Juventud de Israel
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    Juventud de Israel

    Presidente Russell M. Nelson: Las palabras son insuficientes para expresar nuestra gratitud a ese coro de Seminario. Lo hicieron muy bien. Gracias. Muchas gracias. Al ver este Centro de Conferencias copado de bellos Santos de los Últimos Días, siento que finalmente tengo la gran familia que estaba esperando. Hay 22 000 jóvenes aquí esta noche y muchos miles más que están con nosotros a través de esta transmisión.

    La hermana Nelson y yo estamos complacidos de estar con ustedes esta noche. Nos encanta estar con ustedes, los jóvenes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y sus maestros y padres.

    Nos gustaría poder escuchar de cada uno de ustedes sus experiencias al prepararse para nuestra reunión mundial, al leer a diario el Libro de Mormón y al orar para escuchar lo que el Señor desea enseñarles.

    De nuevo, expresamos nuestro agradecimiento al coro de Seminario por cantar el himno de apertura con tanto sentimiento. En ese himno, “Te damos, Señor, nuestras gracias”, esas palabras vuelcan nuestros corazones hacia el profeta José Smith. ¡Cuánto le debemos! ¡Él es el profeta de esta última dispensación! ¡Imagínense! Él tenía la edad de ustedes cuando fue inspirado por las palabras del apóstol Santiago: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios”1.

    Esas palabras hicieron que el joven José fuese a una arboleda cercana, donde oró fervientemente a Dios.

    ¡Los cielos se abrieron! José vio al Padre y al Hijo y supo por sí mismo a dónde ir para obtener respuestas a sus preguntas.

    Ahora, ruego a cada uno de ustedes que hagan lo que hizo el joven José. Dirijan sus preguntas directamente a su Padre Celestial en oración. Pídanle, en el nombre de Jesucristo, que les guíe. Pueden aprender por ustedes mismos, en este tiempo a su edad, cómo recibir revelación personal. ¡Y nada marcará una diferencia más grande en su vida que eso!

    Les prometo a ustedes— no a la persona sentada a su lado, sino a ustedes— que estén donde estén en el mundo o en su camino de los convenios, incluso si por el momento no están centrados en el camino, les prometo que si con sinceridad y constancia realizan la obra espiritual necesaria para desarrollar la habilidad crucial y espiritual de aprender a oír los susurros del Espíritu Santo, tendrán toda la orientación que necesitarán en su vida. Se les darán respuestas a sus preguntas a la manera y en el propio tiempo del Señor. No olviden el consejo de sus padres y líderes de la Iglesia. Ellos también buscan revelación a nombre de ustedes.

    Cuando saben que Dios está dirigiendo la vida de ustedes, sin importar los desafíos y las desilusiones que surgirán, sentirán alegría y paz.

    Ahora, nos gustaría hablarles sobre el desafío más grande, la causa más sublime y la obra más grandiosa sobre la tierra. ¡Y queremos invitarlos a ustedes a ser parte de ello!

    Le he pedido a la hermana Wendy Nelson que proporcione un poco de contexto para ese importante mensaje. Por favor, hermana Nelson.

    Hermana Wendy W. Nelson : Mis queridos hermanos y hermanas, a quienes amamos y en quienes creemos, me gustaría empezar contándoles lo que mi esposo y yo vimos un día mientras conducíamos por las colinas de Utah en un vehículo todoterreno.

    Era un hermoso día de otoño. Nos encantó estar entre árboles dorados y preciosos, altos y derechos, que se elevaban hacia el cielo.

    arboleda

    Luego, doblamos una esquina y vi un árbol que me recordó a mí, y de cómo a menudo me siento en muchas situaciones.

    tronco de árbol torcido

    ¿Conocen esa sensación? Uno mira a su alrededor y todas las otras personas son altas y derechas y casi llegan al cielo, por así decirlo.

    Parece que les va bien en todo. Llevan la ropa perfecta, siempre parecen decir las cosas correctas, no tienen problemas, son perfectamente obedientes y parece que nunca han cometido un error en sus vidas.

    Y luego, bueno, ¡están ustedes y yo!

    Mis queridos hermanos y hermanas, es hora de dejar de compararnos con los demás. Es hora de deshacernos de esas opiniones erróneas de nosotros mismos y los demás. La verdad es que nosotros no somos tan irremediablemente defectuosos como pensamos y otras personas no son tan perfectas como parecen, con la excepción, por supuesto de nuestro Salvador, Jesucristo.

    Lo único que importa es que ustedes y yo estemos haciendo exactamente lo que prometimos, o incluso hicimos convenio, en la vida premortal con nuestro Padre Celestial que haríamos mientras estuviésemos en la tierra.

    Así que permítanme hacerles una pregunta: Ustedes nacieron ¿para hacer qué?

    Cómo desearía que pudieran ver un video de 10 minutos de su vida preterrenal en Youtube.

    El profeta José Smith enseñó que si una persona vislumbrara el cielo durante cinco minutos, sabría más sobre un tema que si lo hubiese estudiado toda la vida2. Entonces ¡imagínense si pudieran vislumbrar durante 10 minutos su vida preterrenal!

    Por supuesto, sabemos que el Señor sabiamente ha puesto un velo encima de esos recuerdos. Pero, solo por un momento, imaginen el efecto que tendría en su vida ahora si se les permitiera ver 10 minutos de su vida preterrenal.

    Creo que si pudieran verse viviendo con sus Padres Celestiales y con Jesucristo; si pudieran observar lo que hicieron en la vida preterrenal y verse a sí mismos haciendo promesas —incluso convenios— con los demás, entre ellos sus mentores y maestros; si pudieran verse respondiendo valientemente a los ataques a la verdad y defendiendo con valor a Jesucristo, creo que cada uno de ustedes tendría más poder, compromiso y perspectiva eterna para ayudarles a superar cualquiera y todas sus confusiones, dudas, luchas y tribulaciones. ¡Todas!

    Creo que si pudieran recordar a quién dijeron que ayudarían mientras estuvieran en la tierra, o qué experiencias angustiosas aceptaran soportar, que fuese cual fuese la situación realmente difícil en la que se encuentren —o se encontrarán— dirían: “Ah, ya recuerdo. Ahora entiendo. Esta difícil situación ahora tiene sentido para mí. ¡Con la ayuda del Señor puedo resolverla!”.

    Ahora, hay otra cosa en la que los invito a reflexionar. Me gusta imaginar que cada uno de nosotros vino a la tierra con un rollo adjunto a nuestros espíritus titulado: “Cosas que hacer mientras esté en la tierra”.

    Hablemos de lo que podría hallarse en ese rollo. Hablemos de las cinco cosas que de seguro están escritas en su rollo según el evangelio de Jesucristo.

    Primero, han venido a recibir un cuerpo mortal y eso, mis amigos, es sumamente importante.

    Segundo, vinieron para ser probados.

    Por cierto, ¿han notado que nuestras pruebas a menudo implican aprender a controlar los apetitos y las pasiones de nuestro cuerpo, que a veces puede perder el control? Si actualmente están luchando con los efectos residuales de cualquier tipo de adicción o de un pecado grave del que no se han arrepentido, los insto a que se desahoguen y hablen con su obispo hoy. Él posee las llaves del sacerdocio que les pueden ayudar.

    Una tercera cosa que deben hacer en la tierra es elegir seguir a Jesucristo y defenderlo, tal como lo hicieron en la vida premortal.

    Cuarto, elijan arrepentirse a diario y participar de la Santa Cena cada semana. Al hacerlo, serán sanados, fortalecidos y magnificados espiritualmente, y finalmente santificados y exaltados mediante la expiación de Jesucristo.

    Ahora, hay un quinto elemento de su lista: encontrar y cumplir sus misiones terrenales. Mis queridos jóvenes amigos, en la vida preterrenal a ustedes y a mí se nos dieron misiones maravillosas que cumplir mientras estamos aquí en la tierra.

    Tenemos oportunidades para cumplir nuestras misiones terrenales, pero no tenemos que hacerlo. Nadie nos obligará. Tenemos nuestro albedrío para elegir cómo utilizamos nuestro tiempo y energía, nuestros talentos y recursos. De hecho, lo que elegimos hacer es en realidad parte de nuestra prueba.

    La elección está en ustedes y en mí. ¿Elegiremos hacer lo que sea necesario para cumplir las maravillosas misiones por las cuales fuimos enviados a la tierra?

    Mientras reflexionan en esa pregunta, cambiemos de tema y hablemos de por qué están aquí en la tierra en —este momento particular— que es una época tan singular en la historia de la tierra.

    ¿Por qué están aquí en la tierra en este momento?

    ¿Por qué no nacieron en la década de 1880? ¿O dentro de 30 años?

    Permítanme contarles una experiencia que me enseñó de cerca sobre los días históricos en los que vivimos.

    A menudo hablamos de que vivimos en los últimos días. Somos, después de todo, Santos de los Últimos Días. Pero tal vez estos días sean los más “últimos” de lo que jamás hubiésemos imaginado.

    Esta verdad se convirtió en realidad para mí debido a lo que experimenté durante un período de 24 horas que comenzó el 15 de junio de 2013. Mi esposo y yo estábamos en Moscú, Rusia.

    Mientras el presidente Nelson se reunía con los líderes del sacerdocio, tuve el privilegio de reunirme con casi 100 de nuestras hermanas. Amo a nuestras hermanas rusas. ¡Son espectaculares!

    Cuando me acerqué al púlpito para hablar, me di cuenta de que estaba diciendo algo que nunca había anticipado. Le dije a las mujeres: “Me gustaría llegar a conocerlas por su linaje. Por favor pónganse de pie cuando se mencione la tribu de Israel que represente el linaje declarado en su bendición patriarcal.

    “¿Benjamín?”. Se pusieron de pie un par de hermanas.

    “¿Dan?”. Otras dos.

    “¿Rubén?”. Unas más se pusieron de pie.

    “¿Neftalí?”. Más se pusieron de pie.

    Cuando se mencionaron los nombres de las doce tribus de Israel, desde Aser hasta Zebulón, y mientras las mujeres se ponían de pie, todos nos sorprendimos con lo que estábamos presenciando, sintiendo y aprendiendo.

    ¿Cuántas de las doce tribus de Israel creen que estuvieron representadas en esa pequeña reunión de menos de 100 mujeres ese sábado en Moscú?

    ¡Once! ¡Once de las doce tribus de Israel se representaron en esa habitación! La única tribu que faltaba era la de Leví. Quedé atónita. Para mí fue un momento espiritual que me conmovió.

    Inmediatamente después de esas reuniones mi esposo y yo fuimos directamente a Ereván, Armenia. Las primeras personas con las que nos encontramos al bajar del avión fueron el presidente de la misión y su esposa. De alguna manera, ella había oído hablar de esa experiencia en Moscú y, con gran deleite, dijo: “¡Yo tengo sangre de Leví!”.

    Imagínense nuestra emoción cuando al día siguiente mi esposo y yo conocimos a sus misioneros, entre ellos un élder de la tribu de Leví, que resultó ser de Gilbert, Arizona.

    Ahora bien, cuando era pequeña y asistía a la Primaria en Raymond, Alberta, Canadá, aprendí que en los últimos días —antes de la segunda venida del Salvador— las doce tribus de Israel serían recogidas. Esa verdad fue emocionante para mí y, al mismo tiempo, algo bastante difícil de comprender. ¡Así que imaginen lo que fue para mí estar con miembros de todas las doce tribus de Israel en un período de tiempo de 24 horas!

    Desde entonces he aprendido que probablemente no debí haber pedido a esas hermanas que dieran a conocer su linaje porque las bendiciones patriarcales son sagradas y el linaje que se declara en ellas es personal. A pesar de todo, estoy tan agradecida por el privilegio que tuve de ver personalmente los frutos del recogimiento de Israel. El impacto de esa experiencia nunca se ha extinguido en mi corazón ni en mi mente.

    Mis queridos hermanos y hermanas, ¡estos son en verdad los últimos días! Nunca ha habido un momento como este en la historia de este mundo. ¡Nunca! En la vida premortal, ustedes y yo nos comprometimos a llevar a cabo una gran obra mientras estemos aquí en la tierra. Y con la ayuda del Señor, ¡lo lograremos! En el nombre de Jesucristo. Amén.

    Presidente Nelson: Gracias, Wendy. ¡Te amo! ¿No es ella maravillosa?

    Mis queridos jóvenes hermanos y hermanas, ciertamente estos son los últimos días, y el Señor está acelerando Su obra para recoger a Israel. Ese recogimiento es lo más importante que se está llevando a cabo hoy en la tierra. Nada se le compara en magnitud, nada se le compara en importancia, nada se le compara en majestad. Y si eligen hacerlo, si lo desean, pueden formar gran parte de él. Pueden formar parte de algo grandioso, algo espectacular, ¡algo majestuoso!

    Cuando hablamos del recogimiento, simplemente estamos diciendo esta verdad fundamental: cada uno de los hijos de nuestro Padre Celestial, a ambos lados del velo, merece escuchar el mensaje del evangelio restaurado de Jesucristo. Ellos deciden por sí mismos si quieren saber más.

    Aquellos cuyo linaje proviene de las diversas tribus de Israel son esas personas cuyos corazones tienen más probabilidad de volverse al Señor. Él dijo: “Mis ovejas escuchan mi voz y las conozco y ellas me siguen”3. Los que pertenecen a la casa de Israel reconocerán con más facilidad al Señor Jesucristo como su Salvador y desearán ser congregados en Su redil. Querrán convertirse en miembros de Su Iglesia, hacer convenios con Él y con nuestro Padre Celestial, y recibir sus ordenanzas esenciales.

    El Señor le dijo al profeta José Smith que ahora, o sea, nuestros días, es la hora novena y la última vez que llamará a obreros a Su viña para el expreso propósito de reunir a los escogidos de los cuatro extremos de la tierra4.

    Mi pregunta esta noche a cada uno de ustedes entre los 12 y 18 años de edad es esta: ¿Les gustaría formar gran parte del desafío más grande, de la causa más sublime y de la obra más grandiosa de la tierra hoy en día?

    ¿Les gustaría ayudar a recoger a Israel durante estos preciados últimos días? ¿Estarían ustedes, los escogidos, dispuestos a ayudar a encontrar a los escogidos que no han escuchado el mensaje del Evangelio restaurado? ¿Les gustaría estar entre aquellos “ligeros mensajeros” de los que habló el profeta Isaías?5.

    Ahora bien, el participar en el recogimiento de Israel requiere cierto sacrificio de su parte; incluso quizás requiera algunos cambios en su vida y definitivamente requerirá parte de su tiempo y energía y los talentos que Dios les ha dado. ¿Están interesados?

    Piensen en la emoción y la urgencia de todo: cada profeta, comenzando con Adán, ha visto nuestros días. Y cada profeta ha hablado sobre —nuestro día— en que Israel sería recogido y el mundo estaría preparado para la segunda venida del Salvador. ¡Piensen en ello! De todas las personas que han vivido en el planeta tierra, nosotros somos los que participaremos en este último y grandioso recogimiento. ¡Qué gran emoción!

    Nuestro Padre Celestial ha reservado a muchos de Sus espíritus más nobles —quizás podría decir Su mejor equipo— para esta fase final. Esos nobles espíritus —esos excelentes jugadores, esos héroes— ¡son ustedes!

    Testifico que ahora es ese recogimiento, y es real. En el año en que nací, el número total de miembros de la Iglesia era de menos de 600 000 personas, y no había miembros en Sudamérica. Actualmente hay más de 16 millones de miembros en todo el mundo, con casi 3 millones de miembros en Sudamérica.

    Permítanme que les cuente una experiencia que tuve en 1979. Estaba entonces sirviendo como Presidente General de la Escuela Dominical. Se me invitó a asistir a una reunión de líderes de la Iglesia, en la cual habló el Presidente de la Iglesia, Spencer W. Kimball. Él nos suplicó que oráramos para que se abrieran las puertas de las naciones y el evangelio de Jesucristo llegase a todas las personas de la tierra. Mencionó específicamente a China y pidió que oráramos por el pueblo de China. También dijo: “Deberíamos estar al servicio del pueblo chino; deberíamos aprender su idioma; deberíamos orar por ellos y ayudarles”.

    Regresé a casa para estar con mi esposa, Dantzel (que falleció hace más de 13 años), y le dije a ella: “El presidente Kimball nos pidió en esa reunión que aprendiéramos chino. Y no lo oí decir: ‘¡Todos menos el hermano Nelson!’. Así que, ¿estarías dispuesta a estudiar chino mandarín conmigo?”. Por supuesto, ella estuvo de acuerdo y recibimos instrucción en mandarín.

    Seis semanas después del pedido del presidente Kimball, asistía a la reunión anual de la Asociación Estadounidense de Cirugía Torácica. Esta se realizaba en Boston, Massachusetts. Esa mañana, había orado en mi habitación del hotel por el pueblo de China, como lo había pedido el presidente Kimball. Fui a la primera reunión del día y me senté donde siempre me sentaba en esas reuniones profesionales: en el frente de la sala. Sin embargo, a medida que avanzaba la reunión empecé a sentirme cada vez más incómodo en mi asiento. Cuando apagaron las luces para una presentación de diapositivas, me levanté y fui en silencio al fondo de la habitación, a un lugar donde normalmente nunca me sentaba. Cuando volvieron a encender las luces, vi que estaba sentado a un lado de un médico chino. Se presentó como el profesor Wu Ying-Kai, de Beijing, China.

    Después de una amena conversación, le extendí la invitación para que visitara Salt Lake City y presentara una disertación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Utah. Aceptó con gusto y lo hizo excepcionalmente bien; luego regresó a China.

    Poco después, me invitó para ser profesor visitante de cirugía en la Universidad Médica de Shandong en Jinan, China. Eso dio lugar a invitaciones posteriores para que sirviera como profesor visitante en dos universidades más en China.

    Esas maravillosas experiencias profesionales, antes de ser llamado a integrar los Doce, culminaron cuando los cirujanos chinos me pidieron que realizara una operación de corazón abierto para salvar la vida de su estrella de ópera más famosa. Eso hice, y afortunadamente esa operación fue un éxito. Esta fue, por cierto, la última que realicé en mi vida profesional.

    Durante casi 40 años, he estado orando por la gente de China. Me regocijo en mi asociación con colegas médicos y otros amigos queridos de ese país. Qué alegría me da que se me reconozca oficialmente como un “viejo amigo de China”.

    Tengo un testimonio de que cuando hacemos todo lo que el profeta de Dios nos pide que hagamos, el camino se abrirá y las vidas cambiarán.

    Ahora, espero que se pregunten: “Como adolescente, ¿qué puedo hacer para ayudar a recoger a Israel?”. Bien, la hermana Nelson y yo hicimos esa misma pregunta, y otras más, a un grupo de jóvenes de entre 12 y 18 años, muchos de quienes están aquí hoy esta noche.

    Primero preguntamos: “¿Qué es el recogimiento de Israel? ¿Y qué significa para ustedes?”. Sus respuestas eran variadas, pero la mayoría indicó que no estaban muy seguros de qué era. Esta noche, queremos que sepan que, al final, el recogimiento de Israel significa brindar el evangelio de Jesucristo a los hijos de Dios a ambos lados del velo que ni han hecho convenios importantes con Dios ni han recibido sus ordenanzas esenciales.

    Todo hijo de nuestro Padre Celestial merece la oportunidad de elegir seguir a Jesucristo, aceptar y recibir Su evangelio con todas sus bendiciones; sí, todas las bendiciones que Dios prometió al linaje de Abraham, Isaac y Jacob, que, como saben, también se le conoce como Israel.

    Mis queridos jóvenes extraordinarios, ustedes fueron enviados a la tierra en este preciso momento, el momento más crucial en la historia del mundo, para ayudar a recoger a Israel. No hay nada que esté ocurriendo en esta tierra ahora que sea más importante que eso. No hay nada que sea de mayor consecuencia. Absolutamente nada.

    Ese recogimiento debería significar todo para ustedes. Esta es la misión para la cual fueron enviados a la tierra.

    Así que mi pregunta es: “¿Están dispuestos a alistarse en el batallón de jóvenes del Señor para ayudar a recoger a Israel?”. Por favor piensen en ello; no respondan por el momento.

    Volvamos a otras preguntas que la hermana Nelson y yo hicimos a nuestros jóvenes amigos. Preguntamos: “Si el profeta invitara a todas las personas de 12 a 18 años de la Iglesia a alistarse para ayudar a recoger a Israel, ¿qué estarían dispuestos a hacer?”.

    Los jóvenes respondieron con comentarios inspiradores, tales como: “Si el profeta nos invitara a alistarnos para ayudar a recoger a Israel, absolutamente haría mi parte. Otro dijo: ¡Dejaría lo que estuviese haciendo y ayudaría! Otro comentó: Iría y haría lo que él me pidiera hacer, porque el profeta es un predicador de Dios”.

    Sus respuestas también incluyeron: “Estaría dispuesto a hacer más obra de historia familiar; sería más receptivo y haría un mayor esfuerzo para hablar sobre el Evangelio. Sería un buen ejemplo para mostrar los atributos de Cristo; efectuaría más bautismos por los muertos, cambiaría aspectos de cómo vivo mi vida y las decisiones que tomo; viajaría a cualquier lugar donde él me necesitara, aprendería un nuevo idioma, conocería gente nueva; prestaría mi ejemplar del Libro de Mormón a aquellos que nunca lo hubieran leído. Y sería la persona más amable que pudiese ser”.

    También preguntamos a esos jóvenes qué estarían dispuestos a sacrificar para ayudar a recoger a Israel. Nuevamente, los jóvenes nos llenaron de emoción. Respondieron: “Pasaría menos tiempo en los deportes para poder ayudar a una persona que necesite la verdad. Sacrificaría salir con amigos y en vez de ello los invitaría a ir al templo. Definitivamente reduciría mi tiempo en mi teléfono; renunciaría a cierto tiempo frente a una pantalla. ¡Incluso estaría dispuesto a sacrificar las siestas del domingo por la tarde!”.

    Preguntamos: “Si quisieran alistarse para ayudar a recoger a Israel, ¿qué les gustaría comenzar a hacer o dejar de hacer?”. Contestaron con respuestas tales como: “Estudiaría más las Escrituras, con más atención, para poder responder a las preguntas que las personas pudieran hacerme. Pasaría menos tiempo en las redes sociales; me comprometería más a hacer actos simples de la obra de miembros y misioneros, incluso actos diarios de servicio. Pasaría menos tiempo en mi teléfono y, cuando estuviera en él, podría publicar Escrituras u otros mensajes espirituales en las redes sociales. Estudiaría los discursos de la conferencia general porque son muy importantes. Comería alimentos saludables para mantenerme en forma. Dejaría de pensar solo en mí. Gracias, hermanos y hermanas, por sus respuestas a nuestras preguntas.

    Piensen en ello mis queridos jóvenes hermanos y hermanas, ahora me estoy preparando para el día en que se me pida que rinda cuentas al profeta José Smith, al presidente Brigham Young y a otros, y finalmente al Señor, sobre mi mayordomía como profeta de Dios sobre la tierra hoy día. No quiero que me pregunten: “Hermano Nelson, ¿por qué no fue más claro con los jóvenes sobre la parte que ellos tenían en el recogimiento de Israel? ¿Por qué no fue más audaz al alistarlos para participar?”.

    Así que ahora invito a todas las jovencitas y a todos los jóvenes de 12 a 18 años de edad de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a que se alisten en el batallón de jóvenes del Señor para ayudar a recoger a Israel.

    ¿Qué los ayudará? A medida que sigan leyendo diariamente el Libro de Mormón, aprenderán la doctrina del recogimiento6, las verdades acerca de Jesucristo, Su expiación y la plenitud de Su evangelio que no se encuentran en la Biblia. El Libro de Mormón es fundamental para el recogimiento de Israel7. De hecho, si no hubiera Libro de Mormón, la promesa del recogimiento de Israel no ocurriría.

    Ahora los invito a prepararse al hacer cinco cosas más: cinco cosas que los cambiarán a ustedes y les ayudarán a cambiar al mundo:

    Primero, desconéctense de la dependencia constante a las redes sociales, a fin de disminuir la influencia mundana que tengan sobre ustedes.

    Permítanme contarles sobre un joven de su edad, el nieto de un querido amigo mío. Él es popular entre sus amigos y un líder en su escuela secundaria. Recientemente, sus padres encontraron cosas en el teléfono de él que no eran apropiadas para un seguidor de Jesucristo. Insistieron en que abandonara las redes sociales por un tiempo. Le cambiaron el teléfono inteligente por un teléfono plegable, y le entró el pánico. ¿Cómo se mantendría conectado con sus amigos?

    Al principio estaba furioso con sus padres, pero después de unos días, les agradeció que le quitaran el teléfono inteligente. Dijo: “Me siento libre por primera vez en mucho tiempo”. Ahora, llama a sus amigos con su teléfono plegable para mantenerse en contacto con ellos. ¡Habla realmente en lugar de enviar siempre mensajes de texto!

    ¿Qué otros cambios han ocurrido en la vida de ese joven? Dice que ahora está feliz de estar libre de la vida falsa que crean las redes sociales; participa activamente en la vida en lugar de tener la cabeza metida en su teléfono todo el tiempo; participa en actividades recreativas al aire libre en lugar de jugar videojuegos; es más positivo y servicial en el hogar; busca oportunidades para servir; escucha mejor en la Iglesia, tiene un semblante más brillante, es mucho más feliz ¡y se está preparando activamente para su misión! Todo eso porque tomó un descanso de la influencia negativa de las redes sociales.

    Así que la primera invitación de hoy es que se despeguen de la constante dependencia de las redes sociales y lleven a cabo un ayuno de siete días de las redes sociales. Reconozco que hay aspectos positivos sobre las redes sociales, pero si les están prestando más atención a las publicaciones de las redes sociales que a los susurros del Espíritu, entonces se están poniendo en riesgo espiritual, así como también en riesgo de experimentar intensa soledad y depresión. Ustedes y yo conocemos a jóvenes que han sido influenciados a través de las redes sociales a hacer y decir cosas que nunca harían o dirían en persona. El acoso escolar es un ejemplo.

    Otro lado negativo de las redes sociales es que crea una realidad falsa. Todos publican sus imágenes más divertidas, atrevidas y emocionantes, que crean la impresión errónea de que todos menos ustedes llevan una vida divertida, atrevida y emocionante. Gran parte de lo que aparece en sus diferentes fuentes de las redes sociales está distorsionado, si no es falso. ¡Así que tomen un descanso de siete días de lo que es falso!

    Elijan siete días consecutivos y ¡adelante! Vean si notan alguna diferencia en cómo se sienten y qué piensan, e incluso cómo piensan en esos siete días. Después de siete días, fíjense si hay algunas cosas que deseen dejar de hacer y otras que quieran comenzar a hacer.

    Este ayuno de las redes sociales puede ser solo entre ustedes y el Señor; será la señal que le darán a Él de que están dispuestos a alejarse del mundo para alistarse en Su batallón de jóvenes.

    Mi segunda invitación es que hagan un sacrificio semanal de tiempo para el Señor, durante tres semanas seguidas, para hacerle saber que quieren formar parte de Su batallón de jóvenes, más de lo que desean cualquier otra cosa. Durante tres semanas, renuncien a algo que les gusta hacer y utilicen ese tiempo para ayudar a recoger a Israel.

    Cada vez que hacen algo que ayuda a cualquiera, a ambos lado del velo, a dar un paso hacia hacer convenios con Dios y recibir sus ordenanzas esenciales del bautismo y del templo, están ayudando a recoger a Israel. Es así de sencillo.

    Al orar en cuanto a ese sacrificio de tiempo, serán guiados para saber qué pueden dejar de lado y qué pueden hacer en su lugar para ayudar a recoger a Israel. Por ejemplo, un joven golfista podría renunciar a un juego de golf y dedicar ese tiempo en el bautisterio.

    Mi tercera invitación es que ustedes hagan una evaluación minuciosa de su vida con el Señor, y tal vez con sus padres y su obispo, para asegurarse de que estén firmemente asentados en el camino de los convenios. Si se han apartado o si hay algunas cosas que deben abandonar para ayudar a que su mente y su corazón sean más puros, hoy es el momento perfecto para cambiar.

    Si no están seguros de cómo arrepentirse, hablen con su obispo, sus padres o ambos. Ellos les ayudarán a entender la expiación de Jesucristo; les ayudarán a experimentar la alegría que siempre trae el arrepentimiento verdadero.

    Por favor, no permanezcan un minuto más apartados del camino de los convenios. Por favor regresen mediante el verdadero arrepentimiento, ahora. Los necesitamos con nosotros en este batallón de jóvenes del Señor. ¡No será lo mismo sin ustedes!

    Mi cuarta invitación es que oren diariamente para que todos los hijos de Dios puedan recibir las bendiciones del evangelio de Jesucristo. Ustedes y yo estamos viviendo para presenciar, y continuaremos viendo, el recogimiento de Israel con gran poder. ¡Y ustedes pueden ser parte del poder tras ese recogimiento!

    Mi quinta invitación es que se destaquen; sean diferentes del mundo. Ustedes y yo sabemos que deben ser una luz para el mundo. Por lo tanto, el Señor necesita que luzcan, que hablen, que actúen y se vistan como un verdadero discípulo de Jesucristo. Sí, ustedes están viviendo en el mundo, pero tienen normas muy diferentes del mundo para ayudarles a evitar la mancha del mundo.

    Con el Espíritu Santo como su compañero, pueden ver más allá de la cultura de la fama que se ha vuelto tan popular en nuestra sociedad. Pueden ser más inteligentes de lo que nunca han sido las generaciones anteriores. Y si a veces alguien dice que ustedes son “raros”, lleven esa distinción como una insignia de honor y ¡alégrense de que su luz brille intensamente en este mundo cada vez más oscuro!

    ¡Establezcan una norma para el resto del mundo! ¡Alégrense de ser diferentes! El folleto titulado Para la Fortaleza de la Juventud debe ser su norma. Esa es la norma que el Señor espera que todos Sus jóvenes defiendan. Ahora, como Su humilde siervo, les ruego que estudien ese folleto, nuevamente. Con espíritu de oración, léanlo como nunca lo han leído; márquenlo; hablen de ello; analicen las normas con sus amigos. Decidan cómo pueden vivir esas normas, sus normas, incluso con más precisión.

    Ustedes tienen su propia copia. De modo que esta noche, al final de la reunión, si eligen alistarse, por favor tomen una copia de Para la Fortaleza de la Juventud y obsequien esa nueva copia a un amigo que puede que no conozca las normas de ustedes, o puede que no viva de acuerdo con ellas.

    Oren para saber quién necesita este folleto. Serán guiados y será emocionante.

    Ahora, permítanme resumir al revisar las cinco invitaciones que les hice para alistarse en el batallón de jóvenes del Señor para ayudar recoger a Israel:

    1. Lleven a cabo un ayuno de siete días de las redes sociales.

    2. Hagan un sacrificio semanal de tiempo para el Señor durante tres semanas.

    3. Manténganse en el camino de los convenios. Si están fuera, arrepiéntanse y vuelvan al camino.

    4. Oren diariamente para que todos los hijos de Dios puedan recibir las bendiciones del evangelio de Jesucristo.

    5. Destáquense. Sean diferentes. Sean una luz. Obsequien a un amigo una copia del folleto Para la Fortaleza de la Juventud.

    Mis amados jóvenes hermanos y hermanas, ustedes están entre lo mejor que el Señor jamás ha enviado a este mundo. ¡Ustedes tienen la capacidad de ser más inteligentes y sabios y tener un impacto más grande en el mundo que cualquier generación anterior!

    Al concluir, los invito a que se unan a los jóvenes de todo el mundo y vivan la emoción de ser miembros del batallón de jóvenes del Señor en el “ejército de Sion” al entonar el último himno “Juventud de Israel”, ¡porque todo este himno es acerca de ustedes!

    Desde lo más profundo de mi alma, testifico que esta es la obra del Dios Todopoderoso. Él vive. Jesús es el Cristo. Esta es Su Iglesia, restaurada para cumplir su destino divino, incluso el prometido recogimiento de Israel.

    Ustedes son la esperanza de Israel, “¡hijos del día prometido!”8. De ello testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.