Mejorar como maestro semejante a Cristo: Una evaluación personal
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Mejorar como maestro semejante a Cristo: Una evaluación personal

El apóstol Pablo instó a los santos de su época a examinarse a sí mismos para ver si estaban en la fe y probarse a sí mismos (véase 2 Corintios 13:5). Como maestros, también nosotros debemos evaluar nuestros puntos fuertes y débiles a fin de mejorar siempre nuestra capacidad de ayudar a los alumnos a edificar la fe en Jesucristo y llegar a ser más semejantes a Él. A medida que procure mejorar, recuerde la promesa del Señor: “… porque has visto tu debilidad, serás fortalecido” (Éter 12:37). Sea paciente consigo mismo y procure el poder fortalecedor del Salvador para llegar a ser la clase de maestro que Él sabe que usted puede ser.

La actividad siguiente puede ayudarle a aplicar principios de enseñanza semejante a la de Cristo. Lea las afirmaciones siguientes y considere cuán bien lo describen a usted como maestro. Elija la respuesta más adecuada para cada una:

1 = rara vez 2 = a veces 3 = a menudo 4 = casi siempre

Luego, según lo guíe el Espíritu, seleccione, con espíritu de oración, algunas cosas que le gustaría mejorar. Póngase metas y válgase de las secciones de este manual para ayudarle a mejorar. Vuelva a esta actividad con frecuencia para evaluar su progreso.

Amar a los que enseña

  • Oro por las personas a las que enseño.

  • Expreso mi amor a las personas a las que enseño.

  • Entiendo las necesidades y las experiencias de aquellos a los que enseño.

  • Cuando me preparo para enseñar, me centro más en las personas a las que estoy enseñando que en hacer una presentación.

  • Cuando me lo indica el Espíritu, modifico mis planes para tratar las preguntas y las necesidades de los alumnos en vez de abarcar todo lo que tengo preparado.

  • Tiendo una mano a los que no asisten a la clase.

Enseñar por el Espíritu

  • Ruego por la guía del Espíritu en mi vida y en mi labor como maestro.

  • Me esfuerzo por vivir de manera de ser digno de la compañía del Espíritu Santo.

  • Presto atención a las impresiones espirituales cuando me preparo y mientras enseño, y tengo fe para ajustar mis planes en consecuencia.

  • Comparto mi testimonio con aquellos a los que enseño.

  • Ayudo a los que enseño a reconocer la influencia del Espíritu.

  • Empiezo a prepararme al menos con una semana de anticipación y registro las impresiones espirituales que recibo.

  • El ambiente de mi salón de clases invita al Espíritu.

Enseñar la doctrina

  • Mi enseñanza se centra en las Escrituras y las palabras de los profetas de los últimos días.

  • Según sea apropiado, uso relatos, música, obras de arte y otros recursos apropiados para ayudar a los que enseño a entender las doctrinas.

  • Cuando surgen preguntas difíciles, respondo de maneras que edifiquen la fe.

Fomentar el aprendizaje diligente

  • Ayudo a aquellos a los que enseño a ser responsables de su propio aprendizaje.

  • Hago preguntas que fomenten la reflexión.

  • Invito a los integrantes de la clase a compartir sus reflexiones y testimonios, y a fortalecerse mutuamente.

  • Hago preguntas de seguimiento para alentar a los alumnos a pensar más profundamente en los principios del Evangelio.

  • Ayudo a los participantes a hallar respuesta a sus preguntas en vez de respondérselas yo.

  • Brindo oportunidades para que todos los alumnos participen en los análisis.

  • Invito a los integrantes de la clase a actuar de acuerdo con lo que aprenden, según me guía el Espíritu.

  • Hago un seguimiento de las invitaciones a actuar y pido a los participantes que compartan sus experiencias.

  • Animo a los integrantes de la clase a estudiar las Escrituras por sí mismos y con su familia.