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    Servir con toda el alma

    Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

    El Señor nos pide que [sirvamos] con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza.

    Como aprendemos en el lema de la Mutual para 2015, servir a Dios es un privilegio sagrado. Esperamos que este año cada una de nosotras aprenda a servir con más dedicación de la manera que el Señor ha instruido: con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. ¿Cómo podemos hacerlo? A continuación se presentan algunas ideas.

    “Al servir a Dios con toda el alma, Él promete que serás purificada del pecado y preparada para estar en Su presencia y recibir Su gloria eterna.”

    Primero, servimos con todo el corazón. Entendemos que eso significa que la motivación de servir a Dios debe ser el amor que sienten por Él y por Sus hijos. “Nuestro amor por el Señor dirigirá nuestros afectos, la forma en que empleemos nuestro tiempo, los intereses que tengamos y el orden de prioridad que demos a las cosas” (Ezra Taft Benson, “El Señor en primer lugar”, Liahona, julio de 1988, pág. 4). Le demuestran su amor al Señor cuando guardan Sus mandamientos (véase D. y C. 42:29); cuando prestan servicio en su hogar y fortalecen a su familia; magnifican su llamamiento y se acercan a quienes necesitan un amigo; o buscan nombres de familiares para llevar al templo.

    Segundo, servimos con toda el alma. Se requiere esfuerzo físico y un empeño diligente. Para la obra misional se necesita tener fortaleza y resistencia. Ustedes sirven con toda el alma cuando se ocupan de las necesidades de los demás, como “alimentar al hambriento vestir al desnudo, visitar al enfermo, y ministrar para su alivio, tanto espiritual como temporalmente” (Mosíah 4:26).

    Después, servimos con toda la mente. Sus pensamientos deben ser limpios y puros, centrados en el Salvador; han hecho convenio de recordarlo siempre; buscan la guía del Espíritu Santo por medio del estudio de las Escrituras y la oración. Al alinear sus pensamientos, palabras y acciones con la mente y la voluntad de Dios, reconocen las necesidades de los demás, son dignas de servir y están preparadas para hacerlo.

    Por último, servimos a Dios con toda nuestra fuerza. Una forma de obtener fuerza es ejercer fe en la expiación del Salvador. Ustedes se arrepienten y se santifican mediante la obediencia a Sus mandamientos; sienten el poder habilitador del Salvador y presencian milagros al servir con la fuerza del Señor (véase Alma 26:12).

    Al servir a Dios con toda el alma, Él promete que serán purificadas del pecado y preparadas para estar en Su presencia y recibir Su gloria eterna.

    Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

    Bonnie L. Oscarson, presidenta (centro); Carol F. McConkie, primera consejera (izquierda); Neill F. Marriot, segunda consejera (derecha). Fotografía: Busath.com

    ¿Buscas maneras de prestar servicio? Visita la página de actividades para los jóvenes para obtener ideas.

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