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    Cómo calmé mis nervios cuando era misionera

    Cindy Ford

    Estaba entusiasmada de poder ser misionera. Entonces, ¿por qué me sentía tan nerviosa?

    El 20 de julio, ingresé al Centro de Capacitación Misional de Provo. ¡Cuando me despedí de mi familia, estaba segura, feliz y muy emocionada de ir a servir! Había oído que algunas personas tienen dificultades en el CCM y tenía la determinación de no ser una de ellas.

    Sin embargo, solo diez minutos después de ingresar, entré en pánico. Sin importar cuánto intentaba superar esos sentimientos, no podía cambiar la forma en que me sentía. Me di cuenta de la realidad de estar lejos de familiares y amigos durante 18 meses. ¿Podría aguantar todo ese tiempo?

    Durante tres semanas le supliqué al Señor pidiéndole ayuda, paz y entendimiento. Hablé con mis líderes, recibí bendiciones y traté de tener fe y esperar con paciencia respuestas. Estudié diligentemente e intenté ser obediente, ya que estaba decidida a quedarme.

    Una noche, al final de la tercera semana, me encontraba orando, incluso suplicando, por ayuda. Vinieron a mi mente las palabras de Isaías, las que conocía por una canción:

    “Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias.

    “Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento, mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dice tu Redentor, Jehová”.

    CÓMO LIDIAR CON LOS TEMORES

    Es normal sentirse nervioso cuando uno se encuentra en una situación nueva y desconocida. Aprender a prepararte emocionalmente para la misión y otros acontecimientos de la vida pueden ayudarte a hacer más fáciles esas transiciones.

    Estas son algunas ideas del cuadernillo Adaptarse a la vida misional (2013, pág. 20) que podrían ayudar si te sientes abrumado por la ansiedad:

    • Tómate un breve descanso.

    • Ten paciencia.

    • Vuelve a centrarse en la gratitud.

    • Da un paso a la vez.

    • Ayuda a otra persona.

    “Porque los montes se moverán y los collados serán quitados, mas no se quitará de ti mi bondad, ni el convenio de mi paz se romperá, dice Jehová, el que tiene misericordia de ti” (Isaías 54:7–8, 10).

    En ese momento, sentí que el Padre Celestial contestó mi oración al levantar esa carga enorme que había llevado durante tres semanas.

    Durante la última semana en el CCM, me sentí absoluta y completamente en paz. Sentí gratitud hacia mi Padre Celestial y al Salvador y Su expiación. Estaba agradecida por Su amor, Sus tiernas misericordias y todas las personas fieles con las que presté servicio.

    La expiación de Jesucristo es verdadera y potente para salvar. En Predicad Mi Evangelio se señala: “Al crecer su propio entendimiento de la expiación de Jesucristo, aumentará en usted el deseo de compartir el Evangelio” (2014, pág. 2). A pesar de que aún afronté desafíos en el campo, obtuve un testimonio de que la expiación del Salvador era verdadera y que el Señor estaba al tanto de mí. Aprendí que Dios fortalecerá y guiará a todos los que son humildes, tienen fe y piden las cosas que necesitan, incluso, y en especial, a Sus misioneros.


    Ayuda profesional

    “Debido a que tu salud es tan importante, si desarrollas síntomas que requieran tratamiento médico, asegúrate de obtener buena ayuda profesional. En algunos casos, si los síntomas son graves, serás eximido honorablemente de tu misión. Y serás bendecido por haberte mantenido digno. Si regresas a casa antes de tiempo, deseo que sepas que el Señor aprecia cada esfuerzo que hiciste para servirle. Cualquier persona que va a una misión y da lo mejor ha tenido una misión exitosa”. —Élder Gregory A. Schwitzer, de los Setenta, “Prepare to Serve”, New Era, abril de 2017, pág. 37.

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