Dirija análisis inspirados
    Notas al pie de página

    Dirija análisis inspirados

    Cuando el Salvador enseñaba, hacía algo más que compartir simple información; brindaba a Sus discípulos oportunidades para hacer preguntas y compartir su testimonio. Su modelo de enseñanza y aprendizaje nos invita a “… [enseñarnos] el uno al otro la doctrina del reino” para que “… todos sean edificados de todos y cada hombre tenga igual privilegio” (D. y C. 88:77, 122). Como maestro, usted puede fomentar análisis edificantes enriquecidos por las experiencias y los testimonios de los integrantes de la clase. A menudo, aun los niños pequeños tienen mucho que aportar. Un análisis intenso no es su meta principal como maestro, pero puede respaldar esa meta, que es la de ayudar a los alumnos a aumentar su fe en Jesucristo y llegar a ser más semejantes a Él.

    Cristo con los apóstoles en la última cena

    Cree un ambiente que fomente el análisis

    Las clases y reuniones de la Iglesia brindan a los Santos de los Últimos Días oportunidades de fortalecerse unos a otros al compartir pensamientos, experiencias y testimonios. El ambiente que cree en el salón de clases le permitirá fomentar este tipo de interacciones. Sus palabras y hechos, e incluso la configuración del salón, como la iluminación y la disposición de las sillas, pueden contribuir a establecer un espíritu de respeto mutuo y de aprendizaje activo.

    Pregunta para reflexionar: ¿Qué puedo modificar en el entorno del salón de clases a fin de fomentar análisis más edificantes?

    Ejemplo de las Escrituras: Según consta en Juan 21:8–12, ¿qué hizo Jesús para preparar un entorno en el que pudiera enseñar de manera eficiente a Sus discípulos? ¿Cómo puedo seguir Su ejemplo?

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    Véase también el video “Nosotros compartimos” (LDS.org).

    Haga preguntas que fomenten la reflexión

    Un buen análisis suele empezar con una buena pregunta que invite a las personas a pensar profundamente acerca del Evangelio. Por ejemplo, podría preguntar: “¿Qué verdades doctrinales se enseñan en el relato de la Primera Visión de José Smith?” o “¿De qué manera la Primera Visión de José Smith ha marcado una diferencia en su vida?”.

    Cuando haga este tipo de preguntas, conceda tiempo a los participantes para que reflexionen sobre las respuestas. A veces, el escribir una pregunta en la pizarra por adelantado puede fomentar la reflexión. Incluso podría hacer saber a los integrantes de la clase que quiere que dediquen un tiempo a pensar antes de responder. Invítelos a que pidan al Padre Celestial, en silencio, que los inspire mientras reflexionan sobre la pregunta. El Espíritu puede llegar a nuestro corazón en esos momentos de contemplación.

    Pregunta para reflexionar: ¿Qué preguntas podría hacer durante la próxima lección que inviten a la reflexión y el análisis?

    Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué aprendo de las preguntas que hizo el Salvador? (véanse, por ejemplo, Mateo 16:13–17, Lucas 10:25–26).

    Permita que todos participen

    Todos tienen algo que aportar, pero no siempre tienen la ocasión de hacerlo. Los maestros semejantes a Cristo muestran interés por el aprendizaje de cada persona, no solo por el de los más extrovertidos. Busque maneras de incrementar el número de integrantes de la clase que compartan su testimonio. Por ejemplo:

    • Podría dividir a los participantes en parejas o grupos pequeños de análisis, o incluso en clases más pequeñas, si el obispado lo autoriza.

    • Podría invitar a los integrantes de la clase a escribir sus pensamientos o sentimientos, y pedir a unos cuantos que compartan lo que escriban.

    • Podría decir: “Escuchemos a alguien que aún no haya hablado” o “Interesante comentario; ¿qué opinan los demás?”.

    • Si fuera maestro de niños, podría pensar en un juego sencillo que incluya a todos.

    Tal vez se sienta inspirado a invitar a una persona determinada para que comparta algo porque quizás tiene una perspectiva que podría beneficiar a los demás. Podría hacer preguntas que saquen provecho de las experiencias y los puntos fuertes de las personas, tales como: “¿Qué le ha enseñado su experiencia como madre acerca del amor cristiano?”.

    No esté tan absorto con la lección como para olvidarse de agradecer a los participantes sus aportaciones, pues necesitan saber que usted aprecia su disposición para compartir sus reflexiones y su testimonio.

    Pregunta para reflexionar: Además de hacer comentarios o compartir experiencias, ¿de qué otras maneras pueden participar los integrantes de la clase?

    Ejemplo de las Escrituras: ¿Cómo incluía el Salvador a aquellos a los que se solía pasar por alto? (véanse Marcos 10:13–16; Juan 4:3–42).

    Deje que el Espíritu lo guíe

    Deje que el Espíritu Santo lo guíe durante los análisis. Asegúrese de que estos sean siempre positivos y edificantes. No termine un análisis inspirado antes de tiempo con el fin de abarcar más material de la lección, en especial si percibe que el análisis está resultando significativo para los participantes.

    Preguntas para reflexionar: ¿Cómo puedo reconocer que un análisis está siendo guiado por el Espíritu? ¿Cómo sé cuándo finalizar un análisis y seguir adelante?

    Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué aprendo en Doctrina y Convenios 50:21–22 acerca de seguir el Espíritu mientras enseño?

    Haga preguntas de seguimiento

    Puede que cuando alguien comparta una reflexión doctrinal o una experiencia espiritual, usted perciba que esa u otra persona de la clase tiene algo más que compartir. Las preguntas de seguimiento pueden generar otros comentarios y conducir a reflexiones más profundas. Por ejemplo, podría preguntar: “¿Por qué es importante este principio para ustedes?” o “¿Qué otros pasajes de las Escrituras enseñan esta verdad?”.

    Pregunta para reflexionar: ¿Cómo puedo incentivar a los integrantes de la clase a que piensen más profundamente acerca de los principios que están analizando?

    Ejemplo de las Escrituras: ¿Cómo inspiraba el Salvador a Sus discípulos para que pensaran más profundamente en Sus enseñanzas? (véanse, por ejemplo, Lucas 24:13–32; Juan 21:15–18).

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    Véase también el video “Hacer preguntas de verificación” (LDS.org).

    clase del sacerdocio

    Escuche

    Escuchar es un acto de amor que requiere que nos preocupemos más por lo que hay en el corazón de la otra persona que por el punto siguiente de nuestra agenda o plan. Pida al Padre Celestial que le ayude a entender lo que digan los integrantes de la clase. A medida que preste atención detenidamente a los mensajes verbales y no verbales, llegará a entender mejor las necesidades, las inquietudes y los deseos de los participantes. El Espíritu le ayudará a saber cómo enseñarles, qué preguntas de seguimiento plantear y cómo ayudar a satisfacer sus necesidades.

    Preguntas para reflexionar: ¿Cómo sé si alguien me está escuchando? ¿Cómo puedo mostrar a los integrantes de la clase que verdaderamente los estoy escuchando?

    Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué aprendió Alma al escuchar a los zoramitas pobres? (véase Alma 32:4–8). ¿De qué manera influyó lo que aprendió en su manera de enseñar?

    Véase también Predicad Mi Evangelio, 2004, págs. 200–202.

    Para el líder del análisis

    Compartir y deliberar juntos: Para comenzar, pida a los maestros que compartan experiencias que hayan tenido con la enseñanza recientemente y que hagan preguntas con respecto a la enseñanza.

    Aprender juntos: Pida a los maestros que analicen una o más de las ideas de esta sección. No trate de usar todo el material durante una sola lección.

    Practicar: Invite a un maestro a que practique dirigir el grupo en un análisis breve acerca de un principio del Evangelio que vaya a enseñar próximamente. Anime al maestro a poner en práctica las ideas de esta sección (los videos que se sugieren podrían ser útiles). Después, los maestros podrían conversar acerca de lo que salió bien y lo que se podría mejorar.

    Prepararse: Decidan juntos el tema que tratarán en la reunión siguiente y pida a los maestros que se preparen.