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    Cómo motivarte a ti mismo de la manera correcta

    Camille Wait

    Tenía que salir de mi ciclo negativo

    Me dejé caer en el sofá y de inmediato empecé a leer la revista New era. Eché un vistazo a las páginas entusiasmada leyendo todas las historias y mensajes inspiradores, pero una página me llamó la atención. Fue la página de “Preguntas y respuestas”. En la parte inferior tenía la siguiente pregunta.

    ¿Cómo puedo motivarme a mí mismo a hacer lo que debería hacer, pero a menudo no hago, como la oración personal, el estudio de las Escrituras y las tareas de la escuela?”.

    Esa pregunta me tomó totalmente por sorpresa. Yo estaba enfrentando esa misma situación; parecía seguirme a dondequiera que iba.

    Motivada por las razones equivocadas

    Hace mucho tiempo, tenía la motivación, estaba segura, pero me motivaban las razones equivocadas. Estaba demasiado centrada en las cosas exteriores en lugar del crecimiento espiritual verdadero. Tenía que forzarme a leer las Escrituras. Tenía que forzarme a orar. Tenía que forzarme a hacer las tareas. Toda esa presión sin el componente espiritual me dejaba cansada y mi motivación forzada se fue. Ahí fue cuando ya no pude más motivarme a mí misma. Fue entonces cuando busqué la respuesta para tener el deseo de la motivación correcta.

    Pero antes de darme cuenta de eso, me di por vencida. Evitaba el estudio de las Escrituras, lo retrasaba y, ¡ah! me olvidaba del asunto y no lo hacía ese día. Estudiar las Escrituras y orar me resultaba doloroso. Me sentía como si fuera un fracaso por no hacer mi estudio de las Escrituras. Estaba atrapada en un ciclo negativo, justo como Satanás quería que estuviera.

    Sabía que el Padre Celestial y Jesucristo deseaban que la oración y el estudio de las Escrituras fuesen una experiencia positiva para mí. Tenía una pregunta a la que parecía no poder encontrarle respuesta: “¿Cómo hago para salir de este ciclo negativo?”.

    El tipo de motivación correcta

    Empecé de a poco, y con la ayuda de los demás, aprendí acerca de la motivación correcta.

    Reloj

    1. Me permití tomar tiempo.

    El Padre Celestial y Jesucristo no querían que corriera más aprisa de lo que podía correr (véase Mosíah 4:27), o con el tiempo, fracasaría. Me di cuenta de que el Padre Celestial quería que yo tuviera paciencia con mi proceso de perfección y crecimiento.

    2. Traté de dejar atrás palabras como debí haber, podía haber, tenía que haber, podría haber.

    Esas palabras me presionaban y me distraían de la alegría de dedicarme al crecimiento espiritual que aspiraba. Jesucristo espera mi progreso, no la perfección. Además, hubo un tiempo que sentía que debía dejar de orar. Satanás me decía que no era digna de orar porque me di por vencida. Él quería que me separara de la comunicación y el amor del Padre Celestial. ¡Esa es una de sus trampas! En 2 Nefi 32:8 leemos: “Porque si escuchaseis al Espíritu que enseña al hombre a orar, sabríais que os es menester orar; porque el espíritu malo no enseña al hombre a orar, sino le enseña que no debe orar”.

    Aprendí que el Padre Celestial quería saber de mí. Él me dio la bienvenida a casa, como el hijo pródigo. Yo me había alejado de Dios y aprendí que no importa qué pase, Él siempre tendría extendida Su mano.

    Letrero de llegada

    3. Comencé con el fin en mente.

    Cuando sentía la presión de orar, las Escrituras y las tareas, comenzaba con el fin en mente. Esto me lo enseñó mi padre. A veces nos corresponde hacer cosas que no necesariamente queremos hacer, pero hacemos estas cosas para llegar a donde queremos estar.

    En el principio, Satanás dijo que salvaría a todos; procuraba destruir nuestro albedrío (véase Moisés 4:1–3). Pero tengo el albedrío y deseo regresar a mi Padre Celestial y Jesucristo.

    Quien escojo ser

    Me alegro de que el Padre Celestial nos permita tener nuestro albedrío. Sé que Él quiere que yo sienta la felicidad del Evangelio. Aún estoy aprendiendo a no dejar que Satanás influya en mis pensamientos y no soy perfecta haciéndolo. Pero de eso se trata el Evangelio, ¿verdad? Se trata de aprender, crecer y llegar a ser como Jesús.

    Espero que pueda llegar a ser como Jesucristo, mi Salvador, algún día. Esa es la persona que quiero ser. Ahora me puedo decir a mí misma: “Seré quien elijo ser y no quien tengo que ser”. Siento que ese es el mensaje que el Padre Celestial me ha enviado.

    Este artículo apareció originalmente en octubre de 2018 en la revista New Era.

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