Especialmente para los recién casados
¿Cómo puedo hallar paz cuando los temores económicos me quitan el sueño?
Cada vez que escucho la palabra presupuesto, me dan ganas de desmayarme. Afortunadamente, Dios puede ayudar.
Como esposo y padre primerizo, puedo decir que hay algo a lo que le temo más que a cualquier araña, a la altura o a una figura oscura en la noche:
El dinero.
Si me imaginas en un rincón, acobardado mientras un estado de cuenta bancario se abalanza sobre mí, tendrás una descripción bastante precisa de cómo me siento.
Como mi esposa y mi nuevo bebé dependen de mí, a menudo me encuentro al borde del pánico, preguntándome cómo voy a llegar a fin de mes. Además de los constantes gastos mensuales que me apremian, todavía estoy desarrollando una carrera profesional. No sé con certeza cuándo tendré un trabajo estable y seguro, o si lo tendré.
Es fácil para mí caer en una mentalidad pesimista cuando me obsesiono con las finanzas. Sin embargo, estoy tratando de aprender que, aunque no siempre tengo una visión clara de lo que está por venir, Dios me guiará.
El temor se desvanece a medida que aumenta la fe
Mientras aprendo a confiar más en Dios, he comenzado a reconocer algo sobre mí. A menudo oro y pido bendiciones, como ayuda para encontrar un empleo o para pagar una factura médica inesperada, pero a veces tengo tanto miedo de decepcionarme que en realidad no espero que Dios me dé las bendiciones que estoy pidiendo.
En Moroni 7:40 se plantea la siguiente pregunta: “¿Cómo podéis lograr la fe, a menos que tengáis esperanza?”. Si pierdo la esperanza incluso antes de pedir la bendición es como si me pusiera una venda en una herida que no existe. ¿Qué sentido tiene?
Esta comprensión me ha llevado a desear un cambio. Estoy tratando de practicar cómo reconocer que Dios tiene el poder de darme bendiciones a la vez que entiendo que Él me dará las bendiciones que son mejores para mí, no las que yo creo que necesito. Aunque todavía me pongo nervioso con las finanzas, esta práctica me ha ayudado a sentir mucho menos miedo.
El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La verdadera fe se centra en el Señor Jesucristo y siempre conduce a obras rectas”. Pedir ayuda con las finanzas conducirá de manera natural a la acción si se hace con fe. Esa acción podría manifestarse de muchas maneras, tales como elaborar un presupuesto, solicitar mejores empleos o desarrollar nuevas habilidades.
Paga el diezmo (en serio, escúchame)
Cuando vives al día, dar el diez por ciento puede parecer demasiado, pero es una forma importante en la que trato de actuar con rectitud.
Poco después de nuestra boda, mi esposa y yo tuvimos un accidente automovilístico. Ella se lesionó y tuvo que dejar su trabajo. Mi sueldo por sí solo no era suficiente y pagar el diezmo era, por decir lo mínimo, difícil.
Pero decidimos pagarlo igualmente.
Una o dos semanas después, encontramos un sobre en el buzón. Tenía nuestros nombres, pero no el remitente, y dentro había unas diez veces más de dinero de lo que acabábamos de pagar en diezmos. Hasta el día de hoy no tengo idea de quién lo envió o cómo supieron que necesitábamos dinero. Lo que sí sé es que pagamos el diezmo y Dios sabía que necesitábamos ayuda.
Aunque no todos los milagros del diezmo son tan grandiosos como ese, hemos visto muchos otros, tanto espirituales como temporales. En Malaquías 3:10 aprendemos: “Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.
Cuando temo que no podremos pagar el alquiler, la comida o lo que sea que necesitemos, recurro a las promesas del Señor por pagar el diezmo como fuente de paz. A veces ese es el único alivio que nos podemos permitir, pero siempre podremos permitírnoslo.
Sigue adelante
Algo que quiero dejar claro es que no tengo todas las respuestas financieras. Pero esa es la idea, ¿verdad?
Mis dificultades económicas me han ayudado a acudir al Señor y a aprender a ejercer la fe precisamente porque no sabía qué hacer. El camino que yo hubiera elegido para mí habría tenido muchas menos partes empinadas, pero me habría perdido las vistas majestuosas e invaluables de la senda en la que estoy.
Me siento agradecido por ello y, aunque no puedo decir que me encantaría tener más incertidumbre financiera en el futuro, espero emocionado el trayecto de cualquier manera, porque sé que puedo confiar en que Cristo me ayudará. Realmente, esta es la mayor fuente de paz que he encontrado.
A quienes se encuentren en un trayecto similar les digo: sigan adelante. Pidan ayuda a Dios, paguen el diezmo y ejerzan fe en Su Hijo, nuestro Salvador y Redentor. Piensen en qué acciones justas esa fe podrían inspirarlos a realizar.
Sé que Dios contestará tus oraciones, y aunque la respuesta no implique riquezas, “grande será tu bendición, sí, más grande que si lograras los tesoros de la tierra y corrupción en la medida correspondiente” (Doctrina y Convenios 19:38).