El día de reposo es un día santo
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Capítulo 12

El día de reposo es un día santo

Se nos ha mandado acordarnos del día de reposo para santificarlo1.

De la vida de John Taylor

Como se menciona en el capítulo anterior, hacia fines de junio de 1847, los élderes John Taylor y Parley P. Pratt dirigieron un grupo de más de 1.500 santos desde el invernadero (Winter Quarters) hasta el Valle de Salt Lake. En una descripción del comienzo de ese viaje, el élder B. H. Roberts escribió:

“Era ya tarde en el año para dar comienzo a una expedición de esa envergadura. Era demasiado tarde para que cultivasen la tierra aun si se detenían cerca del pie de las Montañas Rocosas por el lado este. Apenas tenían provisiones para un año y medio, y si la cosecha se arruinaba, se morirían de hambre, puesto que estarían a 1.600 ó 2.400 km del lugar más cercano donde podían conseguir alimentos…

“Habían puesto todo lo que tenían sobre el altar, incluidos sus esposas y sus hijos, que debían compartir sus penurias y su suerte. No conocían el final de su jornada y lo habían arriesgado todo en una empresa incierta, de la cual no había posibilidad de retirarse. Si no hallaban un lugar adecuado para la labranza ni conseguían una cosecha la primera temporada, no tendrían provisiones ni podrían conseguirlas. Debían salir adelante o perecer de hambre en el desierto por el cual habían emprendido el viaje”.

A pesar de esas peligrosas circunstancias y de la necesidad de llegar al Valle de Salt Lake antes de que llegase el principio del invierno, el viaje siempre se detenía el domingo para la observancia del día de reposo. El relato del élder Roberts continúa: “El domingo se observaba como el día de reposo, se realizaban servicios religiosos en cada campamento y el canto de los santos que entonaban las canciones de Sión rompía la quietud de las extensas llanuras despobladas del oeste”. El 5 de octubre de 1847, las compañías o caravanas de carromatos de Taylor y Pratt llegaron al Valle de Salt Lake sin ningún percance y comenzaron a hacer los preparativos necesarios para el invierno2.

Para el presidente John Taylor, el día de reposo era un día de adoración, de descanso y de hacer reflexivas memorias. Exhortaba a los santos, diciéndoles: “Santifiquen el día de reposo, apártenlo como día de descanso, el día para reunirse y efectuar los sacramentos y escuchar las palabras de vida, para que, de ese modo, sean hallados guardando los mandamientos y dando un buen ejemplo ante sus hijos”3.

Enseñanzas de John Taylor

El día de reposo es el día para adorar a Dios de todo nuestro corazón.

Los mejores de nosotros no somos muy buenos; todos podríamos ser mejores, comportarnos mejor y disfrutar más de la vida si tuviésemos más del Espíritu del Señor en nuestros hogares y en nuestros propios corazones, y si hiciéramos más por aumentar el bienestar de todas las personas que estén cerca de nosotros y de nuestra influencia. Servir al Señor es uno de los grandes objetivos de nuestra existencia; y para mí, es un gran privilegio la oportunidad que tenemos de adorar a Dios en el día de reposo. Y, al reunirnos para adorar a Dios, me gusta ver que le adoremos de todo nuestro corazón. Considero fuera de lugar oír en tales ocasiones a las personas hablar de asuntos seculares, puesto que en esas oportunidades, quizás por encima de todas las demás, debemos entregar a Dios nuestros sentimientos y nuestro afecto. Si cantamos alabanzas a Dios, hagámoslo con el debido espíritu; si oramos, que toda alma participe en la oración, y hagámoslo de todo corazón, a fin de que, mediante nuestra unión, nuestros espíritus se combinen en uno, para que nuestras oraciones y nuestra adoración sean válidas para Dios, cuyo Espíritu impregna todas las cosas y está siempre presente en las asambleas de los santos buenos y fieles.

Les diré lo que pienso por la mañana del día de reposo. Comprendo que éste es el día apartado para adorar a Dios Todopoderoso: en este día debo adorar a Dios yo mismo y debo también fijarme en si los miembros de mi familia están haciendo lo mismo o no, porque se nos ha mandado santificar el día de reposo y descansar de todas nuestras obras, como hizo Dios cuando creó la tierra sobre la cual moramos. Él nos ha dado seis días para atender a nuestros diversos trabajos y deberes de la vida; si nos comprometemos a santificar el día de reposo, hagámoslo de un modo aceptable a Dios nuestro Padre y dediquémonos a Él, al menos durante ese día, y entreguemos a Él nuestros sentimientos y nuestros afectos. Además, los élderes de Israel por toda la tierra están dedicados este día a la labor de enseñar los principios de la salvación, y siento deseos de orar por ellos y también de orar por nuestros misioneros que van entre los santos de este país y por los que dirijan la palabra en las asambleas de los santos de éste y de otros países, a fin de que, por cuanto éste es el día apartado para la adoración de Dios, todo Israel, en todas partes, esté bajo la influencia y la orientación del Espíritu del Dios viviente, y sobre todo para que los que hablen en la Iglesia estén bajo la influencia divina del Espíritu Santo y expongan a las varias congregaciones las palabras de la vida eterna4.

El día de reposo es el día para enseñar y aprender por medio del Espíritu.

Es agradable que los santos se reúnan para estar en comunión los unos con los otros, así como para escuchar las palabras de vida, para reflexionar en el lugar que ocupan ante Dios y en su relación con Dios, con Su Iglesia y reino, así como para examinar introspectivamente sus propios sentimientos y, bajo la orientación del Señor y de Su Santo Espíritu, intentar llegar a descubrir la relación que tienen con su Padre Celestial; para examinar si están cumpliendo los diversos deberes que se les han dado y si están procurando llevar a la práctica la palabra, la voluntad y la ley de Dios5.

Cuando nos encontramos… reunidos, podemos esperar recibir la orientación y las bendiciones de Dios, de quien, nos dicen las Escrituras, desciende “toda buena dádiva y todo don perfecto”, y también se nos dice que en Él “no hay mudanza, ni sombra de variación” [véase Santiago 1:17]. En nuestras asambleas, tanto los que dirigen la palabra como los que oyen deben estar bajo la orientación y dirección del Señor, la Fuente de la Luz. De todas las personas que están debajo de los cielos, nosotros, los Santos de los Últimos Días, nos damos cuenta de continuo de la necesidad de depositar nuestra confianza en Dios. Considero que sea cual sea el conocimiento que se comunique, por brillante que sea el discurso y por edificantes que sean los conceptos que se comuniquen, éstos no beneficiarán a los que los oigan a no ser que éstos estén bajo la orientación y la inspiración del Espíritu de Dios6.

No hay nadie que viva, ni nunca ha vivido nadie que haya sido capaz de enseñar las cosas de Dios a no ser que haya sido enseñado, instruido y dirigido por el espíritu de revelación que procede del Todopoderoso. Por otro lado, no hay persona capaz de recibir conocimiento verdadero —ni de entenderlo— con respecto a los principios sagrados de la vida eterna, a no ser que esté bajo la influencia de ese mismo espíritu; por consiguiente, tanto los oradores como los oidores están en las manos del Todopoderoso7.

Nos reunimos, como seres inteligentes, deseosos de comprender algo de nuestro origen común [en la existencia preterrenal], de nuestra existencia actual y de nuestro destino futuro. Nos reunimos para aprender algo en relación con nuestro Padre Celestial, con respecto a Sus tratos divinos con la familia humana, con respecto a Sus normas y designios referentes a nosotros, y en cuanto al objeto de nuestra creación; para aprender algo, de ser posible, de lo que corresponde al mundo que yace más allá de nuestra actual esfera de acción. Ésas son algunas de las muchísimas cosas que estamos deseosos de saber, de comprender, de averiguar, de ser posible8.

No conozco ningún otro medio por el cual se nos pueda enseñar, instruir y hacer comprender nuestra verdadera condición que no sea el de estar bajo la influencia del Espíritu del Dios viviente. Un hombre podrá hablar por medio del Espíritu de Dios, pero es preciso que parte de ese Espíritu también esté en los que le oigan, para permitirles comprender correctamente la importancia de lo que se les diga. De ahí la dificultad que siempre han tenido el Señor y Sus santos para hacer comprender a la gente las cosas que son particularmente para su beneficio. Todos consideramos que si pudiésemos ser enseñados por Dios, ello sería muy ventajoso. Me imagino que el mundo en general lo consideraría una gran bendición. Entonces surge la duda en sus mentes en cuanto a si lo que reciben viene de Dios o no. ¿Cómo pueden saberlo? No conozco ninguna otra manera aparte de la que se menciona en las Escrituras: “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” ( Job 32:8). Y también se nos dice en el Nuevo Testamento que “nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” [véase 1 Corintios 2:11]. Por consiguiente, toda la sabiduría, todo el conocimiento, todo razonamiento, toda filosofía y todo argumento que se haga llegar a la mente humana no sirve de nada si la mente de la persona no está preparada para recibir esa enseñanza, vale decir, preparada por el Espíritu del Señor, el mismo Espíritu que comunica la inteligencia9.

El día de reposo participamos de la Santa Cena en memoria de Jesucristo.

Se tiene el concepto de que la venida del Salvador al mundo, Su padecimiento, Su muerte, Su resurrección y Su ascensión al lugar que ocupa en el mundo eterno ante Su Padre Celestial tiene muchísimo que ver con nuestro bienestar y con nuestra felicidad. De allí la conmemoración que hacemos todos los días de reposo. La Santa Cena es el cumplimiento de la petición que hizo Jesucristo a Sus discípulos: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11:26). La fe en esa ordenanza necesariamente supone que tenemos fe en Jesucristo, que Él es el Unigénito del Padre, que vino de los cielos a la tierra para cumplir con cierto propósito que Dios había proyectado, es decir, a hacer posible la salvación y la exaltación de la familia humana. Todo eso tiene que ver en gran medida con nuestro bienestar y felicidad tanto aquí como en la existencia venidera. La muerte de Jesucristo no hubiese ocurrido si no hubiera sido necesaria. El que esa ceremonia se haya instituido para conservar esa circunstancia en la memoria de los de Su pueblo denota su importancia10.

Nos hemos reunido para participar de la Santa Cena del Señor y debemos esforzarnos por apartar nuestros sentimientos y nuestros afectos de las cosas del mundo, por motivo de que al participar de la Santa Cena no sólo conmemoramos la muerte y el padecimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, sino que también esperamos con anhelo la ocasión en que Él venga de nuevo cuando nos reuniremos y comeremos pan con Él en el reino de Dios [véase Lucas 14:15; Mateo 26:29]. Cuando nos reunimos con ese motivo, podemos esperar recibir la orientación y las bendiciones de Dios11.

woman taking the sacrament

“Al participar de la Santa Cena no sólo conmemoramos la muerte y el padecimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, sino que también esperamos con anhelo la ocasión en que Él venga de nuevo”.

Los del pueblo de Dios en la antigüedad, en cuyos corazones estaba encendida la llama de la inspiración, esperaron ese memorable acontecimiento que tendría lugar en lo futuro cuando el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo se ofrecería a sí mismo como sacrificio, en tanto que nosotros conmemoramos el mismo acontecimiento. Partimos el pan y lo comemos, y bebemos el agua en presencia de unos y de otros todos los días de reposo, y lo hacemos en memoria del cuerpo quebrantado y de la sangre vertida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, lo cual continuaremos haciendo hasta que Él venga de nuevo. Cuando Él venga, los Santos de los Últimos Días esperan contarse entre los favorecidos que comerán y beberán con Él a Su propia mesa en el reino de nuestro Padre. Mi esperanza en eso es tan segura como espero tomar la cena esta noche12.

Pinto Ward, St. George Utah Stake

Antigua fotografía del Barrio Pinto, Estaca St. George, Utah. El presidente Taylor enseñó que el día de reposo es el día para descansar de todas nuestras obras y fortalecer nuestra relación con Dios.

Debemos tener cuidado de no participar de esos emblemas [de la Santa Cena] para nuestra condenación. ¿Riñen alguna vez con sus hermanos o se comportan de tal manera que hacen surgir resentimientos en los demás, o dicen palabras duras unos de otros, o en otras formas hacen lo que es malo y entonces se reúnen en burla solemne ante Dios y comen condenación para sus almas? Tenemos que ser cuidadosos con respecto a esas cosas. Debemos comprender, por tanto, que cuando llevemos nuestra ofrenda al altar y allí nos acordemos de que tenemos algo en contra de nuestro hermano, debemos ir primero a reconciliarnos con él y entonces ir y presentar nuestra ofrenda [véase Mateo 5:23–24]. No lleguen con ninguna clase de hipocresía, sino limpios de manos y puros de corazón, y tengan el deseo de decir: “Oh Dios, examina mi alma, ponme a prueba, y si hay algo de maldad en mí, apártala de mí y permíteme ser tu fiel representante sobre la tierra; permíteme participar del espíritu que mora en Cristo y vivir disfrutando de ello sobre la tierra, para que cuando Él venga otra vez, mis hermanos y yo podamos reunirnos con Él limpios de manos y puros de corazón”13.

Para recibir las bendiciones de Dios, debemos hacer más que tan sólo asistir a las reuniones de la Iglesia y participar de la Santa Cena.

Demasiados de nosotros seguimos las tradiciones y las opiniones del mundo. ¿Puede el mundo darles la luz que han recibido, el Evangelio y las esperanzas del cielo que han obtenido, el sacerdocio que se les ha conferido? ¿Cambiarán esas cosas por un potaje de lentejas y se deleitarán en la inmundicia, la corrupción, la iniquidad y los males que abundan en el mundo? ¿A qué hemos venido aquí? A adorar a Dios y guardar Sus mandamientos. ¿Y cómo son las cosas con muchos de nosotros? Olvidamos, en muchos casos, la gloriosa esperanza de nuestro elevado llamamiento y nos dejamos llevar por las insensateces, las flaquezas, las debilidades y la iniquidad, y somos gobernados en mayor o menor grado por la codicia, la embriaguez, el quebrantamiento del día de reposo y cosas malas de diversos tipos. A veces veo a élderes de Israel preparando cargas de leña y de heno en el día de reposo. Eso es una vergüenza espantosa a los ojos de Dios, de los santos ángeles y de todos los demás seres inteligentes… ¿qué piensan de un élder que miente, de un sumo sacerdote que dice palabrotas, de un Setenta que quebranta el día de reposo y de un santo codicioso? Las almas de esas personas deben ser inspiradas con la luz de la revelación y deben ser testigos vivientes, ¡ejemplos ante todos los demás de cómo debemos vivir! ¿Creen acaso que pueden vivir su religión, tener el Espíritu de Dios y obtener la vida eterna, y hacer todas esas cosas? Les digo que no14.

Es habitual que las personas del mundo del cual hemos sido elegidos hablen el domingo de cosas espirituales cuando están vestidas con su ropa dominguera y reunidas, y entonces, el lunes guardan en un baúl su religión junto con la ropa que usan el domingo y no tienen nada más que ver con ella sino hasta el domingo siguiente… ¡Ah, la necedad del hombre al no reconocer a Dios en todas las cosas, al dejar a un lado a Dios y su religión, y confiar en su propio razonamiento e inteligencia!15.

Hay algo que se extiende un poco más allá de lo que a veces pensamos, y eso es que, aun cuando profesemos ser discípulos del Señor, aun cuando profesemos haber recibido el Evangelio y ser gobernados por éste, ello no nos servirá de nada si no hemos lavado nuestras ropas y las hemos emblanquecido en la sangre del Cordero. No basta estar relacionados con la Sión de Dios, puesto que la Sión de Dios debe constar de personas que sean puras de corazón, puras de vida y sin mancha ante Dios. Al menos eso es a lo que tenemos que llegar. No hemos llegado a ese punto todavía, pero tenemos que lograrlo antes de estar preparados para heredar la gloria y la exaltación. Por consiguiente, la apariencia de piedad no servirá de nada a ninguno de nosotros, por motivo de que “el que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes” [véase Lucas 12:47]. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” [Mateo 7:21]. Ésas son doctrinas del Evangelio como yo las entiendo. No basta con que aceptemos el Evangelio, ni con que nos congreguemos aquí, en la tierra de Sión, y nos relacionemos con los del pueblo de Dios, ni con que asistamos a las reuniones [de la Iglesia], ni con que participemos de la Santa Cena del Señor ni con que nos esforcemos por seguir adelante sin meternos en muchos líos, por motivo de que, a pesar de todo eso, si nuestro corazón no es recto, si no somos puros de corazón ante Dios, si no tenemos el corazón puro, ni la conciencia limpia, temiendo a Dios y guardando Sus mandamientos, no participaremos, a no ser que nos arrepintamos, de las bendiciones de que he hablado y de las cuales los profetas dan testimonio16.

Es nuestra responsabilidad ser santos. Y, para ser dignos de ese rasgo distintivo, es nuestro deber vivir de conformidad con los principios de la virtud, la verdad, la integridad, la santidad, la pureza y el honor, a fin de que en todo momento hallemos gracia ante Dios Todopoderoso; para que Sus bendiciones estén con nosotros y moren en nuestras almas; para que repose sobre nosotros la paz de Dios… y, a fin de que, como pueblo, podamos estar bajo Su divina protección17.

Sugerencias para el estudio y el análisis

  • ¿Qué bendiciones podemos recibir si observamos fielmente el día de reposo? (Véase también D. y C. 59:9–13.) ¿De qué modo ha sido usted bendecido personalmente por santificar el día de reposo?

  • ¿Qué puede hacer usted para adorar a Dios de un modo más cabal en el día de reposo? ¿Cómo puede usted prepararse para estar más en armonía con el Espíritu Santo antes de que comiencen las reuniones de la Iglesia?

  • ¿Qué pueden hacer los padres y los abuelos para influir en sus hijos y en sus nietos de tal forma que éstos santifiquen el día de reposo? ¿De qué forma podemos hacer el día de reposo diferente de los demás días para nuestra familia? ¿Por qué la observancia del día de reposo fortalece a las familias y nos protege del mundo?

  • ¿Por qué es necesario aprender por medio del Espíritu en nuestra adoración el día de reposo? ¿Qué puede usted hacer en su función del que enseña o del que aprende para invitar la influencia del Espíritu Santo en el día de reposo?

  • ¿Qué convenios hacemos cuando participamos de la Santa Cena? (Véase también Moroni 4–5 ó D. y C. 20:76–79.) ¿Qué relación tienen esos convenios con nuestros convenios bautismales? (Véase también Mosíah 18:7–10.)

  • ¿Por qué es importante que participemos regularmente de la Santa Cena? ¿Qué puede hacer usted para sentirse más cerca del Señor al participar de la Santa Cena?

  • ¿Qué diferencia hay entre asistir simplemente a las reuniones de la Iglesia y santificar de verdad el día de reposo? ¿De qué modo puede usted conservar el espíritu del día de reposo durante la semana?

Pasajes relacionados: Éxodo 20:8–11; Isaías 58:13–14; Mateo 12:10–13; 3 Nefi 18:1–12; D. y C. 27:1–14; 59:9–20.

Notas

  1. Deseret News: Semi-Weekly, 15 de marzo de 1881, pág. 1.

  2. Véase B. H. Roberts, The Life of John Taylor (1963), págs. 188–192.

  3. The Gospel Kingdom, seleccionado por G. Homer Durham (1943), pág. 339.

  4. Deseret News: Semi-Weekly, 18 de octubre de 1881, pág. 1.

  5. Deseret News: Semi-Weekly, 26 de febrero de 1884, pág. 1.

  6. Deseret News: Semi-Weekly, 29 de marzo de 1870, pág. 2.

  7. The Gospel Kingdom, pág. 275.

  8. The Gospel Kingdom, pág. 226.

  9. The Gospel Kingdom, págs. 45–46.

  10. The Gospel Kingdom, pág. 109.

  11. The Gospel Kingdom, pág. 227.

  12. Deseret News: Semi-Weekly, 20 de marzo de 1877, pág. 1.

  13. Deseret News: Semi-Weekly, 31 de agosto de 1880, pág. 1.

  14. Deseret News: Semi-Weekly, 1° de febrero de 1876, pág. 1.

  15. Deseret News (Weekly), 25 de noviembre de 1863, pág. 142; los párrafos se han cambiado.

  16. Deseret News: Semi-Weekly, 17 de marzo de 1885, pág. 1.

  17. Deseret News: Semi-Weekly, 9 de julio de 1881, pág. 1.