las cosas mundanas parecen deseables para la naturaleza carnal. Al encontrarse en este estado, ‘el hombre natural es enemigo de Dios’, hasta que se ajuste al gran plan de redención y nazca nuevamente a la rectitud. (Mosíah 3:19.) Por consiguiente, si no fuera por la expiación de nuestro Señor, toda la humanidad permanecería perdida y caída para siempre. (Alma 42:4–14.)” (Mormon Doctrine, págs. 267–268).

Las siguientes citas del élder McConkie nos ayudan a comprender los términos carnal, sensual y diabólico:

  • En ese estado caído [todos los hombres] están sujetos a la lujuria, las pasiones y los apetitos de la carne. Están muertos espiritualmente, habiendo sido arrojados de la presencia del Señor; y por ese motivo ‘se encuentran sin Dios en el mundo, y han obrado en contra de la naturaleza de Dios’. Se encuentran en un ‘estado carnal’ (Alma 41:10–11) y son del mundo. El ser carnal connota ser mundano, sensual e inclinado a buscar la satisfacción de la carne” (Mormon Doctrine, pág. 113).

  • “Lo que es sensual es carnal y vil; se relaciona con el cuerpo en lugar del Espíritu. Por tanto, la sensualidad favorece el que se dé rienda suelta a la indulgencia en los placeres sensuales y de la carne: la lujuria, el libertinaje, la lascivia. Desde la Caída, el hombre en su estado natural ha sido carnal, sensual y diabólico” (pág. 702).

  • “Toda persona sobre la cual el diablo tiene poder, que se somete a él y que cede ante sus tentaciones (siguiendo los halagos sensuales del mundo) es diabólica” (pág. 195).

Moisés 5:16–54

CAÍN AMÓ A SATANÁS MÁS QUE A DIOS

Moisés 5:16–17. Caín y Abel.

El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Caín tuvo el gran honor de ser hijo de Adán y también fue privilegiado con las mismas bendiciones que su padre. ¡Qué hombre tan poderoso hubiera podido ser! ¡En qué forma su nombre hubiese sobresalido, con un brillo excepcional, como uno de los valientes hijos de Dios! ¡Cómo hubiera sido honrado hasta la última generación! Sin embargo, ¡no sucedió nada de eso!

“El pecado más grave de Caín no fue cometido en la ignorancia. Tenemos todas las razones para creer que él tuvo el privilegio de estar en presencia de mensajeros celestiales. De hecho, en las Escrituras se da a entender que él recibió la bendición de comunicarse con el Padre y de recibir instrucciones de mensajeros que provenían de Su presencia. Sin duda, él poseía el sacerdocio; de no ser así, su pecado no habría podido convertirlo en Perdición. Él pecó contra la luz; y lo hizo, se nos dice, porque amó más a Satanás que a Dios.

“Del relato de la Biblia, deducimos que Caín fue el primogénito de Adán, pero ésta nos brinda sólo una historia muy efímera. En el Libro de Moisés obtenemos un panorama más extenso y una perspectiva mejor de las condiciones de esos primeros días. Adán y Eva tuvieron numerosos hijos, tanto varones como mujeres, aun antes de que Caín y Abel nacieran, según la información que nos brinda ese registro” (The Way to Perfection, págs. 97–98).

El profeta José Smith enseñó que Abel “magnificó el sacerdocio que le fue conferido, y murió hombre justo. Por consiguiente, ha llegado a ser un ángel de Dios, porque ha recibido su cuerpo de los muertos, y aún tiene las llaves de su dispensación” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 201).

Moisés 5:18–21. Caín hizo una ofrenda.

El profeta José Smith enseñó: “Por la fe en esta expiación o plan de redención, Abel ofreció a Dios un sacrificio aceptable de las primicias del rebaño. Caín ofreció del fruto de la tierra, y no fue aceptado porque no pudo hacerlo con fe; no pudo haber tenido fe, o mejor dicho, no podía ejercer una fe que se opusiera al plan celestial. La expiación a favor del hombre debe ser el derramamiento de la sangre del Unigénito, porque así lo disponía el plan de redención; y sin el derramamiento de sangre no hay remisión; y en vista de que se instituyó el sacrificio como tipo o modelo mediante el cual el hombre habría de discernir el gran Sacrificio que Dios había preparado, era imposible ejercer la fe en un sacrificio contrario, porque la redención no se logró de esa manera, ni se instituyó el poder de la expiación según ese orden. Por consiguiente, Caín no pudo haber tenido fe, y lo que no se hace por la fe es pecado” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 63).

Moisés 5:21–22. “¿Por qué ha decaído tu semblante?”

Uno de los significados de la palabra semblante es la expresión del rostro de la persona, la cual puede revelar su estado de ánimo, sus emociones y lo que siente en el corazón.

Moisés 5:23–26. Caín ejerció su albedrío y escogió rebelarse contra Dios.

El presidente Joseph F. Smith enseñó: “Dios ha dado a todos los hombres el albedrío y nos ha concedido el privilegio de servirle o no servirle, de hacer lo que es recto o lo que es malo; y este privilegio se da a todos los hombres sin tener en cuenta su credo, su color o su condición. Los ricos tienen ese albedrío; también lo tienen los pobres, y ningún poder de Dios priva al hombre de ejercerlo en toda su amplitud y con la mayor libertad. Este albedrío se ha dado a todos; es una bendición que Dios ha otorgado a la humanidad, a todos Sus hijos por igual. No obstante, Él nos hará estrictamente responsables de la forma en que empleemos este albedrío, y, como se le dijo a Caín, así se nos dirá a nosotros: ‘si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta’ (Génesis 4:7). Hay, sin embargo, ciertas bendiciones que Dios concede a los hijos de los hombres sólo si utilizan rectamente este albedrío” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, págs. 103, 310).

Moisés 5:23–30. ¿Podrá Caín gobernar sobre Satanás?

El profeta José Smith enseñó que “todos los seres que tienen cuerpos, tienen dominio sobre los que no los tienen” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 217). El élder Bruce R. McConkie dijo: “Así como Adán representó al Señor sobre la tierra, de la misma forma actuó Caín en nombre de Satanás y en su beneficio. De hecho, él, el primero de todos los asesinos es él mismo Perdición —adquirió ese nombre en la preexistencia— y gobernará sobre Satanás mismo cuando el diablo y sus ángeles sean echados para siempre” (A New Witness For the Articles of Faith, pág. 658).

Moisés 5:24–25. Caín sería llamado “Perdición”.

Perdición significa “una destrucción mortal” o “pérdida”. El élder Bruce R. McConkie escribió: “Dos personas, Caín y Satanás, recibieron el impresionante nombre y título de Perdición. El nombre significa que ellos no tienen esperanza alguna de obtener ningún grado de salvación, que se han entregado totalmente a la iniquidad y que en su pecho quedó destruido cualquier sentimiento de rectitud y de justicia” (Mormon Doctrine, 566; véase también D. y C. 76:30–38, 43–49).

Moisés 5:29–31. Caín y Satanás hicieron convenio el uno con el otro.

Caín fue el primer hombre sobre la tierra en entrar en un convenio con Satanás y en utilizar convenios para impedir que otros revelaran hechos pecaminosos. Sin embargo, él no fue el último. En las Escrituras a esa clase de relación de convenio se le llama combinación secreta. Para saber más acerca de la historia de las combinaciones secretas, véase Helamán 6:21–30; Éter 8:13:25.

Moisés 5:32. Caín mató a Abel.

En 1885, la Primera Presidencia hizo la siguiente declaración referente a los justos que son afligidos por los inicuos: “Por un propósito sabio de la providencia de Dios, Él permite que los inicuos, en el ejercicio de su albedrío, de tiempo en tiempo aquejen a Sus discípulos. Desde la época de nuestro padre Adán, ello ha sido así siempre, y continuará siéndolo mientras Satanás tenga poder sobre los hijos de los hombres” (en James R. Clark, comp., Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 6 tomos, 1965–1975, tomo III, pág. 5; véase también Alma 14:8–11).

Moisés 5:33. “Estoy libre”.

El regocijo de Caín es tanto irónico como trágico y manifiesta cuán total era su rebelión en contra de Dios. ¿Es que acaso habrá pensado que estaría libre de trabajar en el futuro? (véase Moisés 4:23–31). ¿Se consideraba libre del recto ejemplo de Abel? (véase 1 Juan 3:12). ¿O pensó que era libre porque se había vuelto rico? Las Escrituras dejan bien claro que en lugar de la libertad verdadera, Caín cayó en un cautiverio y en una condenación total (véase 2 Nefi 2:27).

Moisés 5:34. “¿Soy yo guarda de mi hermano?”

El élder Dallin H. Oaks dijo:

“¿Somos guardas de nuestros hermanos? O, en otras palabras, ¿somos responsables de cuidar del bienestar de nuestros semejantes al procurar ganarnos el pan nuestro de cada día? La regla de oro de nuestro Salvador dice que sí lo somos. Satanás dice que no lo somos.

“Tentados por Satanás, algunos han seguido el ejemplo de Caín. Codician bienes y luego pecan para obtenerlos. El pecado puede ser asesinato o algún tipo de robo. Puede ser fraude o engaño. Puede ser aun alguna hábil manipulación legal de hechos o influencia para aprovecharse injustamente de otra persona. El pretexto es siempre el mismo: ‘¿Soy yo el guarda de mi hermano?’ ” (“El guarda de nuestro hermano”, Liahona, enero de 1987, pág. 19).

Moisés 5:36–39. Caín fue maldecido.

Parte de la maldición que Caín recibió por matar a Abel fue que la tierra no le daría más [a Caín] “su fuerza [de ahí en adelante]” y que él sería “fugitivo y vagabundo” (Moisés 5:37). Una persona fugitiva es la que está escapando de la ley y un vagabundo es alguien que no tiene un hogar. Caín además fue echado “de ante la faz del Señor” (Moisés 5:39). El profeta José Smith dijo: “El poder, gloria y bendición de este sacerdocio no podían permanecer con los que fueron ordenados, sino conforme con su justicia; pues aun cuando Caín también estaba autorizado para ofrecer sacrificio, fue maldecido por no ofrecerlo en justicia. Significa, pues, que se deben observar las ordenanzas precisamente como Dios lo ha señalado, porque de lo contrario, su sacerdocio les será por maldición en lugar de bendición” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 201–202).

Moisés 5:39–40. A Caín se le puso una marca.

Se debe advertir que la marca que se puso sobre Caín no se trata de lo mismo que la maldición que él recibió. La marca era para distinguirlo como a alguien a quien el Señor había maldecido; y se puso sobre Caín para que nadie que lo encontrara lo matara. Un paralelo que ilustra la diferencia entre una marca y una maldición podría ser el relato de cuando el Señor colocó una marca y una maldición sobre los lamanitas y su posteridad (véase 2 Nefi 5:20–24; Alma 23:16–18). Debe advertirse que la maldición se basó en la desobediencia individual y que por medio de la obediencia a Dios la maldición se quitó, aun cuando la marca no se quitara inmediatamente. Sin embargo, también la marca finalmente se quitó de algunos (véase 3 Nefi 2:12–16).

Moisés 5:55–59: EL EVANGELIO SE PREDICÓ DESDE EL PRINCIPIO

EL EVANGELIO SE PREDICÓ DESDE EL PRINCIPIO

Moisés 5:55. ¿Quiénes eran los “hijos de los hombres”?

Los hijos de los hombres eran los inicuos, en contraste con los hijos de Dios, que fueron los discípulos del convenio de Dios (véase también Moisés 8:13–15).

Moisés 5:58. ¿Cómo se les enseñó el Evangelio a Adán y a Eva?

Después de la Caída, Dios reveló el plan de salvación a Adán y a Eva para que supieran cómo regresar a Su presencia y tener vida eterna. En Moisés 5:4–9 se explica que Dios dio el Evangelio a Adán y a Eva por medio de Su propia voz, por medio de ángeles y del Espíritu Santo. (Véase también Alma 12:27–33.)

Moisés 5:59. “Se le confirmaron todas las cosas a Adán mediante una santa ordenanza”.

En el diccionario Webster de la lengua inglesa, de 1828 (American Dictionary of the English Language), que refleja el uso del idioma en la época del profeta José Smith, la palabra confirmar se define como “hacer más firme; fortalecer o establecer”. El élder Boyd K. Packer dijo: “Las ordenanzas y los convenios constituyen nuestra credencial para entrar en la presencia de Dios. El recibirlos dignamente es la meta principal de la vida; y cumplir con ellos es el objetivo de esta vida” (“Estar bajo convenio”, Liahona, julio de 1987, pág. 22).

Moisés 5:59. El Evangelio permanecerá sobre la tierra hasta el fin.

El presidente Wilford Woodruff dijo: “Todo hombre familiarizado con las Escrituras puede entender claramente que sólo hay un Evangelio verdadero. Nunca ha habido más que un Evangelio y, cada vez que éste se ha encontrado sobre la tierra, ha sido el mismo en cada una de las dispensaciones. Las ordenanzas del Evangelio no han cambiado nunca desde los días de Adán hasta el presente, y nunca lo harán hasta el final de los días. Aunque hubo muchas sectas y grupos en la antigüedad, Jesús les dio a entender a Sus discípulos que no había más que un Evangelio. Él les dijo lo que era y les declaró cuáles eran sus ordenanzas” (en Journal of Discourses, tomo XXIV, págs. 239–240).

Moisés 6:1–25

LAS GENERACIONES DE ADÁN

Moisés 6:2. ¿Quién fue Set?

A Abel se le había escogido para transmitir las responsabilidades del sacerdocio a las generaciones subsiguientes. Sin embargo, después de su muerte, Set, que había nacido 130 años después de la caída de Adán y Eva, fue escogido como el hijo elegido para asumir esa sagrada responsabilidad del sacerdocio (véase D. y C. 107:40–42). Fue ordenado a los 69 años de edad y vivió un total de 912 años. Las Escrituras hablan de él como de un “hombre perfecto, y su semejanza era la imagen expresa de su padre” (véase D. y C. 107:43).

Moisés 6:5–6. El origen del lenguaje y de la escritura.

El élder Bruce R. McConkie declaró:

“En el comienzo, Dios dio a Adán un lenguaje puro, perfecto y sin profanar. Este lenguaje adámico, ahora desconocido, era muy superior a cualquier idioma existente en el presente. Por ejemplo, el nombre de Dios el Padre, en ese lenguaje original, es Hombre de Santidad, lo cual significa que es un Hombre Santo y no una vaga esencia espiritual. (Moisés 6:57.)

“El primer idioma que hablaron los seres mortales fue la lengua celestial de los Dioses, o una adaptación de la misma, según haya sido necesario para satisfacer las limitaciones de la vida terrenal. Adán y su posteridad tuvieron la habilidad de hablarlo, leerlo y escribirlo” (Mormon Doctrine, pág. 19).

El élder McConkie dijo lo siguiente acerca del libro de memorias que se menciona en Moisés 6:5: “Desde el comienzo, el Señor proporcionó un lenguaje y dio a los hombres la facultad de leerlo y escribirlo… Lo primero que escribieron, y que de todos sus escritos fue lo de más valor para ellos, fue un libro de memorias, un libro en el cual registraban las revelaciones que el Señor les daba sobre Sí mismo, acerca de Su venida y del plan de salvación, el cual tendría fuerza y validez en virtud de Su expiación. Ése fue el comienzo de las Santas Escrituras” (The Promised Messiah, pág. 86; véase también Moisés 6:46).

Moisés 6:7. ¿Cuánto tiempo ha estado el sacerdocio sobre la tierra?

El sacerdocio “es sin principio de días ni fin de años” (D. y C. 84:17). Desde la época de Adán y Eva, el sacerdocio, el Evangelio y las ordenanzas estuvieron a disposición tal como los tenemos en la actualidad (véase Moisés 5:58–59; véase también D. y C. 107:40–42). El profeta José Smith enseñó:

“El sacerdocio fue dado primeramente a Adán; a él se dio la Primera Presidencia, y tuvo las llaves de generación en generación. Lo recibió en la creación, antes de ser formado el mundo…

“El sacerdocio es un principio sempiterno, y existió con Dios desde la eternidad, sin principio de días o fin de años. Las llaves tienen que ser traídas de los cielos cuando se envía el Evangelio; y cuando se revel[an] de los cielos, se hace mediante la autoridad de Adán (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 182–183).

Moisés 6:8–25. La organización patriarcal del sacerdocio.

Desde Adán hasta Abraham, hubo veinte generaciones del sacerdocio, el que descendió de padre a hijo. En Moisés 6:8–25 se enumeran ocho generaciones (desde Adán hasta Matusalén); en Moisés 8:5–12 se dan tres generaciones más (Lamec, Noé y Sem) y en Génesis 11:10–26, se registran nueve generaciones, desde Sem hasta Abram (Abraham). (Véase también D. y C. 107:40–52.)

Moisés 6:17. “Una tierra prometida”.

En este versículo se mencionan las primeras personas justas (el “pueblo de Dios”) que se trasladaron de una tierra llena de iniquidad a una tierra prometida (véase también Moisés 6:40–41). Ése es un modelo que se repite muchas veces en las Escrituras (por ejemplo, véase 1 Nefi 1–18; Omni 1:12–19; Éter 1–4).

Moisés 6:26–47

EL LLAMAMIENTO Y LA OBRA DE ENOC

Moisés 6:26. Enoc.

La Biblia contiene sólo unos pocos versículos acerca de Enoc (véase Génesis 5:19–24). El libro de Moisés aumenta considerablemente nuestro entendimiento de la vida, el ministerio y las enseñanzas de Enoc: En Moisés 6:26–36 se habla del llamamiento de Enoc, en los versículos 37–47 se registran sus palabras contra las obras de los hombres, en los versículos 48–68 tenemos su mensaje de salvación y en Moisés 7 se relatan sus extraordinarias visiones de Dios y los acontecimientos futuros que ocurrirían en esta tierra. Enoc era parte de la séptima generación desde Adán. Nació 620 años después de la Caída, fue ordenado al sacerdocio a la edad de 25 años y, cuando tenía 430 años, él y su pueblo fueron llevados al cielo sin probar la muerte (véase D. y C. 107:49). Una cita adicional de las profecías de Enoc se encuentra en Judas 1:14–15, y en Lucas 3:37 y en Hebreos 11:5 hay más información sobre su vida.

Moisés 6:29. ¿Cuál es el significado de “tengo preparado un infierno”?

A causa de la iniquidad del pueblo en los días de Enoc, el Señor lo llamó para predicar el arrepentimiento. El Señor le dijo a Enoc: “…tengo preparado un infierno para ellos, si no se arrepienten”. Ese “infierno” se trata de la parte del mundo de los espíritus que se conoce como la prisión espiritual, donde los inicuos sufren tormentos debido a los pecados de los cuales no se han arrepentido (véase Alma 40:11–14).

Moisés 6:31–32. Sentimientos de ineptitud.

Enoc no fue el único profeta en sentirse inepto cuando el Señor lo llamó. En Éxodo 4:10–12 y Jeremías 1:4–9 leemos acerca de las reacciones que tuvieron Moisés y Jeremías al respecto. El élder James E. Faust, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La mayoría de los que son llamados a servir como líderes de la Iglesia se sienten insuficientes por la falta de experiencia y por creer que no tienen la habilidad o la educación necesaria” (“A éstos haré mis gobernantes”, Liahona, febrero de 1981, pág. 71).

Moisés 6:35–36. Enoc fue un vidente.

El élder John A. Widtsoe declaró: “Un vidente es alguien que ve con los ojos espirituales. Él percibe el significado de aquello que no parece claro para los demás; por lo tanto, es un intérprete y un aclarador de la verdad eterna. Él prevé el futuro desde el pasado y el presente; y lo hace por medio del poder del Señor, que influye directamente en él o indirectamente con la ayuda de instrumentos divinos, como el Urim y Tumim” (Evidences and Reconciliations, pág. 258; véase también Mosíah 8:13–18).

Moisés 6:48–56

ENOC PREDICÓ EL PLAN DE SALVACIÓN

Moisés 6:48–50. “Por su caída vino la muerte”.

A causa de la caída de Adán, toda la humanidad sufre la muerte física (la separación del espíritu inmortal del cuerpo mortal) y la muerte espiritual (la separación de la presencia de Dios). Además, debido a que ceden ante las tentaciones de Satanás, se vuelven “carnales, sensuales y diabólicos, y se hallan desterrados de la presencia de Dios” (Moisés 6:49). Las buenas nuevas del plan de salvación son que, por medio de la expiación de Jesucristo, toda la humanidad vencerá la muerte física y puede vencer la muerte espiritual (véase Romanos 3:23; Mosíah 16:3–4; Alma 11:42–43; Helamán 14:14–18; Moisés 6:52).

Moisés 6:53–54. ¿Qué significa “la transgresión original”?

El élder Neal A. Maxwell explicó: “No nos persigue una inquietante culpabilidad por el ‘pecado original’ acerca del cual no podemos hacer nada. (Moisés 6:54; Moroni 8:15–16.) Por medio de la revelación, sabemos que el Señor le dijo a Adán: ‘…He aquí, te he perdonado tu transgresión en el Jardín de Edén’. (Moisés 6:53.) Por consiguiente, somos responsables de nuestros ‘propios pecados, y no de la transgresión de Adán’ (Artículos de Fe 1:2)” (Meek and Lowly, 1987, págs. 42–43).

Moisés 6:55. ¿Qué significa “se conciben tus hijos en pecado”?

El élder Bruce R. McConkie indicó que la frase “conciben… en pecado” significa “nacer en un mundo de pecado” (véase A New Witness for the Articles of Faith, pág. 101).

Moisés 6:56. El albedrío moral: Un don de Dios.

El día en que nos creó, Dios nos dio el gran don del albedrío (véase Moisés 7:32). El albedrío moral nos permite escoger entre el bien y el mal y experimentar las consecuencias de nuestras elecciones (véase 2 Nefi 2:14–16, 25–29; D. y C. 101:78).

Moisés 6:57–68

ENOC VIO QUE ADÁN Y EVA FUERON BAUTIZADOS

Moisés 6:59. Agua, sangre y espíritu.

El élder Bruce R. McConkie explicó:

“Para la salvación son necesarios dos nacimientos. El hombre no puede ser salvo si no nace en el mundo, ni puede regresar a su hogar celestial si no nace en el reino del Espíritu… Los elementos presentes en el nacimiento en el mundo y en el nacimiento espiritual son los mismos. Ellos son: el agua, la sangre y el espíritu. Por consiguiente, todo nacimiento en el mundo es una advertencia, desde los cielos, de que debemos prepararnos para el segundo nacimiento…

“En todo nacimiento mortal, el bebé está sumergido en agua en el vientre de su madre. En el momento preciso, el espíritu entra en el cuerpo y la sangre fluye siempre por las venas del nuevo ser; de otra forma, sin cada una de esas cosas, no habría vida, ni nacimiento, ni vida mortal.

“En cada nacimiento en el reino de los cielos, el recién nacido en Cristo es sumergido en el agua, recibe al Espíritu Santo por medio de la imposición de manos, y la sangre de Cristo lo limpia del pecado. Sin cada una de esas cosas, no habría nacimiento por medio del Espíritu, ni una nueva vida, ni esperanza de vida eterna…

“…Esos elementos estuvieron nuevamente presentes en la muerte [de Cristo]. Él sudó grandes gotas de sangre en Getsemaní al tomar sobre Sí los pecados de todos los hombres, si éstos se arrepentían. La misma agonía y sufrimiento tuvo lugar en la cruz. Fue allí que Él permitió que Su espíritu dejase Su cuerpo, y fue en ese momento que la sangre y el agua salieron de Su costado” (A New Witness for the Articles of Faith, págs. 288–289).

Moisés 6:60. “Por el agua”.

“El bautismo no es optativo si uno desea la plenitud de la salvación. Jesús dijo que las personas debían nacer del agua y del Espíritu (Juan 3:3–5). Cuando Él envió a los Doce Apóstoles a enseñar el Evangelio, les dijo que todo aquel que creyera y se bautizara sería salvo; y quien no creyera sería condenado (Marcos 16:16)…

“El bautismo en el agua tiene varios propósitos. Es para la remisión de los pecados, para ser miembros de la Iglesia y para entrar en el reino celestial; es también la puerta que conduce a la santificación personal cuando a eso le sigue la recepción del Espíritu Santo” (véase en la Guía para el Estudio de las Escrituras, “bautismo”, pág. 23; véase también D. y C. 76:51–52).

Moisés 6:60. Justificación.

Ser justificado es ser hecho justo, o sea, libre de culpa y de pecado. El Espíritu Santo es el miembro de la Trinidad cuyo poder actúa como agente purificador que quita la culpa y el pecado de nuestra vida (véase 2 Nefi 31:17). El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “A través del derramamiento de la sangre de Cristo, somos limpiados y santificados; y somos justificados a través del Espíritu de Dios” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 305).

Moisés 6:60. Santificación.

Ser santificado es ser santo y digno de la vida eterna y de la gloria inmortal (véase Moroni 10:32–33). Por medio de Su expiación perfecta, Jesucristo derramó Su sangre e hizo posible que todos los que tuviesen fe y se arrepintieran fuesen santificados (véase Mosíah 3:11, 18; Alma 34:10–16). Por consiguiente, somos rescatados y santificados por la sangre de Cristo. El presidente Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“La Expiación por la cual los hombres son redimidos, la efectuó alguien sin mancha y sin contaminación. Tenía que ser alguien que tuviera vida en sí mismo y, por lo tanto, poder absoluto sobre la muerte. Ningún hombre mortal podía llevar a cabo la Expiación; es más, la Expiación debía ser efectuada por medio del derramamiento de sangre, ya que ésta es la fuerza vital del cuerpo humano…

“Las Escrituras están repletas de pasajes que enseñan que no podría haber remisión de los pecados sin el derramamiento de la sangre de Jesucristo” (en “Conference Report”, abril de 1956, pág. 127).

Moisés 6:62. “Éste es el plan de salvación”.

El élder Russell M. Nelson explicó que al plan de salvación “se le llama también el plan de felicidad… el plan de redención, el plan de restauración, el plan de misericordia, el plan de liberación y el Evangelio sempiterno. Los profetas han utilizado esas denominaciones indistintamente.

“Pero, sea como sea que se le llame, la esencia misma de ese plan es la expiación de Jesucristo” (“La constancia en medio del cambio”, Liahona, enero de 1994, pág. 39).

Moisés 6:63. Todas las cosas se han hecho para dar testimonio de Cristo.

En la creación de los cielos y de la tierra, el Señor se valió de símbolos físicos para enseñarnos doctrinas y principios de Jesucristo y de Su Evangelio (véase también 2 Nefi 11:4). Para comprender los símbolos del Evangelio, se requiere la unificación de la dimensión terrenal o concreta con la dimensión trascendental y espiritual. El profeta Alma enseñó que “todas las cosas indican que hay un Dios, sí, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, sí, y su movimiento, sí, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo” (Alma 30:44). Esas cosas no sólo testifican de la existencia de un Ser Supremo, sino también de que Él es Jesucristo, el Creador de todo.

El Señor enseñó a Sus discípulos a escudriñar el contenido de las Escrituras y a buscar cosas concernientes a Él (véase Lucas 24:44–45). El buscar y descubrir símbolos acerca de Cristo en las Escrituras es abrir una fuente de nuevos pensamientos y emociones relacionados con la Expiación. Por ejemplo, la ordenanza terrenal del bautismo por inmersión es un símbolo de la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo (véase Romanos 6:3–5; D. y C. 76:51–52).

Moisés 6:64–68. Adán, un hijo eterno de Dios.

Enoc demostró cómo Adán estableció un ejemplo para todos nosotros al ejercer su fe en Cristo por medio del bautismo del agua y del Espíritu. Por lo tanto, mediante su obediencia, Adán se convirtió en “uno en [Cristo], un hijo de Dios” (Moisés 6:68). Del mismo modo, todos podemos llegar a ser hijos e hijas de Dios (véase Mosíah 5:7; 27:24–27; D. y C. 25:1; 39:4).

Moisés 6:67. Adán poseyó el sacerdocio.

Véanse las explicaciones y los comentarios correspondientes a Moisés 6:7.

Moisés 7:1–20

ENOC DIRIGIÓ AL PUEBLO DE DIOS

Moisés 7:3–4. Enoc vio a Dios cara a cara.

Enoc tuvo una experiencia similar a la de Moisés y a la de Abraham (véase Moisés 1:31; Abraham 3:11). El presidente Brigham Young agregó ciertos detalles a ese tema: “El hombre es hecho a imagen de su Creador… él es Su viva imagen y tiene ojos, frente, cejas, nariz, mejillas, boca, mentón y orejas, exactamente como nuestro Padre Celestial” (en Journal of Discourses, tomo XIII, pág. 46).

Moisés 7:13. “Grande fue la fe de Enoc”.

Al comienzo de su ministerio, a Enoc se le dijo que él haría grandes cosas (véase Moisés 6:34). La fe de Enoc en Jesucristo le permitió hacer esas cosas. El élder Bruce R. McConkie dijo: “La fe es poder; por medio de la fe se hicieron los mundos; nada es imposible para quienes tengan fe. Si la tierra misma llegó a existir mediante la fe, no hay duda de que una simple montaña se puede llegar a mover por la misma fe” (The Mortal Messiah: From Bethlehem to Calvary, 4 tomos, 1979–1981, tomo III, pág. 73; véase también Jacob 4:6; Éter 12:13–22).

Moisés 7:19. “Ciudad de Santidad”.

La ciudad de Enoc tuvo dos nombres: Sión y Ciudad de Santidad. El segundo nombre adquiere más sentido cuando recordamos que el nombre de nuestro Padre Celestial, en el lenguaje de Adán, es Hombre de Santidad (véase Moisés 6:57).

Moisés 7:21–41

ENOC VIO LO QUE SUCEDERÍA EN SU PROPIA ÉPOCA

Moisés 7:21. Traslación.

Aquellas personas que fueron llevadas al cielo sin probar la muerte fueron trasladadas. El presidente Joseph Fielding Smith explicó: “Los seres trasladados siguen siendo mortales y tendrán que pasar por la experiencia de la muerte, o sea, la separación del espíritu y del cuerpo, aun cuando ésa sea instantánea, ya que al pueblo de la Ciudad de Enoc, a Elías el profeta y a otros que recibieron esa gran bendición en épocas antiguas, antes de la venida del Señor, no les habría sido posible resucitar, o sea, cambiar de la mortalidad a la inmortalidad, porque nuestro Señor todavía no había pagado la deuda que nos libera de nuestra mortalidad y nos concede la resurrección” (Answers to Gospel Questions, tomo I, pág. 165).

El profeta José Smith dijo: “Muchos han supuesto que la doctrina de la traslación era una doctrina mediante la cual los hombres eran llevados inmediatamente a la presencia de Dios y a una plenitud eterna, pero ésta es una idea errónea. El lugar donde habitan es según el orden terrestre, y a fin de que fuesen ángeles ministrantes a muchos planetas, Dios apartó un lugar preparado para estos individuos que todavía no han alcanzado una plenitud tan grande como los que han resucitado de los muertos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 203).

Moisés 7:26–28. Cadenas y oscuridad.

Satanás fomenta obras de oscuridad y busca amarrar, cautivar y destruir a la humanidad (véase 2 Nefi 26:22; 28:17–23; Alma 12:11; Moisés 4:4). Dios no obra en la oscuridad y Él busca salvar a la humanidad (véase 2 Nefi 26:23–24, 33). Además, en contraste absoluto con Satanás y sus ángeles, que se ríen de la iniquidad de la humanidad, en Moisés 7:28 se nos dice que Dios lloró por la iniquidad de Sus hijos.

Moisés 7:27. Ángeles descienden del cielo.

Con frecuencia Dios envía ángeles para ministrar a Sus hijos sobre la tierra (por ejemplo, véase 3 Nefi 17:23–25; Moroni 7:35–37; D. y C. 13:1; 29:42; Moisés 5:5–7).

Moisés 7:27. Muchos fueron arrebatados al cielo.

Los justos que se describen en Moisés 7:27 fueron trasladados y “arrebatados” para juntarse con los de la ciudad de Sión. El élder Bruce R. McConkie escribió: “Después que los de la Ciudad de Santidad fueron trasladados y llevados al cielo sin experimentar la muerte, habiendo huido Sión de esa manera, como pueblo y congregación, de la inicua faz de la tierra, el Señor buscó entre los hombres a otros que pudieran servirle. Desde los días de Enoc hasta el Diluvio, los nuevos conversos y los verdaderos creyentes, con excepción de los que necesitaban sacar adelante los propósitos del Señor entre los mortales, fueron trasladados” (The Millennial Messiah, pág. 284).

Moisés 7:32–41. ¿Por qué lloró Dios?

El élder Marion D. Hanks, que fue miembro de los Setenta, explicó:

“Dios, de quien provienen todas las bendiciones, pedía a Sus hijos únicamente que se amasen los unos a los otros y que lo prefirieran a Él, su Padre.

“Y tal como es en la actualidad, muchos no buscaron al Señor ni se amaron los unos a los otros, y cuando Dios previó el sufrimiento que inevitablemente habría de seguir a ese obstinado y rebelde curso de pecado, lloró. Y dijo a Enoc que ésa era la razón por la cual lloraba” (“Si estamos dispuestos”, Liahona, julio de 1980, pág. 42).

Moisés 7:37. “Satanás será su padre”.

La meta de Satanás es engañar y cegar a la humanidad y, según su voluntad, llevar cautivo a cada uno de los hijos de Dios, si éstos no escuchan la voz del Señor (véase Moisés 4:4). Satanás se convierte así en el “padre” de quienes escogen seguirle y ellos experimentan su miseria (véase 2 Nefi 2:18; D. y C. 10:22, 26–27).

Moisés 7:38–39. La prisión espiritual.

El élder Bruce R. McConkie escribió: “Los hombres de la época de Noé se rebelaron, rechazaron al Señor y a Su Evangelio y fueron sepultados en una tumba de agua. Sus espíritus se encontraron en una prisión preparada para quienes caminan en la oscuridad cuando la luz está delante de ellos” (The Promised Messiah, pág. 330).

El presidente Joseph Fielding Smith explicó: “Desde el tiempo de su muerte en el diluvio hasta el tiempo de la crucifixión del Salvador, estuvieron encerrados en la prisión, en tormento, sufriendo el castigo de sus transgresiones, porque habían rehusado escuchar a un profeta del Señor, y del mismo modo será con todo hombre que rechace el Evangelio, sea que haya vivido en la antigüedad o sea que viva ahora; no hay diferencia” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 216).

Moisés 7:39. “Aquel a quien he escogido”.

El pronombre Aquel se refiere a Jesucristo. Él fue escogido en la existencia preterrenal para ser el Salvador del mundo (véase D. y C. 38:4; Moisés 4:2). Después de terminar Su misión sobre la tierra y mientras Su cuerpo descansaba en la tumba, Cristo visitó el mundo espiritual como ser espiritual (véase 1 Pedro 3:18–20). Una vez allí, Él organizó a los espíritus de los justos para que fueran entre los espíritus de los inicuos en prisión y les declararan el Evangelio (véase D. y C. 138).

Moisés 7:42–57

ENOC VIO LOS DÍAS DE NOÉ Y DE JESUCRISTO

Moisés 7:44. Al principio, Enoc se negó a ser consolado.

El élder Neal A. Maxwell explicó:

“Si [Enoc] no hubiese mirado y visto espiritualmente, habría visto la condición humana aislada del plan de Dios para con el hombre. Si Dios no hubiera estado allí, las preguntas de Enoc se habrían convertido en gritos vanos de desesperación.

“Al principio, rehusó el consuelo (Moisés 7:44); pero al fin vio el plan de Dios, la venida del Mesías en el meridiano de los tiempos y el triunfo de los propósitos de Dios” (véase “Y Tú todavía estás allí”, Liahona, enero de 1988, págs. 29–30).

Moisés 7:47. “Inmolado es el Cordero”.

“El Justo”, Jesucristo, a quien también se le llama “el Cordero de Dios”, fue sacrificado en la cruz en el meridiano de los tiempos, tal como los corderos sin mancha habían sido sacrificados sobre los altares de piedra desde la época de Adán.

Moisés 7:48. La tierra habla.

El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “El Señor aquí [en Doctrina y Convenios 88] nos informa que la tierra en la cual vivimos es una cosa viva, y que llegará el tiempo en que será santificada de toda iniquidad. En la Perla de Gran Precio, cuando Enoc habla con el Señor, oye a la tierra clamar que se la libere de la iniquidad sobre su faz… La tierra no tiene la culpa de que la iniquidad reine sobre su faz, ya que ella se ha mantenido fiel a la ley que recibió, y esa ley es la ley celestial. Por lo tanto, el Señor dice que la tierra será santificada de toda iniquidad” (Church History and Modern Revelation, 2 tomos, 1953, tomo I, págs. 366–367).

Moisés 7:50–52. El convenio de Enoc.

El convenio que Dios hizo con Enoc se renovó con Noé. En la Traducción de José Smith al idioma inglés de Génesis 6:18 (JST, Génesis 8:23–24) el Señor dijo a Noé que establecería con él Su convenio, tal como le había prometido a Enoc, el padre de Noé, de que su posteridad iría a todas las naciones. El Señor le dijo a Noé que entraría en el arca con sus hijos y su esposa y las esposas de sus hijos.

Moisés 7:53. Jesucristo.

Jesucristo es “la Roca del Cielo”. La “puerta” es la fe en Él, el arrepentimiento, y el bautismo por agua y el Espíritu Santo (véase 2 Nefi 31:17–18). Jesucristo es la única vía por medio de la cual regresamos al Padre (véase Juan 14:6). Él es el Mesías, “el Ungido” que fue elegido desde el principio para salvar a los hijos de Dios (véase Moisés 4:2; Abraham 3:27), el Rey de Sión, el Gobernante sobre los puros de corazón (véase D. y C. 97:18–21), y el fundamento seguro sobre el cual edificar nuestra vida y obtener la vida eterna (véase Mateo 7:24–25; Helamán 5:12).

Moisés 7:55–56. La tierra gimió a la muerte de Cristo.

Enoc vio que la tierra se lamentaría y gemiría, y que sus peñascos se harían pedazos cuando Cristo fuese crucificado y resucitara. Nefi, hijo de Lehi, y Samuel el Lamanita también profetizaron de eso (véase 1 Nefi 19:10–12; Helamán 14:21–22). El Libro de Mormón contiene un relato de grandes terremotos que ocurrieron en el hemisferio occidental (véase 3 Nefi 8:18), mientras que la Biblia habla de terremotos en el hemisferio oriental (véase Mateo 27:51). El élder Spencer W. Kimball, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Esos ‘espasmos’ de la tierra fueron una sublevación de la tierra por la crucifixión de su Creador” (en “Conference Report”, abril de 1963, pág. 65).

Moisés 7:56–57. La Resurrección.

Enoc vio que los santos que murieron antes de Cristo se levantarían y serían coronados a la diestra de Dios. Samuel el Lamanita profetizó también de la resurrección que tendría lugar en América después de la resurrección de Cristo (véase Helamán 14:25). En Mateo 27:52–53 y en 3 Nefi 23:9–13 se encuentran relatos de esa primera resurrección.

Acerca de la resurrección, el presidente Howard W. Hunter, en ese entonces Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo:

“La doctrina de la resurrección es la doctrina más básica y crucial en la religión cristiana. No se le puede dar el énfasis suficiente ni se le puede ver con indiferencia.

“Sin la Resurrección, el Evangelio de Jesucristo se convierte en una letanía de palabras sabias y algunos milagros inexplicables, mas palabras y milagros sin una victoria final. No, la victoria final está en el milagro sublime, porque por primera vez en la historia de la humanidad, uno que estaba muerto resucitó a una vida inmortal. Él es el Hijo de Dios, el Hijo de nuestro Padre Celestial inmortal, y Su triunfo sobre la muerte física y espiritual constituye las buenas nuevas que todo idioma cristiano debería hablar” (véase “Un testimonio de la Resurrección”, Liahona, julio de 1986, pág. 12).

Moisés 7:58–69

ENOC VIO EL DÍA EN QUE LA TIERRA DESCANSARÍA

Moisés 7:58. “¿Cuándo descansará la tierra?”

Enoc oyó a la tierra preguntar cuándo descansaría y sería limpia de las iniquidades de sus hijos (véase Moisés 7:48). Enoc vio entonces que la tierra no descansaría durante la época de Noé ni en los días del ministerio terrenal de Jesucristo. La época en que la tierra descansaría finalmente sería la de la segunda venida de Cristo (véase D. y C. 133:46–52; Artículos de Fe 1:10).

Moisés 7:59. “Te conozco”.

El Señor llamó a Enoc para que predicara a los justos (véase Moisés 6:26–36). Con el fin de ayudar a Enoc a cumplir con su misión, el Señor le dijo: “…mi Espíritu reposa sobre ti… y tú permanecerás en mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo” (Moisés 6:34). Y Enoc caminó en verdad con Dios (véase Moisés 6:39) y obtuvo la confianza [suficiente] en sí mismo para [poder] decir: “te conozco”.

Moisés 7:59. “Derecho a tu trono”.

Enoc vio a los santos levantarse con cuerpos resucitados, recibir coronas y ocupar un lugar a la diestra de Cristo (véase Moisés 7:56). Él después previó su propio futuro glorioso (véase Moisés 7:59). Dios ha prometido a todos Sus hijos dignos la misma recompensa (véase Romanos 8:16–17; Apocalipsis 3:21). Enoc vio también que ese futuro glorioso no era “de mí mismo, sino mediante tu propia gracia” (Moisés 7:59). La exaltación en el reino celestial de Dios se obtiene como un don de Dios, por la gracia, después de hacer cuanto podamos (véase 2 Nefi 25:23; D. y C. 6:13). Acerca de la gracia, el Diccionario Bíblico en inglés dice:

“El concepto principal de la palabra es que es una ayuda o fortaleza divina que proviene de la misericordia y el amor de Jesucristo.

“…De la misma manera, es por la gracia del Señor que las personas, por medio de la fe en la expiación de Jesucristo y el arrepentimiento de sus pecados, reciben fortaleza y ayuda para hacer obras buenas que, de otro modo, no podrían hacer por sí mismos. Esa gracia es un poder que permite que los hombres y las mujeres obtengan la vida eterna y la exaltación después de que se hayan esforzado al máximo por lograrla.

“…Sin embargo, la gracia no es suficiente; es necesario también un esfuerzo total de parte del que la reciba” (véase “grace” , pág. 697; véase también 2 Nefi 25:23; Moroni 10:32–33).

Moisés 7:62. “Justicia enviaré desde los cielos; y la verdad haré brotar de la tierra”.

El presidente Ezra Taft Benson explicó que el Señor prometió “que la justicia vendría de los cielos y la verdad saldría de la tierra. Y hemos visto el cumplimiento maravilloso de esa profecía en esta generación. El Libro de Mormón salió de la tierra, rebosante de verdad, sirviendo como la verdadera ‘clave de nuestra religión’ (véase la Introducción al Libro de Mormón). Dios ha enviado también justicia de los cielos. El Padre mismo, junto con Su Hijo, se le apareció al profeta José Smith. El ángel Moroni, Juan el Bautista, Pedro, Santiago y muchos otros ángeles, bajo el mandato de Dios, restauraron la autoridad necesaria al reino. Además, el profeta José Smith recibió revelación tras revelación de Dios durante esos primeros años críticos del crecimiento de la Iglesia. Estas revelaciones han sido preservadas para nosotros en el libro de Doctrina y Convenios” (véase “El don de la revelación moderna”, Liahona, enero de 1987, pág. 81).

Moisés 7:62. “Haré que la… verdad [inunde] la tierra”.

El presidente Ezra Taft Benson enseñó:

“El Libro de Mormón es el instrumento que Dios ha designado para ‘inundar la tierra como con un diluvio, a fin de recoger a los escogidos’ (véase Moisés 7:62). Es preciso que este sagrado libro de Escrituras ocupe un lugar de mayor importancia tanto en nuestra predicación como en nuestra enseñanza y en nuestra obra misional…

“Ya ha quedado muy atrás el tiempo en que debía haberse inundado profusamente la tierra con el Libro de Mormón por las muchas razones que el Señor ha manifestado…

Tenemos el Libro de Mormón, tenemos los miembros, tenemos los misioneros, tenemos los medios, y el mundo tiene la necesidad.

¡El momento es ahora!” (“Tenemos que inundar la tierra con el Libro de Mormón”, Liahona, enero de 1989, págs. 4–5).

Moisés 7:62. “Sión, una Nueva Jerusalén”.

El profeta José Smith explicó: “Ahora pregunto, ¿cómo van a inundar la tierra como diluvio la justicia y la verdad? Responderé a esa pregunta. Los ángeles y los hombres van a trabajar juntos para efectuar esta importante obra, y Sión va a ser preparada, sí, una Nueva Jerusalén, para los escogidos que van a ser reunidos de las cuatro partes de la tierra; y quedarán establecidos, una ciudad santa” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 96; para obtener más información sobre la Sión de los últimos días [la Nueva Jerusalén], véase 3 Nefi 20:22; 21:20–25; Éter 13:2–8; D. y C. 45:65–71; 57:1–3).

Moisés 7:63. Dos Siones se reunirán.

Acerca de la reunión de las dos Siones el presidente John Taylor dijo: “Cuando llegue el momento de esos desastres de los que hemos leído que arrasarán la tierra, los que estén preparados tendrán el poder de la traslación, como sucedió en épocas anteriores, y la ciudad será trasladada. Y la Sión que se encuentra en la tierra se levantará, y la Sión que está arriba descenderá, tal como se nos ha dicho, y nos reuniremos, nos echaremos sobre el cuello de los demás, nos abrazaremos y nos besaremos. Y es así que, hasta cierto punto, los propósitos de Dios entonces se cumplirán” (en Journal of Discourses, tomo XXI, pág. 253).

Moisés 7:64–65. El Milenio.

Durante el Milenio, la tierra no será un mundo celestial. Estará en una condición terrestre o paradisíaca, limpia de iniquidad. Al comenzar el Milenio, habrá todavía personas de varias creencias religiosas morando sobre la tierra. El presidente Joseph Fielding Smith escribió:

“Cuando el reino de Jesucristo venga durante el Milenio, sólo los que hayan vivido la ley telestial serán quitados. En la Biblia y en otros libros canónicos de la Iglesia se registra que la tierra será purificada de toda su corrupción e iniquidad. Quienes hayan vivido vidas virtuosas, que hayan sido honrados en sus tratos con sus semejantes y se hayan esforzado por hacer el bien de acuerdo con su conocimiento, permanecerán…

“El Evangelio se enseñará con más intensidad y más poder durante el Milenio hasta que todos los habitantes de la tierra lo hayan aceptado. Satanás será atado para que no pueda tentar a nadie. Si cualquiera se niega a arrepentirse y a aceptar el Evangelio bajo esas condiciones, será maldito. Por medio de las revelaciones que se dieron a los profetas, aprendemos que durante el reinado de Jesucristo, por el término de mil años, finalmente todas las personas abrazarán la verdad” (Answers to Gospel Questions, tomo I, págs. 108, 110–111; para obtener más información acerca del Milenio, véase Isaías 11:5–9; 65:17–25; D. y C. 101:26–34).

Moisés 7:68–69. “SIÓN HA HUIDO”.

El pueblo de Enoc vivió sobre la tierra muchos años antes de que fuese llevado al cielo. Acerca de esa época, el presidente Brigham Young dijo: “Enoc tuvo que hablarle y enseñarle a su pueblo durante un periodo de trescientos sesenta años antes de lograr que se prepararan para entrar en su reposo y entonces obtuvo el poder para ser trasladado y trasladar a su pueblo” (“Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, pág. 102).

Moisés 8:1–30

EL MUNDO SE LLENÓ DE INIQUIDAD

Moisés 8:1–11. Noé.

Muchas generaciones de profetas previeron que Noé sería el profeta de los días en que la tierra sería purificada por un diluvio (véase Moisés 8:2, 9). Noé fue ordenado al sacerdocio mayor cuando tenía diez años de edad por su abuelo Matusalén (véase D. y C. 107:52). Y él, al igual que Enoc, se convirtió en un predicador de rectitud. Él, su esposa y sus hijos —Jafet, Sem y Cam— y sus respectivas esposas, fueron las únicas personas en sobrevivir al Diluvio. Noé posee las llaves de su dispensación y sigue a Adán en lo que concierne a autoridad (véase History of the Church, tomo III, pág. 386).

Noé es el ángel Gabriel, el cual se le apareció a Zacarías para anunciar que sería el padre de Juan el Bautista y a María para anunciarle que sería la madre de Jesucristo. Noé también tiene el llamamiento de un Elías (véase D. y C. 27:6–7), que significa alguien que prepara o restaura. En sus varias apariciones, Noé ha actuado en ambas funciones.

Moisés 8:3. La posteridad de Matusalén.

Una lista de los “hijos de Dios”, que comenzó en Moisés 5:8–25, sigue en Moisés 8 con Lamec (vers. 5), Noé (vers. 9) y los tres hijos de Noé (vers. 12). Esos hermanos fueron todos ellos poseedores del sacerdocio mayor (véase D. y C. 107:40–52; para obtener más información acerca de Matusalén, véase D. y C. 107:50, 52–57).

Moisés 8:14–15. Las hijas de los hijos de Dios.

El presidente Joseph Fielding Smith aplicó las lecciones registradas en Moisés 8:14–15 a nuestra época, al decir:

“Por motivo de que las hijas de Noé se casaron con los hijos de los hombres, en contra de las enseñanzas del Señor, Su ira se encendió y esa ofensa fue una de las causas que hizo que ocurriera el diluvio universal… Las hijas que habían nacido, obviamente, dentro del convenio y eran las hijas de los hijos de Dios, eso es, de los que poseían el sacerdocio, habían transgredido los mandamientos del Señor y habían contraído matrimonio fuera de la Iglesia. De ese modo, se excluyeron a sí mismas de las bendiciones del sacerdocio, contrariamente a las enseñanzas de Noé y a la voluntad de Dios…

“En la actualidad, hay hijas insensatas de quienes poseen ese mismo sacerdocio, que violan ese mandamiento y contraen matrimonio con los hijos de los hombres; también hay algunos de los hijos de aquellos que poseen el sacerdocio, que contraen matrimonio con las hijas de los hombres, todo lo cual es contrario a la voluntad de Dios, de la misma manera que lo fue en los días de Noé” (Answers to Gospel Questions, tomo I, págs. 136–137).

Moisés 8:16. Noé enseñó el Evangelio de Jesucristo.

El presidente Ezra Taft Benson, en ese entonces Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Desde los días del padre Adán hasta los del profeta José Smith y sus sucesores, siempre que el sacerdocio ha estado sobre la tierra, una de sus responsabilidades primordiales ha sido la prédica de los principios salvadores y eternos del Evangelio: el plan de salvación. Adán enseñó eso a sus propios hijos (Moisés 5:12). Consideren los largos años de esfuerzo misional de Noé y las prédicas de todos los profetas antiguos (Moisés 8:16–20). A cada uno, en su época, se le mandó llevar el mensaje del Evangelio a los hijos de los hombres y exhortarlos al arrepentimiento como único medio de escapar de los juicios inminentes” (véase “La obra misional: Una gran responsabilidad”, Liahona, octubre de 1974, pág. 35).

Moisés 8:17. “No luchará mi Espíritu con el hombre para siempre”.

El presidente Harold B. Lee declaró: “Eso significa el retiro de esa luz esencial que todos habrían podido disfrutar si hubieran guardado los mandamientos” (Stand Ye in Holy Places, 1974, pág. 119; véase también 1 Nefi 7:14; 2 Nefi 26:11; Mormón 5:16; Éter 2:15; 15:19; Moroni 8:28; 9:4; D. y C. 1:33).

Moisés 8:25. “Y le pesó a Noé, y se afligió su corazón”.

Adviértase que en este versículo se encuentra una corrección importante e inspirada de Génesis 6:6, que dice: “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”. La palabra hebrea que se utiliza en esa frase, que se tradujo como arrepintió en la Biblia, es nacham, que literalmente significa “suspirar”, “respirar con fuerza”, “sentir pena”, “sentir compasión”.

Moisés 8:27. “Noé fue un hombre justo y perfecto en su generación”.

El élder Mark E. Petersen, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió:

“Noé, quien construyó el arca, fue uno de los grandes siervos de Dios, escogido antes de nacer tal como lo fueron otros de los profetas. No fue un excéntrico como muchos han supuesto ni tampoco una figura mítica que existe sólo en la leyenda. Noé fue real…

“No permitamos que nadie reste importancia a la vida y a la misión de este gran profeta. Noé se acercaba tanto a la perfección en su época que literalmente anduvo y habló con Dios…

“Pocos hombres en cualquier época han sido tan extraordinarios como Noé. En muchos aspectos fue como Adán, el primer hombre. Ambos han prestado servicio como ángeles ministrantes en la presencia de Dios, aún después de su vida terrenal” (Noah and the Flood, 1982, págs. 1–2).

Moisés 8:26–30. El Diluvio.

El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “De modo que el Señor mandó a Noé que construyera un arca, en la cual él habría de llevar a su familia y a los animales de la tierra a fin de preservar su descendencia después del diluvio, y toda carne que no entró en el arca pereció de acuerdo con el decreto del Señor. Desde luego, los sabios y los grandes entre los hijos de los hombres no creen esta historia en ningún grado mayor de lo que se creyó la historia de Noé en aquella época” (Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 38).

El presidente John Taylor enseñó: “Dios destruyó a los inicuos de esa generación por medio de un diluvio. ¿Por qué los destruyó? Los destruyó por su propio beneficio, si lo pueden comprender” (en Journal of Discourses, tomo XXIV, pág. 291; véase también el tomo XIX, págs.158–159 para comprender el punto de vista del presidente Taylor de que el Diluvio fue un acto de amor).