2010–2019
“Tengo una obra para ti”
Notas al pie de página
Tema

“Tengo una obra para ti”

Cada uno de nosotros tiene una función importante que cumplir para hacer avanzar la obra de Dios.

Dios declaró a Moisés: “Tengo una obra para ti” (Moisés 1:6). ¿Alguna vez se han preguntado si nuestro Padre Celestial tiene una obra para ustedes? ¿Hay cosas importantes que lograr para las cuales Él los haya preparado a ustedes específicamente? Testifico que la respuesta es ¡sí!

Girish Gemera

Consideren a Girish Ghimire, que nació y se crió en Nepal. De adolescente, estudió en China, donde un compañero de clase compartió el evangelio de Jesucristo con él. Después de un tiempo, Girish vino a la Universidad Brigham Young para cursar estudios de posgrado y conoció a su futura esposa. Se establecieron en el valle de Lago Salado y adoptaron a dos niños de Nepal.

Años después, cuando más de 1500 refugiados de campamentos en Nepal fueron trasladados a Utah1, Girish se sintió inspirado a ayudar. Con la capacidad de hablar el idioma y un conocimiento de la cultura, Girish sirvió como intérprete, maestro y mentor. Después de establecerse en la comunidad, algunos refugiados nepaleses mostraron interés en el Evangelio; se organizó una rama de habla nepalí y posteriormente Girish sirvió como el presidente de rama. También él fue parte fundamental a la hora de traducir el Libro de Mormón al nepalés.

Girish Gemera

¿Pueden ver cómo el Padre Celestial preparó y está utilizando a Girish?

Dios tiene una obra para cada uno de nosotros

Hermanos y hermanas, Dios tiene una obra importante para cada uno de nosotros. Dirigiéndose a las hermanas, pero enseñando verdades que se aplican a todos, el presidente Spencer W. Kimball enseñó: “En el mundo preterrenal, [se nos] dieron ciertas asignaciones… Aunque no recordemos ahora esos detalles, ello no altera la gloriosa realidad de que en una oportunidad estuvimos de acuerdo con ese plan”2. ¡Qué verdad tan ennoblecedora! Nuestro Padre Celestial tiene cosas específicas e importantes para que hagamos ustedes y yo (véase Efesios 2:10).

Estas asignaciones divinas no están reservadas para unos pocos privilegiados, sino que son para todos nosotros, sin importar nuestro sexo, edad, raza, nacionalidad, nivel de ingresos, estatus social o llamamiento en la Iglesia. Cada uno de nosotros tiene una función importante que cumplir para hacer avanzar la obra de Dios (véase Moisés 1:39).

Algunos dudamos de que el Padre Celestial pueda utilizarnos, a nosotros, para hacer contribuciones importantes; pero recuerden, Él siempre ha utilizado a personas comunes y corrientes para lograr cosas extraordinarias (véanse 1 Corintios 1:27–28; D. y C. 35:13; 124:1). “[Somos] agentes” y “el poder está en [nosotros]” para “efectuar mucha justicia” (D. y C. 58:27–28)3.

El presidente Russell M. Nelson explicó:

“El Señor tiene más en mente para ustedes de lo que ustedes tienen en mente para ustedes mismos! “Ustedes han sido reservados y preservados para esta época y lugar…

“El Señor necesita que cambien el mundo. A medida que aceptan y siguen Su voluntad para ustedes, ¡se encontrarán logrando lo imposible!”4.

De modo que, ¿cómo llegamos a comprender y hacer la obra que Dios espera que hagamos? Permítanme compartir cuatro principios que ayudarán:

Centrarse en los demás

Primero, centrarse en los demás. Podemos seguir a Cristo, quien “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38; véase también 2 Nefi 26:24).

Cuando regresé de mi misión de tiempo completo, extrañaba el propósito diario del que había disfrutado. Obviamente, necesitaba guardar mis convenios, recibir una educación, establecer una familia y ganarme la vida; pero me preguntaba si había algo más, o incluso algo especial, que el Señor quería que yo hiciera. Después de meditarlo por varios meses, leí este versículo: “Si quieres, serás el medio para hacer mucho bien en esta generación” (D. y C. 11:8). El Espíritu me ayudó a comprender que el propósito principal de las asignaciones divinas es bendecir a los demás y “hacer mucho bien”.

Podemos abordar las decisiones importantes de nuestra vida —como qué estudiar, en qué trabajar o dónde vivir— dentro del contexto de ayudar a los demás.

Una familia se mudó a una nueva ciudad, y en lugar de buscar una casa en un barrio próspero, sintieron la impresión de establecerse en un zona con grandes necesidades sociales y económicas. A través de los años, el Señor ha trabajado por medio de ellos para apoyar a muchas personas y para edificar su barrio y estaca.

Un profesional médico tenía un consultorio típico, pero se sintió guiado a proporcionar atención gratuita un día a la semana a personas que no tenían seguro médico. Gracias a la disposición de este hombre y su esposa de bendecir a los demás, el Señor proporcionó una manera para que ellos apoyaran a cientos de pacientes necesitados al mismo tiempo que criaban a su gran familia.

Descubrir y cultivar dones espirituales

Segundo, descubrir y cultivar dones espirituales. El Padre Celestial nos dio estos dones para ayudarnos a determinar, llevar a cabo y disfrutar de la obra que Él tiene para nosotros.

Algunos de nosotros nos preguntamos: “¿Tengo algún don?”. De nuevo, la respuesta es, ¡sí!. “A todo hombre [y mujer] le es dado un don por el Espíritu de Dios… para que así todos se beneficien” (D. y C. 46:11–12; énfasis agregado)5. Varios dones espirituales se documentan en las Escrituras (véanse 1 Corintios 12:1-11, 31; Moroni 10:8–18; D. y C. 46:8–26), pero hay muchos más6. Algunos podrían ser: tener compasión, expresar esperanza, llevarse bien con las personas, organizar eficazmente, hablar o escribir de modo persuasivo, enseñar con claridad y trabajar arduamente.

Entonces, ¿cómo llegamos a conocer nuestros dones? Podemos consultar nuestra bendición patriarcal, preguntar a las personas que mejor nos conocen y reconocer personalmente lo que naturalmente podemos hacer bien y lo que disfrutamos. Más importante aun, podemos preguntarle a Dios (véanse Santiago 1:5; D. y C. 112:10); Él sabe cuáles son nuestros dones, ya que fue Él quien nos los dio (véase D. y C. 46:26).

A medida que descubrimos nuestros dones, tenemos la responsabilidad de desarrollarlos (véase Mateo 25:14–30). Aun Jesucristo “no recibió de la plenitud al principio, sino que continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud” (D. y C. 93:13).

The Christ

Un joven creó ilustraciones para promover valores religiosos. Mi favorita es un retrato del Salvador, una copia del cual está colgada en nuestro hogar. Este hermano desarrolló y utilizó sus dones artísticos; por medio de él, el Padre Celestial ha inspirado a otras personas a que mejoren su discipulado.

A veces sentimos que no tenemos ningún don que sea particularmente importante. Un día, una hermana que se sentía desanimada rogó: “Señor, ¿cuál es mi ministerio personal?”. Él contestó: “Estar pendiente de los demás”. ¡Era un don espiritual! Desde entonces, ella ha encontrado gozo al estar pendiente de aquellas personas que a menudo están olvidadas, y Dios ha bendecido a muchas personas por medio de ella. Mientras que algunos de nuestros dones espirituales tal vez no nos hagan prominentes según las normas del mundo, son esenciales para Dios y Su obra7.

Utilizar la adversidad

Tercero, utilizar la adversidad. Nuestras pruebas nos ayudan a descubrir la obra que el Padre Celestial tiene para nosotros y a prepararnos para ella. Alma explicó: “… después de mucha tribulación, el Señor… me ha hecho instrumento en sus manos” (Mosíah 23:10)8. Igual que el Salvador, cuyo sacrificio expiatorio le permite socorrernos (véase Alma 7:11–12), nosotros podemos usar el conocimiento que adquirimos de las experiencias difíciles para levantar, fortalecer y bendecir a los demás.

Después de que un exitoso ejecutivo de recursos humanos fue despedido, leyó su bendición patriarcal y se sintió inspirado a fundar una compañía para ayudar a otros profesionales a encontrar empleo. (Incluso me ayudó a mí a encontrar trabajo cuando nuestra familia regresó de servir una misión). El Señor usó esa prueba como un peldaño para bendecir a los demás, mientras que le proporcionó a él una carrera más significativa.

Una pareja joven tuvo una bebé que nació muerta. Con corazones rotos, para honrar a su hija, decidieron proporcionar terapia y apoyo material a padres que estaban pasando por situaciones parecidas. El Señor ha trabajado por medio de esa pareja debido a la empatía especializada que obtuvieron por medio de la adversidad.

Confiar en Dios

Y cuarto, confiar en Dios. Cuando le preguntamos a Él con fe y verdadera intención, Él nos revelará nuestras asignaciones divinas9. Una vez que las descubramos, Él nos ayudará a cumplir esas asignaciones. “Todas las cosas… están presentes ante [Sus] ojos” (D. y C. 38:2; véase también Abraham 2:8), y en el momento adecuado, Él abrirá las puertas que sean necesarias para nosotros (véase Apocalipsis 3:8). Hasta envió a Su Hijo, Jesucristo, a fin de que podamos depender de Él para obtener fuerza más allá de nuestras habilidades naturales (véanse Filipenses 4:13; Alma 26:12).

Un hermano, preocupado por las decisiones del gobierno local, sintió la impresión de postularse para un cargo público. A pesar del proceso abrumador de hacer campaña, él ejerció la fe y reunió los recursos para hacerlo. Al final, no ganó, pero sintió que el Señor le dio guía y fortaleza para abordar temas que eran importantes para la comunidad.

Una madre soltera, que tiene hijos con discapacidades de desarrollo, dudaba de poder satisfacer las necesidades de su familia adecuadamente. Aunque ha sido difícil, ella siente fortaleza por parte del Señor para cumplir con éxito su misión tan importante.

Palabras de advertencia

Al mismo tiempo que Dios nos ayuda a cumplir con nuestras asignaciones divinas, el adversario intenta distraernos y disuadirnos de tener una vida significativa.

El pecado probablemente es nuestra piedra de tropiezo más grande, nos insensibiliza al Espíritu Santo y restringe nuestro acceso al poder espiritual. Para efectuar la obra que el Padre Celestial tiene para nosotros, debemos esforzarnos por ser puros (véase 3 Nefi 8:1). ¿Vivimos de tal manera que Dios pueda trabajar por medio de nosotros?

Satanás también busca distraernos con cosas menos importantes. El Señor advirtió a un líder de los comienzos de la Iglesia: “Tus pensamientos han estado en las cosas de la tierra más que en las que son de mí… y en el ministerio al cual has sido llamado” (D. y C. 30:2). ¿Estamos tan preocupados con las cosas del mundo que nos distraemos de nuestras asignaciones divinas?

Además, Satanás nos desalienta con sentimientos de ineptitud; hace que nuestro trabajo parezca demasiado difícil o intimidatorio. Sin embargo, ¡podemos confiar en Dios!. Él nos ama. Él desea que tengamos éxito. Él “va delante de [nosotros]; él estará [con nosotros], no [nos] dejará” (Deuteronomio 31:8; véanse también Salmo 32:8; Proverbios 3:5–6; Mateo 19:26; D y C 78:18).

Puede que Satanás también intente convencernos de que nuestra labor no es tan importante como la labor asignada a los demás; Pero cada asignación que venga de Dios es importante, y sentiremos satisfacción a medida que nos “[gloriemos]… en lo que el Señor [nos] ha mandado” (Alma 29:9).

Al trabajar Dios por medio de nosotros, puede que el adversario nos tiente a atribuirnos el mérito de cualquier logro; no obstante, podemos emular la humildad del Salvador al desviar los elogios personales y glorificar al Padre (véanse Mateo 5:16; Moisés 4:2). Cuando un reportero intentó reconocer a la Madre Teresa por la misión de su vida de ayudar a los pobres, ella respondió: “Es la obra de [Dios]. Yo soy como un… lápiz en Su mano… Él es el que piensa. Él es el que escribe. el lápiz no tiene nada que ver. El lápiz solo tiene que permitir que lo usen”10.

Conclusión

Mis queridos hermanos y hermanas, invito a cada uno de nosotros a que nos “[presentemos] a Dios… como instrumentos de justicia” (Romanos 6:13). Eso significa hacerle saber que queremos ser útiles, buscar Su dirección y acceder a Su fortaleza.

Como siempre, podemos acudir a Jesucristo, nuestro ejemplo perfecto. En la vida preterrenal, el Padre Celestial preguntó: “¿A quién enviaré?”.

Y Jesús respondió: “Heme aquí; envíame” (Abraham 3:27; véase también Isaías 6:8).

Jesucristo aceptó Su función preordinada como nuestro Salvador y Redentor, se preparó para ella y la llevó a cabo. Él cumplió la voluntad del Padre (véanse Juan 5:30; 6:38; 3 Nefi 27:13) y completó Sus asignaciones divinas.

A medida que seguimos el ejemplo de Cristo y nos sometemos a Dios, testifico que Él también nos utilizará para hacer avanzar Su obra y bendecir a los demás. En el nombre de Jesucristo. Amén.