EL LIBRO DE ABRAHAM
    Notas al pie de página
    Tema

    EL LIBRO DE ABRAHAM

    Índice de temas:

    • Abraham busca las bendiciones de los padres (el sacerdocio).

    • Las promesas de Dios a Abraham.

    • Abraham y Sarai llegan a Egipto.

    • Por medio del Urim y Tumim, Abraham aprende verdades acerca del sol, de la luna y de las estrellas.

    • La naturaleza eterna de los espíritus.

    • Los Dioses planearon y crearon esta tierra y la vida que hay en ella.

    ¿Quién es Abraham y dónde vivió?

    Adán y Eva y la Caída (aproximadamente 4000 a. de J. C.), Enoc (aproximadamente 3000 a. de J. C.), Noé y el Diluvio (aproximadamente 2400 a. de J. C.) y la torre de Babel (aproximadamente 2200 a. de J. C.) precedieron a la época de Abraham. Abraham, que nació alrededor del año 2000 a. de J. C., fue el padre de Isaac y el abuelo de Jacob, cuyo nombre fue cambiado a Israel. (Véase “Cronología”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras, págs. 43–46.)

    ¿Cómo obtuvo la Iglesia el libro de Abraham?

    El 3 de julio de 1835, un hombre llamado Michael Chandler llevó cuatro momias egipcias y varios rollos de papiros de antiguos escritos egipcios a Kirtland, Ohio, E.U.A. Antonio Lebolo había descubierto las momias y los papiros en Egipto varios años antes. Kirtland fue una de las muchas paradas que se harían en el este de los Estados Unidos para exhibir las momias de Chandler. Chandler ofrecía para la venta las momias y los rollos de papiros y, a solicitud del profeta José Smith, varios miembros de la Iglesia donaron dinero para comprarlos. En una declaración de fecha 5 de julio de 1835, José Smith explicó acerca de la importancia de esos antiguos escritos egipcios, al decir: “Di comienzo a la traducción de algunos de los caracteres o jeroglíficos y con gran alegría vimos que uno de esos rollos contenían los escritos de Abraham… En verdad podemos decir que el Señor ha comenzado a revelar una abundancia de paz y verdad” (History of the Church, tomo II, pág. 236).

    ¿Cómo tradujo el Profeta esos escritos antiguos?

    El profeta José Smith nunca dijo qué método había empleado para traducir esos registros. Al igual que con todas las demás Escrituras, el testimonio de la veracidad de esos escritos es antes que nada una cuestión de fe. La evidencia más grande de la veracidad del libro de Abraham no se basa en un análisis de evidencias físicas ni de antecedentes históricos, sino en la consideración de su contenido y de su influencia por medio de la oración.

    ¿Por qué dijo el profeta José Smith que había traducido los escritos de Abraham aun cuando los manuscritos no eran de la época de Abraham?

    En 1966, en el Museo de Arte Metropolitano de la ciudad de Nueva York, se descubrieron once fragmentos de papiros que una vez habían pertenecido a José Smith. Ellos le fueron entregados a la Iglesia y analizados por eruditos que determinaron la antigüedad de los escritos entre los años 100 a. de J. C. y 100 de la era cristiana. Una objeción común en cuanto a la autenticidad del libro de Abraham es que los manuscritos no son lo suficientemente antiguos para haber sido escritos por Abraham, que vivió casi dos mil años antes de Cristo. José Smith nunca dijo que los papiros eran autógrafos (escritos por Abraham mismo), ni que databan de la época de Abraham. Es común referirse a la obra de un autor como de “sus” escritos, ya sea que él mismo los haya escrito de su puño y letra, los haya dictado o que otras personas los hayan copiado más adelante.

    ¿Qué hizo el profeta José Smith con su traducción?

    Originalmente, se publicaron unas cuantas partes a la vez del libro de Abraham en la publicación de la Iglesia Times and Seasons, comenzando en marzo de 1842, en Nauvoo, Illinois (véase la Introducción a la Perla de Gran Precio). El profeta José Smith indicó que publicaría partes adicionales del libro de Abraham más adelante, pero fue asesinado antes de poder hacerlo. Oliver Cowdery, al referirse a la cantidad de páginas que tendría la traducción terminada, dijo que ocuparía “tomos” (véase Messenger and Advocate, diciembre de 1835, pág. 236).

    Además de los escritos en jeroglíficos, el manuscrito contenía también varios dibujos egipcios. El 23 de febrero de 1842, el profeta José Smith pidió a Reuben Hedlock, un tallador profesional en obras de arte de madera y además miembro de la Iglesia, que preparara grabados de los tres dibujos para que pudiesen ser impresos. Hedlock terminó las grabaciones en una semana y José Smith publicó las copias (de los facsímiles) junto con el libro de Abraham. Las explicaciones de José Smith de los dibujos acompañan los facsímiles.

    ¿Qué sucedió con las momias y los papiros?

    Después de la muerte del profeta José Smith, las cuatro momias y los papiros pasaron a ser propiedad de la viuda Lucy Mack Smith, la madre de José. En 1856, a la muerte de Lucy, Emma Smith, la esposa del Profeta, vendió la colección al señor A. Combs. Existen varias teorías de lo que sucedió posteriormente con las momias y los papiros. Se cree que por lo menos dos de las momias se quemaron en el gran incendio de la ciudad de Chicago ocurrido en 1871 (véase B. H. Roberts, New Witnesses for God, 3 tomos, 1909–1911, tomo II, págs. 380–382).

    Al comienzo de la primavera de 1966, el Dr. Asís S. Atiya, profesor de la Universidad de Utah, descubrió varios fragmentos de los papiros del libro de Abraham mientras hacía investigaciones en el Museo de Arte Metropolitano de la ciudad de Nueva York. El 27 de noviembre de 1967, el director del museo entregó a la Iglesia esos segmentos; sin embargo, se desconoce el paradero actual de las otras momias y de las otras partes de los papiros (véase H. Donl Peterson, “Some Joseph Smith Papyri Rediscovered, 1967” en Studies in Scripture, Tomo II, págs. 183–185).

    ¿Qué trascendencia tiene el libro de Abraham?

    El libro de Abraham evidencia el llamamiento inspirado del profeta José Smith. Salió a la luz en una época en que el estudio del idioma y de la cultura de los egipcios de la antigüedad apenas comenzaba. Los eruditos de los años 1800 apenas habían comenzado a explorar el campo de la egiptología, pero aún así, José Smith, sin ninguna capacitación en idiomas antiguos ni conocimiento del antiguo Egipto (con excepción de su trabajo con el Libro de Mormón), comenzó su traducción de los antiguos manuscritos. Su conocimiento y su habilidad provinieron del poder y el don de Dios, junto con la determinación y la fe que él poseía.

    El libro de Abraham revela verdades del Evangelio de Jesucristo que anteriormente eran desconocidas para los miembros de la Iglesia de la época de José Smith. Además, esta obra arroja una luz muy brillante sobre algunos pasajes difíciles de otros textos de Escrituras.

    ABRAHAM 1:1–4

    ABRAHAM BUSCA LAS BENDICIONES DE LOS PADRES

    Troy

    Rhodes

    Mar Negro

    HETEOS

    Carquemis

    URARTU

    Monte de Ararat?

    Mar Caspio

    Quitim (Chipre)

    Mar Grande o Superior (Mar Mediterráneo)

    CANAÁN

    Meguido

    Tiro

    Sidón

    FENICIA

    SIRIA

    Harán (Padán-Aram)

    Río Éufrates

    HOREOS

    Ur?

    Nínive

    ASIRIA

    MESOPOTAMIA

    Asur

    Campo de Dura

    Babilonia

    Babel (Sinar)

    Río Tigris

    Susa

    Elam

    Mar Inferior (Golfo Pérsico)

    Nilo

    EGIPTO

    On

    GOSÉN

    Mar Rojo

    MADIÁN

    Beerseba

    Mar Salado (Mar Muerto)

    Hebrón

    Jerusalén (Salem)

    Bet-el

    Siquem

    Damasco

    Desierto de Arabia

    BABILONIA

    Ur?

    Abraham 1:1. Los caldeos y los egipcios.

    A Ur, el lugar de nacimiento de Abraham, por lo general se lo identifica con la moderna ciudad de Mugheir, en el Iraq de hoy. Está a unos 240 kilómetros del Golfo Pérsico y a unos 1.400 kilómetros de Egipto. Aun cuando los pueblos de Caldea y de Egipto estaban geográficamente separados, parecería que en los días de Abraham poseían las mismas creencias y prácticas religiosas.

    El élder Mark E. Petersen, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó que Abraham “mencionó que el sacerdote Elkénah era también el sacerdote de Faraón. El altar [véase el Facsímile 1, figura 4] obviamente se edificó especialmente para sacrificios humanos.

    “¿De qué modo llegó hasta Mesopotamia ese adoctrinamiento egipcio? ¿Qué estaba haciendo el sacerdote de Faraón en Ur?

    “En esa época, la influencia egipcia se dejaba sentir por toda la Media Luna de las tierras fértiles [una región geográfica que se extiende haciendo una curva que va desde el norte de Egipto hasta Mesopotamia y después hacia el este y hacia el sur contra el Golfo Pérsico]. Gran parte de los conocimientos avanzados de la gente del Nilo se extendió fuera de sus fronteras, incluso algunas de las costumbres religiosas” (Abraham, Friend of God, 1979, págs. 42–43).

    Abraham 1:1. Los primeros años de Abraham.

    Abraham pudo haber conocido al profeta Noé. La cronología bíblica indica claramente que Noé vivía durante los primeros años de la vida de Abraham. En Abraham 1:19, el Señor menciona Su relación de convenio con Noé con el fin de enseñar a Abraham acerca de la relación de convenio que el Señor tendría con él.

    Abraham 1:2. ¿Por qué buscó Abraham las bendiciones de los padres?

    El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “El verdadero discípulo tiene un innato deseo inquisitivo de saber, personalmente, todo lo que Dios está dispuesto a enseñarnos. Nefi podía haber aceptado sin reservas la visión de Lehi, su padre; pero él deseaba ‘conocer las cosas que [su] padre había visto’ (1 Nefi 11:1.) Abraham buscó, aun cuando su padre se había vuelto en contra de la fe, una ‘mayor felicidad, [y] paz’ y su ‘nombramiento en el sacerdocio’ (Abraham 1:2, 4). Abraham se describió a sí mismo como alguien que deseaba ‘ser el poseedor de gran conocimiento, y ser un seguidor más fiel de la rectitud’ (Abraham 1:2), en pos de la palabra de Cristo. La inspiración que recibimos de fuentes divinas nos insta a deleitarnos ya que sabemos que, al hacerlo, podemos aumentar nuestro conocimiento, eficacia y gozo” (Wherefore, Ye Must Press Forward, 1977, pág. 119).

    Abraham 1:2. ¿Cuál es el “derecho que pertenecía a los patriarcas”?

    El profeta José Smith enseñó que Adán recibió el sacerdocio “en la Creación, antes de ser formado el mundo” y que él poseyó las llaves de la Primera Presidencia (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 182).

    El presidente Ezra Taft Benson dijo:

    “El orden del sacerdocio del que se habla en las Escrituras se menciona a veces como el orden patriarcal debido a que se ha transmitido de padres a hijos…

    “Abraham, que fue un siervo justo de Dios, habiendo deseado, como él mismo lo dijo, ‘ser un seguidor más fiel de la rectitud’, buscó esas mismas bendiciones. Hablando del orden del sacerdocio, dijo: ‘Me fue conferido de los padres; descendió de los padres, desde que comenzó el tiempo, sí, aun desde el principio… a saber, el derecho del primogénito, o sea, del primer hombre, el cual es Adán, nuestro primer padre, y por conducto de los padres hasta mí’ (Abraham 1:2–3)” (véase “Lo que espero enseñéis a vuestros hijos acerca del templo”, Liahona, abril/mayo de 1986, pág. 5).

    Abraham explica que él tenía “los anales de los padres, sí, los patriarcas, concernientes al derecho del sacerdocio” (Abraham 1:31). Esos anales confirmaron el derecho de Abraham de poseer el sacerdocio. Esto se puede corroborar en Génesis 5 (desde Adán hasta Sem; véase también Moisés 6:8–25; 8:1–13) y Génesis 11:10–26 (desde Sem hasta Abram [Abraham]; véase también D. y C. 84:14–16; 107:40–52).

    El presidente Joseph Fielding Smith, al hablar de la organización patriarcal desde Adán hasta Moisés, escribió: “El orden de este sacerdocio que se estableció en el principio era patriarcal. La autoridad descendía de padre a hijo, y aquellos que la poseían eran sumos sacerdotes. Este orden de descendencia de Adán a Noé se da en Doctrina y Convenios. Noé, que sigue a Adán en cuanto a autoridad, preservó este sacerdocio durante el diluvio, y continuó de generación en generación. Abraham, el décimo desde Noé, recibió bendiciones especiales del Señor, y el sacerdocio continuó por conducto de él y su linaje, con la promesa de que todos aquellos que recibieran el Evangelio serían contados como linaje de Abraham y participarían de sus bendiciones” (Doctrina de Salvación, tomo III, págs. 151–152).

    Abraham 1:3. ¿Quién le confirió el sacerdocio a Abraham?

    En Doctrina y Convenios 84:14–16, se nos indica que “Abraham recibió el sacerdocio de manos de Melquisedec, que a su vez lo recibió por medio del linaje de sus padres, hasta Noé” y desde Noé de vuelta a Enoc y finalmente hasta Adán. El registro de Abraham muestra que sus padres se habían “apartado… de su rectitud” (Abraham 1:5) y por lo tanto no podían conferirle el santo sacerdocio. Aún así, Abraham llegó a ser un “heredero legítimo” del sacerdocio por medio de su rectitud y al buscar “las bendiciones de los padres” que poseían el sacerdocio (vers. 2). El profeta José Smith se refirió también a la relación de Abraham con el justo patriarca Melquisedec, cuando escribió: “Abraham le dice a Melquisedec: Creo todo lo que tú me has enseñando concerniente al sacerdocio y la venida del Hijo del Hombre; por consiguiente, Melquisedec confirió el sacerdocio a Abraham y lo despidió. Abraham se regocijó y dijo: Ahora tengo un sacerdocio” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 395).

    ABRAHAM 1:5–19 Y EL FACSÍMILE 1 JEHOVÁ SALVA A ABRAHAM

    JEHOVÁ SALVA A ABRAHAM

    Abraham 1:4–6. La valentía de Abraham.

    El presidente Joseph Fielding Smith declaró: “De una forma u otra todos sabemos la valentía que se requiere para oponerse a una costumbre en la que todos están de acuerdo o a una creencia general. Ninguno de nosotros quiere quedar en ridículo. Son pocos los que se atreven a oponerse a la opinión general aun cuando saben que está equivocada, por lo que es difícil de entender la extraordinaria valentía que demostró Abraham y su indiscutible obediencia a Jehová en medio del ambiente que lo rodeaba. Su valentía moral, su fe absoluta en Dios, su intrepidez en alzar la voz en oposición a la iniquidad que imperaba es algo que no tiene parangón” (The Way to Perfection, pág. 86).

    Abraham 1:6–7. ¿Por qué los padres buscaban sacrificar a Abraham?

    En Abraham 1 se revela que Taré, el padre de Abraham, se había entregado a la adoración de los dioses falsos y estaba dispuesto a ofrecer a su propio hijo como sacrificio (véase Abraham 1:5–6, 17; Josué 24:2). El élder John A. Widtsoe, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “La familia de Abraham se había alejado de la rectitud y se había vuelto idólatra. Por consiguiente, Abraham, que era seguidor de la verdad de Dios, les predicó la rectitud, pero todo fue en vano. A causa de su insistencia en adorar al único y verdadero Dios viviente, le persiguieron e intentaron quitarle la vida. El odio de los idólatras fue tan grande que sólo la intervención del Señor evitó que se le ofreciera como sacrificio a los ídolos del pueblo” (Evidences and Reconciliations, pág. 398).

    Abraham 1:8–11. Los sacrificios humanos egipcios.

    El presidente Joseph Fielding Smith, al comentar sobre los sacrificios humanos que se llevaban a cabo durante la época de Abraham, escribió: “Abraham pertenecía a la [décima] generación después de Noé. Cientos de años habían pasado desde el Diluvio y la gente se había multiplicado y extendido por sobre la faz de la tierra. Las civilizaciones de Egipto, Caldea, Asiria y las pequeñas naciones de Canaán se habían establecido. En medio de ese esparcimiento, la verdadera adoración del Padre casi se había perdido. El sacrificio que se había instituido en los días de Adán y que Noé practicó y enseñó, en similitud del gran sacrificio del Hijo del Hombre, se había pervertido. En lugar de ofrecer animales limpios, tales como el cordero y el becerro, las naciones apóstatas se habían vuelto tan infieles que ofrecían sacrificios humanos a sus dioses ídolos” (The Way to Perfection, pág. 85).

    Abraham 1:11. Las tres vírgenes.

    Junto a tres jóvenes excepcionalmente fieles —Sadrac, Mesac y Abed-nego (véase Daniel 3:12–30)— el élder Neal A. Maxwell se refirió a esas tres jóvenes virtuosas como “modelos maravillosos del afrontar la incertidumbre y del confiar en Dios… A la altura de esos tres jóvenes están tres mujeres jóvenes cuyos nombres desconocemos. Ellas se mencionan en el libro de Abraham; jóvenes extraordinarias sobre quienes me gustaría muchísimo saber más. Fueron sacrificadas sobre el altar porque ‘no quisieron postrarse para adorar dioses de madera ni de piedra [ídolos]’ (Abraham 1:11). Algún día, los fieles se encontrarán con ellas” (“Not My Will, But Thine” , 1988, págs. 119–120).

    Abraham 1:12–20. El sacrificio de todas las cosas si fuese necesario.

    El profeta José Smith enseñó:

    “Para que una persona sacrifique todo, su carácter y reputación, su honor y el elogio de los demás, su buen nombre, su casa, sus tierras, sus hermanos, su cónyuge y sus hijos, y aun su vida misma —considerando todo lo demás como escoria al lado de la excelsa oportunidad de llegar a conocer al Señor Jesucristo—, se requiere algo más que la simple creencia o suposición de que está cumpliendo con la voluntad de Dios; tiene que tener un verdadero conocimiento, sabiendo que cuando este sufrimiento llegue a su fin, entrará en su eterno descanso y será partícipe de la gloria de Dios…

    “…Una religión que no requiera el sacrificio de todas las cosas materiales nunca tendrá poder para inspirar la fe necesaria para la salvación; porque, desde el principio de la existencia, la fe que se necesita para obtener gozo en esta vida y salvación en la eternidad, no se ha podido adquirir jamás sin el sacrificio de las cosas terrenales. Sólo por medio de éste, el hombre podrá gozar de la vida eterna, y es mediante el sacrificio de todas las cosas terrenales, que el hombre sabe en realidad que hace aquello que complace a Dios. Cuando un hombre ha sacrificado todo lo que posee en aras de la verdad, sin siquiera preservar su vida, y cree ante Dios que ha sido llamado para hacer ese sacrificio porque ha buscado hacer Su voluntad, sabe entonces con más seguridad, que Dios ha aceptado y aceptará su sacrificio y su ofrenda, y que no ha buscado ni buscará Su faz en vano. Bajo esas circunstancias, entonces, puede obtener la fe necesaria para alcanzar la vida eterna.

    “…Es en vano que las personas se imaginen que son herederas, o que pueden ser herederas, con quienes han ofrecido todo en sacrificio y por ese medio han obtenido fe en Dios y el favor de Él para obtener la vida eterna, a menos que ellas, de la misma manera, le ofrezcan el mismo sacrificio y, mediante esa ofrenda, obtengan el conocimiento de que han sido aceptadas por Él…

    “…Desde los días del justo Abel hasta el presente, el conocimiento que los hombres tienen de que han sido aceptados a la vista de Dios se ha obtenido por medio de las ofrendas de sacrificio…

    “…Entonces, quienes hagan el sacrificio tendrán el testimonio de que su trayectoria es placentera a la vista de Dios; y quienes tengan ese testimonio tendrán fe para echar mano de la vida eterna y podrán, por medio de la fe, perseverar hasta el fin y recibir la corona que está guardada para los que esperan con amor la venida de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, quienes no hagan el sacrificio no podrán disfrutar de esa fe, porque el hombre depende de ese sacrificio para adquirirla; por consiguiente, no pueden echar mano de la vida eterna porque las revelaciones de Dios no les garantizan la autoridad para hacerlo y sin esa garantía, la fe no podría existir” (Lectures on Faith, págs. 68–70).

    Abraham 1:20. Hubo luto en la corte de Faraón.

    Caldea se encontraba a gran distancia de Egipto, pero aún así hubo gran luto en Egipto cuando el Señor derribó el altar e hirió al sacerdote. Acerca de ese acontecimiento, el élder Mark E. Petersen escribió:

    “Del pasaje de las Escrituras, donde dice que el Señor destruyó los altares de los dioses de la tierra, suponemos que ese hecho debe de haber causado una gran repercusión, puesto que ocasionó gran luto en Caldea y también en la corte de Faraón. Faraón y su corte estaban en Egipto, por lo que sólo un acontecimiento sumamente fuera de lo común pudo haber tenido una reacción tan amplia y de tan gran alcance.

    “Es obvio que el breve relato de Abraham no cuenta todo lo sucedido” (Abraham, Friend of God, págs. 48–49).

    ABRAHAM 1:20–31 FARAÓN, REY DE EGIPTO

    FARAÓN, REY DE EGIPTO

    Abraham 1:20–27. Un faraón en Egipto.

    El élder Bruce R. McConkie, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Después de la inmersión de la tierra en las aguas de Noé, llegó un día de nuevo comienzo. Como en la época de Adán, los fieles vivieron bajo un sistema teocrático y, como en los días anteriores al Diluvio, quienes escogieron vivir de acuerdo con la manera del mundo formaron sus propios gobiernos y sus propias formas de adoración. Los descendientes de Sem, Cam y Jafet comenzaron a poblar la tierra y continuó así durante más de cuatrocientos años, hasta que Abraham, que había recibido el poder teocrático de Melquisedec, fue a Egipto. Allí encontró a un descendiente de Cam reinando como faraón, y a pesar de que su gobierno estaba constituido siguiendo el modelo de los antiguos gobiernos patriarcales de la antigüedad, estaba desprovisto del sacerdocio y de la revelación, y fue así que la adoración —señalada, prescrita y ordenada por el faraón— se había convertido en idolatría’ (véase Abraham 1:20–27)” (A New Witness for the Articles of Faith, pág. 660).

    Abraham 1:25. “El primer gobierno de Egipto… fue a semejanza del gobierno de Cam, el cual era patriarcal”.

    El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió:

    “Egipto no fue la única nación en esos primeros tiempos que intentó imitar el orden patriarcal de gobierno. En los anales de Abraham vemos que ése fue el orden de gobierno durante el reinado de Adán y desde entonces hasta la época de Noé.

    “Naturalmente esa forma de gobierno sería perpetuada en su gran mayoría por todas las tribus a medida que se esparcían por la faz de la tierra. Al multiplicarse los hombres, se organizaron primero en grupos familiares, después en tribus y finalmente en naciones o países. Los poderes más grandes ocuparían naturalmente los lugares mejores. Las tribus más fuertes se apoderarían de las débiles y las forzarían a unirse al gobierno nacional o serían sometidas y tratadas como esclavos, o estarían bajo tributo. A medida que el orden patriarcal pasaba de padre a hijo, así también se perpetuaba la autoridad política con los mismos derechos de autoridad. Sabemos que en los tiempos antiguos, tanto en Egipto como en Asiria, Caldea, Babilonia, Persia y en todas las pequeñas naciones de Mesopotamia y Palestina, el sucesor del monarca era de su posteridad por derecho hereditario” (The Progress of Man, tercera edición, 1944, págs. 100–101).

    Abraham 1:24–27. El faraón y el sacerdocio.

    En tiempos pasados, el poder y la autoridad para actuar en el nombre del Señor se confería sólo sobre algunos varones dignos y no les era dado a los demás. Por ejemplo, en los días del liderazgo de Moisés sobre los hijos de Israel, sólo la tribu de Leví tenía el privilegio de poseer el sacerdocio (véase Números 8:5–26). Nuestra época es el “día prometido por tan largo tiempo… en el que todo varón que sea fiel y digno miembro de la Iglesia puede recibir el santo sacerdocio”. El 8 de junio de 1978, la Primera Presidencia anunció:

    “Enterados de las promesas declaradas por los profetas y presidentes de la Iglesia que nos han precedido, de que en alguna ocasión, en el plan eterno de Dios, todos nuestros hermanos que sean dignos podrán recibir el sacerdocio, y al ver la fidelidad de aquellos a quienes se les ha retenido el sacerdocio, hemos suplicado larga y fervientemente a favor de éstos, nuestros fieles hermanos, y hemos pasado muchas horas en el cuarto superior del Templo suplicando al Señor orientación divina.

    “Él ha escuchado nuestras oraciones y ha confirmado por revelación que ha llegado el día prometido por tan largo tiempo en el que todo varón que sea fiel y digno miembro de la Iglesia puede recibir el santo sacerdocio, con el poder de ejercer su autoridad divina, y disfrutar con sus seres queridos de toda bendición que de él procede, incluso las bendiciones del templo. Por consiguiente, se puede conferir el sacerdocio a todos los varones que sean miembros dignos de la Iglesia sin tomar en consideración ni su raza ni su color. Se instruye a los directores del sacerdocio que se guíen por el sistema de entrevistar concienzudamente a todo candidato a quien se le vaya a conferir, ya sea el Sacerdocio Aarónico o el de Melquisedec, para asegurarse de que esté cumpliendo con las normas establecidas para determinar si es digno.

    “Declaramos solemnemente que el Señor ahora ha dado a conocer su voluntad para la bendición de todos sus hijos, por toda la tierra, que presten atención a la voz de sus siervos autorizados y se preparen para recibir toda bendición del evangelio” (Declaración Oficial—2).

    Abraham 1:27. ¿Qué significa “de buena gana… habrían reclamado” el derecho del sacerdocio?

    De buena gana significa el aceptar con gusto o voluntad una alternativa cuando la opción que más se desea no se puede obtener (véase el Diccionario de la Real Academia Española). “…los Faraones de buena gana lo habrían reclamado [el sacerdocio] de Noé, por el linaje de Cam” (Abraham 1:27).

    ABRAHAM 2:1–13 EL CONVENIO ABRAHÁMICO O DE ABRAHAM

    EL CONVENIO ABRAHÁMICO O DE ABRAHAM

    Abraham 2:1. El hambre se agravó en la tierra.

    Lo más probable es que el hambre en la tierra haya sido causada por una sequía, un periodo prolongado de tiempo seco durante el cual las cosechas se arruinan y los animales mueren por falta de alimentos. Fíjate en cómo el Señor utilizó el hambre para que ejerciera influencia en Abraham y su familia: un hambre en Ur hizo que Taré, el padre de Abraham, dejara la idolatría y se uniera a sus hijos en la tierra de Harán (véase Abraham 1:30); el hambre en Ur también hizo que Abraham sintiera la necesidad imperante de partir de Ur (véase Abraham 2:1–2); el hambre fue quizás el motivo por el cual Abraham se fue de la tierra de Harán y probablemente lo que causó la muerte de Taré (véase Abraham 2:17; véase también Génesis 11:32); el hambre persuadió a Abraham y a su familia a dejar la tierra de Canaán y a seguir viaje a Egipto (véase Abraham 2:21). (Véase también Helamán 11:3–20.)

    Abraham 2:6. ¿Cuál fue la “tierra extraña” que se le prometió a Abraham?

    Tanto la Biblia como el libro de Abraham indican que la tierra extraña es la tierra de Canaán (véase Génesis 17:8; Abraham 2:15). No es la misma tierra que, según se registra en Moisés 7.6–8, poseyó el pueblo de Canaán. La Canaán de Abraham adquirió su nombre de Canaán, el cuarto hijo de Cam (véase Génesis 9:22; 10:6). Canaán y los de su casa habitaron originalmente en la región que se encuentra en las tierras bajas hacia la costa del Mediterráneo, en Palestina. En ocasiones se habla de Canaán como de todo el territorio al oeste del Río Jordán, desde Dan al norte hasta Beerseba en el sur. Ése es el mismo territorio que Josué dividió entre las doce tribus de Israel (véase Josué 14–21). Con el fin de aprender más acerca de la tierra y el pueblo de Canaán, véase Génesis 15:18–21; 24:1–4; 28:1–2, 8–9; y Josué 24:11.

    Jerusalén

    Damasco

    Río Éufrates

    Nínive

    Río Tigris

    Babilonia

    Muchos de los descendientes de Abraham han vivido en la tierra de Canaán, aunque de tanto en tanto, algunos de ellos han sido expulsados de esa tierra prometida (véase Abraham 2:6). El presidente Joseph Fielding Smith explicó: “Los descendientes de Abraham, las tribus de Israel, vinieron a ser el pueblo elegido del Señor de acuerdo con la promesa. El Señor los honró, los alimentó, los cuidó con gran celo, hasta que llegaron a ser una gran nación en la tierra que el Señor había dado a sus padres. A pesar de este tierno cuidado y de las instrucciones y advertencias que este pueblo recibía de tiempo en tiempo a través de sus profetas, no pudo comprender la bondad del Señor y se apartó de Él. Por causa de su rebelión fue expulsado de su tierra y esparcido entre las naciones” (Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 158–159).

    Abraham 2:6. Una posesión perpetua.

    El élder Bruce R. McConkie enseñó que “la herencia de Abraham en Canaán, para él y para su simiente, es una herencia eterna, una herencia que perdurará en el tiempo y en la eternidad. Esa promesa es la esperanza de Israel, la esperanza de que los mansos heredarán la tierra, primero durante la era milenaria y finalmente en ese estado inmortal, cuando la tierra se convierta en una esfera celestial” (Doctrinal New Testament Commentary, tomo II, pág. 71).

    Abraham 2:6, 9–11. El convenio abrahámico.

    La promesa de Dios.

    Referencia de las Escrituras.

    La tierra.

    Abraham 2:6.

    La posteridad.

    Abraham 2:9.

    El sacerdocio.

    Abraham 1:18.

    La salvación y la exaltación.

    Abraham 2:10.

    El élder Bruce R. McConkie explicó:

    “En lo que concierne a las bendiciones eternas, Abraham posee la misma posición que Noé en relación con todos aquellos que han vivido desde su época. Aun quienes no sean su simiente literal recibirán sus bendiciones eternas por intermedio de él y del convenio que Dios hizo con él. Reiteradamente el Señor hizo promesas a Abraham de que él llegaría a ser una nación grande y también de que en él ‘serán benditas… todas las familias de la tierra’ (Génesis 12:2–3). A él se le prometió la tierra de Canaán como una herencia eterna para él y para su simiente. ‘Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada’ (Génesis 13:16). Eso se refiere al aumento eterno, ya que es imposible que la descendencia de un hombre exceda en número al polvo de la tierra. ‘Mira ahora los cielos’ le dijo el Señor, ‘y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia’. Y Abraham ‘creyó a Jehová, y le fue contado por justicia’. (Génesis 15:5–6.) Todas esas cosas son parte del convenio abrahámico.

    “Y nuevamente el Señor le dijo a Abraham: ‘He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes… Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mi y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos’ (Génesis 17:4–8). Abraham hizo entonces convenios tanto por él mismo como por su descendencia de que tanto él como ellos servirían al Señor Jehová, que a Su vez les prometió aumento eterno.

    “Y así se expone el convenio abrahámico en su forma mejor y más pura, en lo que a la antigua palabra respecta: [y cita Abraham 2:9–11].

    “¿Qué es entonces el convenio abrahámico? Es que tanto Abraham como su descendencia (incluso los adoptados a su familia) tendrán todas las bendiciones del Evangelio, del sacerdocio y de la vida eterna. La puerta para la vida eterna es el matrimonio celestial; ese santo orden del matrimonio permite a la unidad familiar continuar en la eternidad, para que de ese modo las personas que la integran tengan posteridad tan numerosa como las arenas de la playa o las estrellas del cielo. El convenio abrahámico permite a los hombres crear unidades familiares eternas a semejanza de la familia de Dios, nuestro Padre Celestial. Una parte menor del convenio es que la descendencia de Abraham tiene el destino milenario de heredar como posesión eterna la misma tierra de Canaán, por donde los pies de los justos han andado en tiempos pasados” (A New Witness for the Articles of Faith, págs. 503–504; véase también “El convenio abrahámico”, págs. 96–101 de este manual).

    Abraham 2:10. Los descendientes de Abraham.

    El élder John A. Widtsoe declaró: “Todos los que aceptan el Evangelio se convierten en miembros adoptivos de la familia de Abraham” (Evidences and Reconciliations, pág. 399). El profeta José Smith enseñó: “Al descender el Espíritu Santo sobre uno que es de la descendencia literal de Abraham, viene con calma y serenidad, y toda su alma y cuerpo sienten tan solamente el espíritu puro de la inteligencia; mientras que el efecto del Espíritu Santo en un gentil es purgar la sangre vieja y convertirlo efectivamente en descendiente de Abraham. El hombre en quien no hay (físicamente) la sangre de Abraham, debe sufrir una creación nueva por medio del Espíritu Santo” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 177).

    Abraham 2:11. “En ti continuará este derecho, y en tu descendencia”.

    Abraham deseó las bendiciones de los padres: el derecho de administrar en el Sacerdocio de Melquisedec. Él fue un heredero legítimo y, en virtud de su rectitud, llegó a ser sumo sacerdote en el Sacerdocio de Melquisedec (véase Abraham 1:2). El Señor le prometió que su posteridad sería heredera legítima del sacerdocio. “El ser heredero del convenio abrahámico en sí no hace que la persona sea “escogida”; lo que sí quiere decir es que esa persona ha sido escogida para llevar el Evangelio, de una manera responsable, a todos los pueblos de la tierra. La posteridad de Abraham ha realizado la obra misional en todas las naciones desde la época de Abraham. (Mateo 3:9; Abraham 2:9–11)” (Bible Dictionary, “Abraham, covenant of”, pág. 602).

    El presidente Ezra Taft Benson dijo: “La responsabilidad de la simiente de Abraham, que somos nosotros, es ser misioneros para llevar ‘este ministerio y sacerdocio a todas las naciones’ (Abraham 2:9)” (“El Libro de Mormón y Doctrina y Convenios”, Liahona, julio de 1988, pág. 88).

    Las mismas llaves del sacerdocio que se le otorgaron a Abraham se han restaurado sobre la tierra en los últimos días. El 3 de abril de 1836, un profeta llamado Elías se apareció a José Smith y a Oliver Cowdery en el recién dedicado Templo de Kirtland y les entregó el “evangelio de Abraham, diciendo que en nosotros y en nuestra descendencia serían bendecidas todas las generaciones después de nosotros’ (D. y C. 110:12). Con esas llaves del sacerdocio nuevamente sobre la tierra, las personas pueden recibir todas las bendiciones dadas a Abraham (véase D. y C. 132:29–33).

    Abraham 2:13. “Bien haré si escucho tu voz”.

    El profeta José Smith enseñó: “El Señor guió a Abraham en todos sus asuntos familiares; con él conversaron ángeles y aun el Señor mismo; le fue dicho a dónde debía de ir y cuándo debía de parar; y prosperó grandemente en todo lo que emprendió, porque él y su familia obedecieron los consejos del Señor” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 306).

    Abraham 2:14–25

    ABRAHAM CONTINÚA SU VIAJE

    Abraham 2:14. Una cronología de los últimos años de la vida de Abraham.

    Edad

    Acontecimiento

    ?

    Abraham parte de Ur para la tierra de Harán (véase Abraham 2:3–4).

    62

    Abraham y su familia parten de la tierra de Harán hacia la tierra de Canaán (véase Abraham 2:14; adviértase que en Génesis 12:4 nos dice que él tenía 75 años cuando salió de Harán).

    ?

    Abraham y su familia viven en Egipto (véase Génesis 12:11–20).

    ?

    Abraham se establece en Hebrón (en la tierra de Canaán) y el Señor se le aparece nuevamente (véase Génesis 13).

    ?

    Abraham rescata a Lot y se reúne con Melquisedec (véase Génesis 14).

    86

    Nace Ismael, el hijo de Abraham con Agar (véase Génesis 16:16).

    99

    El Señor se le aparece nuevamente a Abraham y le confirma Su convenio con él (véase Génesis 17:1).

    100

    Nace Isaac, el hijo de Abraham con Sara (véase Génesis 21:5).

    ?

    Abraham obedece el mandamiento de ofrecer a su hijo Isaac como sacrificio al Señor, el convenio de Abraham se confirma nuevamente (véase Génesis 22).

    ?

    Fallece Sara, la esposa de Abraham (véase Génesis 23).

    175

    Abraham muere y es enterrado con Sara en Hebrón (véase Génesis 25:7–10).

    El llamamiento de Abraham de dejar Ur de los caldeos e ir a las tierras de Canaán y Egipto cambió el curso de su vida, de las vidas de sus descendientes y finalmente de otras naciones y civilizaciones.

    Abraham 2:19. El Señor se le aparece nuevamente a Abraham.

    Las Escrituras revelan numerosas oportunidades en que el Señor habló o se le apareció a Abraham. Hasta el momento, el libro de Abraham nos ha hablado acerca de:

    • Una visión de Dios, un ángel y la voz del Señor mientras Abraham se encontraba sobre el altar (véase Abraham 1:15–19).

    • La aparición del Señor mientras Abraham se encontraba orando en la tierra de Harán (véase 2:6–11).

    • Otra aparición del Señor en respuesta a la oración de Abraham al entrar en la tierra de Canaán (véase el vers. 19).

    Más tarde, el Señor habló o se le apareció a Abraham:

    • Antes de que Abraham fuera a Egipto (véase Abraham 2:22).

    • Después que regresó de Egipto y se estableció en la tierra de Canaán (véase Génesis 13:14–18).

    • Cuando oró por descendencia (véase Génesis 15).

    • Cuando tenía noventa y nueve años (véase Génesis 17).

    • Cuando intercedió por los habitantes de Sodoma (véase Génesis 18:17–33).

    • Cerca del tiempo en que Isaac nació (véase Génesis 21:12–14).

    • Cuando se le mandó que ofreciera a Isaac como holocausto (véase Génesis 22:1–2).

    • Durante el holocausto de Isaac en el monte (véase Génesis 22:6–19).

    “Abraham recibió todas las cosas, todo cuanto recibió, por revelación y mandamiento, por mi palabra, dice el Señor, y él ha entrado en su exaltación y se sienta sobre su trono” (D. y C. 132:29).

    Abraham 2:22–25. Abraham y Sarai en Egipto.

    El Facsímile 3 muestra que Abraham no sólo sobrevivió su experiencia en Egipto, sino que también recibió la invitación de Faraón de sentarse en el trono y de enseñar principios de astronomía. El Señor bendijo a Abraham y a Sarai espiritual, social y económicamente durante la permanencia de ellos en Egipto (véase también Génesis 12:16–20).

    Abraham 2:24–25. La obediencia de Sarai.

    A Sarai se le indicó que dijera a los egipcios que ella era hermana de Abraham. Fue una prueba de su fe y al mismo tiempo, sin duda alguna, una difícil experiencia para Abraham. Todo lo que el Señor manda a una persona es recto y debemos obedecer (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 313). Abraham y Sarai comprendieron ese principio y pasaron la prueba divina que el Señor había puesto delante de ellos. El élder Mark E. Petersen escribió: “Con el fin de protegerse, Abraham dijo a Faraón que Sara era su hermana, lo cual era cierto. Si él hubiese revelado que ella era su esposa, es probable que lo hubiesen matado. Sin embargo, al pensar Faraón que Sara era hermana de Abraham, estuvo dispuesto a comprarla por un buen precio” (Abraham, Friend of God, pág. 69; véase también Génesis 20:12; con el fin de obtener información adicional sobre el tema, véase S. Kent Brown, “Biblical Egypt: Land of Refuge, Land of Bondage”, Ensign, septiembre de 1980, págs. 45, 47).

    El nombre Sarai proviene de la raíz de una palabra que quiere decir “princesa” en hebreo y “reina” en el idioma acadio. No cabe la menor duda de que Sarai fue una mujer sumamente espiritual. El élder Bruce R. McConkie explicó: “El Señor nunca manda a apóstoles ni a profetas ni a hombres justos a ministrar a Su pueblo sin antes poner a su lado a mujeres tan espirituales como ellos. Bajo Cristo, Adán, el gran sumo sacerdote, gobierna sobre los hombres de todas las edades, pero él no puede hacerlo solo; Eva, su esposa, gobierna a su lado, poseyendo cualidades parecidas y logros propios. Abraham fue probado como muy pocos hombres lo han sido cuando el Señor le mandó ofrecer a Isaac sobre el altar (Génesis 22:1–19); y Sara tuvo que afrontar problemas similares cuando el Señor le mandó que ocultara de los egipcios que era la esposa de Abraham… De la misma forma, en todas las dispensaciones y en todas las épocas en las que ha habido hombres santos, ha habido también mujeres santas. Nadie está solo delante del Señor. La exaltación de uno depende de la del otro” (Doctrinal New Testament Commentary, tomo III, pág. 302).

    Abraham 3:1–17

    EL SEÑOR MUESTRA A ABRAHAM LAS ESTRELLAS

    Abraham 3:1. ¿Qué es el Urim y Tumim?

    Las palabras urim y tumim provienen de palabras hebreas que quieren decir “luces” y “perfecciones”. Urim y Tumim se le llama a un instrumento que el Señor preparó para ayudar al hombre a obtener revelación y a traducir idiomas. La primera vez que el uso del Urim y Tumim se menciona en las Escrituras es en relación con el hermano de Jared (véase Éter 3:21–28).

    Al profeta José Smith se le entregó el Urim y Tumim que anteriormente había estado en posesión del hermano de Jared (véase D. y C. 17:1). El Profeta los describió como “dos piedras en aros de plata, las cuales, aseguradas a un pectoral, formaban lo que se llamaba el Urim y Tumim” (José Smith—Historia 1:35).

    Las Escrituras revelan que había más de un Urim y Tumim. Mientras que los profetas del Libro de Mormón utilizaban un juego de piedras (véase Omni 1:20–21; Mosíah 8:13–19; 21:26–28; 28:11–20), los profetas del Antiguo Testamento utilizaban otro (véase Éxodo 28:30; Números 27:21; Deuteronomio 33:8; 1 Samuel 28:6; Esdras 2:63).

    Abraham 3:2–16. El nombre de la mayor es Kólob.

    El presidente Joseph Fielding Smith escribió: “El Señor le dio a conocer lo siguiente: Kólob es la primera creación y la más próxima a lo celestial, o sea, a la morada de Dios. Es la primera en gobierno, la última en cuanto a la medida de tiempo. Esa medida corresponde al tiempo celestial. Un día en Kólob equivale a mil años, según la manera de medir de esta tierra, a la cual los egipcios dan el nombre de Jahoh- eh. Olíblish, a quien los egipcios llamaron así y que se halla contigua a Kólob, constituye la siguiente gran creación regente cerca de lo celestial, o sea, el lugar donde Dios mora. Esta extraordinaria estrella es también una estrella regente e igual a Kólob en su revolución y su computación de tiempo. A Abraham se le revelaron también otras grandes estrellas regentes” (Man: His Origin and Destiny, 1954, pág. 461).

    Abraham 3:2–10, 16–17. Otras estrellas regentes.

    Abraham aprendió que, al igual que Kólob, había otras grandes estrellas que eran “muy grandes” y que esas grandes estrellas eran estrellas regentes (véase Abraham 3:2–3). El Señor instruyó a Abraham acerca del “tiempo fijo de todas las estrellas” (vers. 10; véanse también los vers. 4–9). Abraham también aprendió que había otras estrellas regentes ubicadas más cerca de Kólob y que su rotación era más lenta o “más larga” que muchas de las otras estrellas (pero no más lenta que Kólob).

    Abraham 3:3–4. “Al mismo orden que ésa sobre la cual estás”.

    Las enseñanzas del Señor acerca de las estrellas y de los planetas hizo que Abraham entendiera más acerca de esta tierra y de su relación con Kólob. Por ejemplo, Él le enseñó a Abraham que un día en Kólob equivale a mil años de acuerdo con el tiempo aquí en nuestra tierra (véase Abraham 3:4).

    Abraham 3:5–7. La computación del tiempo puede variar.

    “Abraham aprendió que los cuerpos celestes tienen diferentes periodos de revolución y que se mueven de acuerdo con el cómputo del tiempo que les haya sido señalado (Abraham 3:4). Cada planeta y cada estrella ‘funciona’ de acuerdo con un tiempo base, el cual lo determina su distancia del cuerpo central regente…

    “Con el fin de hacer más claro este concepto, tomemos en cuenta a un explorador de la luna que enfrenta una larga permanencia sobre la superficie lunar. Después de un tiempo, encuentra que es más conveniente determinar su tiempo basándose en el movimiento del sol a través del cielo de la luna (su nuevo medio ambiente). Al seguir el método que recuerda en virtud de sus experiencias sobre la tierra (su antiguo medio ambiente), define el día lunar dándole comienzo cuando el sol se levanta en cierto lugar del horizonte y dándole fin cuando éste se pone en el horizonte opuesto…

    “Tiempo después de que este intrépido viajero a la luna ha establecido los días, los meses y los años, compara su sistema lunar con el calendario terrenal, y se da cuenta de que un día completo en la luna (una rotación total) corresponde a 29 días terrenales aproximadamente… Ese observador lunar llega a la conclusión de que los días lunares pasan mucho más despacio que los días que él recuerda sobre la tierra” (Fred Holmstrom, “Astronomy and the Book of Abraham”, Sidney B. Sperry Symposium, 1982: The Pearl of Great Price, 1982, págs. 110–111).

    Abraham 3:13. El Señor conoce todas Sus creaciones.

    El Señor señaló por nombre varios de los planetas y estrellas de Sus creaciones. Al hablar de Sus numerosas y maravillosas obras, el Señor dijo:

    “…Porque he aquí, hay muchos mundos que por la palabra de mi poder han dejado de ser. Y hay muchos que hoy existen, y son incontables para el hombre; pero para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco…

    “…Los cielos son muchos, y son innumerables para el hombre; pero para mí están contados, porque son míos” (Moisés 1:35, 37).

    Abraham 3:14. “Te multiplicaré a ti, y a tu posteridad después de ti”.

    El Señor cumplió la promesa que le había hecho a Abraham concerniente a su posteridad, ya que muchos millones de personas han nacido en esta tierra que se pueden considerar sus hijos. La promesa de una gran posteridad se aplica a todos los fieles. El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

    “Los hijos de Abraham, si guardan el convenio tal como lo reciben en la Casa del Señor, continuarán, igual que su padre Abraham, por toda la eternidad teniendo progenie y la posteridad de ellos no tendrá fin. De esa forma, las bendiciones de Abraham, Isaac y Jacob se extienden a ellos y ellos pasan a ser partícipes plenos, ya que habrá una continuación de las ‘simientes por siempre jamás’ entre los que reciben la exaltación en el reino de Dios” (The Way to Perfection, pág. 96).

    Abraham 3:16–17. Las estrellas difieren en grandeza.

    Abraham aprendió que siempre que hay dos estrellas, una será mayor que la otra y habrá otras estrellas mayores que esas dos, hasta llegar a Kólob, que es la mayor de todas. Aprendió además que no es el tamaño lo que hace a una estrella o planeta mayor que el otro, sino su proximidad a Kólob. Lo mismo sucede con los hijos de Dios: la grandeza y la gloria de ellos depende de su proximidad al Creador, Jesucristo, que se halla más próximo “al trono de Dios”, el “mayor”, “la primera creación” que se ha “puesto para regir a todas las que pertenecen al mismo orden”. Por lo tanto, la gran estrella, Kólob, es un símbolo de Jesucristo.

    Abraham 3:17. La perfección del Señor Dios.

    Dios lleva a término todo lo que Él dispone en Su corazón. ¡Cuán diferente es eso de la naturaleza humana! El Señor explicó:

    “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos…

    “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8–9).

    Abraham 3:18–28

    EL SEÑOR ENSEÑA A ABRAHAM ACERCA DE LA EXISTENCIA PRETERRENAL

    Abraham 3:18–23. Los hijos espirituales del Padre Celestial.

    Abraham aprendió que existen varios grados de inteligencia entre los hijos espirituales del Padre Celestial. (Abraham llamó “espíritus”, en Abraham 3:18–19, “inteligencias”, en el versículo 22, y “almas”, en el versículo 23, a los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial.) Aprendió que Dios moró en medio de todos los espíritus o inteligencias y que Él es “más inteligente que todos ellos” (versículo 19).

    Abraham 3:18–23. La existencia preterrenal.

    El profeta José Smith declaró: “Dios, hallándose en medio de espíritus y gloria, porque era más inteligente, consideró propio instituir leyes por medio de las cuales los demás podrían tener el privilegio de avanzar como Él lo había hecho. La relación que entre Dios y nosotros existe nos coloca en situación tal, que podemos ampliar nuestro conocimiento. Él tiene el poder de instituir leyes para instruir a las inteligencias más débiles, a fin de que puedan ser exaltadas como Él, y recibir una gloria tras otra, así como todo conocimiento, poder, gloria e inteligencia que se requiere para salvarlos en el mundo de los espíritus” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 439).

    Abraham 3:18–19. ¿Qué significa ser “más inteligente”?

    Al hablar sobre las diferencias existentes entre los espíritus, el presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Sabemos que todos eran inocentes al principio; pero el derecho del libre albedrío que les fue dado los capacitó para que unos aventajasen a otros, y así, a través de eones de existencia inmortal, llegasen a ser más inteligentes, más fieles, pues ellos eran libres para actuar por sí mismos, para pensar por sí mismos, para recibir la verdad o rebelarse contra ella” (Doctrina de Salvación, pág. 56).

    Abraham 3:18–19. Nuestro espíritu es eterno.

    El profeta José Smith enseñó: “Estoy hablando de la inmortalidad del espíritu del hombre. ¿Sería lógico decir que la inteligencia de los espíritus es inmortal, y sin embargo, que tuvo un principio? La inteligencia de los espíritus no tuvo principio, ni tendrá fin. Esto es un buen razonamiento” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 438).

    Al referirse a la naturaleza eterna de nuestro espíritu, el presidente Brigham Young declaró:

    “El género humano está organizado de elementos concebidos para que perduren toda la eternidad; nunca tuvo un comienzo ni tendrá un fin. Jamás, en ningún tiempo, esa materia de la cual ustedes y yo estamos hechos, ha dejado de existir y jamás llegará el momento en que dejará de hacerlo; ella nunca será aniquilada.

    “Se ha unido, organizado y capacitado para recibir conocimiento e inteligencia, para ser entronizada en gloria, para convertirse en ángeles, dioses: seres que tendrán control sobre los elementos y que, por medio de su palabra, tendrán poder para mandar la creación y la redención de mundos, o para extinguir soles por medio de su aliento y para desorganizar mundos, lanzándolos nuevamente a su estado caótico. Para eso es que ustedes y yo hemos sido creados” (Discourses of Brigham Young, pág. 48; véase también D. y C. 93:29–33).

    Acerca del origen de nuestros espíritus en la vida preterrenal, el presidente Marion G. Romney, que fue Consejero de la Primera Presidencia, enseñó: “En su origen, el hombre es hijo de Dios. Los espíritus de los hombres ‘son engendrados hijos e hijas para Dios’ (D. y C. 76:24). A través de ese proceso de nacimiento, las inteligencias ya existentes fueron organizadas en seres espirituales individuales” (“El valor de las almas”, Liahona, febrero de 1979, pág. 19).

    El élder Neal A. Maxwell escribió: “Para ser sinceros, no comprendemos ahora todo lo que implican las palabras: los ‘espíritus… no tienen principio; existieron antes… porque son… eternos’ (Abraham 3:18). Pero no hay duda de que comprendemos lo suficiente para apreciar la obra de un Dios amoroso y redentor, que se esfuerza por ayudarnos a llegar a ser como Él; algo que debe ser causa de nuestra más profunda gratitud y gozo, en lugar de motivo de desesperación y duda, y algo que debe hacer que estemos dispuestos a someternos voluntariamente a cualquier cosa que Él considere conveniente para adelantar ese propósito” (“Not My Will, But Thine”, pág. 40).

    Abraham 3:19–21. El Señor es “más inteligente que todos ellos”.

    El élder Neal A. Maxwell escribió: “No olvidemos el gran conocimiento que se nos ha dado acerca del mundo preterrenal. La supremacía de Jesucristo (entre todos nuestros hermanos y hermanas espirituales) quedó claramente expuesta. De Él se dijo que era ‘más inteligente que todos ellos’. (Abraham 3:19.) …Además, lo que el Señor sabe es, por suerte, infinitamente más —no apenas un poco más— de la combinación del conocimiento que poseen todos los mortales” (All These Things Shall Give Thee Experience, 1979, pág. 22).

    Abraham 3:22–23. Las nobles y grandes.

    Entre los espíritus, o sea, las inteligencias que Abraham vio había “muchas… nobles y grandes” (Abraham 3:22). Dios dijo que esos espíritus nobles y grandes eran buenos y que haría de ellos Sus gobernantes. Abraham fue uno de esos nobles y grandes. El presidente Joseph F. Smith también vio en una visión a muchos de los espíritus nobles y grandes “que fueron escogidos en el principio para ser gobernantes en la Iglesia de Dios” (D. y C. 138:55). De ellos, el presidente Smith declaró: “Aun antes de nacer, ellos, con muchos otros, recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y fueron preparados para venir en el debido tiempo del Señor a obrar en su viña en bien de la salvación de las almas de los hombres” (vers. 56).

    Abraham 3:23–24. “Fuiste escogido antes de nacer”.

    El Señor le dijo a Abraham que había sido escogido en la existencia preterrenal para ser un gobernante sobre la tierra. El élder Bruce R. McConkie explicó: “Tal como sucedió con Abraham, así pasó con José Smith. Los dos fueron preordenados [escogidos y apartados antes de su nacimiento terrenal] para presidir una gran dispensación del Evangelio” (A New Witness for the Articles of Faith, pág. 4).

    El profeta José Smith dijo: “Todo hombre que recibe el llamamiento de ejercer su ministerio a favor de los habitantes del mundo, fue ordenado precisamente para ese propósito en el gran concilio celestial antes que este mundo fuese. Supongo que me fue conferido este oficio en aquel gran concilio” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 453–454).

    Abraham 3:24–28. “Estaba entre ellos uno que era semejante a Dios”.

    Abraham aprendió otras cosas acerca de Jesucristo. Por ejemplo, Jesucristo fue Quien creó la tierra sobre la cual morarían los hijos espirituales del Padre Celestial (véase Abraham 3:24). Además Él fue escogido y enviado a la tierra para ser el Salvador (véanse los vers. 27–28; véase también Moisés 4:1–4).

    Abraham 3:24. “Haremos una tierra”.

    El élder Bruce R. McConkie enseñó: “Cristo, obrando bajo la dirección del Padre, fue y es el Creador de todas las cosas. (D. y C. 38:1–4; 76:22–24; Juan 1:1–3; Colosenses 1:16–17; Hebreos 1:1–3; Moisés 1; 2; 3.) Por los escritos de Abraham no cabe la menor duda de que en la creación de la tierra lo ayudaron a Él muchos de los ‘nobles y grandes’ hijos espirituales del Padre… Miguel, o sea, Adán, fue uno de ellos. Enoc, Noé, Abraham, Moisés, Pedro, Santiago, Juan, José Smith y muchos otros ‘nobles y grandes’ tuvieron parte en esa gran empresa creativa” (Doctrinal New Testament Commentary, tomo III, pág. 194).

    Abraham 3:25. “Los probaremos”.

    El presidente Ezra Taft Benson de manera sucinta replanteó el mensaje que se encuentra en Abraham 3:25 cuando dijo: “La gran prueba de la vida es la obediencia a Dios” (“El Señor en primer lugar”, Liahona, julio de 1988, pág. 4). No estamos aquí para “probar” a Dios sino para ser probados nosotros mismos. Somos nosotros los que estamos a prueba, no Dios.

    El élder Rex C. Reeve, padre, que fue miembro de los Setenta, dijo: “Sí, esta vida es un tiempo de probación y no de recompensa; ésta vendrá más tarde. Estamos aquí para ser probados y estamos pasando la prueba ahora” (“El amor de Dios”, Liahona, enero de 1983, pág. 44).

    Abraham 3:26. ¿Qué significa “guardar” un estado?

    El “primer estado” se refiere al periodo antes de haber nacido sobre esta tierra, al cual se le conoce también como la vida preterrenal. Con el fin de “guardar” este primer estado, un hijo espiritual de Dios en la vida preterrenal tuvo que utilizar su albedrío para escoger seguir el plan de salvación que ofreció el Padre Celestial. Una tercera parte de los hijos espirituales del Padre Celestial siguieron a Lucifer (el diablo) y se rebelaron en contra de Dios y del plan de salvación; por consiguiente, no guardaron su primer estado. Por lo tanto, fueron echados del cielo sin ninguna oportunidad de progresar.

    El “segundo estado” se refiere a la existencia mortal del género humano sobre la tierra. Ese estado es un periodo de probación en el cual las personas se preparan “para presentarse ante Dios” (Alma 12:24). Todos los que acepten y obedezcan los principios y las ordenanzas de salvación del Evangelio de Jesucristo recibirán la vida eterna, el don más grande de Dios, y “les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (Abraham 3:26). A quienes no hayan tenido la oportunidad de aceptar y vivir el Evangelio en la vida terrenal, se les dará la oportunidad después de su muerte, en el mundo espiritual.

    El élder Neal A. Maxwell ofrece conceptos adicionales sobre el primer y segundo estados:

    “La vida preterrenal es una doctrina que plantea interrogantes inquietantes, ya que todos tenemos decisiones que tomar, interminables y difíciles tareas que realizar, infortunios que sobrellevar, tiempo y talentos y dones que emplear bien. El haber sido escogidos ‘allí y entonces’ no significa en modo alguno que podamos ser indiferentes ‘aquí y ahora’…

    “En realidad, la obediencia en el primer estado tal vez nos haya asegurado tan sólo un riguroso segundo estado, ¡con más deberes y sin exenciones! Instrucción y padecimiento adicionales parecen ser la medida de los más aptos discípulos. (Véase Mosíah 3:19; 1 Pedro 4:19.) Por consiguiente, nuestra existencia es un tiempo de continua enseñanza e instrucción por parte de Dios…

    “Acceder a entrar en este segundo estado fue, por tanto, como acceder de antemano a un anestésico del olvido. Los médicos no quitan el anestésico a un paciente en medio de lo previamente autorizado para preguntarle, de nuevo, si se debe continuar. Consentimos en venir aquí a pasar por ciertas experiencias bajo ciertas condiciones” (véase “La vida premortal, una gloriosa verdad”, Liahona, enero de 1986, págs. 12–13).

    FACSÍMILES 2–3

    ABRAHAM ENSEÑÓ A LOS EGIPCIOS

    Facsímiles 2–3. La interpretación de los facsímiles.

    Las figuras de los facsímiles son simbólicas. Las explicaciones de los facsímiles que no sean las que proporcionó el profeta José Smith, las cuales se encuentran impresas con los facsímiles en la Perla de Gran Precio, no son oficiales y están sujetas a revisión de acuerdo con la revelación adicional que reciban los profetas modernos y el discernimiento de ellos.

    Facsímile 2. Información general.

    El tipo de dibujo representado en el Facsímile 2 se conoce entre los eruditos como “hipocéfalo”, que quiere decir “debajo de la cabeza”. “Un hipocéfalo es un pequeño disco plano hecho de papiro, de tela cubierta de yeso, de bronce, oro, madera o de arcilla, que los egipcios colocaban debajo de la cabeza de los muertos. Ellos creían que por arte de magia la cabeza y el cuerpo serían envueltos en llamas o resplandor, haciendo al muerto divino. El hipocéfalo, en sí, simboliza el ojo de Re o de Horus, a saber, el sol, y las escenas representadas en él se relacionan con el concepto egipcio de la resurrección y la vida después de la muerte” (Michael D. Rhodes, The Joseph Smith Hypocephalus… Seventeen Years Later [F.A.R.M.S. paper, RHO-94], pág. 1).

    Si el hipocéfalo representa el ojo de Dios, tal como se explica anteriormente, ¿qué dibujos podría haber en él? Sabemos que la atención de Dios se centra en llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos (véase Moisés 1:39). Por lo tanto, no es de extrañarse que el dibujo simbólico del ojo de Dios, tal cual se representa en el Facsímile 2 de Abraham, demuestre esa gran esperanza para con todos Sus hijos. No cabe duda de que el Facsímile 2 contiene figuras y explicaciones relacionadas con el plan de salvación del Señor. Por ejemplo, las explicaciones de las figuras 3, 7 y 8 establecen una clara relación entre el contenido del Facsímile 2 y las ordenanzas del templo.

    El presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “Abraham escribió esas cosas y las selló para que no pudieran ser leídas. No pueden ser reveladas al mundo, pero son para el santo templo de Dios. Consisten en ciertas llaves y bendiciones que se obtienen en la casa del Señor y que debemos obtener si es que esperamos alcanzar la exaltación” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 239).

    Facsímile 2, figura 1. Kólob.

    En el centro del Facsímile 2 hay una representación de Kólob. En su explicación de la figura 1, el profeta José Smith dijo que Kólob es: “Primera en gobierno, última en cuanto a la medida de tiempo”. Eso significa que Kólob es la estrella más cercana a la presencia de Dios (véase Abraham 3:2–3), es la estrella regente de todo el universo (véase el vers. 3) y el tiempo pasa más lentamente en Kólob que en las demás estrellas de ese orden (véase el vers. 4). Kólob es también un símbolo de Jesucristo, la figura central del plan de salvación de Dios.

    Facsímile 2, figura 3. Una corona de luz eterna.

    Fíjate en que, en la explicación de la figura 3, se menciona la corona de luz eterna sobre la cabeza de Dios. Nota también que las estrellas que se representan por medio de las figuras 22–23 reciben su luz de Kólob (tal como se indica en la explicación correspondiente a la figura 5). Jesucristo es la fuente de toda luz (véase D. y C. 88:7–13).

    Facsímile 2, figura 5. Enish-go-on-dosh.

    El dibujo que se muestra en la figura 5 representa otra de las grandes estrellas del vasto firmamento, las que ayudan a gobernar con poder (véase Abraham 3:2, 13). La luna, la tierra y el sol de nuestro sistema solar son ejemplos de ese tipo de estrellas. Esas estrellas podrían ser también símbolos de otros espíritus grandes y nobles de la existencia preterrenal (véase Abraham 3:22–23). Fíjate en cuán cerca se encuentra en este facsímile ese “noble y grande” del dibujo central de Kólob, o sea, de Jesucristo.

    Facsímile 2, figuras 7–8. El regreso a la presencia de Dios.

    Los egiptólogos sugieren que los hipocéfalos contienen información que ayuda a las personas fallecidas a regresar a Dios. Del mismo modo, el Señor ha brindado ayuda divina a los Santos de los Últimos Días con el fin de que regresen a Su presencia. El presidente Brigham Young enseñó: “Su investidura [del templo] consiste en recibir, en la casa del Señor, todas las ordenanzas que les son necesarias, después que hayan salido de esta vida, para permitirles volver a la presencia del Padre para que los ángeles que estén allí de centinelas los dejen pasar” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, 1997, pág. 318).

    Facsímile 3. Información general.

    En Abraham 3:15, el Señor dice a Abraham que debe enseñarles a los egipcios las cosas que ha aprendido (véase Abraham 3:15). Al comentar sobre el tema, el profeta José Smith dijo: “Indudablemente fueron Abraham y José los que enseñaron a los egipcios su ciencia y su conocimiento de la astronomía, según lo hacen constar sus anales, y aquéllos lo recibieron del Señor” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 305).

    Facsímile 3, figura 1. Abraham sentado sobre el trono de Faraón.

    En la figura 1 del Facsímile 3, a Abraham se le ve sentado sobre el trono de Faraón “razonando sobre los principios de astronomía” (explicación del Facsímile 3, último párrafo; véase también la explicación de la figura 1). Por medio de Abraham 3:1–16 y del Facsímile 2, figuras 1–5, queda claro que Abraham había obtenido un gran conocimiento en astronomía. La figura 1 podría ser también simbólica del hecho de recibir Abraham su exaltación y de sentarse sobre un trono en presencia de Dios (véase D. y C. 132:37).

    Abraham 4–5

    LA VISIÓN DE ABRAHAM SOBRE LA CREACIÓN DE LA TIERRA

    Hay tres relatos de la Creación en las Escrituras: Génesis 1–2; Moisés 2–3; y Abraham 4–5. Cada relato contiene una parte de la historia, con algunas variaciones de los otros relatos (véase “Una comparación de los relatos de la Creación”, págs. 86–95 de este manual).

    Abraham 4:1. “Ellos, esto es, los Dioses”.

    Véase también Moisés 1:31–33; 2:1. El élder Bruce R. McConkie explicó: “En el sentido primordial y definitivo de la palabra, el Padre es el Creador de todas las cosas. El que haya utilizado al Hijo y a otros para realizar muchas de las tareas creadoras, delegándoles Sus poderes creativos, no hace de esos otros creadores, por derecho propio, independientes de Él. Él es la fuente de todo el poder creativo y quien sencillamente escoge a otros para actuar en Su nombre en muchas de Sus empresas de creación” (A New Witness for the Articles of Faith, pág. 63).

    Abraham 4:1. La tierra se formó de materia existente.

    La creencia de la cristiandad tradicional es que Dios creó todas las cosas ex nihilo, lo cual significa: “de la nada”. El profeta José Smith enseñó: “No hay tal cosa como materia inmaterial” (D. y C. 131:7) y el Señor dijo: “Los elementos son eternos” (D. y C. 93:33). El término crear, tal como se encuentra en el relato de la Creación del libro de Génesis, proviene de una palabra hebrea que significa “organizar” (véase Abraham 3:24). José Smith compara la actividad creativa con la construcción de un barco (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 434–435). De la misma forma que un constructor naval necesita materiales para edificar un barco, el Creador hizo los cielos y la tierra de materiales que ya existían.

    Abraham 4:2. “La tierra, después de ser formada, estaba vacía y desolada”.

    El profeta José Smith indicó que la traducción de “la tierra estaba desordenada y vacía” debería ser “vacía y desolada”, tal como está en Abraham 4:2 (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 216).

    Abraham 4:2. “El Espíritu de los Dioses cubría”.

    “Cubrir”, en este caso, es lo que la gallina hace con sus pollitos; ella los cubre, o sea, los protege, les da calor, los cría y los defiende. Jesús utiliza esta analogía de la gallina recogiendo a sus polluelos en Su descripción de lo que Él mismo hará por Sus discípulos (véase Mateo 23:37; 3 Nefi 10:3–6). En ese sentido, el Espíritu todavía continúa cubriendo las creaciones de Dios.

    Abraham 4:5. La noche y el día.

    Una de las diferencias interesantes que hay entre el relato de Abraham de la Creación y los otros relatos de las Escrituras es el concepto que se encuentra registrado en Abraham 4:5: “…desde la tarde hasta la mañana llamaron noche, y desde la mañana hasta la tarde llamaron día; y éste fue el primero, o sea, el principio de lo que ellos llamaron día y noche” (véanse también los vers. 8, 13, 19, 23, 31). Los otros relatos simplemente se refieren a cada periodo creativo como a un día. Además, a los periodos de creación mencionados en Abraham 4, se les llama “ocasión” y no día (véase Abraham 4:8, 13, 19, 23, 31).

    Abraham 4:6. La separación de las aguas de las aguas.

    Véanse Moisés 2:6–8 y las explicaciones del Facsímile 1 de Abraham, figura 12, y del Facsímile 2, figura 4.

    Abraham 4:12. “Según su especie”.

    Al compararlo con el libro de Moisés, el libro de Abraham parecería que destaca más enérgicamente la idea de que todos los seres sólo se pueden reproducir según su especie. Al hablar de la Creación, el élder Bruce R. McConkie enseñó: “No se hizo ninguna provisión para que hubiese una evolución o cambio de una especie a otra” (“Cristo y la Creación”, Liahona, septiembre de 1983, pág. 29).

    Abraham 5:1–3, 5. Los Dioses se reunieron en consejo y planearon.

    Sobre el tema de la planificación de la Creación, el presidente Spencer W. Kimball dijo: “Antes de la creación de la tierra, el Señor hizo un plano, como cualquier gran contratista haría antes de comenzar una construcción. Él hizo los planos, escribió las especificaciones y las presentó. Luego nos presentó una reseña del plan y nosotros nos asociamos con Él… Nuestro Padre nos reunió según se explica en las Escrituras y los planos se perfeccionaron para la formación de la tierra. En sus propias palabras: ‘Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar; y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare” (Abraham 3:24–25). En esa asamblea estábamos todos nosotros. Los Dioses harían la tierra, el agua y la atmósfera, y después el reino animal, y darían al hombre dominio sobre todo ello. Ése fue el plan… Dios fue el Maestro de obras y nos creó y nos brindó la vida” (The Teachings of Spencer W. Kimball, Edward L. Kimball, ed., 1982, páginas 29–30; véase también Lucas 14:28–30).

    Abraham 5:7. El aliento de vida.

    En Moisés 3:7 se declara que Dios formó “al hombre del polvo de la tierra, y sopl[ó] en su nariz el aliento de vida; y el hombre fue alma viviente”. En Abraham 5:7 se nos da a entender que el aliento de vida fue “el espíritu del hombre” (véase también Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 367). El hombre es un ser compuesto por dos partes: carne mortal y espíritu inmortal (véase D. y C. 88:15).

    Abraham 5:13. El tiempo transcurrido en el Jardín de Edén se medía de acuerdo con el tiempo de Kólob.

    El presidente Joseph Fielding Smith declaró: “Cuando esta tierra fue creada, no fue de acuerdo con nuestro tiempo presente; sino que fue creada de acuerdo con el tiempo de Kólob, pues el Señor ha dicho que fue creada de acuerdo con el tiempo celestial que es el tiempo de Kólob. Luego le reveló a Abraham que Adán estaba sujeto al tiempo de Kólob antes de su transgresión” (Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 75).

    Eso nos ayuda a comprender la amonestación del Señor a Adán y Eva acerca de comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal: “…el día en que de él comieres, de cierto morirás” (Moisés 3:17; véase también Génesis 2:17; Abraham 5:13). Después que Adán y Eva hubieron comido del fruto, no murieron físicamente en el término de veinticuatro horas, como ahora medimos nosotros la duración de un día. Sin embargo, Adán sí murió dentro del término de un día de Kólob (mil años terrenales, tal como se midieron después de la Caída; véase Abraham 3:4; la explicación del Facsímile 2 de Abraham, figura 1; véase también 2 Pedro 3:8). En Moisés 6:12 se indica que Adán murió 930 años después de la Caída.