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    7 consejos para dar un discurso

    Sarah Hanson Revistas de la Iglesia

    Hablar en la reunión sacramental, consejos para dar un discurso.

    No sé ustedes, pero cuando a mí se me pide que dé un discurso en la reunión sacramental, me pongo muy nerviosa; no en lo referente a escribir el discurso en sí, sino en cuanto a presentar el mensaje. Siempre surgen preocupaciones como: “¿Y si soy demasiado aburrida? ¿Y si olvido decir algo? ¿Y si digo alguna palabra incorrectamente?”.

    ¿Se han sentido de la misma manera? (Espero no ser la única). Si es así, no es el fin del mundo. Lean estos siete consejos para mejorar su capacidad como oradores y para ofrecer un discurso interesante.

    1. Utilicen las Escrituras y las enseñanzas de los profetas modernos (véase D. y C. 52:9)

    Esa es la base del mensaje. Después de todo, esa es una de las principales razones por las que estamos en la Iglesia, para enseñar y aprender el evangelio de Jesucristo. Pueden estudiar el tema con la ayuda de la Guía para el estudio de las Escrituras y los discursos de conferencia general. Asegúrense de comprender los pasajes de las Escrituras y las citas que planean emplear en el discurso. Si necesitan ayuda, pídanla a sus padres o a los líderes de la Iglesia. ¡También pueden encontrar algunos recursos excelentes en el sitio web Jóvenes SUD!

    2. Inviten al Espíritu

    Siempre es una buena idea orar y prepararse con anticipación para tener la compañía del Espíritu al hablar. El Espíritu no solo brinda calma si están nerviosos, sino que también testifica de la verdad (véase D. y C. 42:14). Inviten al Espíritu a la reunión sacramental dando testimonio de lo que saben que es verdad.

    “Debemos... hablar desde [nuestro] corazón, y no desde [nuestros] libros”. —Teachings of Gordon B. Hinckley, 1997, pág. 619.

    3. Piensen en compartir una historia personal

    Una de las mejores maneras de lograr afinidad con los demás es por medio de las anécdotas. A todos nos agrada oír las experiencias de otras personas y cómo es su vida. Así que traten de recordar alguna experiencia entretenida, singular o difícil que hayan vivido y que se relacione con el principio del Evangelio sobre el que se les ha pedido hablar. ¿Qué han aprendido de esa experiencia? ¿De qué manera los ha ayudado? Se trata de una excelente forma de comenzar el discurso, en caso de que no se les ocurra cómo comenzar.

    4. ¡Practiquen, practiquen y practiquen!

    Después de haber escrito el discurso, tal vez deseen practicarlo en voz alta y a solas, y luego frente a su familia o amigos. De ese modo, notarán si se ajusta al límite de tiempo concedido y si hay partes que deban aclarar. Si el obispo está de acuerdo, incluso pueden ir al centro de reuniones de antemano para practicar el discurso desde el púlpito.

    5. Eviten comenzar diciendo: “Aunque no me gusta discursar…”

    Esa introducción puede variar mucho, pero la mayor parte de la audiencia la reconoce de inmediato. Por lo general, se trata de algo como lo siguiente: “Cuando el obispo me llamó para pedirme que ofreciera un discurso, traté de inventar alguna excusa para librarme de esto”. La mayoría de los miembros de la Iglesia pueden identificarse con lo incómodo que puede ser compartir un discurso, pero nada expresa más un “por favor, no me presten atención” que la frase “no quiero estar aquí”. Lo mejor es evitar cualquier introducción de esa índole. ¡Muestren entusiasmo por el tema asignado!

    6. Hablen con claridad

    No es raro que las personas hablen muy rápidamente o en voz muy baja debido a los nervios. ¡Yo lo entiendo completamente! No obstante, es importante hablar con claridad al ofrecer el mensaje a fin de que la congregación pueda entender. Hagan un esfuerzo consciente por hablar más lento, pronunciar las palabras y hablen más fuerte para que todos los escuchen. (Sí, incluso con un micrófono, es posible hablar demasiado bajo). ¡La gente quiere escuchar lo que van a compartir!

    7. Mantengan la vista en alto

    Mirar a los ojos es una parte muy importante de la buena comunicación; demuestra que se está genuinamente concentrado e interesado en la conversación. Ahora bien, aunque no tienen que mirar a los ojos a cada persona de la congregación, incluso el mirar con frecuencia hacia las filas del fondo o del frente del salón hará que despierten mucho más interés como oradores. Eviten mantener la vista fija en las notas permanentemente. La audiencia quiere ver su rostro y ojos, ¡no la coronilla de su cabeza!

    Aun con estos siete consejos, es posible que se equivoquen con alguna palabra o noten que alguien dormita en la tercera fila de bancas, por así decirlo. Pero, ¿significa eso que ustedes son malos oradores? ¡Por supuesto que no! Además, es probable que esa persona tenga demasiado calor y sueño, algo que no tiene nada que ver con ustedes.

    Cuando estamos en una situación un tanto incómoda, es normal sentirnos nerviosos o cometer pequeños errores. No obstante, en tanto hagan el esfuerzo máximo e inviten al Espíritu, no importa cuánto tartamudeen u olviden decir algo. ¡Se hallan haciendo la obra de Dios y ayudando a Sus hijos a aprender más sobre el Evangelio! Si enseñan y testifican sobre lo que creen, todo saldrá de maravilla.

    Este artículo apareció originalmente en la edición de julio de 2018 de la revista Nueva Era.

    “He tenido hasta el momento la bendición de compartir muchos discursos durante varias reuniones sacramentales y aprendí que era muy útil practicar delante de mi familia un par de veces para recibir comentarios y sugerencias de ellos. También ayuda a que evitemos divagar para no seguir hablando y hablando. No tengan miedo de añadir una experiencia personal o un relato porque atrae la atención de la congregación. Sé que eso es lo que espero. Sobre todo, no se preocupen. Solo oren por ayuda del Espíritu Santo para tocar el corazón de una persona y tendrán éxito”. — Lillian J., 17 años, Estados Unidos

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