Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia
    Cómo comprender el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio
    Notas al pie de página
    Tema

    Capítulo 23

    Cómo comprender el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio

    En la primavera de 1847, el presidente Brigham Young dejó a su familia en Winter Quarters y condujo la primera compañía de santos hacia el Oeste. En una carta a su esposa Mary Ann en la cual describía los esfuerzos de dicha compañía en “prepararse para la jornada”, le dijo: “Mi querida compañera en las aflicciones, …te agradezco mil veces tus bondadosas cartas, especialmente tus bondadosas acciones y más aún tu benévolo corazón. Ruego en todo momento por ti, por los niños y por todos nuestros familiares. Creo que el Señor me ha bendecido con una de las mejores familias que ningún hombre haya tenido jamás en la tierra” (MAAY). Para el presidente Young, el Evangelio tiene el objeto de preparar a los santos para la vida eterna, una vida que tiene el matrimonio y la familia como propósito final. El nuevo y sempiterno convenio del matrimonio establece los cimientos “para los mundos, para los ángeles y para los Dioses” (DBY, 195).

    Las enseñanzas de Brigham Young

    El nuevo y sempiterno convenio del matrimonio establece los cimientos para la vida eterna.

    El matrimonio eterno es sin principio de días ni fin de años… Podemos decir algo al respecto; establece los cimientos para los mundos, para los ángeles y para los Dioses; para que los seres inteligentes sean coronados de gloria, inmortalidad y vida eterna. En realidad, es el hilo que se extiende desde el principio hasta el fin del sagrado Evangelio de Salvación, el Evangelio del Hijo de Dios; es de eternidad en eternidad (DBY, 195).

    Tomen los padres y las madres que sean miembros de esta Iglesia y Reino una dirección correcta y traten con todas sus fuerzas de no hacer el mal sino el bien durante toda su vida; ya sea que tengan un hijo o cien hijos, si proceden con ellos como deben, uniéndolos al Señor mediante su fe y sus oraciones, no importa a dónde hayan de ir esos hijos, estarán sellados a sus padres con un lazo sempiterno y no habrá poder en la tierra ni en el infierno que podrá separarlos de ellos en la eternidad; volverán otra a vez a la fuente que les dio vida (DBY, 208).

    Encontramos a un sinnúmero de personas jóvenes que han llegado a la edad de matrimonio y que todavía permanecen solteras… Nuestros hombres y mujeres jóvenes deberían considerar sus obligaciones hacia unos y otros, hacia Dios, la tierra, sus padres y las generaciones futuras para su propia salvación y exaltación entre los Dioses y para gloria del Señor a quien servimos (DNSW, 25 de octubre, 1870, 2).

    Asignaré a cada uno de los hombres jóvenes de Israel que hayan llegado a la edad de matrimonio la misión de ir de inmediato y casarse con una buena mujer, cercar un terreno en la ciudad, plantar un jardín y un huerto, y establecer un hogar. Tal es la misión que encomiendo a todos los hombres jóvenes de Israel (DBY, 196).

    No hay un solo hombre joven en nuestra comunidad que, si comprendiera las cosas tal cual son, no estaría dispuesto a viajar desde aquí hasta Inglaterra a fin de poder casarse bien; no hay en nuestra comunidad una sola mujer joven, quien ame el Evangelio y anhele sus bendiciones, que aceptaría casarse de alguna otra manera; ambos permanecerían solteros hasta poder casarse como deben, [aun] si vivieran hasta llegar a ser tan ancianos como lo era Sara antes de que le naciera Isaac [véase Génesis 17:17]. Muchos de nuestros hermanos han hecho casar a sus hijos sin tomar en cuenta estas cosas y dando al asunto escasa importancia. Quisiera que todos entendiéramos esto a la luz en que los cielos lo entienden (DBY, 195–196).

    Una de las primeras transgresiones de la familia que llamamos Israel fue el recurrir a otras familias o naciones para escoger sus cónyuges. Ése fue uno de los grandes errores hechos por los hijos de Abraham, de Isaac y de Jacob, porque iban y se casaban con otras familias, aun cuando el Señor les había prohibido que lo hicieran y les dio una ley muy estricta y rigurosa al respecto [véase Génesis 28:1–2]. Él les mandó que no contrajeran matrimonio con los gentiles, pero lo hicieron y querían hacerlo [véase Génesis 24:3] (DBY, 196).

    Tengan cuidado, oh madres de Israel, y no enseñen en el futuro a sus hijas, como se les ha enseñado a muchas, que se casen fuera de Israel. ¡Ay de aquellas que lo hagan!; tan cierto como que Dios vive, perderán sus coronas (DBY, 196).

    Existen multitudes de espíritus puros y santos que esperan obtener un cuerpo mortal, por lo tanto, ¿cuál es nuestro deber…? Es el deber de todos los hombres y mujeres justos preparar tabernáculos para tantos espíritus como puedan (DBY, 197).

    Los padres deben seguir a Cristo al amar, educar y mantener prepara a sus familias.

    Permítaseme decir a la Primera Presidencia, a los Apóstoles, a todos los obispos de Israel y a cada quórum, y en particular a quienes son oficiales presidentes: Establezcan ese ejemplo ante su [esposa] y sus hijos, ante sus vecinos y ante la gente, de modo que puedan manifestar: “Síganme, así como yo sigo a Cristo”. Cuando lo hacemos, todo estará bien y tendremos la conciencia tranquila (DBY, 198).

    Aprenda todo esposo y padre a someter su voluntad a la voluntad de su Dios e instruya entonces a su [esposa] y a sus hijos en cuanto a esta lección en autonomía, tanto por el ejemplo como por el precepto, y también a sus vecinos y demuéstreles cómo ser valiente y constante para vencer toda disposición rebelde y pecaminosa. Debido a tal procedimiento, habrán de superar esa influencia inmoral que acosa al corazón humano (DBY, 198).

    Nunca permitan ni por un solo día de su vida que el Espíritu Santo no descanse sobre ustedes; y nunca dejen de orar, padres, para que sus esposas puedan disfrutar de esta bendición de que sus hijitos sean dotados del Espíritu Santo desde el seno mismo de sus madres. Si anhelan ver que toda una nación se levante llena del Espíritu Santo y de poder, ésta es la manera de lograrlo (BYP, 8 de abril, 1852).

    Si no hacemos el esfuerzo de educar a nuestros hijos, enseñándoles e instruyéndoles en cuanto a estas verdades reveladas, la condena recaerá sobre nosotros, como padres, o cuando menos en parte (DBY, 207).

    El padre debe ser el cabeza de familia, el amo de su propio hogar; y debe tratar [a su familia] como la trataría un ángel (DBY, 197–198).

    Le corresponde al esposo aprender cómo proveer para su familia las necesidades de la vida, cómo controlar sus pasiones y su temperamento, y cómo merecer el respeto, no sólo de su familia sino también de todos sus hermanos, hermanas y amigos (DBY, 198).

    El aspecto bondadoso, las buenas acciones, las palabras bondadosas y un comportamiento amoroso y sano hacia [los hijos] les unirá a nosotros con lazos que no podrán romperse tan fácil, mientras que el abuso y la impiedad los alejará de nosotros y destruirá todo vínculo sagrado que debería unirles a nosotros y al convenio sempiterno que nos abraza. Si mi familia… no me obedeciere en base a la bondad y a una vida digna ante los hombres y los cielos, entonces podremos despedirnos de toda influencia (DNW, 7 de diciembre, 1864, 2).

    El padre debe… tratar de complacer a la madre, de modo que ella pueda encontrar consuelo para su corazón y demostrarle cariño a su protector terrenal, que su amor a Dios y a la justicia pueda vibrar en todo su ser, y que logre procrear y engendrar una progenie imbuida y dotada de todas las cualidades que un ser necesita por su destino de reinar como rey de reyes y señor de señores (DBY, 199).

    Todo hombre en la región debe… tomar para sí una esposa y dedicarse entonces a trabajar con sus manos y a cultivar la tierra u ocuparse en alguna labor mecánica o negocio honrado a fin de proveerse y de proveer para aquellos que de ustedes dependan para su sostén una vida apacible, deben demostrar moderación en todo y amar la verdad y la virtud; de tal modo, la mujer se verá así protegida, mantenida, honrada y bendecida, y llegará a ser la honorable madre de una raza de hombres y mujeres muy superiores en su condición física y mental que la de sus padres. Esto causaría una verdadera revolución en nuestra tierra y produciría resultados de incalculable beneficio (DBY, 194–195).

    Todo hombre debería mejorar su cocina y su despensa así como también sus dormitorios para beneficio de su familia, y mejorar sus jardines, senderos, etc., así como embellecer su morada y sus alrededores, construyendo pavimentos y plantando árboles que den sombra (DBY, 198).

    Las madres deben amar y educar a sus familias y ejercer una buena influencia sobre el mundo que las rodea.

    Cuando pienso en los deberes y en las responsabilidades de nuestras madres y hermanas y la influencia que ejercen, las veo como el factor determinante y la razón principal de que estemos aquí. Es verdad que el hombre está primero. Nuestro Padre Adán fue puesto aquí como rey de la tierra para que la sometiera. Pero cuando llegó nuestra Madre Eva, ella tuvo una espléndida influencia sobre él. Muchos han pensado que no fue algo bueno, pero yo creo que fue algo excelente (DBY, 199).

    El deber de la madre es proteger a sus hijos y proporcionarles una educación temprana, porque las impresiones que reciben en la infancia son imperecederas. Todos ustedes saben, por experiencia propia, que las impresiones que recibieron en el amanecer de su existencia mortal tienen, hasta el momento, la mayor preponderancia en su mente. El niño deposita implícitamente su confianza en la madre, uno puede percibir en él un afecto natural que lo hace pensar que su madre, no importa cuál sea su apariencia personal, es la mejor y más bella de todas las madres del mundo. Yo hablo por mí mismo. Los hijos confían totalmente en sus madres; y si las madres se esforzasen como debieran, podrán infundir lo que les plazca en el corazón de sus hijos (DBY, 201).

    Recordarán, sin duda, haber leído en el Libro de Mormón acerca de los dos mil jóvenes a quienes se les había enseñado a creer que, si ponían toda su confianza en Dios y le servían, ningún poder habría de vencerlos. También recordarán que ellos fueron a la guerra y que eran tan valientes, y tan poderosa era su fe, que resultó imposible que sus enemigos los mataran; habían obtenido ese poder y esa fe mediante las enseñanzas de sus propias madres (DBY, 201).

    Es el llamamiento de la esposa y madre saber qué habrá de hacer con todo lo que reciba en su hogar, y afanarse en lograr que su casa les resulte agradable a su esposo y a sus hijos, y se convierta en una verdadera Eva en medio del paraíso que haya creado, y, de esta manera, se asegure el amor y la confianza de su esposo y haga que su progenie se aferre a ella con un amor más fuerte que la muerte para recibir una herencia sempiterna (DBY, 198).

    Muchas hermanas sufren porque no han sido bendecidas con una progenie. Ya vendrá el momento en que tendrán millones de hijos a su alrededor. Si son fieles a sus convenios, llegarán a ser madres de naciones enteras (DBY, 200).

    Por lo general no acostumbro aconsejar a las hermanas a desobedecer a sus maridos, sino a obedecerles; soy muy optimista y categórico en cuanto a ello. Pero nunca he aconsejado a una mujer a seguir a su marido hacia Satanás (DBY, 200–201).

    Las madres son eficaces instrumentos en manos de la Providencia para guiar el destino de las naciones… En consecuencia, deseo recalcarles que las madres son la maquinaria que le da carácter al hombre total y guía los destinos y la vida de los hombres en la tierra (DBY, 199–200).

    Sugerencias para el estudio

    El nuevo y sempiterno convenio del matrimonio establece los cimientos para la vida eterna.

    • El presidente Young declaró que el matrimonio eterno “establece los cimientos de mundos… [y] para que los seres inteligentes sean coronados de gloria”. ¿Cómo podemos dedicar nuestro matrimonio a ese eterno propósito? ¿Qué pueden hacer ustedes específicamente para mantener constante dicha perspectiva día a día?

    • ¿Cuál es, según el presidente Young, la misión de todo hombre joven? ¿Cómo se aplica esto en la vida de ustedes?

    • ¿A qué se refirió el presidente Young cuando aconsejó que los jóvenes deben “casarse bien”? ¿Qué bendiciones recibirán aquellos que hagan todo lo necesario para “levantar un reino”? (Véase también Abraham 2:9–11.)

    • “Uno de los grandes errores” cometidos por algunos descendientes de Abraham, Isaac y Jacob fue el casarse fuera del nuevo y sempiterno convenio del matrimonio. (Véase también Génesis 28:1–2.) ¿Qué bendiciones se les negarán a quienes se casen fuera del nuevo y sempiterno convenio del matrimonio? ¿Qué pueden hacer ustedes para asegurarse de que se conservarán dignos de este convenio matrimonial y recibirán algún día sus bendiciones?

    • ¿Cuál es el “deber de todos los hombres y mujeres justos”? ¿Por qué es la procreación de cuerpos físicos para los hijos espirituales de Dios una responsabilidad tan importante del matrimonio en el nuevo y sempiterno convenio? ¿Cómo puede una pareja determinar si han cumplido con su responsabilidad conforme a la voluntad de Dios en cuanto a ellos? (Vea también a su obispo o presidente de rama para cerciorarse de lo que el Manual General de Instrucciones aconseja al respecto.)

    Los padres deben seguir a Cristo al amar, educar y mantener a sus familias.

    • ¿Qué ejemplo debe dar un padre a su esposa y a sus hijos? ¿Qué es para un hombre el seguir a Cristo? ¿Cómo puede un hombre “aprender a someter su voluntad a la voluntad de su Dios”? ¿Qué han aprendido ustedes de los padres que se han dedicado a hacer la voluntad de Dios?

    • ¿Cuáles son las verdades que los padres deben enseñar a sus hijos? (Véase también D. y C. 68:25.)

    • De acuerdo con el presidente Young, ¿cómo debe un padre presidir en su familia? (Véase también D. y C. 121:41–46.) ¿Cómo debe un padre tratar a su familia? ¿Qué clase de acciones “destruirán todo vínculo sagrado que debería unirnos y sellarnos en el convenio sempiterno”? ¿Por qué es que el hombre que posea la bondad y el Espíritu contribuye a que su esposa y sus hijos cumplan con sus funciones?

    • ¿Qué resultado, según el presidente Young, tendría el que un esposo mantenga fielmente a su familia? (Véase también D. y C. 83:1–2.) ¿Cómo podría esto “crear una verdadera revolución”?

    Las madres deben amar y educar a sus familias y ejercer una buena influencia sobre el mundo que las rodea.

    • De acuerdo con el presidente Young, ¿cuáles son los deberes y llamamientos de una esposa y madre?

    • ¿Qué consuelo da el presidente Young a quienes no tienen o no pueden tener hijos?

    • ¿Qué influencia han ejercido las mujeres Santos de los Últimos Días sobre ustedes, su familia y su comunidad? ¿Cómo podrían hacerlo en el futuro?

    • ¿Qué quiso decir el presidente Young cuando declaró: “Nunca he aconsejado a una mujer que siga a su marido hacia Satanás”? ¿Cómo podría una esposa saber si su esposo está siguiendo a Cristo? ¿Qué bendiciones recibirán los esposos y las esposas que se sometan juntos a la voluntad de Dios?

    • El presidente Young declaró que las madres habrán de “guiar el destino de las naciones.” ¿Cómo pueden las mujeres cumplir esta promesa?