Enseñe por el Espíritu
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Enseñe por el Espíritu

(Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 5.5.4)

El Salvador prometió a sus discípulos: “… el Espíritu Santo… os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho” (Juan 14:26). Solo por medio del Espíritu Santo podemos alcanzar la meta más alta de la enseñanza del Evangelio: edificar la fe en Jesucristo y ayudar a otras personas a llegar a ser más semejantes a Él. El Espíritu Santo da testimonio de la verdad, testifica de Cristo y cambia el corazón de las personas. No hay maestro terrenal que, independientemente de cuán habilidoso o experimentado sea, pueda remplazar al Espíritu. A pesar de eso, podemos ser instrumentos en las manos de Dios para ayudar a Sus hijos a aprender por medio del Espíritu. Para lograrlo, invitamos la influencia del Espíritu en nuestra vida y exhortamos a las personas a quienes enseñamos a que hagan lo mismo.

Invite al Espíritu cuando enseñe

El objetivo fundamental de todo lo que hace un maestro del Evangelio (cada pregunta, cada pasaje de las Escrituras, cada actividad) es invitar al Espíritu para que edifique la fe e invitar a todos a que vengan a Cristo. Haga todo lo posible para invitar la influencia del Espíritu Santo. El Señor prometió: “… se os dará el Espíritu por la oración de fe; y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis” (D. y C. 42:14). También la música sagrada, las Escrituras, las palabras de los profetas de los últimos días, las expresiones de amor y de testimonio, así como los momentos de meditación en silencio, invitan la presencia del Espíritu. Por ejemplo, podría hacer arreglos para que haya un preludio de música suave al comienzo de la clase.

Preguntas para reflexionar: ¿Qué cosas traen el Espíritu a mi vida, a mi hogar y a mi clase? ¿Qué cosas lo alejan? ¿Qué puedo hacer a fin de ayudar a los integrantes de la clase a invitar al Espíritu cuando estén aprendiendo el Evangelio?

Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué aprendo acerca del Espíritu Santo en Juan 14:26, Helamán 5:29–30 y Doctrina y Convenios 11:12–13? ¿En qué forma podría ayudarme este principio a enseñar más a la manera del Salvador?

Sea un instrumento humilde del Espíritu

En ocasiones, los maestros podrían sentirse tentados a pensar que sus conocimientos, sus métodos o su personalidad son lo que inspira a los integrantes de la clase. Esa actitud impide que inviten al Espíritu Santo a enseñar a los participantes y a cambiar su corazón. Su objetivo como maestro no es llevar a cabo una presentación impactante, sino más bien ayudar a otras personas a recibir la influencia del Espíritu Santo, que es el verdadero maestro.

Pregunta para reflexionar: ¿Qué cambios debería hacer para que el Espíritu esté conmigo más plenamente mientras enseño? (véase, por ejemplo, D. y C. 112:10). Si desea hacer un ejercicio de evaluación personal, consulte la sección “Mejorar como maestro semejante a Cristo” de este manual.

Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué me enseña el Espíritu cuando leo sobre cómo Alma y los hijos de Mosíah se convirtieron en “… instrumentos en las manos de Dios”? (Mosíah 27:32–37; Alma 17:1–12, 26; 29).

Sea flexible

En muchas ocasiones, los mejores momentos de aprendizaje son imprevistos; por ejemplo, cuando alguien comparte una experiencia o hace una pregunta que conduce a un análisis profundo. Deje tiempo para ese tipo de momentos. Preste atención a las impresiones que reciba —tanto durante la planificación como al enseñar— y esté dispuesto a cambiar sus planes, si fuera necesario, a fin de seguirlas. Cuando está preparado espiritualmente, el Señor puede darle “… en el momento preciso, lo que [ha] de decir” (D. y C. 100:6). Recuerde que es más importante seguir las impresiones del Espíritu que cubrir una cantidad determinada de material.

Preguntas para reflexionar: ¿En qué momentos he sentido que el Espíritu me guiaba mientras enseñaba? ¿Qué puedo hacer a fin de recibir Su guía más a menudo?

Ejemplo de las Escrituras: Al leer 3 Nefi 17:1–9, ¿qué aprendo del ejemplo del Salvador cuando respondía a las necesidades de las personas a quienes enseñaba?

Comparta su testimonio a menudo

Su testimonio sencillo y sincero de verdades espirituales puede tener una influencia positiva en las personas a las que enseña. El testimonio resulta más poderoso cuando es directo y viene del corazón. No es necesario que sea elocuente ni extenso, y no tiene por qué empezar con: “Quisiera compartir mi testimonio”. Testifique a menudo de los principios específicos que esté enseñando. El presidente Joseph F. Smith enseñó que “un testimonio de ese tipo es como un sello que confirma la autenticidad” del principio1.

Preguntas para reflexionar: ¿Qué oportunidades tengo de expresar mi testimonio cuando enseño, tanto en mi clase como en mi hogar? ¿Qué puedo hacer para aprovechar mejor esas oportunidades?

Ejemplo de las Escrituras: ¿Qué aprendo de la forma en que Alma expresó su testimonio, según se encuentra registrado en Alma 5:45–48; 36:3–4?

Véase también el video “Un hombre sin elocuencia” (LDS.org).

Invite a otras personas a testificar

A fin de invitar al Espíritu cuando enseña, anime a otras personas a compartir su testimonio personal de la verdad de la que estén hablando. Pida a los alumnos que compartan sus sentimientos o experiencias acerca de un principio del Evangelio. Por ejemplo, podría preguntar: “¿Qué sienten con respecto al Libro de Mormón?” o “¿En qué forma su familia ha sido bendecida por haber seguido al profeta?”. Hasta los niños pequeños pueden dar testimonio con este tipo de motivación.

Pregunta para reflexionar: Al pensar en mis alumnos, ¿a quién me siento inspirado a invitar a que exprese su testimonio?

Ejemplo de las Escrituras: Según se encuentra registrado en Mateo 16:15–17 y en Juan 11:20–27, ¿de qué manera invitó el Salvador a Pedro y a Marta a expresar su testimonio?

Véanse también los videos “Tú eres el Cristo” e “Invítenos a testificar” (LDS.org).

Ayude a los demás a reconocer la influencia del Espíritu

Una de las cosas más importantes que puede hacer en calidad de maestro es ayudar a las personas a quienes enseña a reconocer la influencia del Espíritu Santo. Esto resulta particularmente cierto al enseñar a los niños, a los jóvenes y a los miembros nuevos; usted los está preparando para recibir revelación personal, evitar el engaño y adquirir autosuficiencia espiritual. Según le indique el Espíritu Santo, pregunte a los alumnos qué es lo que están sintiendo y qué se sienten inspirados a hacer. Ayúdelos a relacionar los sentimientos espirituales con la influencia del Espíritu Santo.

Pregunta para reflexionar: ¿Cómo sé si el Espíritu está presente cuando enseño?

Ejemplo de las Escrituras: ¿Cómo puedo usar Gálatas 5:22–23, Moroni 7:13 y Doctrina y Convenios 8:2–3 para ayudar a los integrantes de la clase a reconocer la influencia del Espíritu Santo?

Para el líder del análisis

Compartir y deliberar juntos: Para comenzar, pida a los maestros que compartan experiencias que hayan tenido con la enseñanza recientemente y que hagan preguntas con respecto a la enseñanza.

Aprender juntos: Pida a los maestros que analicen una o más de las ideas de esta sección. No trate de usar todo el material durante una sola lección.

Practicar: Según resulte apropiado, pida a los maestros que compartan las impresiones espirituales que hayan recibido durante el análisis. ¿Qué harán a fin de tener la guía del Espíritu la próxima vez que enseñen? Durante la siguiente reunión de consejo de maestros, invítelos a compartir sus experiencias.

Prepararse: Decidan juntos el tema que tratarán en la reunión siguiente y pida a los maestros que se preparen.

  1. Doctrina del Evangelio, 1978, pág. 200.