2006
Palabras de clausura
Noviembre de 2006


Palabras de clausura

Dejamos con ustedes nuestro amor y nuestra bendición. Que el Espíritu del Señor more en sus hogares.

Mis amados hermanos y hermanas, qué milagro son estas conferencias. No hay nada en el mundo con lo cual se comparen. El pensar que estamos reunidos aquí en este gran salón de conferencia y que lo que decimos se transmite por todo el mundo para que las personas de cada continente adoren juntas al Dios viviente, en verdad es un maravilloso milagro. Todos los que han tomado la palabra lo han hecho muy bien. Ojalá hubiese habido tiempo para oír a todas las Autoridades Generales. Lamentablemente, no ha sido posible. Los representantes de las organizaciones auxiliares nos han inspirado con sus mensajes.

Las oraciones nos han inspirado del mismo modo. La música ha sido simplemente magnífica.

Estamos tan agradecidos por este formidable Centro de Conferencias, este gran salón donde nos reunirnos, y por la tecnología que ha permitido que nuestras palabras se transmitan por toda la tierra a nuestros miembros en muchas tierras y en diversos climas.

Ojalá hubiese paz en la tierra, y rogamos constantemente para que la haya.

Ahora, nuestros amados compañeros, dejamos con ustedes nuestro amor y nuestra bendición. Que el Espíritu del Señor more en sus hogares y que el amor reine en sus relaciones familiares.

Rogamos por esto, al despedirnos de ustedes durante otros seis meses, en el sagrado y santo nombre de nuestro Redentor, y con ustedes dejamos nuestro amor y nuestra bendición, en Su nombre, sí, el Señor Jesucristo. Amén.