2025
Una respuesta sencilla a la sensación de impotencia en un mundo devastado por la guerra
Junio de 2025


Jóvenes adultos

Una respuesta sencilla a la sensación de impotencia en un mundo devastado por la guerra

Me sentía impotente ante todos los conflictos del mundo; entonces, recibí una respuesta inesperada del Padre Celestial.

Ilustración de una mujer que sostiene un corazón

Siempre he sentido paz al vivir el Evangelio de Jesucristo, incluso sin tener muchos otros miembros de la Iglesia a mi alrededor.

Siempre he sido capaz de acudir al Evangelio en busca de guía cuando me siento abrumada. Puedo pensar en muchas ocasiones en las que el Padre Celestial me ha guiado hacia la esperanza y la paz en medio de los desafíos.

Sin embargo, hace poco sentí que mi confianza en la paz de Dios flaqueaba cuando estalló una guerra horrible en el país donde vive mi mejor amiga. Me sentí impotente. Una ira ardiente como nunca antes había experimentado bullía dentro de mí. No sabía qué podía hacer para ayudar a mi amiga ni a las otras personas afectadas por esa violencia y ese odio. El mundo entero me parecía oscuro y me obsesioné con el mal que estaba sembrando el caos en tantos lugares.

¿Cómo podía sentir paz sabiendo que tantas personas, incluso mi mejor amiga, estaban sufriendo?

Una impresión sencilla

Me di cuenta de que la ira que sentía comenzaba a consumirme; necesitaba encontrar paz de nuevo, así que acudí al Padre Celestial como siempre lo había hecho. Derramé mi corazón en oración y le dije que me sentía impotente porque había mucha violencia en el mundo. Le pregunté si había algo que yo pudiera hacer para volver a encontrar paz.

Recibí una sencilla impresión del Espíritu:

Lee el Libro de Mormón.

Yo ya leía las Escrituras a menudo, así que no estaba segura de por qué el Padre Celestial me decía que hiciera algo que ya estaba haciendo, pero decidí confiar en la impresión. Empecé a prestar más atención a lo que leía en el Libro de Mormón. Me di cuenta de cuántas veces los seguidores de Jesucristo enfrentaron la violencia, las guerras y la maldad y se sintieron impotentes ante sus desafíos. Sin embargo, también noté que cuando centraban su vida en Jesucristo durante esos momentos turbulentos, parecían sentir paz, sin importar lo que pasara (véanse 2 Nefi 4:16–35; Mosíah 24:8–25). Esta situación se presenta repetidamente en el Libro de Mormón. Las promesas de hallar paz en Cristo están por todas partes.

El profeta Moroni enseñó: “De modo que los que creen en Dios pueden tener la firme esperanza de un mundo mejor, sí, aun un lugar a la diestra de Dios; y esta esperanza viene por la fe, proporciona un ancla a las almas de los hombres y los hace seguros y firmes, abundando siempre en buenas obras, siendo impulsados a glorificar a Dios” (Éter 12:4).

A medida que leía verdades como esta durante mi estudio, comencé a sentir la paz de Cristo de nuevo y comprendí que Su paz siempre está disponible para todos aquellos que la buscan, incluso para aquellos que viven en medio de guerras y conflictos.

Centrarse en Él

Los problemas del mundo pueden hacer que sea difícil mantenernos centrados en Jesucristo. Todavía me siento impotente y desconsolada a veces; pero, a pesar de ello, siempre puedo sentir verdadera paz cuando guardo mis convenios y cambio mi atención hacia Él. Para mí, centrarme en Él significa hacer una oración antes de tomar el teléfono por la mañana, dedicar tiempo a las Escrituras cada día y renovar mis convenios tomando la Santa Cena cada semana.

Cuando dedico tiempo a mi Salvador, veo que Él y el Padre Celestial siempre me ayudan en las partes buenas, malas e incluso feas de la vida.

El élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles, testificó: “Como seguidores [de Jesucristo], somos un pueblo adquirido por Él, llamado a anunciar Sus virtudes y promover la paz que tan generosamente ofreció por medio de Sí mismo y de Su sacrificio expiatorio. Esta paz es un don prometido a todos los que vuelvan su corazón al Salvador y vivan con rectitud; tal paz nos brinda la fortaleza para disfrutar de la vida terrenal y nos permite soportar las dolorosas pruebas de nuestro trayecto”.

Jesucristo es “la luz y la vida del mundo” (3 Nefi 11:11). Sé que esto es cierto ahora más que nunca en este mundo loco. Ya sea que nos sintamos asustados, desamparados o inseguros, Él puede brindarnos luz, sin importar las circunstancias en las que nos encontremos.

Su paz disipa el temor y la ira de mi corazón cada vez que acudo a Él.

La autora vive en New Jersey, EE. UU.