Comunión con el Espíritu Santo
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    Mensaje de la Primera Presidencia

    Comunión con el Espíritu Santo

    En una conferencia de prensa celebrada hace años, se le hizo la siguiente pregunta al presidente Gordon B. Hinckley: “¿Cuál es el mayor problema que enfrenta su Iglesia hoy día?”. Él contestó que era su rápido crecimiento.

    Han pasado más de 170 años desde que fue organizada La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. ¿Por qué la Iglesia continúa prosperando y creciendo tan rápidamente? ¿En qué se diferencia de todas las demás? Como respuesta, podríamos decir que hay muchas características que son particulares de nuestra fe.

    Entre ellas está su organización, con profetas y apóstoles, de quienes Pablo dijo que son el fundamento de la Iglesia (véase Efesios 2:20); los Quórumes de los Setenta; el liderazgo laico del sacerdocio; el sistema misional; el programa de bienestar; los templos; la obra genealógica y muchos otros aspectos que la distinguen.

    Sin embargo, hay otra razón de nuestro crecimiento que sobrepasa todas las demás. De una entrevista que tuvieron en 1839 el profeta José Smith y Martín Van Buren, en aquel entonces Presidente de los Estados Unidos, se registra lo siguiente: “En nuestra entrevista con el Presidente, él nos preguntó en qué punto nuestra religión se diferenciaba de las demás de esos días. El hermano José dijo que éramos distintos en la forma de bautizar y en la de otorgar el don del Espíritu Santo por la imposición de manos; y que todos los demás aspectos están incluidos en el don del Espíritu Santo” ( History of the Church, 4:42).

    Uno de los motivos por los cuales la respuesta del Profeta fue tan inspirada se debe a que a todo miembro de esta Iglesia se le confiere, poco después del bautismo, el derecho de gozar de los dones maravillosos del Espíritu Santo. Esto es en cumplimiento de la promesa del Salvador: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16).

    Ilustración Y Entendimiento

    Este poderoso don faculta a los líderes y a los miembros dignos de la Iglesia para que disfruten de los dones y de la compañía del Espíritu Santo, un miembro de la Trinidad cuya función es inspirar, revelar y enseñar todas las cosas. El resultado de esa investidura es que, desde la organización de la Iglesia, la dirección de la misma y los miembros han disfrutado, y disfrutan, de la revelación y de la inspiración continuas para dirigirles hacia lo que es correcto y bueno. La inspiración y la revelación son tan comunes, están tan extendidas y son tan universales entre los miembros, que existe una fuerte base espiritual que influye en todo lo que se hace. Esto se puede encontrar en las reuniones de la Iglesia tanto grandes como pequeñas.

    ¿Por qué crece y florece la Iglesia? Lo hace a causa de la dirección divina que reciben los líderes y los miembros. Esto comenzó en nuestra época cuando Dios el Padre y Jesucristo se aparecieron a José Smith a comienzos de la primavera de 1820. Sin embargo, manifestamos que la inspiración de Dios no se limita a los Santos de los Últimos Días. La Primera Presidencia ha declarado: “Los grandes líderes religiosos del mundo como Mahoma, Confucio y los Reformadores, al igual que los filósofos como Sócrates, Platón y otros, recibieron una porción de la luz de Dios. Dios les concedió verdades morales para iluminar a naciones enteras y para llevar un mayor nivel de entendimiento a las personas… Creemos que Dios ha dado y dará a todos los pueblos el conocimiento suficiente para ayudarles en el camino hacia la salvación eterna” (“Statement of the First Presidency regarding God’s Love for All Mankind”, 15 de febrero de 1978).

    Sin embargo, declaramos solemnemente que sabemos que la salvación en el mundo venidero depende de la aceptación del Evangelio de Jesucristo tal y como se enseña en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Un elemento de la salvación es la revelación personal. José Smith dijo: “Ningún hombre puede recibir el Espíritu Santo sin recibir revelaciones. El Espíritu Santo es un revelador” ( History of the Church, 6:58).

    La Revelación Personal

    Los Santos de los Últimos Días, tras haber recibido el don del Espíritu Santo por medio de la imposición de manos, están facultados para recibir revelación personal en las cosas cotidianas al igual que cuando se ven enfrentados a los gigantescos “Goliats” de la vida. Si somos dignos, tenemos derecho a recibir revelación para nosotros mismos, los padres para sus hijos y los miembros de la Iglesia para sus llamamientos. Pero el derecho a recibir revelación para otras personas no se extiende más allá de nuestra mayordomía.

    David, el hijo menor de Isaí, un mero pastorcillo, se ofreció de voluntario para luchar contra el gigante Goliat. David y todo el ejército de Israel fueron insultados por las humillantes provocaciones de ese enorme gigante, pero David sabía que la inspiración le había llevado a salvar a Israel. El rey Saúl estaba tan impresionado con la fe y la determinación de ese joven, que lo designó para luchar contra Goliat, quien se burló de la juventud de David y de su falta de armas. Éste respondió que él acudía en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, y que todos los presentes aprenderían ese día que Dios no salva con lanza ni espada, “porque de Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:47). Entonces David lanzó una piedra con su honda con tanta fuerza y puntería que la piedra se hundió en la frente de Goliat, que cayó al suelo siendo hombre muerto, y los filisteos huyeron despavoridos.

    ¿Qué le ha sucedido al Dios viviente de David? Es un insulto para la inteligencia sugerir que Dios, que tan libremente habló con los profetas del Antiguo Testamento, ahora permanezca mudo, incomunicado, en silencio.

    Bien podríamos preguntar: “¿Nos ama Dios menos que a los que guió por medio de los profetas del pasado? ¿Precisamos menos Su guía e instrucción?”. La razón nos sugiere que no puede ser así. “¿Acaso no se preocupa? ¿Ha perdido la voz? ¿Se ha ido de vacaciones permanentes? ¿Está dormido?” Lo irrazonable de cada una de estas propuestas es bien evidente.

    Cuando el Salvador enseñó en la sinagoga de Capernaum, proclamó Su divinidad en términos bien claros. El apóstol Juan declara:

    “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.

    “Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?

    “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

    “Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:66–69).

    Reconocemos y testificamos que el mismo testimonio de la divinidad de Cristo que recibió Pedro es también nuestro sagrado conocimiento.

    La revelación personal se manifiesta como un testimonio de la verdad y como una guía en cuestiones espirituales y temporales. Los Santos de los Últimos Días saben que se pueden recibir las impresiones del Espíritu respecto a cualquier faceta de la vida, inclusive las decisiones cotidianas. Nadie podría pensar en tomar una decisión importante tal como: “¿Quién será mi compañero?”, “¿Qué trabajo debo hacer?”, “¿Dónde viviré?” y “¿Cómo viviré?” sin buscar la inspiración del Dios Todopoderoso.

    Muchos fieles Santos de los Últimos Días han sido advertidos por el Espíritu sobre accidentes o la muerte. Entre éstos se encuentra el presidente Wilford Woodruff, quien dijo:

    “Cuando volví a Winter Quarters tras el viaje con los pioneros [en 1847], el presidente [Brigham] Young me dijo: ‘Hermano Woodruff, quiero que vaya con su esposa y sus hijos a Boston y se quede allí hasta que pueda juntar a todos los santos de Dios en Nueva Inglaterra y Canadá, y los envíe a Sión’.

    “Hice lo que me había indicado. Me llevó dos años reunir a todos y cerré la marcha encabezando la última compañía (alrededor de cien personas). Llegamos a Pittsburg un día al atardecer; no queríamos quedarnos allí, así que me dirigí al primer barco que estaba por zarpar. Fui a ver al capitán e hice los arreglos de los pasajes para todos. Apenas había terminado de hacerlo cuando el Espíritu me dijo de forma muy enérgica: ‘No viajes a bordo de ese barco, ni tú ni tu compañía’. Así que volví a hablar con el capitán y le dije que había cambiado de idea y que esperaríamos.

    “El barco partió, y cuando había avanzado sólo unas cinco millas [ocho kilómetros] por el río, se produjo un incendio y unas trescientas personas murieron quemadas o se ahogaron. Ya ven cuál hubiera sido el resultado de haber viajado en esa nave desobedeciendo las indicaciones del Espíritu” ( The Discourses of Wilford Woodruff, compilación por G. Homer Durham, 1946, págs. 294–295).

    Cómo Recibir Revelación

    Hay algunas pautas y normas que son necesarias a fin de recibir revelación e inspiración, entre las que se incluyen: (1) tratar de manera honrada y sincera de guardar los mandamientos de Dios, (2) estar espiritualmente preparado para recibir un mensaje divino, (3) pedir a Dios en oración ferviente y humilde y (4) buscar respuestas con fe inquebrantable.

    Testifico que la inspiración puede ser la fuente de esperanza, guía y fortaleza de toda persona. Ése es uno de los maravillosos tesoros de la vida e implica el llegar al conocimiento infinito de Dios.

    ¿Cómo funcionan la revelación y la inspiración? Existe un “aparato receptor” inherente a toda persona que, cuando se sintoniza perfectamente, puede recibir comunicación divina. Dijo Eliú a Job: “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” (Job 32:8). Si es necesario, es posible ser guiados completamente por el Espíritu, como lo fue Nefi, “sin saber de antemano” (véase 1 Nefi 4:6) lo que se debe hacer.

    ¿Cómo se recibe la inspiración? Enós declaró: “Y mientras así me hallaba luchando en el espíritu, he aquí, la voz del Señor de nuevo penetró mi mente” (Enós 1:10). No hace falta que oigamos claramente una voz; el espíritu de revelación viene a nosotros por confirmación divina. “…hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón” (D. y C. 8:2).

    ¿Cómo era la voz del Señor que oyó Elías el tisbita? No era el “poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas”, tampoco “estaba en el terremoto”, ni siquiera “estaba en el fuego”, sino que estaba en “un silbo apacible y delicado“ (véase 1 Reyes 19:11–12).

    La voz del Espíritu tiene la capacidad de susurrar y penetrar todas las cosas (véase D. y C. 85:6). Las Escrituras enseñan: “…no era una voz de trueno, ni una voz de un gran ruido tumultuoso, mas he aquí, era una voz apacible de perfecta suavidad, cual si hubiese sido un susurro, y penetraba hasta el alma misma” (Helamán 5:30).

    Así, por revelación, el Señor trae inspiración a nuestra mente en forma de pensamiento, como si una voz estuviera hablando. Cuando era miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, el élder Harold B. Lee (1899–1973) compartió este testimonio: “Tengo el corazón creyente debido a un simple testimonio que recibí cuando era niño; creo que tenía unos diez u once años de edad. Estaba con mi padre en una granja alejada de casa, tratando de distraerme un poco durante el día hasta que mi padre estuviese listo para volver a casa. Vi que al otro lado de la cerca había unos cobertizos destartalados, ideales para atraer la atención de un niño curioso y de espíritu aventurero como yo. Comencé a trepar por la cerca para pasar al otro lado cuando oí una voz, tan claramente como ustedes están oyendo la mía, que me llamaba por mi nombre y me decía: ‘¡No vayas!’. Me volví para ver si era mi padre el que me hablaba, pero él se hallaba lejos, en el otro extremo del campo. No había nadie a la vista. Entonces comprendí, siendo niño, que había personas a las que yo no veía y que ciertamente había oído una voz. Desde entonces, cada vez que oigo o leo relatos del profeta José Smith, entiendo lo que significa oír una voz, porque yo también he tenido esa experiencia” ( Divine Revelation, Brigham Young University Speeches of the Year, 15 de octubre de 1952, pág. 5).

    La Revelación En La Iglesia En La Actualidad

    Aunque todo miembro fiel de la Iglesia puede recibir revelación personal, solamente hay un hombre sobre la tierra que recibe revelación para toda la Iglesia. El presidente Wilford Woodruff (1807–1898) dijo: “La Iglesia de Dios no podría vivir veinticuatro horas sin revelación” ( Discourses of Wilford Woodruff, pág. 61).

    Un miembro ha escrito: “Cada día, hombres y mujeres llegan a entender, por medio de la revelación, la verdad básica de que el Señor ha restaurado Su Evangelio y Su Iglesia.

    “Cada día, los líderes de la Iglesia son guiados por revelación para dirigir los asuntos de la Iglesia a nivel general, local y mundial.

    “Cada día, los misioneros Santos de los Últimos Días reciben la impresión del Espíritu de dar testimonio y de saber qué decir, hacer y enseñar por el espíritu de revelación.

    “Cada día, la mente y la voluntad del Señor, tal y como se revelan en los libros canónicos de la Iglesia, iluminan la mente de los Santos de los Últimos Días por el espíritu de revelación.

    “Cada día aumenta la fe en el corazón de los fieles mediante las evidencias de la revelación en sus vidas: en las decisiones sobre el matrimonio, el trabajo, cuestiones del hogar, negocios, preparativos para lecciones, advertencias de peligro, de hecho en todos los aspectos de la vida.

    “Todo Santo de los Últimos Días puede saber por el espíritu de revelación que el presidente Joseph Fielding Smith [1876–1972] dijo la verdad cuando declaró:

    “‘El Señor no sólo bendice a los hombres que están a la cabeza y que tienen las llaves del reino, sino que también bendice con el espíritu de inspiración a toda persona fiel ’” (Roy W. Doxey, Walk with the Lord, 1973, págs. 173–174; cursiva en el original).

    ¿Quién es el profeta del mundo hoy en día? Testifico que el profeta sobre la tierra hoy día es Gordon B. Hinckley, quien sirve como Presidente de la Iglesia. Es la única persona que posee todas las llaves del reino de Dios en la tierra. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la Iglesia de Dios sobre la tierra, y la salvación en la presencia de Dios requiere la aceptación de la plenitud del Evangelio de Jesucristo tal y como se enseña en Su Iglesia.

    ¿Por qué ha crecido la Iglesia de forma tan espectacular durante más de 170 años? ¿Por qué sigue creciendo a un ritmo cada vez mayor? En gran medida es debido a la revelación y a la inspiración divina.

    Ruego que vivamos de manera tal que disfrutemos de la compañía del Espíritu Santo, pues el Espíritu Santo, bajo la dirección del Dios Todopoderoso, ha conducido a este pueblo y a sus líderes desde los humildes comienzos de la Iglesia hasta la gran fuerza espiritual que es hoy día.

    Ideas Para los Maestros Orientadores

    1. A todo miembro de esta Iglesia se le confiere, poco después del bautismo, el derecho de gozar de los dones maravillosos del Espíritu Santo.

    2. El don del Espíritu Santo faculta a los miembros para recibir revelación personal en las cosas cotidianas al igual que cuando se ven enfrentados a los gigantescos “Goliats” de la vida.

    3. Cuatro pautas para poder recibir revelación e inspiración del Espíritu Santo son: (a) tratar de manera honrada y sincera de guardar los mandamientos de Dios, (b) estar espiritualmente preparado para recibir un mensaje divino, (c) pedir a Dios en oración ferviente y humilde y (d) buscar respuestas con una fe inquebrantable.