Publicación semanal para jóvenes adultos
Cuando las cosas parezcan irreparables, acude a un “mecánico espiritual”
Liahona, enero de 2026


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Cuando las cosas parezcan irreparables, acude a un “mecánico espiritual”

El arrepentimiento es como arreglar un auto: a veces necesitas a alguien con experiencia que te ayude.

un hombre trabajando en un automóvil

Cuando tenía dieciséis años, decidí arreglar el viejo Mustang del 67 de mi abuela. Había trabajado en coches antes, pero nunca en este tipo de motor, y este tenía muchos problemas. La única forma de arreglarlo era sacar el motor, desarmarlo y volver a armarlo.

Compré un libro sobre reparación de motores y lo leí tres veces, de principio a fin, hasta que llegué a conocer la estructura. Reparé y reemplacé todas las piezas viejas, pero cuando encendí el motor, este explotó. Literalmente, lanzaba bolas de fuego.

Así que volví a estudiar. Descubrí que había puesto una pieza del motor torcida, de modo que la ajusté y arranqué el auto de nuevo.

Esta vez, el motor funcionó… técnicamente. Pero sonaba horrible; incluso peor que antes de que lo desmontara. Estaba desanimado y frustrado. Había trabajado mucho, pero ni siquiera sabía qué había hecho mal, y mucho menos cómo arreglarlo.

Sentía que había fracasado.

Si alguna vez has cometido un error —y, dado que eres humano, lo has hecho— es posible que te hayas sentido de la misma manera. Cuando cometes un error o un pecado, puede ser difícil saber cómo reparar tu “motor espiritual”. Afortunadamente, tenemos líderes amorosos o “mecánicos espirituales” que pueden guiarnos a medida que acudimos al Salvador para repararnos.

Nada es irreparable

Cuando pecamos, el arrepentimiento incluye reconocer lo que hemos hecho mal, tomar las medidas necesarias para corregirlo y seguir trabajando, haciendo correcciones que perduren.

Sin embargo, no siempre es tan sencillo. A veces quieres cambiar pero, a pesar de tus mejores esfuerzos, sigues cayendo en los mismos hábitos. Incluso podrías sentir que vencer tus pecados es imposible.

Pero eso no es verdad.

Siempre hay esperanza. Incluso el coche de mi abuela, que parecía que no tenía remedio, se pudo arreglar.

Solo necesité un poco de ayuda adicional.

Llevé el auto a un mecánico que conocía bien ese tipo de motor, y él pudo dar con el problema. Lo reparó y me explicó cómo corregirlo en el futuro, de modo que el motor siguiera funcionando correctamente. Fue un alivio comprobar que el proyecto no fue un fracaso, gracias a alguien con más conocimiento que yo, alguien que pudo enseñarme.

Cuando sientas que tu “motor espiritual” se ha detenido por completo, el arrepentimiento puede “generar ímpetu espiritual positivo” y hacer que sigas adelante de nuevo. Y la ayuda de una fuente más sabia puede mostrarte exactamente cómo hacerlo.

No estás solo

Confesar un pecado a tu obispo o presidente de rama puede parecer vergonzoso o atemorizante, pero los sentimientos de vergüenza no provienen de Dios. La hermana Tamara W. Runia, Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, enseñó recientemente: “Aunque a Dios le importan nuestros errores, le importa más lo que sucede después de que cometamos un error”.

Obtener ayuda para arrepentirse no es señal de debilidad; es una señal de que tienes la humildad de confiar en el proceso y en la guía del Padre Celestial.

Es por eso que el élder Scott D. Whiting, de los Setenta, instó: “No se escondan de quienes los aman y los apoyan; más bien, corran hacia ellos. Los buenos obispos, presidentes de rama y líderes pueden ayudarlos a acceder al poder sanador de la Expiación de Jesucristo”.

Piénsalo de esta manera: cuando fui a un mecánico para que me ayudara con el motor del auto, no me hizo sentir tonto, ni me rechazó, ni me dijo que lo resolviera solo. ¡Su trabajo es arreglar autos!

De manera similar, el trabajo del obispo es ayudar a los miembros de su barrio a seguir a Jesucristo, lo cual incluye el arrepentimiento. De hecho, “la responsabilidad fundamental del obispo es la nueva generación del barrio”. ¡Eso te incluye a ti!

No estás sobrecargando a tu obispo o presidente de rama cuando acudes a él en busca de ayuda. Su trabajo no es criticarte ni decirte que deberías saber más. Su trabajo es apoyarte y guiarte a las fuentes de fortaleza espiritual y emocional, especialmente a tu Redentor.

Hay alguien que entiende

Aunque tu obispo no haya pasado exactamente por lo mismo que tú, Jesucristo entiende y puede ayudarte en esa conversación. Con el Salvador, nada es irreparable.

Sé que el Salvador camina conmigo a medida que me esfuerzo por corregir mis errores. Él hace posible que yo haga el trabajo que necesito hacer. Estoy muy agradecido por la guía, dirección y ayuda que Él me da. Él me permite mantener mi “motor espiritual” intacto y avanzar en la senda de los convenios, incluso cuando hay algunos fracasos en el camino.