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    La cantidad correcta de “suficientemente”

    Chakell Wardleigh Church Magazines

    Ella lo dijo: yo era demasiado bajita y no sabía bailar. ¿Alguna vez sería lo suficientemente buena?”.

    “Es una pena que seas tan bajita que tengas que ponerte delante”, dijo la maestra. “Eres la peor bailarina de la clase”.

    Imagina que te digan eso delante de toda la clase de coro. Se dijo en un tono humorístico y yo respondí con una risita forzada pero me sentía avergonzada. La maestra había diseñado una sencilla coreografía para nosotros para representar una de las piezas para el concierto. Desgraciadamente, siempre he sido torpe, por lo que me costaba dar bien los pasos, y sus palabras acabaron de apagar mi ya minúscula llama de autoestima. Lo que decía era cierto: yo era demasiado bajita y no sabía bailar. ¿Alguna vez sería lo suficientemente buena?”.

    Aquella fue solo una de las muchas ocasiones en que sentí que no era “lo suficientemente buena”. En esos momentos me centro tan solo en lo que no tengo o no puedo hacer, más que en lo que tengo y sí puedo hacer. Es una de las herramientas más eficaces que Satanás emplea contra mí y contra muchas otras personas.

    Cuando la maestra de coro me dijo que bailaba fatal, me sentí muy desalentada. Siempre había tratado de demostrarme a mí misma mi valía tratando de ser buena en lo que otras personas sobresalían. Y siempre fracasaba. No podía dejar de pensar que mi único talento era calentar la banca. Sentí como si Dios hubiera olvidado otorgarme la cantidad correcta de “suficientemente”, que parecía haberlo dado a todos los demás (lee “¿Cómo dejo de compararme con otras personas?”).

    Estrellas

    Un día en Seminario, hablamos acerca de las creaciones de Dios. El maestro nos mostró fotos fascinantes del espacio. Recuerdo quedar boquiabierta ante todas las galaxias, las estrellas y los planetas, cada uno de ellos único, misterioso y bello a su propia manera.

    Y ahí fue cuando me di cuenta de algo.

    De todas las creaciones extraordinarias e increíbles que Dios hizo, Él dedicó tiempo para crearme —un ser humano pequeño, aparentemente insignificante, común y corriente que no se había dado cuenta de lo extraordinario que en realidad era. Un ser humano excepcionalmente distinto a todos los demás. Un ser humano a quien se le había dado su propio plan específico. Un ser humano con un potencial ilimitado y un destino divino.

    Yo.

    “Aunque al compararnos con la creación infinita podríamos aparentar que no somos nada, tenemos una chispa de fuego eterno que arde dentro de nuestro pecho. A nuestro alcance tenemos la incomprensible promesa de la exaltación, de mundos sin fin; y es el gran deseo de Dios ayudarnos a alcanzarla”. —Presidente Dieter F. Uchtdorf, “Ustedes son importantes para Él.

    Fue en ese momento cuando por fin creí con todo mi corazón que “el valor de las almas es grande a la vista de Dios” (Doctrina y Convenios 18:10). Me di cuenta de que Él realmente piensa que yo soy lo máximo y que, a Sus ojos, tengo exactamente la correcta cantidad de “suficientemente”.

    Al final nunca aprendí a bailar bien. Honestamente puedo decir sin vergüenza que en verdad soy una pésima bailarina. ¡Pero no importa! Porque a lo largo de los años he descubierto en mí muchos talentos y fortalezas que no sabía que tenía (lee “Cómo descubrir tus dones”). Me han sido revelados con el tiempo, a medida que he confiado en el Señor y he tenido fe en que Él sabe que soy lo suficientemente buena. Sí, todos nos sentimos desalentados de vez en cuando; pero cuando damos un paso atrás y realmente reconocemos la importancia de quiénes somos, de nuestras singulares fortalezas, de nuestras habilidades únicas y de la mano del Señor que dirige nuestra vida, somos más capaces de perseverar con fe, esperanza y una seguridad excepcional.

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