La oración es una de las expresiones de fe más reconocidas y practicadas en todo el mundo. Si bien cada religión tiene su propio enfoque, el acto de dirigirse a Dios o a un poder superior es fundamental para la experiencia espiritual humana. En este artículo, exploramos lo que Dios enseña acerca de la oración: qué es, por qué es importante y cómo se invita a todos los hijos de Dios a orar.
La oración es, sin lugar a dudas, uno de los actos de adoración más antiguos que conocemos. Desde los días de Adán y Eva, cuando se pronunció la primera oración, esta ha sido fundamental para la vida humana a lo largo de la historia documentada.
Según los relatos de la Biblia y de otras Escrituras reveladas, Adán, Eva y su posteridad ofrecieron oraciones a Dios (véanse Génesis 4:26, Moisés 5:4). También sabemos que los antiguos sumerios, acadios, egipcios y mesopotámicos construían altares en los que colocaban sacrificios y ofrecían oraciones, todo ello con la esperanza de obtener el favor de Dios.
Entonces, ¿qué constituye la oración? Desde una perspectiva judeocristiana, las diversas palabras hebreas y griegas traducidas como “oración” a lo largo de la Biblia son claras en su significado. Los siete términos hebreos y las cinco palabras griegas que se traducen como “oración” (en la mayoría de las Biblias en español) significan exactamente lo que uno esperaría que significaran:
Esto no solo constituye el significado literal de las palabras hebreas y griegas traducidas como “oración” en la Biblia, sino que también resume las razones comunes por las que las personas oran con regularidad.
El ejemplo más famoso de oración en toda la Biblia, por supuesto, es el Padrenuestro. El Padrenuestro no solo nos proporciona palabras, sino un marco espiritual que sustenta nuestra conversación con Dios.
Curiosamente, Jesucristo precedió Su famosa oración con estas palabras: “Vosotros, pues, oraréis así” (Mateo 6:9, RV). El relato de Lucas registra que Él dijo: “Cuando oréis, decid” (Lucas 11:2). Con esas palabras, el Salvador intencionalmente dio el ejemplo, un modelo del que Sus seguidores pudieran aprender, mostrando no solo cómo orar, sino también qué orar. Este modelo fomenta una relación más fuerte entre quien ora y el Señor.
Siguiendo el ejemplo del Salvador, una oración podría sonar algo así:
Además de ofrecer el Padrenuestro como ejemplo, Cristo también enseñó algunas otras cosas sobre cómo debemos orar y lo que no debemos hacer al orar.
Ante todo, enseñó que debemos orar al Padre en el nombre de Jesucristo (véanse Juan 14:13–14; 15:16; 16:23–24; 3 Nefi 18:19–21).
Además, dijo que no debemos orar para ser vistos por los demás, como lo hacían los “hipócritas” de Su época (Mateo 6:5; véase también Isaías 29:13).
En comparación, la forma en que Él oró en diversas ocasiones sugiere que a veces tal vez queramos buscar un lugar aislado o privado para ofrecer nuestras oraciones (véanse Mateo 6:6; Marcos 1:35), aunque también hay ocasiones en que las oraciones públicas o en grupo son importantes (véanse Hechos 1:14; 12:5, Moroni 6:5).
Jesús demostró que las oraciones más largas son apropiadas, al menos en circunstancias específicas (véase Lucas 6:12). Esto demuestra el poder de la perseverancia espiritual y la conexión en la oración. De hecho, posiblemente inspirándose en el ejemplo de Jesús de pasar la noche en oración, Pablo dijo que los creyentes deben “ora[r] sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).
El Libro de Mormón hace hincapié aún más en este principio en Alma 34:27: “Dejad que rebosen vuestros corazones, entregados continuamente en oración a él por vuestro bienestar, así como por el bienestar de los que os rodean”.
En otras partes de las Escrituras se nos enseña que nuestras oraciones deben estar llenas de “acción de gracias” (Salmo 100:4; 1 Tesalonicenses 5:18; Doctrina y Convenios 46:7) y que debemos acudir a Dios en oración para buscar Su ayuda (véase Salmo 121:1–2).
Se nos aconseja ser guiados por el Espíritu Santo en lo que oramos (véanse Romanos 8:26–27; Efesios 6:18) y hacer de nuestras oraciones personales un tiempo de confesión y arrepentimiento (véanse Salmo 32:5; Daniel 9:3–19; 1 Juan 1:9).
También se nos informa que las oraciones pueden ser verbales, aunque Dios las acepta incluso si solo las expresamos en nuestra mente o corazón (véanse Salmo 19:14; 1 Samuel 1:13; Romanos 8:26).
Si nuestras oraciones no parecen ser contestadas de inmediato, se nos aconseja que “persever[emos] en la oración”, creyendo que Dios las escuchará y que tal vez las conteste de maneras que quizás inicialmente no reconozcamos (Colosenses 4:2; véanse también Lucas 11:5–13; 18:1–8).
Si bien las Escrituras enseñan enfáticamente el poder de la oración, afirmando que “la oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16), también se nos dice que nuestra iniquidad personal puede afectar la eficacia o el poder de nuestras oraciones (véanse Salmo 66:18; Santiago 4:3; 1 Pedro 3:7; Doctrina y Convenios 88:64–65).
| El presidente Henry B. Eyring, un apóstol de nuestros días, ha declarado: “Si notan que les resulta difícil sentir el Espíritu Santo, podrían reflexionar sobre si hay algo de lo que tengan que arrepentirse y recibir perdón. Pueden orar con fe para saber qué deben hacer para ser purificados y así hacerse más merecedores de esa compañía constante del Espíritu Santo”. “Nuestro compañero constante”, Liahona, noviembre de 2023, pág. 94 |
Acércate a la oración con un corazón sincero y deja que se convierta en parte diaria de tu comunión con Dios.
Uno podría preguntarse con razón: “Si Jesús establece un modelo para la oración, ¿hay otros modelos en la Biblia que nos instruyan sobre lo que debemos hacer físicamente cuando oramos?“.
Todas estas descripciones muestran que los modelos de oración en la Biblia son variados. Los justos se han acercado a Dios de muchas maneras: en su postura física, en los lugares donde oran e incluso en la forma en que expresan sus oraciones. Cada forma de acercarse, ya sea en voz alta o en silencio, añade profundidad a una rica vida espiritual.
Dios nos ha enseñado continuamente que Él nos indica y desea que nos comuniquemos con Él por medio de la oración. Los profetas y apóstoles modernos han sido llamados a declararnos el mismo mensaje en la actualidad.
| El élder Neil L. Andersen enseña: “Nuestro Padre nos ha dado un don espiritual para permanecer conectados con Él y recibir guía, dirección y consuelo de Él. Conocemos muy bien ese don: es la oración”. “Tu Padre Celestial desea hablarte”, Para la Fortaleza de la Juventud, marzo de 2025, pág. 3 |
La oración permite a quienes suplican ejercer fe al describir a Dios sus necesidades o las necesidades de los demás, y al manifestar confianza en que Él se preocupa lo suficiente como para contestar sus oraciones. A través de esta conversación, los fieles pueden desarrollar una profunda relación espiritual con lo divino. La oración es la forma principal en que podemos comunicarnos con el Padre Celestial y la oración diaria sincera fortalece nuestra relación con Él.
Por medio de la oración podemos pedir perdón por nuestros pecados. Y gracias al sacrificio expiatorio de Jesucristo por nosotros, Él tiene el poder de perdonar nuestros pecados cuando venimos a Él y seguimos Sus mandamientos. La oración diaria también puede brindar paz y perspectiva a quienes atraviesan situaciones difíciles.
Por último, la oración es una manera en que aquellos que aman a Dios expresan ese amor en palabras de adoración, que Dios escucha y aprecia. Por lo tanto, incluso si una oración no pide nada, puede transmitirle a Dios el amor y la adoración de la persona que expresa los pensamientos y sentimientos de su corazón.
Dios ha proporcionado una manera para que todos se comuniquen con Él. Si te acercas a Él con humildad y reverencia por medio de la oración, Él te escuchará. Él puede consolarte en momentos de necesidad y dirigirte por el camino que debes tomar. Él te conoce y te ama, y ha proporcionado a Su Hijo, Jesucristo, para que sea tu intercesor ante Él.
Puedes llegar a conocer la intención y la voluntad de Dios en tu vida mediante la oración regular y paciente, y al centrarte en las impresiones del Espíritu Santo. Al alinear nuestros deseos con los de Dios, la oración se convierte en una conversación santa que nos acerca más a Su presencia.
Somos una comunidad centrada en Cristo y hacemos todo lo posible por amar y prestar servicio a los demás. Hay un lugar para ti aquí.