2025
Formas de comunicación divina
Marzo de 2025


“Formas de comunicación divina”, Liahona, marzo de 2025.

Formas de comunicación divina

Dios nos habla de diferentes maneras y hay cosas que podemos hacer para asegurarnos de que esta comunicación siga fluyendo.

Un hombre orando

Ilustraciones por David Green

Cuando comencé a preparar mi primer discurso de conferencia general, me di cuenta de lo abrumadora que podía ser esa tarea. A los discursantes de la conferencia general no se les asigna un tema, así que yo debía descubrir por mí mismo lo que el Señor quería que dijera.

Oré en busca de inspiración y aguardé hasta que, después de un tiempo, mi esposa, Isabelle, que es sabia y me conoce bien, se dio cuenta de que estaba teniendo dificultades para comenzar.

“Tienes que hacer algo”, me dijo, “¡ponte manos a la obra y escribe algo!”.

Y eso fue lo que hice. En el proceso, comencé seis o siete posibles discursos. Al meditar en las diversas posibilidades, me sentí cómodo con uno de ellos y sentí que ese era el discurso que debía dar. El Espíritu calmó mi mente y el resto del discurso fluyó.

En la Conferencia General de octubre de 2023, hablé de que todos somos hijos de Dios. Él nos ama, nos conoce íntimamente y está en los detalles de nuestra vida. Nos escucha cuando oramos y desea hablarnos.

Conocer la forma en que Dios nos habla a cada uno de nosotros es una experiencia personal. Sin embargo, estas son algunas maneras de facilitar la comunicación que el Padre Celestial desea darnos para bendecir nuestra vida.

Actuar con fe y confianza

Reconocer los momentos en los que Dios nos habla requiere fe y confianza. La fe siempre está anclada en Jesucristo. También necesitamos confiar en Él. Él ha dicho:

“He aquí, hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón.

“Ahora, he aquí, este es el espíritu de revelación” (Doctrina y Convenios 8:2–3).

Pero la revelación y la guía divina no se reciben simplemente por esperar una manifestación espiritual. Debemos actuar. Tal como mi esposa me dijo que hiciera con mi discurso de conferencia, a veces simplemente necesitamos “poner manos a la obra”.

Cuando Isabelle y yo servimos como líderes de misión en la Misión Francia Lyon, yo tenía que decidir a dónde debía ir cada misionero dentro de la misión y cuándo extender la asignación. Descubrí que el Espíritu me guiaría si oraba para pedir ayuda y a continuación utilizaba mi mejor criterio; entonces, la confirmación llegaría una vez que todo estuviera en su lugar.

En mi llamamiento actual, me envían a estacas de toda la Iglesia para reorganizar las presidencias de estaca. Cuando mi compañero y yo entrevistamos a las personas, recibimos pensamientos, sentimientos e impresiones. Luego deliberamos en consejo y oramos juntos. Finalmente llega la revelación y el Señor nos confirma quién ha sido llamado por Él para servir.

Reconocer cuándo Dios habla y descubrir cuál es Su voluntad es un proceso. Debemos demostrar que estamos dispuestos a actuar con fe y confianza.

Seguir al profeta

Una importante manera en la que Dios habla a Sus hijos es por medio de profetas. ¡Tener un profeta sobre la tierra hoy en día es una gran noticia! Él recibe revelación de Dios para dirigir y guiar a la Iglesia (véase Amós 3:7). Nosotros también podemos recibir guía y protección al seguir sus enseñanzas. Esto no siempre es fácil, pero el Señor nos ha mandado que sigamos al profeta “con toda fe y paciencia” (Doctrina y Convenios 21:5).

Por ejemplo, “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, ha probado ser profética desde que se presentó hace treinta años. Ella trata muchas inquietudes que no sabíamos que tendríamos y ofrece una guía que no siempre supimos que necesitaríamos, pero que ahora sí necesitamos. Es posible que la guía del profeta no siempre sea lo que queremos escuchar. Es posible que no esté de acuerdo con los valores actuales de la sociedad. Sea como fuere, si seguimos al profeta recibiremos guía y protección.

Una mujer lee las Escrituras

Hacer preguntas y buscar respuestas

En los primeros días de la Restauración, Dios a menudo hablaba en respuesta a preguntas sinceras que el profeta José Smith y otras personas tenían. Mientras José y Oliver Cowdery trabajaban en la traducción del Libro de Mormón, llegaron a las enseñanzas del Salvador sobre la doctrina del bautismo (véase 3 Nefi 11:23–33). Deseando aprender más, fueron al bosque a orar. Pronto Juan el Bautista se apareció y restauró la autoridad para bautizar por inmersión para la remisión de pecados.

En otra ocasión, Emma, la esposa de José, expresó su preocupación por la suciedad que dejaban los hombres que fumaban en pipa y mascaban tabaco durante las reuniones. José llevó el asunto ante el Señor y recibió una revelación, “una Palabra de Sabiduría” (Doctrina y Convenios 89:1), sobre hábitos saludables para el beneficio físico y espiritual de los hijos de Dios.

Estos ejemplos, y muchos otros, nos recuerdan que está bien tener preguntas, siempre y cuando busquemos respuestas en la dirección correcta. Si llevamos nuestras preguntas al Señor, encontraremos respuestas. A veces, las respuestas llegarán de inmediato, pero es más común que lleguen “línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí” (2 Nefi 28:30). Tal vez tengamos que esperar respuestas que nos ayuden a aprender y crecer, pero Dios nos responderá de acuerdo con Su propia voluntad, manera y tiempo.

Recordar experiencias pasadas

Cuando debemos esperar a que Dios nos hable, es importante que nos aferremos a lo que sabemos y a las experiencias que hemos tenido, de lo contrario, podríamos perderlos. No queremos dudar de las experiencias pasadas con el Espíritu solo porque ahora tal vez estemos teniendo dificultades. En esos momentos debemos volver atrás en nuestra mente y recordar cómo nos sentimos cuando nos sentíamos cerca de Dios.

En una ocasión, Alma hizo estas preguntas introspectivas a las personas de Zarahemla:

“¿Habéis nacido espiritualmente de Dios? ¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros? ¿Habéis experimentado este potente cambio en vuestros corazones? […]

“Y ahora os digo […], si habéis experimentado un cambio en el corazón, y si habéis sentido el deseo de cantar la canción del amor que redime, quisiera preguntaros: ¿Podéis sentir esto ahora?” (Alma 5:14, 26).

Debemos asegurarnos de recordar las experiencias espirituales y no dejarlas de lado. Debemos preguntarnos con regularidad: “¿Puedo yo sentir eso ahora?”. Eso nos fortalece en los momentos en que Dios parece guardar silencio y nos hace más capaces para reconocer las ocasiones en las que Él nos habla.

Mantenernos conectados

La comunicación con nuestro Padre Celestial es algo vivo. Hacemos nuestra parte para mantenerla viva al buscar activamente y crear oportunidades para recibir comunicación divina. Podemos orar a Dios regular y fervientemente para pedir paz, consuelo y guía. Podemos estudiar Su palabra en las Escrituras y sentir la influencia del Espíritu. También podemos seguir la guía profética.

Al mantenernos en contacto con nuestro amoroso Padre Celestial, podemos ser instrumentos en Sus manos para ayudarlo en Su maravillosa obra. Al prestar atención a las ideas e impresiones que recibimos, podemos ayudar a otras personas a sentir que Dios los conoce, los ama y desea hablarles.

La certeza de que Dios escucha y habla a Sus hijos es una bendición inmensa. La comunicación divina regular con Él nos proporciona la guía que necesitamos para atravesar la jornada de la vida.