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Bendiciones en retrospectiva: Cómo tener apendicitis fue el milagro de mi familia
Al reflexionar en experiencias pasadas, podríamos darnos cuenta de que lo que parecía una prueba era en realidad una tierna misericordia.
Hace unos años, mi padre sufrió de apendicitis, lo cual fue una tierna misericordia.
La mayoría de las personas no diría que tener apendicitis y someterse a una cirugía de emergencia es un milagro, pero para mi padre sí lo fue.
Cuando el médico le extirpó el apéndice a mi padre, encontró cáncer en este.
Afortunadamente, después de algunas pruebas, los médicos descubrieron que el cáncer no se había propagado. Habiéndole extirpado el apéndice, estaba libre de cáncer.
Cuando tuvimos tiempo de pensar en esa situación, mi familia se sintió agradecida de que mi padre padeciera la ruptura del apéndice.
El cáncer en el apéndice era poco notorio y, sin la cirugía de emergencia, es probable que no se hubiera notado hasta que hubiese sido demasiado tarde.
Algunas personas pueden considerar la historia de mi padre como una afortunada coincidencia, pero mi familia y yo sabemos que fue un milagro de Dios.
El élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Lo que podría parecer una oportunidad al azar está, de hecho, dirigido por un amoroso Padre Celestial, quien puede conocer el número de cabellos en cada cabeza”.
Es posible que no nos demos cuenta de la participación de Dios en nuestra vida hasta que reflexionemos sobre experiencias pasadas. En ese momento, mi familia no creía que la apendicitis fuera una bendición. No nos dimos cuenta de la importancia de la cirugía de emergencia de mi padre hasta después de que el médico detectó cáncer.
El no comprender inicialmente los propósitos de Dios es una conducta común. Nefi siguió el mandato de Dios de escribir dos anales similares sin saber por qué (véase 1 Nefi 9:2–6). Más adelante, Mormón incluyó ambos juegos de registros de Nefi sin saber por qué (véase Palabras de Mormón 1:6–7).
Más de mil años después de que Nefi y Mormón escribieran y compilaran sus registros en planchas de metal, se perdieron 116 páginas de la traducción de José Smith de esos registros. Afortunadamente, a pesar de eso, José Smith pudo incluir un registro del pueblo de Nefi en el Libro de Mormón porque dos antiguos profetas habían seguido los mandamientos de Dios sin saber por qué.
El presidente Henry B. Eyring, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, comenzó a llevar un diario para poder reconocer la mano del Señor en su vida. Al final de cada día se hacía esta pregunta: “¿He visto hoy la mano de Dios bendecirnos a nosotros, a nuestros hijos o a nuestra familia?”. Al hacerlo, el Espíritu Santo le recordaba las ocasiones en que Dios lo había bendecido a lo largo del día.
¿Qué tiernas misericordias han pasado desapercibidas en tu vida? ¿De qué manera el reflexionar sobre el pasado puede ayudarte a “ret[ener] siempre en [tu] memoria la grandeza de Dios” (Mosíah 4:11)? Al dedicar tiempo a mirar en retrospectiva y buscar la mano de Dios en mi vida, he obtenido un testimonio de que el Padre Celestial ve mucho más que nosotros y que tiene un plan perfecto para cada uno de nosotros (véase 2 Nefi 2:24).