El poder sanador del arrepentimiento

Nuestras familias son las personas a las que más amamos; sin embargo, a veces herimos sentimientos, ofendemos o incluso quebrantamos promesas. Esto nos permite recordar que el arrepentimiento no sólo se aplica a nuestra relación con nuestro Padre Celestial. La sanación, la felicidad y la paz llegan al matrimonio y a la familia cuando decimos “lo siento” e intentamos mejorar.

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La verdad es que todos necesitamos el arrepentimiento. Si somos capaces de razonar y tenemos más de ocho años de edad, todos necesitamos la purificación que proviene del poner en práctica el efecto total de la Expiación de Jesucristo”.

“Arrepentíos, y os recibiré”, dijo el Salvador ( Alma 5:33 ).

Recuerdo haber escuchado detenidamente a una pareja que me fue a visitar. Había enojo entre ambos. Sé que en una época su amor había sido profundo y verdadero; pero se habían acostumbrado a hablar de las faltas mutuas. No estando dispuestos a perdonar ni siquiera la clase de errores que todos cometemos, y sin el más mínimo interés en olvidarlos y vivir por encima de ellos y con paciencia, se criticaron mutuamente hasta que el amor que un día se tuvieron se apagó. Se había convertido en cenizas por medio del decreto de un divorcio del cual supuestamente nadie tenía la culpa. Ahora sólo existe la soledad y la recriminación. No me cabe duda de que si hubiera habido una pequeña cuota de arrepentimiento y perdón, aún estarían juntos, disfrutando del compañerismo que otrora les había bendecido tan abundantemente”.

La invitación a arrepentirnos rara vez es una reprimenda; es más bien una petición amorosa de que nos demos vuelta y de que nos volvamos de nuevo hacia Dios. Es el llamado de un Padre amoroso y de Su Hijo Unigénito a que seamos más de lo que somos, que alcancemos un nivel de vida mejor, que cambiemos y que sintamos la felicidad que proviene de guardar los mandamientos”.

Quienes vengan a Cristo, se arrepientan de sus pecados y vivan en fe, vivirán para siempre en paz. Piensen en el valor de este obsequio eterno. Rodeados de los que amamos, conoceremos el significado de una dicha mayor al progresar en conocimiento y felicidad... ‘Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para aquellos que le aman’ (1 Corintios 2:9)”.

 

¿Cómo podemos perdonar más en nuestra familia?

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