“Como mujeres, somos parte de una hermandad mundial de la que a menudo no se habla”, Liahona, diciembre de 2024.
Como mujeres, somos parte de una hermandad mundial de la que a menudo no se habla
La Sociedad de Socorro proporciona los medios prácticos para cumplir con el mandamiento de Jesucristo de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Three Sisters [Tres hermanas], por Kathleen Peterson
El presidente Russell M. Nelson enseñó que “las mujeres han sido bendecidas con una brújula moral singular” y tienen “dones y predisposiciones espirituales especiales” para percibir las necesidades humanas, consolar, enseñar y fortalecer. Nuestras comunidades dependen de que las mujeres desempeñen sus funciones singulares como líderes, maestras, cuidadoras, sanadoras y pacificadoras.
Como mujeres, somos parte de una hermandad mundial de la que a menudo no se habla. Las mareas y estaciones de nuestra biología y la universalidad de la forma en que gestamos y nutrimos a la humanidad nos conectan de manera tácita a través de las brechas culturales y las barreras lingüísticas.
He visto lo que las mujeres hacen cuando se conectan con otras personas por medio de nuestra hermandad. He visto a mujeres elevarse unas a otras en medio de la pobreza. He visto a mujeres cuidar, alimentar y nutrir a niños que no son suyos. He visto a mujeres proteger a otras personas de los estragos de la guerra. Cuando está a la altura de sus altos ideales, la Sociedad de Socorro proporciona los medios prácticos para cumplir el mandamiento de Jesucristo de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Por ejemplo, en la última década, durante la crisis de refugiados en Europa, los miembros de la Iglesia combinaron su tiempo, talento y riqueza para ayudar a muchas de las personas desplazadas que llegaban a Europa. Sus esfuerzos ayudaron a aliviar las condiciones desesperadas en los campamentos de inmigrantes.
En Filipinas, las mujeres Santos de los Últimos Días estaban preocupadas por los altos índices de malnutrición en sus comunidades y el modo en que estaba afectando a sus propias familias. Aprendieron más sobre las causas más comunes de la malnutrición y sus efectos devastadores para toda la vida. Las Sociedades de Socorro de barrio y de estaca organizaron exámenes nutricionales en los edificios de la Iglesia para las familias de los miembros y sus vecinos, y luego enseñaron a los padres acerca de la buena nutrición. Además, remitieron a los necesitados a los servicios médicos y comunitarios locales que les proporcionaron tratamiento.
El impacto de estas mujeres se produjo al trabajar por el bien de las familias de sus comunidades. La obra más importante y de mayor impacto de las mujeres sigue siendo la que realizamos en nuestro entorno: cuando cuidamos de nuestros propios hijos, enseñamos a leer a una amiga, atendemos con paciencia las necesidades de un vecino anciano, preparamos una comida para los enfermos o lloramos con una hermana que está afligida.
Me esfuerzo por ser discípula de Jesucristo y seguir Su ejemplo al servir a los demás. Su disciplina diaria siempre consistía en tender la mano, uno por uno, a quienes se hallaban angustiados: en una conversación privada con la mujer samaritana socialmente marginada junto al pozo (véase Juan 4); haciendo una pausa para consolar a la mujer con flujo de sangre entre la multitud (véase Lucas 8:43–48); sanando en privado a la hija pequeña de Jairo (véase Lucas 8:51–55).
Si bien mi labor actual incluye esfuerzos para mejorar las condiciones de las mujeres y de los niños en todo el mundo, entiendo que lo más importante que requiere Cristo de mí, como discípula Suya que soy, es que reconozca las necesidades individuales de las personas que me rodean y que responda con paciencia y amor.
Las organizaciones no pueden llegar a todas las personas del mundo, independientemente de lo bien financiados que estén sus programas, lo bien redactadas que estén sus normas o lo bien desarrollada que esté su diplomacia. Sin embargo, por medio de nuestra hermandad mundial, podemos llegar a cada alma.
¿La vida de quién pueden mejorar significativamente hoy con un acto de compasión? Les insto a que hagan una pausa por un momento y se conecten con nuestro Padre Celestial, la fuente más elevada de inspiración, y luego esperen en silencio la guía del Espíritu Santo. Les invito a que la escriban y la lleven a cabo. Espero que este sencillo ejercicio les ayude a reconocer que nuestro mayor éxito consistirá en desatar el poder de nuestra hermandad mundial.