Manuales y llamamientos
    2. Principios del sacerdocio
    Notas al pie de página
    Tema

    “2. Principios del sacerdocio”, Manual 2: Administración de la Iglesia, 2019

    “2. Principios del sacerdocio”, Manual 2

    2.

    Principios del sacerdocio

    El sacerdocio es el poder y la autoridad de Dios. Ha existido siempre y continuará existiendo sin fin (véanse Alma 13:7–8; Doctrina y Convenios 84:17–18). Por medio del sacerdocio, Dios creó y gobierna los cielos y la tierra. Mediante este poder Él exalta a Sus hijos obedientes, llevando a cabo “la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39; véase también Doctrina y Convenios 84:35–38).

    En la vida terrenal, el sacerdocio es el poder y la autoridad que Dios da al hombre para obrar en todas las cosas necesarias para la salvación de los hijos de Dios. Las bendiciones del sacerdocio están al alcance de todos los que reciben el Evangelio.

    Entre los pasajes importantes de las Escrituras relacionados con el sacerdocio que los líderes deben estudiar se incluyen: Alma 13 y Doctrina y Convenios 13, 20, 84, 107, 121 y 124.

    2.1

    La autoridad del sacerdocio

    El sacerdocio se divide en dos partes: el Sacerdocio Aarónico y el Sacerdocio de Melquisedec.

    El Sacerdocio Aarónico es el sacerdocio menor, y es “una dependencia del… Sacerdocio de Melquisedec” (véase Doctrina y Convenios 107:13–14). Recibe el nombre de Sacerdocio Aarónico porque le fue conferido a Aarón, hermano de Moisés, y a sus hijos.

    El Sacerdocio Aarónico incluye las llaves del ministerio de ángeles, del Evangelio de arrepentimiento y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados (véanse Doctrina y Convenios 13:1; 84:26–27; 107:20). Quienes poseen este sacerdocio pueden recibir autorización para administrar las “ordenanzas exteriores” del bautismo y la Santa Cena (véase Doctrina y Convenios 107:14). El obispo es el presidente del Sacerdocio Aarónico del barrio, y como parte de esa responsabilidad, administra asuntos temporales tales como el bienestar y las finanzas del barrio (véase Doctrina y Convenios 107:68).

    El Sacerdocio de Melquisedec es el sacerdocio más alto o mayor; está presente y en funcionamiento siempre que la Iglesia de Jesucristo se encuentra en su plenitud sobre la tierra. En un principio recibía el nombre de “el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios. Mas por respeto o reverencia al nombre del Ser Supremo, para evitar la demasiada frecuente repetición de su nombre, la iglesia en los días antiguos dio a ese sacerdocio el nombre de Melquisedec, o sea, el Sacerdocio de Melquisedec” (Doctrina y Convenios 107:3–4). Melquisedec fue “un gran sumo sacerdote” (Doctrina y Convenios 107:2) que vivió en tiempos de Abraham.

    Mediante la autoridad del Sacerdocio de Melquisedec, los líderes de la Iglesia guían a la Iglesia, dirigen la predicación del Evangelio en todo el mundo y administran toda la obra espiritual de la Iglesia (véanse Doctrina y Convenios 84:19–22; 107:18). El Presidente de la Iglesia es el sumo sacerdote que preside el Sacerdocio de Melquisedec.

    Cuando un hombre recibe el Sacerdocio de Melquisedec hace convenio de ser fiel, magnificar sus llamamientos y vivir de acuerdo con toda palabra de Dios y de Sus siervos (véase Doctrina y Convenios 84:33–44).

    2.1.1

    Llaves del sacerdocio

    Las llaves del sacerdocio son la autoridad que Dios ha dado a los líderes del sacerdocio para dirigir, controlar y gobernar el uso de Su sacerdocio en la tierra. El ejercicio de la autoridad del sacerdocio lo gobiernan aquellos que tienen sus llaves (véanse Doctrina y Convenios 65:2; 81:2; 124:123). Los que poseen llaves del sacerdocio tienen derecho a presidir y dirigir la Iglesia en una jurisdicción.

    Jesucristo tiene todas las llaves del sacerdocio pertenecientes a Su Iglesia y ha conferido sobre cada uno de Sus Apóstoles todas las llaves pertenecientes al reino de Dios en la tierra. El Apóstol viviente de más antigüedad en el cargo, el Presidente de la Iglesia, es la única persona sobre la tierra autorizada para ejercer todas las llaves del sacerdocio (véanse Doctrina y Convenios 43:1–4; 81:2; 107:64–67, 91–92; 132:7).

    Los Setenta actúan por asignación y por la delegación de autoridad de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce Apóstoles. Se asigna a Presidentes de Área para administrar Áreas bajo la autorización de la Primera Presidencia y de los Doce. A los integrantes de la Presidencia de los Setenta se les aparta y se les da las llaves para presidir los Cuórums de los Setenta.

    El Presidente de la Iglesia delega llaves del sacerdocio a otros líderes del sacerdocio para que puedan presidir en sus esferas de responsabilidad. Las llaves del sacerdocio se confieren a los presidentes de templo, de misión, de estaca y de distrito; a los obispos; a los presidentes de rama y a los presidentes de cuórum. Esta autoridad para presidir solo es válida en las responsabilidades designadas y dentro de la jurisdicción geográfica del llamamiento de cada líder. Cuando a los líderes del sacerdocio se les releva de su llamamiento, ya no tienen las llaves correspondientes a este.

    Los consejeros de los líderes del sacerdocio no reciben llaves; ellos son apartados y se desempeñan en sus llamamientos por asignación y mediante autoridad delegada.

    Todas las organizaciones auxiliares de barrio y estaca funcionan bajo la dirección del obispo y del presidente de estaca, quienes poseen las llaves para presidir. Los presidentes y consejeros de las organizaciones auxiliares no reciben llaves, pero sí reciben autoridad delegada para actuar en sus llamamientos.

    2.1.2

    Ordenanzas

    Se necesita la autoridad del sacerdocio para efectuar las ordenanzas del Evangelio. Una ordenanza —como el bautismo, la confirmación o la Santa Cena— es un acto físico y sagrado con significado simbólico. Cada ordenanza abre la puerta a ricas bendiciones espirituales. El simbolismo ayuda a los participantes a recordar el amor del Padre, la expiación del Hijo y la influencia del Espíritu Santo.

    Las ordenanzas siempre han formado parte del evangelio de Jesucristo. El bautismo, por ejemplo, se estableció en la época de Adán y Eva, y se practica actualmente en la Iglesia del Señor. A los miembros de la Iglesia se les manda reunirse a menudo para participar de la Santa Cena con el fin de recordar siempre al Salvador y renovar los convenios y las bendiciones del bautismo (véanse Moroni 6:6; Doctrina y Convenios 59:8–9).

    A toda persona responsable de sus actos se le requieren ciertas ordenanzas para lograr la exaltación en el reino celestial. Entre esas ordenanzas se incluyen el bautismo, la confirmación, la ordenación al Sacerdocio de Melquisedec (para los varones), la investidura del templo y el sellamiento en el templo. Los miembros de la Iglesia que están vivos reciben ellos mismos estas ordenanzas de salvación y exaltación, mientras que las personas fallecidas pueden recibirlas de forma vicaria. Las ordenanzas vicarias solo son efectivas cuando las personas fallecidas por las que se efectuaron las aceptan en el mundo de los espíritus y honran los convenios relacionados con ellas.

    Para encontrar información específica sobre cómo efectuar las ordenanzas y obtener las debidas autorizaciones, véase el capítulo 20.

    2.1.3

    Convenios

    Todas las ordenanzas necesarias para la salvación y la exaltación van acompañadas de convenios que se hacen con Dios. Un convenio es una promesa sagrada y perdurable entre Dios y Sus hijos. Dios establece las condiciones del convenio y Sus hijos acuerdan cumplirlas. Dios promete bendiciones bajo la condición de que la persona cumpla fielmente el convenio.

    Cuando los miembros de la Iglesia honran y cumplen sus convenios son bendecidos enormemente en la vida terrenal y reúnen los requisitos para la exaltación (véanse Éxodo 19:3–5; Jueces 2:1; 3 Nefi 20:25–27; Moroni 10:33; Doctrina y Convenios 42:78; 97:8).

    A fin de preparar a una persona para participar en una ordenanza, los padres, los demás familiares, los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, así como los maestros, se aseguran de que la persona entienda los convenios que va a hacer (véase Mosíah 18:8–11), y después de la ordenanza la ayudan a guardar esos convenios (véase Mosíah 18:23–26).

    2.2

    El propósito de la Iglesia

    Dios organizó La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como ayuda en Su obra de llevar a cabo la salvación y la exaltación de Sus hijos. La Iglesia invita a todos a “[venir] a Cristo, y a [perfeccionarse] en él” (Moroni 10:32; véase también Doctrina y Convenios 20:59). La invitación de venir a Cristo va dirigida a todo el que haya vivido, vive o viva sobre la tierra.

    Al recibir las ordenanzas del bautismo y la confirmación, las personas llegan a ser miembros de la Iglesia. Esta las apoya a ellas y a sus familias al servirles de “refugio contra la tempestad” frente a la influencia y la maldad del mundo (Doctrina y Convenios 115:6). La Iglesia brinda oportunidades de servicio, bendiciones y desarrollo personal. Los programas y las actividades de la Iglesia apoyan y fortalecen a las personas y a las familias.

    Para cumplir con el objetivo de ayudar a las personas y a las familias a reunir los requisitos de la exaltación, la Iglesia se centra en responsabilidades divinamente señaladas. Estas incluyen ayudar a los miembros a vivir el evangelio de Jesucristo, congregar a Israel mediante la obra misional, cuidar del pobre y del necesitado, y hacer posible la salvación de los muertos mediante la edificación de templos y efectuando ordenanzas vicarias.

    2.3

    El sacerdocio y la familia

    Todo esposo y padre en la Iglesia debe esforzarse por ser digno de tener el Sacerdocio de Melquisedec. Junto con su esposa como compañera en igualdad, él preside en rectitud y con amor, actuando como el líder espiritual de la familia. Dirige con regularidad a la familia en la oración y el estudio del Evangelio, incluido el estudio de las Escrituras, y en la noche de hogar. Colabora con su esposa para enseñar a sus hijos y ayudarlos a prepararse para recibir las ordenanzas de salvación (véase Doctrina y Convenios 68:25–28). Da bendiciones del sacerdocio de guía, salud y consuelo.

    Muchos miembros no tienen fieles poseedores del Sacerdocio de Melquisedec en sus hogares. Los líderes de la Iglesia deben prestar especial atención a amar y apoyar a esos miembros por medio del cuidado inspirado y atento, incluso asignar hermanos y hermanas ministrantes y proporcionar bendiciones del sacerdocio.

    2.4

    El uso de la autoridad del sacerdocio

    2.4.1

    Recibir la autoridad

    Para informarse sobre la ordenación de los hermanos a los oficios del sacerdocio, véase 20.7. Para informarse sobre el proceso de llamar, sostener y apartar a miembros para servir en llamamientos de la Iglesia, véase el capítulo 19.

    2.4.2

    Delegar autoridad

    Los líderes del sacerdocio pueden delegar autoridad asignando a otras personas para que los ayuden a cumplir un llamamiento. Para informarse sobre cómo delegar, véase 3.3.4.

    2.4.3

    Ejercer la autoridad del sacerdocio en rectitud

    El sacerdocio debe emplearse para bendecir la vida de los demás. Los líderes eficientes del sacerdocio presiden con amor y bondad. No tratan de imponer su voluntad sobre los demás; más bien, deliberan en consejo con las personas y tratan de alcanzar un consenso mediante la revelación. El Señor ha dicho que el poder del sacerdocio no se puede ejercer sino en rectitud (véase Doctrina y Convenios 121:36). El uso adecuado del sacerdocio incluye la persuasión, la longanimidad, la benignidad, la mansedumbre, el amor sincero y la bondad (véase Doctrina y Convenios 121:36, 41–42). Cuando un hombre intenta abusar del poder de su sacerdocio, “los cielos se retiran, el Espíritu del Señor es ofendido, y cuando se aparta, se acabó el sacerdocio o autoridad de tal hombre” (Doctrina y Convenios 121:37).

    2.4.4

    Consejos presidentes

    Los consejos suponen un medio para que los líderes se reúnan en unidad y fe a fin de procurar colectivamente la voluntad del Señor. También son una oportunidad de coordinar la obra de los cuórums y de las organizaciones auxiliares. A nivel local, ejemplos de consejos presidentes son: las presidencias de estaca, los consejos de estaca, los obispados y los consejos de barrio. Para informarse sobre el funcionamiento de los consejos, véase 4.1.

    2.4.5

    Magnificar llamamientos del sacerdocio

    Los poseedores del sacerdocio magnifican sus llamamientos al ministrar en sus propios hogares y a otros santos, así como al cumplir a conciencia con las responsabilidades que se les han asignado. El Señor aconsejó: “… aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado” (Doctrina y Convenios 107:99). Los poseedores del sacerdocio magnifican sus llamamientos al servir con diligencia; al enseñar con fe y testimonio; y al elevar, fortalecer y nutrir las convicciones de rectitud en la vida de aquellos de quienes son responsables.