Cómo enseñar a los jóvenes
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Cómo enseñar a los jóvenes

Muchas de las experiencias que se encuentran registradas en las Escrituras dejan en claro que Dios confía en la capacidad espiritual de los jóvenes. Samuel era solo un niño cuando escuchó la voz del Señor en el templo. Mormón tenía solamente diez años cuando demostró los dones espirituales que le permitieron recibir su misión sagrada; José Smith tenía catorce años cuando se le confió la revelación que dio inicio a la Restauración; y el Salvador mismo tenía doce años cuando se le encontró en el templo enseñando y haciendo la obra de Su Padre. Si es maestro de los jóvenes, tiene la oportunidad de ayudarlos a cumplir la gran obra para la cual el Padre Celestial los ha preparado.

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Apoye a los padres

El Señor ha dado a los padres la principal responsabilidad de enseñar a sus hijos. Por lo tanto, a medida que se esfuerce por enseñar a los jóvenes a la manera del Señor, su labor debe apoyar la labor de los padres. Comparta con los padres de los jóvenes lo que esté enseñando. Delibere en consejo con ellos para averiguar las necesidades de los jóvenes de su clase y la mejor manera en que puede ayudar a satisfacerlas. Podría comunicarse con los padres mediante mensajes regulares de correo electrónico o de texto, o bien podría reunirse con ellos de vez en cuando.

Haga lo que pueda para fortalecer la relación entre los jóvenes y sus padres. En ocasiones, cuando los jóvenes necesitan consejos, podrían sentirse más cómodos pidiéndoselos a usted; pero, en la medida de posible, ínstelos a que busquen la guía de los maestros más importantes de su vida: sus padres.

Pregunta para reflexionar: ¿Cómo podría trabajar de forma apropiada con los padres de los jóvenes a los que enseño?

Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué impresiones recibo respecto a los jóvenes a los que enseño al leer acerca de los 2.000 jóvenes soldados de Helamán? (véase Alma 53:17–21, 56:47, 57:21).

Véase también la demostración de enseñanza en el video “Fortalezca a nuestra familia” (LDS.org).

Establezca expectativas altas y espere pacientemente a que los jóvenes las cumplan

En cierto modo, hay diferencias entre enseñar a los jóvenes y enseñar a los adultos. A menudo, los jóvenes tienen menos experiencia con el Evangelio y podrían sentirse menos cómodos al hacer comentarios en clase. Quizá tengan menor capacidad de concentración y requieran una mayor variedad de métodos de enseñanza, tales como lecciones prácticas, historias de la vida real y ayudas visuales. Algunos jóvenes aún están aprendiendo lo que resulta aceptable en la clase y podrían tratar de exceder los límites de la buena conducta. En ocasiones se sienten inseguros de sus creencias y de ellos mismos.

No obstante, los jóvenes también tienen el potencial de hacer cosas extraordinarias al servir al Señor. El élder David A. Bednar dijo: “Creo que esta generación de jóvenes está más sumergida en la Escrituras, conoce más a fondo las palabras de los profetas y es más propensa a acudir a las revelaciones en busca de respuestas que cualquier generación pasada”1. El presidente J. Reuben Clark, hijo, expresó una confianza similar en los jóvenes al decir: “Los jóvenes de la Iglesia tienen hambre de las cosas del Espíritu; están ansiosos por aprender el Evangelio, y lo quieren en su forma más pura y clara”2.

Si los jóvenes perciben que usted confía en ellos, su confianza en su propio potencial divino aumentará y le sorprenderá ver lo que ellos pueden lograr. Dígales, con amor, que usted sabe que ellos pueden ser responsables de su propio aprendizaje y que pueden comprometerse a seguir las normas del Señor. Ayúdelos a visualizar lo que el Padre Celestial sabe que pueden llegar a ser.

Por supuesto, los jóvenes aún tienen mucho que aprender, al igual que todos nosotros. Siga el ejemplo del Salvador al amarles y animarles de forma continua, al trabajar pacientemente con ellos y al no darse por vencido con ellos.

Preguntas para reflexionar: ¿Qué expectativas tengo con respecto a los jóvenes a los que enseño? ¿Cómo puedo expresar mi confianza en ellos?

Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué pasajes de las Escrituras me enseñan en cuanto a las expectativas que el Señor tenía de Sus discípulos? (véanse, por ejemplo, Mateo 5:48, Juan 13:34–35, 14:12).

Véase también la sección “Ame a los que enseña” en este manual.

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Brinde a los jóvenes oportunidades de enseñarse los unos a los otros

Los jóvenes se enseñan mutuamente todo el tiempo al compartir experiencias, al ayudar a un amigo a comprender un principio del Evangelio o al dar el ejemplo mediante sus acciones. Bríndeles oportunidades de enseñarse uno al otro en la clase, dado que aprenden mejor los unos de los otros y por medio de la experiencia de enseñar. Al invitar a los jóvenes a enseñar, tómese el tiempo de ayudarlos a prepararse de forma debida. Comparta con ellos algunos de los principios que se encuentran en este manual y explíqueles lo que usted hace a fin de prepararse para enseñar. Tenga en cuenta este modelo: explique un principio que desee que ellos comprendan, demuestre la forma de aplicarlo, permítales ponerlo en práctica, evalúe su esfuerzo y deles la oportunidad de volver a ponerlo en práctica.

Al hacerlo, no solo ayudará a los jóvenes con una lección, sino a enseñar el Evangelio a la manera del Señor durante el resto de su vida.

Pregunta para reflexionar: ¿Qué integrante de mi clase se beneficiaría con la oportunidad de enseñar? ¿Cómo puedo ayudarlo a que tenga una experiencia positiva?

Ejemplo de las Escrituras: Al leer Lucas 2:40–52, ¿qué me enseña el Espíritu en cuanto a los jóvenes de mi clase?

Véase también el video “Déjenos enseñar” (LDS.org).

Ayude a los jóvenes a adquirir autosuficiencia espiritual

Para sobrevivir espiritualmente en estos tiempos peligrosos y para cumplir la misión que el Señor tiene para ellos, los jóvenes a los que enseña necesitan tener sus propias reservas de fe y de testimonio. Tendrán que saber cómo hallar fortaleza durante sus tribulaciones y cómo encontrar respuestas a sus preguntas; no podrán depender de usted ni de sus padres.

Al enseñar, en lugar de limitarse a darles información, ayude a los jóvenes a descubrir las verdades del Evangelio por ellos mismos en las Escrituras y en las palabras de los profetas. Cuando tengan preguntas, a veces es mejor enseñarles a encontrar las respuestas por su cuenta, en lugar de contestar sus preguntas de inmediato. Por ejemplo, podría mostrarles las ayudas para el estudio que se encuentran en las Escrituras o la sección Temas del Evangelio de LDS.org. También podría compartir la forma en que usted ha procurado y recibido revelación personal. Anímelos a desarrollar el hábito de la oración diaria y del estudio significativo de las Escrituras. Por medio de sus palabras y de su ejemplo, enséñeles el gozo puro que se recibe al aprender y vivir el Evangelio.

Preguntas para reflexionar: ¿Saben los jóvenes a los que enseño lo que hago cada vez que tengo preguntas o inquietudes en cuanto al Evangelio? ¿Cómo puedo ayudarlos a ser más autosuficientes espiritualmente?

Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué significa “establecer vuestro fundamento” en Jesucristo? (Helamán 5:12). ¿Cómo puedo ayudar a los jóvenes a hacerlo?

Para el líder del análisis

Compartir y deliberar juntos: Para comenzar, pida a los maestros que compartan experiencias que hayan tenido con la enseñanza recientemente y que hagan preguntas con respecto a la enseñanza.

Aprender juntos: Pida a los maestros que analicen una o más de las ideas de esta sección. No trate de usar todo el material durante una sola lección.

Practicar: Invite a los maestros a que hagan una dramatización de cómo ayudar a los jóvenes a descubrir la verdad por ellos mismos en las Escrituras. ¿Cómo inspirarán a los jóvenes a encontrar la verdad sin darles todas las respuestas? ¿Qué consejo o sugerencia se pueden dar los maestros entre ellos?

Prepararse: Decidan juntos el tema que tratarán en la reunión siguiente y pida a los maestros que se preparen.