Una identidad noble
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Una identidad noble

Una velada con el élder L. Whitney Clayton

Devocional mundial para Jóvenes Adultos • 13 de septiembre de 2015 • Nueva York, Nueva York

Estoy emocionada por estar aquí hoy, lado a lado y codo a codo con mi mejor amigo eterno. Vivir con el amor de mi vida es una gran aventura.

También es un privilegio estar con ustedes aquí. Son un espectáculo extraordinario—tanto los que literalmente puedo ver, como los muchos, muchos otros que veo con la imaginación—; son maravillosos. Ojalá pudieran ver se como yo los veo ahora; con el claro brillo de su potencial y su futuro prometedor. A veces metemo que nosotros somos los menos capaces de reconocer nuestro valor y que, aunque lo hagamos, es difícil vivir a su altura; y, tristemente, la imagen distorsionada que tenemos de nosotros mismos es a menudo demasiado baja en vez de exagerada.

Las Escrituras nos describen, en Moisés, como Sus hijos o hijas “a semejanza de [Dios]”1 y en Mosíah: “A causa del convenio que habéis hecho [que es el bautismo], seréis llamados progenie de Cristo, hijos e hijas de él”2. En Romanos leemos:

“Somos hijos de Dios.

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo”3.

¿Porqué nos estan difícil recordar nuestra identidad noble y vivir constantemente motivados por ella y a su altura? La siguiente metáfora me parece de ayuda:

Hace unos años, mi esposo, nuestro hijo menor y yo vivimos en Argentina por una asignación de la Iglesia. Mi hijo y yo, en especial, adoptamos el hábito de visitar lugares de interés en nuestro tiempo libre. Teníamos algunos preferidos; entre ellos, había un zoológico silvestre y magnífico, distinto de cualquier otro que hubiéramos visto antes. En vez de caminar junto a jaulas con animales somnolientos y admirar los desde lejos, el Zoológico de Luján invitaba a los visitantes a ingresar en los corrales y a cariciara los animales, incluso los evidentemente más salvajes. No pudimos resistirnos a la invitación; seguimos al guía dentro del corral preparado para los grandísimos y muy intimidantes leones, y los acariciamos mientras ellos parecían ignorarnos por completo.

Tras haber salido a salvo del corral, pregunté a los guías cómo habían convencido a aquellas gigantes bestias para que no nos comieran. La respuesta me resultó fascinante. Me hicieron notar varios perros pequeños que vivían en esos corrales. Me dijeron que parte de lo que habían hecho fue criar a los leones con los perros constantemente con ellos. Cuando los leones eran pequeñitos, aquellos molestos perritos eran más grandes que los cachorros de león. Los perros creían que estaban al mando, perseguían a los leones sin descanso y les mordisqueaban cruelmente los talones. Los cachorritos de león se acostumbraron a arrinconar sea cobardados y a actuar como si temieran terriblemente a los fastidiosos perritos.

Al crecer, los leones siguieron arrinconándose acobardados y temiendo a los pequeños perros. Con un ligero zarpazo, cualquiera de aquellos grandes leones podía arrojar con facilidad a los perros fuera del corral, pero ellos no se veían como eran en verdad. Eran dolorosamente inconscientes de su linaje real. Estaban atrapados y limitados por una idea errónea de su potencial. Creían que eran pequeños y débiles, así que dejaban que los fastidiosos y persistentes perros los controlaran e intimidaran.

Me temo que todos tenemos algunos perritos fastidiosos que nos aniquilan la confianza y nos tienen acobardados en rincones, figuradamente hablando. Les mencionaré algunos que parecen ser casi universales.

Primero: La falta de confianza.

Un revelador estudio indicó que demasiados de nosotros evalúa nuestro desempeño más por nuestros fracasos que por nuestros éxitos. Muy a menudo, si a alguien joven se le toma un examen de 100 preguntas y responde 80 bien, la mentablemente dirá que erró 20 preguntas, en vez de admitir con orgullo que a certó 80. La falta de confianza en nosotros mismos y en nuestro potencial nubla nuestro valor y capacidad reales.

Segundo: El conocimiento imperfecto e incompleto.

Aun Nefi, que era un profeta, se vio obligado a ejercer la fe, ya que no lo sabía todo. ¿Recuerdan cuando se le abrieron los cielos y un ángel descendió y se puso delante de él? Nefi vio Nazaret y a la madre del Salvador en una visión, pero cuando se le preguntó si comprendía la condescendencia de Dios, admitió que ignoraba el significado de todas las cosas. Pero, antes de admitir lo que no sabía a la perfección, afirmó lo que sí sabía concerteza: “Que [Dios] ama a sus hijos”4.

Eso es lo más esencial que hay que saber. Basta para evitar que ningún perrito fastidioso con un conocimiento incompleto menos cabe nuestra certeza de la veracidad de la Iglesia y de nuestra bendita relación con Él y Su infalible amor habilitador.

Tercero: El descuido o la omisión.

Las malas decisiones, o la omisión de las buenas, nublan nuestra perspectiva de la realidad. Creo que había una razón simbólica por la que los hijos de Israel debían recoger el maná a diario. El Padre Celestial podría haber les dado una provisión que durar a una semana, pero la obligación diaria de recoger alimento para el alma hacía que lo recordaran a Él constantemente. El alimento para el alma debe consumirse con regularidad y frecuencia. Leer las Escrituras, orar, asistir a la Iglesia y servirnos mutuamente; todo elloes nuestro maná y el suplemento alimenticio de los hijos de Dios.

Sin duda, ustedes tienen perros fastidiosos de su exclusiva propiedad. Todos los tenemos. No dejen que ellos los en casillen. Actúen como los hijos nobles de Dios que son. Es su derecho inalienable. Si su conducta actual no concuerda con el nivel de su identidad noble, cambien. Pueden hacerlo con la ayuda del cielo. Su identidad divina es permanente. Solo porque los leones no actuaban de manera valiente y poderosa, no deja bande ser leones.

A veces decimos que somos creacion es de Dios, y sin duda se trata de una noble forma de pensar. A mí me gusta más recordar que somos Sus hijos. Su ADN espiritual fluye por nuestras venas. Recuerden, Él ha dicho una y otra vez que somos Sus hijos e hijas, y Sus herederos. Eliminen de un zarpazo todo mensaje, creencia o hábito engañoso que los haga a cobardarse en los rincones de su vida. No dejen que les mordisque en los talones, ni amedrenten, ni hagan daño. Elévense al nivel de su estatura espiritual. Ustedes son de la realeza.

Que el Señor nos bendiga a todos con la comprensión de nuestra divina identidad. “Todo lo que [el] Padre tiene” es la promesa que se extiende a quienes en tiendan la grandiosa perspectiva de Dios de su potencial y vivan a la altura de su derecho inalienable como herederos de nuestro Padre Celestial. Que el Señor los bendiga conforme acepten y se regocijen en quienes ustedes realmente son. En el nombre de Jesucristo. Amén.