Fomente el aprendizaje diligente
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Fomente el aprendizaje diligente

(Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 5.5.4)

Un verdadero maestro del Evangelio no se conforma con que los alumnos solamente escuchen lo que él diga. El aprendizaje del Evangelio no tiene por objeto ser una experiencia pasiva; es un acto de fe y de esfuerzo diligente. Al prepararse para enseñar, en lugar de pensar: “¿Qué haré para enseñar?”, pregúntese: “¿Qué harán los integrantes de mi clase para aprender? ¿Cómo les ayudaré a descubrir el Evangelio por ellos mismos? ¿Cómo los inspiraré a actuar?”. El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió este dicho popular: “Si al hombre se le da un pescado, le da de comer una vez; si al hombre se le enseña a pescar, lo alimentará toda la vida”. Después enseñó: “Como padres e instructores del Evangelio, ustedes y yo no estamos en el negocio de distribuir pescados; más bien, nuestra obra es ayudar a [las personas a las que enseñamos] a aprender a ‘pescar’ y a llegar a ser espiritualmente firmes”1.

Fomente el aprendizaje fuera de la clase

El estudio del Evangelio una vez a la semana no es suficiente para fortalecer a los integrantes de la clase en contra de las tentaciones y los engaños del adversario. El aprendizaje del Evangelio se debe centrar en un empeño diario en el hogar, lo cual incluye el estudio personal y en familia. Las cosas que diga y haga en calidad de maestro pueden reafirmar ese principio. Extienda invitaciones específicas a los integrantes de la clase a que estudien el Evangelio fuera de la clase y pídales regularmente que compartan lo que estén aprendiendo. Por ejemplo, podría invitar a todos los integrantes de la clase a que lleguen preparados para compartir un pasaje significativo de una lectura asignada. O bien, podría invitar a un integrante de la clase a prepararse para enseñar una parte de la lección. Incluso los niños pequeños pueden recibir la invitación a aprender fuera de la clase, con el apoyo de los padres.

El incentivo de aprender en el hogar debe ser algo más que un mero recordatorio en cuanto a una asignación de lectura; debe motivar e inspirar. Por ejemplo, podría decir: “Si desean mejorar su capacidad para reconocer los susurros del Espíritu, encontrarán valiosas ideas en Doctrina y Convenios 8–9. Los invito a que lean esas secciones antes de nuestra próxima clase”.

Pregunta para reflexionar: Al considerar que el hogar es el principal lugar de aprendizaje del Evangelio, ¿cómo cambiaría el uso que hago del tiempo en la clase?

Ejemplo de las Escrituras: Cuando Jesús enseñó a los nefitas después de Su resurrección, ¿por qué piensa que Él les instruyó que fueran a casa a meditar y a orar en cuanto a Sus palabras? (véase 3 Nefi 17:2–3).

Véase también la sección “Apoye el aprendizaje del Evangelio en el hogar” en este manual.

Dé la responsabilidad a los participantes

Aunque la función del maestro es importante, los participantes son, en última instancia, los responsables de su propio aprendizaje. Considere la forma en que puede ayudar a los integrantes de la clase a aceptar y a cumplir esa responsabilidad. Por ejemplo, si se lee un pasaje de las Escrituras en la clase, antes de compartir las perspectivas que usted tenga, podría preguntar a los integrantes de la clase qué aprendieron del pasaje. Hágales saber que no está buscando una respuesta específica, sino que tiene un interés sincero en lo que ellos están aprendiendo. Quizá se dé cuenta de que las preguntas y las perspectivas que invitan al Espíritu provienen de un alumno diligente con tanta frecuencia como del maestro.

Pregunta para reflexionar: ¿Qué puedo hacer para ayudar a los integrantes de la clase a asumir la responsabilidad de su propio aprendizaje?

Ejemplo de las Escrituras: ¿De qué forma instó el Salvador a Sus seguidores a asumir la responsabilidad de su propio aprendizaje? (por ejemplo, véanse Lucas 10:25–28; Éter 2:22–25).

Exprese su confianza mediante expectativas altas

Algunos participantes no sienten confianza en su capacidad para aprender el Evangelio por ellos mismos. El élder Bruce R. McConkie enseñó: “Cada [persona] tiene acceso a las mismas Escrituras y tiene derecho a ser guiado por el mismo Santo Espíritu”2. Al expresar su confianza en los integrantes de la clase y al testificar que el Espíritu Santo les enseñará, los ayuda a elevarse a la altura de las altas expectativas que el Señor tiene para los que estudian el Evangelio. Muchos de ellos nunca sabrán lo que pueden lograr a menos que reciban invitaciones y ánimo de parte de usted para que se exijan al máximo. Comparta con ellos esta inspiradora invitación del presidente Dieter F. Uchtdorf: “Los invito a que… sean expertos en la doctrina del Evangelio”3.

Pregunta para reflexionar: ¿Qué han hecho otras personas para ayudarme a sentir confianza en mi capacidad de aprender el Evangelio?

Ejemplo de las Escrituras: El Salvador expresó Su confianza en Sus discípulos al extenderles invitaciones exigentes, pero alcanzables (por ejemplo, véase Lucas 5:1–11). ¿Qué puedo hacer para seguir Su ejemplo?

Fomente la participación

Cuando los participantes comparten lo que están aprendiendo, no solamente sienten el Espíritu y fortalecen su propio testimonio, sino que también animan a los demás integrantes de la clase a descubrir las verdades por ellos mismos. Además de compartir lo que usted haya aprendido de su propio estudio, anime a los participantes a que compartan lo que ellos aprendieron. Podría hacer preguntas como las siguientes: “¿Qué verdades les llaman la atención en estos versículos?” o “¿Qué aprenden en cuanto a rescatar a los que están perdidos al leer el relato del presidente Monson?”. Los niños pequeños pueden compartir haciendo dibujos o contando relatos. Deje tiempo para que los integrantes de la clase compartan sus ideas en cada lección; en algunos casos verá que esos intercambios de ideas son la lección.

Pregunta para reflexionar: ¿Cómo puedo motivar a los integrantes de mi clase para que compartan lo que están aprendiendo?

Ejemplo de las Escrituras: en Lucas 10:1–9 se dice que el Salvador envió a Sus discípulos a compartir lo que habían aprendido de Él. ¿De qué manera los bendijo esa experiencia? (véanse los versículos del 17 al 24).

Enseñe a los participantes a buscar respuestas en las Escrituras

Si una persona sabe cómo encontrar significado en las Escrituras y acude a ellas diariamente, podrá tener acceso a guía divina para superar cualquier reto. Esa persona no dependerá del maestro para recibir fortaleza espiritual. Al enseñar, haga preguntas que requieran que los alumnos encuentren las respuestas en las Escrituras. Aún mejor, ayúdelos a aprender cómo plantear sus propias preguntas; ayúdelos a ver que, aunque las Escrituras se escribieron hace muchos años, contienen las respuestas del Señor a las preguntas y a los problemas que todos afrontamos.

Pregunta para reflexionar: ¿Qué consejo podría dar a los integrantes de la clase a fin de ayudarlos a tener mejores experiencias al buscar respuestas en las Escrituras?

Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué aprendo del ejemplo de Nefi en 1 Nefi 19:22–24 y 2 Nefi 25:1–4?

Invite a los participantes a anotar sus impresiones

Inste a los integrantes de la clase a anotar las impresiones que reciban del Espíritu Santo a medida que estudien el Evangelio. En el caso de los niños pequeños, podrían hacer un dibujo o compartir sus ideas con sus padres. Enseñe a los alumnos que, en ocasiones, el Espíritu les enseñará cosas durante un análisis en clase que no se mencionan en voz alta. El élder Richard G. Scott enseñó: “Anota las cosas importantes que aprendas del Espíritu y guarda esas anotaciones en un lugar seguro. Descubrirás que al anotar tus preciadas impresiones, a menudo se te ocurrirán más. Además, el conocimiento que obtengas estará a tu disposición por el resto de tu vida”4.

Pregunta para reflexionar: ¿En qué ocasión he recibido bendiciones al anotar una impresión espiritual?

Ejemplo de las Escrituras: El Salvador pidió a los nefitas que escribieran las cosas que se les habían enseñado (véase 3 Nefi 16:4; 23:4, 11; 27:23). ¿Qué bendiciones han provenido de ese mandamiento?

Para el líder del análisis

Compartir y deliberar juntos: Para comenzar, pida a los maestros que compartan experiencias que hayan tenido con la enseñanza recientemente y que hagan preguntas. Eso podría brindar la oportunidad de demostrar maneras de fomentar el aprendizaje diligente.

Aprender juntos: Pida a los maestros que analicen una o más de las ideas de esta sección.

Practicar: Antes de la reunión, asigne a cada uno de los maestros que aprenda en cuanto a un principio del Evangelio y que vaya preparado a la reunión a fin de inspirar a los demás maestros a aprender sobre ese principio. ¿En qué difiere este método de simplemente enseñar a los demás en cuanto a un principio? ¿De qué forma bendecirá esto a los integrantes de la clase?

Prepararse: Decidan juntos el tema que tratarán en la reunión siguiente y pida a los maestros que se preparen.