La Santa Cena puede ayudarnos a llegar a ser santos
    Notas al pie de página

    La Santa Cena puede ayudarnos a llegar a ser santos

    Consideren cinco maneras de aumentar el efecto y el poder de nuestra participación habitual en la sagrada ordenanza de la Santa Cena.

    Uno de mis primeros recuerdos es de las reuniones sacramentales que llevábamos a cabo en nuestra casa, en Warrnambool, Australia. Asistían a nuestra rama entre diez y quince personas; y mi padre, uno de los tres poseedores del sacerdocio, tenía la oportunidad de bendecir la Santa Cena con regularidad. Recuerdo lo que yo sentía mientras él leía humilde y detenidamente las palabras de las oraciones sacramentales. Con frecuencia, se le quebraba la voz al sentir el Espíritu. En ocasiones, tenía que detenerse para controlar sus emociones antes de finalizar la oración.

    Siendo un niño de cinco años, yo no entendía el significado completo de lo que se decía o hacía; no obstante, sabía que ocurría algo especial. Sentía la calma y la reconfortante influencia del Espíritu Santo conforme mi padre reflexionaba en el amor que el Salvador nos tiene.

    El Salvador enseñó: “Y siempre haréis esto por todos los que se arrepientan y se bauticen en mi nombre; y lo haréis en memoria de mi sangre, que he vertido por vosotros, para que testifiquéis al Padre que siempre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí, tendréis mi Espíritu para que esté con vosotros” (3 Nefi 18:11).

    Invito a que todos consideremos cinco maneras de aumentar el efecto y el poder de nuestra participación frecuente en la sagrada ordenanza de la Santa Cena, una ordenanza que puede ayudarnos a llegar a ser santos.

    1. Prepararse con anticipación

    Podemos comenzar nuestra preparación para la Santa Cena mucho antes de que empiece la reunión sacramental. El sábado puede ser un buen momento para reflexionar sobre nuestro progreso y preparación espirituales.

    Preparing for Sunday

    La vida mortal es un don esencial en nuestro trayecto para llegar a ser como nuestro Padre Celestial. Por necesidad, incluye pruebas y dificultades que nos brindan oportunidades de cambiar y crecer. El rey Benjamín enseñó que “el hombre natural es enemigo de Dios… y lo será para siempre jamás, a menos que se someta al influjo del Santo Espíritu, y se despoje del hombre natural, y se haga santo por la expiación de Cristo el Señor” (Mosíah 3:19). Participar de la ordenanza de la Santa Cena nos da la oportunidad de entregar más plenamente nuestro corazón y nuestra alma a Dios.

    En nuestra preparación, nuestro corazón se quebranta a medida que expresamos agradecimiento por la expiación de Cristo, nos arrepentirnos de nuestros errores y nuestras flaquezas, y pedimos la ayuda del Padre en nuestro trayecto continuo para llegar a ser más semejantes a Él. Entonces podemos esperar con anhelo la oportunidad que brinda la Santa Cena de recordar Su sacrificio y renovar nuestro compromiso con todos los convenios que hemos hecho.

    2. Llegar temprano

    La experiencia que tengamos durante la Santa Cena mejorará si llegamos mucho antes de la reunión y meditamos mientras se toca el preludio.

    Arrive early for sacrament meeting

    El presidente Boyd K. Packer enseñó: “La música de preludio, cuando se toca con reverencia, es alimento para el espíritu e invita a la inspiración”1. El presidente Russell M. Nelson explicó: “… no es [un] momento para conversar ni transmitir mensajes, sino que es un período de meditación, con espíritu de oración, mientras los líderes y los miembros se preparan espiritualmente para la Santa Cena”2.

    3. Cantar y aprender de la letra del himno sacramental

    El himno sacramental es una parte especialmente importante de la Santa Cena. La música eleva nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. El himno sacramental tiene una influencia aun mayor cuando nos concentramos en la letra y la poderosa doctrina que enseña. Aprendemos mucho de letras como: “Por la humanidad Él padeció”3, “… mostrándole de corazón que limpio soy por Su perdón”4 y “… merced, justicia y amor en celestial unión”5.

    Sing and learn from the hymns
    Focus on the words of the hymns

    Al cantar un himno en preparación para tomar los emblemas, la letra puede llegar a ser parte de nuestro compromiso bajo convenio. Consideren, por ejemplo: “Te amamos, oh, Señor; rebosa nuestro corazón. Andaremos la vía de Tu elección”6.

    4. Participar espiritualmente de las oraciones sacramentales (véase Moroni 4–5)

    En vez de oír sin escuchar las familiares palabras de las oraciones sacramentales, podemos aprender mucho y sentir incluso más al participar espiritualmente y considerar los compromisos y las bendiciones correspondientes que conllevan dichas oraciones sagradas.

    Blessing on the bread

    El pan y el agua se bendicen y santifican para nuestras almas. Nos recuerdan el sacrificio del Salvador y que Él puede ayudarnos a llegar a ser santos.

    Las oraciones explican que participamos del pan en memoria del cuerpo del Hijo, el cual Él dio como rescate para hacer a todos merecedores de la resurrección; y que bebemos el agua en memoria de la sangre del Hijo, que derramó sin reservas para que pudiésemos ser redimidos, si nos arrepentimos.

    Las oraciones presentan los convenios con la frase “que están dispuestos”(Moroni 4:3). Esa frase tiene gran poder potencial para nosotros. ¿Estamos dispuestos a servir y participar? ¿Estamos dispuestos a cambiar? ¿Estamos dispuestos a afrontar nuestras debilidades? ¿Estamos dispuestos a tender la mano y bendecir a otras personas? ¿Estamos dispuestos a confiar en el Salvador?

    Conforme se declaran las promesas y al participar de la Santa Cena, confirmamos en nuestro corazón que estamos dispuestos a:

    • Tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo.

    • Esforzarnos por guardar todos Sus mandamientos.

    • Recordarle siempre.

    La oración concluye con una invitación y una promesa sublimes: “… para que siempre puedan tener su Espíritu consigo” (Moroni 4:3).

    Pablo escribió: “… el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, [y] templanza” (Gálatas 5:22–23). Hay bendiciones y dones hermosos que están a nuestro alcance si cumplimos con nuestros convenios.

    5. Meditar y recordarlo a Él mientras se reparten los emblemas

    Los momentos reverentes cuando los poseedores del sacerdocio reparten la Santa Cena pueden llegar a ser sagrados para nosotros.

    Passing the bread

    Mientras se reparte el pan, podemos reflexionar en que, en el máximo acto de amor por nosotros, el Salvador tomó “sobre sí la muerte, para soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo” (Alma 7:12).

    Podemos recordar la bendición gloriosa de la resurrección que “… vendrá sobre todos, tanto… esclavos así como libres, varones así como mujeres, malvados así como justos; y no se perderá ni un solo pelo de su cabeza, sino que todo será restablecido a su perfecta forma” (Alma 11:44).

    Passing the water

    Mientras se reparte el agua, podemos recordar el ruego del Señor:

    “Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten…

    “padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar” (D. y C. 19:16, 18).

    Recordemos que Él tomó “sobre sí… [nuestras] debilidades… para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con [nuestras] debilidades” (véase Alma 7:12).

    Al considerar nuestra experiencia durante la Santa Cena, podríamos preguntarnos:

    • ¿Qué haré esta semana a fin de prepararme mejor para la Santa Cena?

    • ¿Podría contribuir más a la reverencia y a la revelación que puede acompañar al inicio de la reunión sacramental?

    • ¿Qué doctrina se ha enseñado en el himno sacramental?

    • ¿Qué escuché y sentí al oír las oraciones sacramentales?

    • ¿En qué pensé mientras se repartía la Santa Cena?

    El élder David A. Bednar enseñó: “La ordenanza de la Santa Cena es una invitación sagrada y recurrente a arrepentirnos sinceramente y ser renovados espiritualmente. El acto de participar de la Santa Cena, en sí mismo, no produce la remisión de pecados; pero al prepararnos conscientemente y al participar de esta sagrada ordenanza con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, tenemos la promesa de que siempre tendremos el Espíritu del Señor con nosotros. Y mediante la compañía constante del poder santificador del Espíritu Santo, podemos retener siempre la remisión de nuestros pecados”7.

    Testifico de la multitud de bendiciones que tenemos a nuestro alcance al aumentar nuestra preparación para la ordenanza de la Santa Cena y nuestra participación espiritual en ella. Asimismo, testifico que dichas bendiciones están a nuestra disposición gracias al amor de nuestro Padre Celestial y al infinito sacrificio expiatorio de Su Hijo Amado Jesucristo. En Su nombre sagrado, sí, Jesucristo. Amén.