Historia de la Iglesia
“Jamás nos sentimos solos”


“Jamás nos sentimos solos”

Después de la Segunda Guerra Mundial, la misión se volvió a abrir y durante un tiempo tuvo un éxito significativo en Checoslovaquia. Entre quienes se convirtieron durante aquel período hubo muchos jóvenes, entre ellos Jiří Šnederfler, de 17 años de edad y Olga Kozáková, de 19. Sin embargo, menos de un año después de que Šnederfler y Kozáková se bautizaran, el Partido Comunista proscribió a los misioneros extranjeros en Checoslovaquia.

La comunicación con los líderes de la Iglesia del exterior del país era limitada y el gobierno se negaba a reconocer la Iglesia oficialmente. Los miembros no podían reunirse con regularidad, ni obtener materiales impresos ni efectuar ordenanzas de manera pública. Aun ante la represión del gobierno, los miembros continuaron practicando su religión. Todos los años, se reunían el 24 de julio en el lugar cercano al Castillo de Karlštejn donde se dedicó el país en 1929. En una de dichas reuniones anuales, Šnederfler conoció a Kozáková. Poco después, contrajeron matrimonio.

Durante las siguientes décadas, Jiří y Olga Šnederfler siguieron enseñando a sus hijos los principios del Evangelio, efectuando devocionales semanales, estudiando las Escrituras y orando en casa. No obstante, durante muchos años, el riesgo de practicar abiertamente su religión era tal que no decían a nadie que eran Santos de los Últimos Días, ni siquiera a sus hijos, hasta que tenían la edad suficiente para mantener el secreto. En aquellos tiempos, los materiales impresos de la Iglesia eran difíciles de obtener y peligrosos de tener. Cuando se adquirían, los miembros los traducían, los mecanografiaban y se entregaban copias en mano los unos a los otros. En conjunto, los miembros tradujeron y distribuyeron himnos, manuales para los líderes, manuales de clases, tratados sobre las Escrituras, e incluso una traducción completa de Doctrina y Convenios. A pesar de la persecución que sufrieron los santos checos, Jiří recordó: “Jamás nos sentimos solos. Dios está por encima de todo. Siempre sentí que éramos parte de la gran familia de miembros de la Iglesia de todo el mundo”.

En 1975, se organizó un distrito en Praga y se llamó a Jiří Šnederfler como presidente de este. Aunque la Iglesia aún carecía de reconocimiento oficial, la familia Šnederfler pasaba fines de semana completos viajando por el país para visitar a otros miembros de la Iglesia. Pronto se organizaron ramas en Praga, Brno y Pilsen. Los miembros de Checoslovaquia comenzaron a tener más contacto entre ellos y con los líderes de la Iglesia del exterior del país. Con el apoyo de los líderes de la Iglesia de Europa y de Estados Unidos, Šnederfler recomenzó sus esfuerzos por obtener el reconocimiento oficial de la Iglesia.