Sesión del domingo por la tarde
Son sus propios jueces
Extractos
EE. UU.
Uno de los propósitos principales de la Creación y de nuestra existencia terrenal es brindarnos la oportunidad de actuar y convertirnos en lo que el Señor nos invita a llegar a ser […].
No se nos ha bendecido con albedrío moral para que hagamos lo que queramos y cuando queramos; más bien, de conformidad con el plan del Padre, hemos recibido el albedrío moral para buscar la verdad eterna y actuar de acuerdo con ella […].
El presidente Dallin H. Oaks ha recalcado que el Evangelio de Jesucristo nos invita tanto a saber algo como a llegar a ser algo al ejercer el albedrío moral en rectitud […].
[Sin embargo,] nuestras obras y nuestros deseos por sí solos no nos salvan ni pueden hacerlo. “Después de hacer cuanto podamos”, solo nos reconciliamos con Dios por medio de la misericordia y la gracia disponibles mediante el sacrificio expiatorio infinito y eterno del Salvador […].
Muchos de nosotros podríamos esperar que nuestra comparecencia ante el tribunal del Juez Eterno sea similar a un procedimiento en un tribunal terrenal: un juez presidirá, se presentarán pruebas y se emitirá un veredicto. Y hasta es probable que sintamos incertidumbre y temor hasta que conozcamos el resultado final, pero creo que tal caracterización es inexacta […].
El temor del Señor no es una preocupación renuente a presentarnos ante Él para ser juzgados; más bien, es la expectativa de finalmente reconocer en cuanto a nosotros “las cosas como realmente son” y “como realmente serán” […].
En última instancia, somos nuestros propios jueces. Nadie tendrá que decirnos adónde ir. Estando en la presencia del Señor, reconoceremos lo que hemos llegado a ser en la vida terrenal y sabremos por nosotros mismos dónde deberemos estar en la eternidad.