Mensaje del Área
Abramos la boca
¿Quién daría esperanza a los hijos de nuestro Padre Celestial si nadie abriera la boca y les enseñara?
Las Escrituras son un ejemplo vivo de grandes profetas y líderes que, en condiciones tan adversas como las que tenemos hoy, fueron guiados e inspirados por el Espíritu para darles a conocer verdades maravillosas de Jesucristo, y ayudarles a concertar convenios con Él a fin de que puedan salvar sus almas.
En este tiempo lleno de personas que no conocen el gran plan de redención o salvación, resulta emocionante abrir la boca y hablarles de las obras increíbles que nuestro Padre creó para nosotros, de la misión de Jesucristo en la tierra, de Su gran sacrificio expiatorio, de las ordenanzas y de los convenios que nos acercan más a Él.
Me impresiona cuando leo la fortaleza que tuvo Nefi al predicar a sus propios hermanos. Acaso hoy no encontramos a personas que conociendo al Señor dicen a quienes les enseñan: “No podemos comprender las palabras que […] ha[s] hablado”; entonces, como Nefi, diríamos: “¿Habéis preguntado al Señor?”. Y es muy probable que recibamos la misma respuesta que dieron Laman y Lemuel: “No, porque el Señor no nos da a conocer tales cosas a nosotros”.
Inmediatamente Nefi les ayuda a comprender que guardar diligentemente los mandamientos del Señor y pedir con fe, creyendo que recibirán, son necesarios para que les sean manifestadas las verdades y puedan creer.
Eso no ha cambiado, ni cambiará conforme pasen los tiempos; pero es nuestro deber abrir la boca y enseñar, darles a conocer el gozo de experimentar un potente cambio en su corazón, tal como el pueblo de Zarahemla, el gran pueblo del rey Benjamín, cuya voz potente y temblorosa por su avanzada edad, deseaba que su pueblo conozca el Evangelio de Jesucristo y cómo lograr la salvación.
Como resultado, el pueblo del rey Benjamín clamó a una voz diciendo: “Si, creemos todas las palabras que nos has hablado; y además, sabemos de su certeza y verdad por el Espíritu del Señor Omnipotente, el cual ha efectuado un potente cambio en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar el mal, sino a hacer lo bueno continuamente […]. Y estamos dispuestos a concertar un convenio con nuestro Dios de hacer su voluntad y ser obedientes a sus mandamientos en todas las cosas que Él nos mande, todo el resto de nuestros días”.
Es posible que al abrir la boca no tengamos estos mismos resultados, pero a los que hemos experimentado esta transformación en nuestra vida de conocer el gozo de la redención, nos empuja una fuerza espiritual poderosa que nos motiva a dar a nuestros hermanos la misma felicidad y esperanza de afrontar esta vida con Cristo, y aligerar nuestras cargas.
“Sí, así vemos que la puerta del cielo está abierta para todos, sí, para todos los que quieran creer en el nombre de Jesucristo, que es el Hijo de Dios. Sí, vemos que todo aquel que quiera, puede asirse a la palabra de Dios, que es viva y poderosa, que partirá por medio toda la astucia, los lazos y las artimañas del diablo, y guiará al hombre de Cristo por un camino estrecho y angosto, a través de ese eterno abismo de miseria que se ha dispuesto para hundir a los inicuos”.
Agradezco la valentía de dos maravillosas misioneras que abrieron la boca y me invitaron a transformar mi vida al aceptar concertar un convenio con el Señor.
Este Evangelio es verdadero, Jesucristo vive, demos esperanza a quienes no conocen estas verdades, es mi ruego. En Su nombre. Amén.