Introducción: Enseñar a la manera del Salvador
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Introducción: Enseñar a la manera del Salvador

Cuando piensa en la manera de enseñar del Salvador, ¿qué le viene a la mente? ¿Puede imaginarlo enseñando a las multitudes al lado del mar, hablando en privado con la mujer junto al pozo o bendiciendo a un niño pequeño? Al leer acerca de Él en las Escrituras, ¿qué observa en cuanto a Su manera de ayudar a los demás a aprender y a mejorar? ¿Qué significa para usted enseñar a la manera del Salvador?

La manera de enseñar del Salvador

Jesucristo declaró: “Yo soy el camino” (Juan 14:6). Al meditar en la vida de Él y en las oportunidades que usted tiene de enseñar, descubrirá que la manera de convertirse en un maestro eficiente es llegar a ser más como el Salvador. La manera de enseñar del Salvador derivaba de quién era Él y del “… poder del Espíritu” que llevaba consigo (Lucas 4:14). La clave para enseñar como el Salvador reside en vivir como Él vivió.

¿Y cómo vivió Él?

El Salvador estaba lleno de amor. Ya sea que animara a un pecador penitente, instruyera a Sus discípulos o reprendiera a los fariseos, todo lo que Él hacía era una manifestación de amor. El amor y la compasión que sentía por las personas y sus necesidades lo llevaron a enseñar de maneras que fueran significativas para ellas. Cuando el Salvador enseñaba, las experiencias cotidianas como pescar, dar a luz o pastorear ovejas se convertían en lecciones espirituales.

El Salvador procuró y obedeció la voluntad de Su Padre, y enseñó la doctrina del Padre. Desde Su infancia, Jesús estaba “… en los asuntos de [Su] Padre”, procurando hacer “… siempre lo que a él le agrada”. “Mi doctrina no es mía”, dijo, “sino de aquel que me envió” (Lucas 2:49, Juan 8:29, 7:16).

El Salvador estaba totalmente dedicado a Su misión sagrada: llevar a los hijos de Dios de regreso a Él. Jesús hizo más que impartir información; dio a Sus seguidores responsabilidades importantes que fortalecieron su fe y les ayudaron a crecer. Confió en ellos, los preparó y los envió al mundo a enseñar, bendecir y servir a los demás (véase Mateo 10:1, 5–8).

El Salvador amaba las Escrituras y las usaba para enseñar y testificar de Su misión. Enseñó a la gente a escudriñar las Escrituras para hallar sus propias respuestas a las preguntas. Como enseñaba la palabra de Dios con poder, las personas llegaron a saber por sí mismas que las Escrituras eran verdaderas (véase Lucas 24:32).

El Salvador vivía lo que enseñaba. En toda situación, Él fue el ejemplo perfecto. Enseñó a Sus seguidores a orar al orar con ellos (véase Lucas 11:1–4). Les enseñó a amar y prestar servicio por la manera en que los amó y les sirvió. Les enseñó cómo vivir Su evangelio mediante la forma en que Él lo vivió. Siempre estaba enseñando; a menudo en entornos formales, pero también con igual frecuencia en hogares y en conversaciones personales e informales (véanse Mateo 4:23; Marcos 14:3–9).

Usted tiene por delante muchísimo por descubrir acerca de la manera de enseñar del Salvador, pero tenga la certeza de que recibirá el poder para enseñar verdaderamente a Su manera a medida que aprenda de Él y lo siga. La invitación para enseñar a la manera del Salvador es ciertamente una parte clave de Su invitación: “… ven, sígueme” (Lucas 18:22).

Usted puede enseñar a la manera del Salvador

Usted es un discípulo de Jesucristo, lo cual significa que es un maestro porque el discipulado incluye enseñar, bendecir y elevar a los demás. Tal vez reciba por un tiempo el llamamiento formal de enseñar, pero la responsabilidad de enseñar le acompañará siempre, especialmente si es padre o madre. En ocasiones, la responsabilidad de enseñar puede parecer abrumadora; tal vez le preocupe no saber lo suficiente, no tener suficiente experiencia como maestro o, simplemente, no se considere la persona más idónea. Pero su Padre Celestial, que lo conoce perfectamente, lo llamó a usted a enseñar debido a lo que usted es capaz de ofrecer como un seguidor de Jesucristo comprometido, y Él no lo abandonará.

A continuación se mencionan algunos de los muchos recursos de poder y apoyo que Él pone a su disposición para ayudarle a enseñar a Su manera:

El poder del Espíritu Santo. El Espíritu Santo le revelará la voluntad de Dios al grado en que se esfuerce por vivir el Evangelio con dignidad. Le dará pensamientos, impresiones e ideas creativas acerca de cómo ayudar a los demás a aprender; le ayudará a saber en qué principios del Evangelio debe centrarse; conmoverá el corazón de aquellos a los que enseñe y los inspirará a cambiar. El Espíritu Santo hará posible que usted sea un “… maestro que ha venido de Dios”, porque el Espíritu es el verdadero maestro, y cuando Él esté con usted, usted enseñará con el poder de Dios y contribuirá a efectuar el milagro de la conversión (Juan 3:2; véase también 2 Nefi 33:1).

La promesa de su llamamiento y apartamiento. Su llamamiento para enseñar viene del Señor, no del hombre, y como ha prometido el presidente Thomas S. Monson: “… a quien el Señor llama, el Señor… capacita”1. Además, usted ha sido apartado bajo la dirección de aquellos que poseen llaves del sacerdocio; por tanto, tiene el derecho a la revelación personal que precise para tener éxito. Estas bendiciones son suyas si las procura, permanece fiel y se esfuerza por ser digno.

El poder de la oración. Su Padre Celestial está siempre disponible; puede hablar directamente con Él por medio de la oración. “Pedid al Padre en mi nombre…”, dijo el Salvador, “y tendréis el Espíritu Santo” (D. y C. 18:18; véase también D. y C. 42:14).

Su amor, talentos y experiencias. Usted puede bendecir a los hijos de Dios al recurrir al amor que usted tiene por los demás, los dones que Dios le ha dado y sus experiencias en la vida. Al grado en que sirva fielmente y procure la ayuda de Dios, Él lo magnificará y aumentará la capacidad de usted para enseñar el Evangelio a la manera del Salvador.

El poder de la palabra de Dios. La doctrina que se halla en las Escrituras y en las palabras de los profetas de los últimos días tiene el poder de cambiar el corazón y aumentar la fe. A medida que usted y aquellos a los que enseñe pongan “… a prueba la virtud de la palabra de Dios”, descubrirá que esta tiene “… gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que [es] justo ” (Alma 31:5).

Líderes amorosos. Sus líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares quieren ayudarle a que tenga éxito. Pídales consejo a medida que se esfuerza por mejorar como maestro y al reflexionar en las necesidades de aquellos a los que enseña.

Las aportaciones de las personas a las que enseña. Cada individuo de su clase es una fuente rica de testimonio, perspectivas y experiencias al procurar vivir el Evangelio. Invítelos a compartirlas con los demás y a edificarse unos a otros.

Recuerde que Dios lo ha llamado y Él lo capacitará. La enseñanza del Evangelio es una parte esencial de Su gran obra de salvación y “… cuando estamos en la obra del Señor, tenemos derecho a recibir Su ayuda”2.

Para el líder del análisis

Compartir y deliberar juntos: Para comenzar, pida a los maestros que compartan experiencias que hayan tenido con la enseñanza recientemente y que hagan preguntas con respecto a la enseñanza.

Aprender juntos: Pida a los maestros que analicen una o más de las ideas de esta sección. No trate de usar todo el material durante una sola lección.

Practicar: Invite a los maestros a que completen la evaluación “Mejorar como maestro semejante a Cristo” en este manual.

Prepararse: Decidan juntos el tema que tratarán en la reunión siguiente y pida a los maestros que se preparen.