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    5 lugares para mirar cuando has perdido la esperanza

    Charlotte Larcabal Revistas de la Iglesia

    La esperanza nunca se pierde; solo tienes que saber dónde buscarla.

    La esperanza es esa cosa con plumas
    que se posa sobre el alma
    y entona una melodía sin palabras
    que nunca jamás cesa.

    —Emily Dickinson1

    ¿Tienes a veces la sensación de que la esperanza utiliza sus plumas para alejarse volando lo más posible de ti? ¿Como si una pérdida, un trauma o un deseo que lleva mucho tiempo sin cumplirse hubiera apagado todo atisbo de esperanza?

    Puede que hayas visto aumentar el cinismo en el mundo que te rodea, o que hayas sentido sobre ti mismo el melancólico peso de la desesperanza. Creo que todos lo sentimos en algún momento; probablemente varias veces a lo largo de la vida. Y aunque la tentación de hundirse en el lodo de la desesperación puede ser amargamente atractiva, la esperanza es el “ancla del alma” (Hebreos 6:19), ¡y necesitamos ese ancla!

    No importa cuán lúgubres puedan parecer las cosas; siempre se puede encontrar esperanza. La esperanza en sí existe gracias a que Jesucristo sufrió una Expiación infinita. La esperanza es tan infinita como Su expiación, por lo que ciertamente “nunca jamás cesa”.

    ¿Dónde encuentras esa esperanza perdurable cuando las sombras de desesperanza acechan? Estos son cinco lugares para mirar cuando has perdido la esperanza.

    1. Mira hacia el pasado.

    En nuestras horas más sombrías, el presente puede parecer terriblemente vacío, y el futuro un perturbador abismo de espanto. Cuando te sientes desesperanzado, puede que no seas capaz de imaginar que las cosas vayan a mejorar.

    Por eso, cuando mirar hacia el futuro sea demasiado difícil, mira hacia el pasado. Recuerda momentos en los que sentiste paz y gozo. Rememora las veces en que sentiste el Espíritu, aquellas en las que te sentiste feliz y querido. Pero recuerda también los momentos difíciles. Piensa en otras ocasiones en las que tuviste dudas o sentiste dolor o desesperanza, y recuerda que lo superaste.

    “Ya que Dios ha sido fiel y ha guardado Sus promesas en el pasado, podemos tener la esperanza y la confianza de que Dios cumplirá las promesas que nos ha hecho en el presente y en el futuro”, dijo el presidente Dieter F. Uchtdorf (“El poder infinito de la esperanza”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 23). Si miramos hacia el pasado podemos disipar el temor al futuro.

    2. Mira en tu interior.

    Respira hondo. Siente tu pulso. Presta atención a los pensamientos que recorren tu mente. Si puedes moverte y pensar, si siquiera existes, hay poder en tu interior para efectuar mucha justicia (véase Doctrina y Convenios 58:27–28). Estás vivo, y eso significa que tienes el poder para cambiar algo y volver a encontrar propósito y paz. Puedes hallar esperanza en el mero hecho de existir, porque eres hijo de Dios, bendecido con fortaleza, albedrío y vida. Cada latido en tu pecho y cada pensamiento en tu cerebro es una prueba de que hay esperanza.

    3. Busca alguien a quien puedas ayudar.

    Dedicar tiempo a descansar y reponer fuerzas es importante pero, cuando la desesperanza arrecia, podemos caer en la tentación de una excesiva autocomplacencia que, irónicamente, puede agravar el problema. “Puede que la razón por la que no tenemos más esperanza sea que no brindamos suficiente esperanza a los demás”, dijo el élder John H. Groberg, Setenta Autoridad General emérito. “Si deseamos más esperanza, brindemos más esperanza a otras personas; infundamos ánimo” (“There Is Always Hope”, devocional de la Universidad Brigham Young, 3 de junio de 1984).

    Si te sientes desesperanzado, mira más allá de ti mismo y busca alguien a quien dar aliento. “Los que iluminan la vida de los demás no pueden evitar que esos rayos de luz iluminen su propia vida”, escribió J. M. Barrie, autor de Peter Pan2.

    4. Busca buenos ejemplos.

    La vida es difícil. Esa es una verdad universal, y muchas personas han afrontado y superado adversidades tremendas. Lee o escucha sus historias y tómalas como ejemplo a seguir a medida que procuras recuperar la esperanza.

    Un buen punto de partida son las Escrituras, que fueron escritas para que “tengamos esperanza” (Romanos 15:4). José Smith albergó esperanza aun en medio de adversidades que le hicieron clamar desde su celda en la cárcel: “Oh Dios, ¿en dónde estás?” (Doctrina y Convenios 121:1). Alma hijo halló esperanza aun después de recordar todos sus pecados y sentirse “atormentado con las penas del infierno” (Alma 36:13). E incluso cuando era quemado por el rey Noé, las últimas palabras de Abinadí resonaron con una esperanza resiliente e inquebrantable: “¡Oh Dios, recibe mi alma!” (Mosíah 17:19). ¿Cómo tuvieron esas personas una esperanza así incluso en las situaciones más desesperadas? ¿Qué puedes aprender de sus ejemplos en cuanto a la esperanza?

    5. Mira al Salvador.

    Mirar hacia Cristo es la manera más segura de hallar esperanza, porque Él puede otorgar “de nuevo a [cualquier persona] una esperanza viva” (1 Pedro 1:3). Gracias a Su sacrificio, Jesucristo tiene poder sobre toda pérdida, sobre todo pecado y sobre la muerte. Él tiene el poder para elevar, resucitar y restaurar. Él es la fuente máxima de esperanza.

    Para fortalecer tu fe en Jesucristo, lee y vive Sus enseñanzas, y la esperanza que sientes aumentará (véanse Alma 25:16; Éter 12:9). Cuando mires hacia el Salvador, “Él hará todo lo que está en Su poder para darte aliento, elevarte, brindarte esperanza y ayudarte en todo lo posible de modo que, con ‘firmeza en Cristo’, podemos lograr ese ‘fulgor perfecto de esperanza’, y así desaparecen el desaliento y la desesperanza”, dijo el élder Groberg (“There Is Always Hope”).

    Notas

    1. Véase The Complete Poems of Emily Dickinson, ed. Thomas H. Johnson, 1951, pág. 116.
    2. Véase J. M. Barrie, A Window in Thrums, 1917, pág. 137.

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