La enseñanza de las Escrituras en Seminarios e Institutos
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La enseñanza de las Escrituras en Seminarios e Institutos de Religión


A fin de ayudar a los jóvenes y a los jóvenes adultos a entender las enseñanzas y la expiación de Jesucristo, y a confiar en ellas, los maestros de seminario e instituto tienen la comisión de enseñar a los alumnos las doctrinas y los principios del Evangelio como se hallan en las Escrituras. Para lograr esto, la administración de Seminarios e Institutos ha determinado que en los cursos sobre las Escrituras se enseñen los libros y capítulos de las Escrituras en la misma secuencia con que aparecen en los libros canónicos. Si bien esto no significa que cada versículo deba ser enseñado en el orden exacto en que aparece, por lo general cada lección seguirá la historia o la secuencia natural de los versículos. Estudiar las Escrituras de esta manera proporciona la base para entender la extensión plena del mensaje que el autor inspirado pretendía transmitir, y permite estudiar los principios y las doctrinas del Evangelio a medida que van surgiendo y son ilustrados en el texto de las Escrituras.

Estudiar las Escrituras en orden secuencial:

  • Permite a maestros y alumnos estudiar las verdades del Evangelio en armonía unas con las otras, así como en relación con otros contenidos de las Escrituras. Esto hace posible que tanto los maestros como los alumnos vean y entiendan con claridad y poder los mensajes inspirados de las Escrituras.

  • Brinda el debido enfoque y la repetición de las doctrinas y los principios del Evangelio como se encuentran en las Escrituras.


  • Ayuda a maestros y alumnos a identificar más fácilmente las relaciones de “causa y efecto”.


  • Ayuda a los alumnos a descubrir y comprender múltiples principios del Evangelio, aun cuando éstos no se analicen en detalle durante la lección. Para el alumno en lo personal, estas verdades pueden salir a la luz por acción del Espíritu Santo, para luego adaptarse y ajustarse a sus propias circunstancias particulares.

  • Permite a los maestros y a los alumnos estudiar y analizar las doctrinas y los principios del Evangelio en el contexto de las vidas y las experiencias de aquellos que vivieron en el pasado. Esto facilita que los alumnos vean estos principios y doctrinas en el contexto de su propia vida.

  • Ayuda a fomentar un grado de familiaridad con cada uno de los libros canónicos en su totalidad.

El élder David A. Bednar enseñó que: “El leer un libro de Escritura de principio a fin inicia el flujo del agua viva en nuestra vida al exponernos a relatos y doctrinas del Evangelio importantes y a principios eternos. Este método también nos permite aprender acerca de los personajes principales de las Escrituras y la secuencia, el momento y el contexto de los acontecimientos y las enseñanzas. Al leer la palabra escrita de esta manera, nos exponemos a la amplitud de un tomo de Escritura. Ésta es la primera forma, y la más fundamental, de obtener agua viva” (“Una reserva de agua viva”, Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos, 4 de febrero de 2007, pág. 2).

Incorporar los fundamentos de la enseñanza y el aprendizaje del Evangelio [3.1]

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En seminario e instituto, cada lección que está basada en las Escrituras se centra en un bloque de las Escrituras, y no en un concepto, doctrina o principio en particular. El curso de estudio divide las Escrituras en estos bloques de las Escrituras, que pueden ser tan breves como un capítulo (o sección), o tan amplios como un libro entero de las Escrituras. La mayor parte de los bloques de las Escrituras contienen quiebres naturales, donde se presenta un cambio en la acción o en el tema. Basándose en estos cambios, los bloques de las Escrituras se subdividen en segmentos más pequeños o grupos de versículos. Al organizar el estudio del bloque entero de las Escrituras en estos segmentos más pequeños, se brinda un esquema para la comprensión y la enseñanza del mensaje del autor inspirado.


Cuando los maestros y los alumnos estudian secuencialmente estos segmentos de los bloques de las Escrituras, incorporan muchos de los Fundamentos de la enseñanza y el aprendizaje del Evangelio. Los Fundamentos de la enseñanza y el aprendizaje del Evangelio, tales como comprender el contexto y el contenido; identificar, entender, sentir la importancia y la verdad de las doctrinas y los principios, y aplicarlos, no son métodos sino resultados que se deben lograr. Estos aspectos fundamentales funcionan en armonía y establecen un patrón o modelo que los maestros y los alumnos pueden seguir para dejar el Evangelio plasmado en sus mentes y corazones. Ese modelo se describe de la siguiente manera:


  • 1. Entender el contexto y el contenido. Ayudar a los alumnos a entender el contexto y el contenido de un bloque de las Escrituras es el paso que sirve de base en el proceso de enseñar las Escrituras. Un entendimiento de esa información en lo referente al trasfondo y a la historia crean la base para descubrir los principios y las doctrinas del Evangelio, y también ilustran y aclaran las verdades contenidas en el bloque de las Escrituras. Con frecuencia, la claridad y profundidad de entendimiento que provee esta fundación se pierde o disminuye cuando sólo se enseñan uno o dos versículos del bloque de las Escrituras.

  • 2. Identificar las doctrinas y los principios. Entender el contenido de las Escrituras prepara a los alumnos y maestros a identificar los principios y las doctrinas que se hallan en el bloque de las Escrituras. En ocasiones, un autor de las Escrituras declarará directamente el principio o doctrina que desea comunicar. Otras veces, por la forma en que son presentadas en el relato de las Escrituras, esas verdades están simplemente implícitas, surgiendo la necesidad de expresar la enseñanza del Evangelio en una sencilla declaración de la verdad.


  • 3. Entender el significado de esas doctrinas y principios. Una vez que se han identificado los principios y las doctrinas, los alumnos y los maestros procuran adquirir una mejor comprensión de esas verdades a través del análisis y la discusión de su significado. Frecuentemente, el bloque de las Escrituras ya contiene comentarios clarificadores que ayudan al alumno a captar el significado de una declaración de doctrina o de un principio. Además, comparar las Escrituras con un contexto moderno ayuda a los alumnos a comprender mejor lo que significan los principios y las doctrinas en su vida. A medida que los alumnos progresan en su comprensión de una doctrina o un principio, el tener la oportunidad de explicar a los demás la verdad del Evangelio fortalece y cristaliza más aún su propio entendimiento.


  • 4. Sentir la verdad y la importancia del principio o la doctrina mediante la influencia del Espíritu. Una comprensión clara de un principio o una doctrina prepara a los alumnos para percibir su veracidad e importancia. Cuando los alumnos sienten la verdad, la importancia y la urgencia del principio o la doctrina por medio de la influencia del Espíritu, se acrecienta su deseo de aplicar esa verdad en sus vidas. Los maestros pueden ayudar a los alumnos a invitar y nutrir estos sentimientos del Espíritu, dándoles oportunidades de compartir las experiencias que hayan tenido al vivir un principio del Evangelio y ocasiones para testificar de su veracidad. Los maestros también pueden compartir sus propios testimonios y experiencias. En muchos casos, el autor de las Escrituras también da testimonio del principio o doctrina que se enseña. Los maestros y los alumnos deben buscar estos testimonios confirmatorios en los versículos del bloque de las Escrituras.

  • 5. Aplicar las doctrinas y los principios. Cuando el alumno siente la verdad y la importancia de una doctrina o un principio, se abren las puertas para que ponga en práctica lo que ha aprendido. Aunque la mayoría de las veces la aplicación personal de los principios del Evangelio tiene lugar fuera del ambiente de la clase, hay cuestiones importantes que pueden ocurrir durante la lección que ayudarán a incrementar el cometido y la habilidad de los alumnos de aplicar lo que están aprendiendo de forma significativa. Los maestros pueden dar oportunidades a los alumnos de reflexionar en sus propias situaciones y considerar maneras específicas de aplicar el principio o la doctrina. Al dar tiempo a los alumnos para reflexionar y considerar cómo personalizar el principio en su propia vida, el Espíritu puede comunicar guía individual a sus mentes. Cuando sea apropiado, los maestros pueden invitar a los alumnos a compartir ideas sobre cómo ellos pueden aplicar el principio en el futuro.


Este modelo básico se repite parcial o totalmente a lo largo de las lecciones cuando los maestros y los alumnos estudian cada grupo de versículos dentro del bloque de Escrituras.


Se enfatizarán algunos segmentos del bloque de las Escrituras, mientras que otros recibirán menos atención, debido a que son menos importantes para el mensaje general del autor inspirado o para las necesidades particulares de los alumnos. En algunos segmentos, se dedicará mucho tiempo y esfuerzo a entender el contexto y el contenido, a descubrir los principios y las doctrinas del Evangelio y a continuar guiando a los alumnos a través de todo el proceso de entender el principio, sentir su veracidad e importancia, y procurar su aplicación.

En otros, se estudiará y entenderá el contexto y el contenido lo suficiente como para poder identificar un principio o una doctrina, para luego continuar con el siguiente segmento del bloque de las Escrituras. Cuando los maestros o los alumnos mencionan brevemente una doctrina o un principio que se hace evidente en el texto, el Espíritu Santo tiene la oportunidad de enseñar y personalizar las verdades del Evangelio que necesitan los alumnos en particular, aun cuando estas verdades no se analicen en profundidad como parte de la lección.

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Y en oros segmentos, los maestros y los alumnos puede que estudien sólo el contexto y el contenido, o quizás los maestros resuman la historia o el contenido y prosigan luego con el siguiente grupo de versículos. Resumir significa relatar brevemente el contenido de los capítulos o versículos que no se resaltan en la clase. El resumir permite al maestro avanzar rápidamente a través de ciertas porciones del bloque de las Escrituras. Al resumir segmentos del bloque de las Escrituras, en vez de omitirlos, los maestros ayudan a los alumnos a conservar claramente en sus mentes el argumento de la historia y su contexto, y a establecer una base para el descubrimiento y entendimiento de principios o doctrinas que surgirán posteriormente en el bloque. El resumen también ayuda a preservar la integridad y el flujo del mensaje del autor inspirado.


Así, al avanzar secuencialmente a través de cada segmento del bloque de las Escrituras, los maestros y los alumnos pueden comprender mejor cómo se relaciona un grupo de versículos con los demás. El apreciar la relación entre las varias partes que constituyen el bloque de las Escrituras permite que maestros y alumnos no solamente entiendan las doctrinas y los principios individuales en un nivel más profundo, sino que también les ayuda a percibir la visión más amplia de lo que las Escrituras están enseñando.

Lucas 5: Un ejemplo [3.2]

En el siguiente ejemplo se demuestra cómo un maestro podría enseñar un bloque de las Escrituras incorporando los Fundamentos de la enseñanza y el aprendizaje del Evangelio.

El bloque de Escrituras de este ejemplo, Lucas 5, podría dividirse en segmentos o grupos más pequeños de versículos, según los cambios del relato o del tema:


Lucas 5:1–11

Después de pescar milagrosamente una gran cantidad de peces, Pedro, Santiago y Juan son llamados por el Señor a ser pescadores de hombres.

Lucas 5:12–26

Jesús sana a varias personas de sus enfermedades físicas y perdona pecados.

Lucas 5:27–35

Jesús come con publicanos y pecadores, ocasionando que los escribas y fariseos lo cuestionen.

Lucas 5:36–39

Jesús dice la parábola del vino nuevo en odres viejos.


En la gráfica siguiente se ilustra para este ejemplo la progresión de la lección a través de cada uno de los segmentos. También mostrará hasta qué punto el maestro planea incorporar los aspectos fundamentales de la enseñanza y el aprendizaje del Evangelio en cada grupo de versículos.

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Versículos 1–11

Después de pescar milagrosamente una gran cantidad de peces, Pedro, Santiago y Juan son llamados por el Señor a ser pescadores de hombres.


El maestro comenzaría por ayudar a los alumnos a entender el contexto y el contenido de Lucas 5:1–11. Al estudiar estos versículos, los alumnos aprenderían que Jesús le pidió a Pedro: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar” (versículo 4). Los alumnos verían que a pesar de haber pasado toda la noche sin haber pescado “nada” (versículo 5), Pedro obedeció al Señor y, para su asombro, recogieron una gran cantidad de peces. De la experiencia de Pedro, los alumnos podrían identificar el principio: Si hacemos lo que el Señor nos pide, aun si no entendemos la razón, Él puede conceder bendiciones mayores que lo que podamos anticipar. El maestro podría entonces ayudar a los alumnos a entender este principio mejor y lo que significa para ellos, analizando con ellos cómo la experiencia de Pedro puede parecerse a las circunstancias de sus propias vidas o compartiendo una declaración relacionada de un profeta o apóstol de los últimos días.

En estos versículos, el deseo del maestro no consiste solamente en ayudar a los alumnos a identificar y entender este importante principio, sino también ayudarles a sentir su veracidad e importancia mediante la influencia del Espíritu. Para lograr esto, el maestro podría pedir a los alumnos que compartan cómo se han sentido bendecidos al responder a los mandatos del Señor, aun cuando no veían plenamente las razones para ello. Al testificar los alumnos y los maestros de cómo ellos han visto evidencias de este principio en sus vidas, el Espíritu puede testificar de su veracidad e inspirarlos a actuar. El maestro podría entonces conceder a los alumnos algunos minutos para reflexionar y escribir acerca de cómo ellos podrían aplicar este principio.


La gráfica refleja ahora qué Fundamentos de la enseñanza y el aprendizaje del Evangelio se implementaron en este segmento de versículos.

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Versículos 12–26


Jesús sana a varias personas de sus enfermedades físicas y perdona pecados.

A fin de ayudar a los alumnos a entender el contenido de estos versículos, el maestro haría que conocieran la historia del leproso y del paralítico que fueron sanados por el Señor. Para profundizar su comprensión del contenido, el maestro podría hacer que los alumnos analizaran en qué se asemejan estas dos sanaciones y en qué difieren. Para ayudarles a hacer esto, el maestro podría pedirles que consideraran la función que desempeñó la fe en ambas sanaciones. Después de descubrir que la fe fue necesaria en ambos casos, los alumnos podrían identificar el principio: Cuando ejercemos la fe y venimos al Salvador, Él puede sanarnos. Al analizar las diferencias entre los dos relatos, los alumnos notarían que mientras el leproso acudió al Salvador por sí mismo, el hombre que estaba paralítico necesitó la ayuda de otros. De esto, los alumnos podrían identificar un principio adicional: Podemos ayudar a otras personas a venir al Salvador, a fin de que sean sanadas.

El maestro podría ayudar a los alumnos a entender estos principios pidiéndoles que describan otras cosas, aparte de las enfermedades físicas, de las cuales las personas pueden sanar. El análisis podría ayudar a que los alumnos comprendan que las sanaciones físicas en estos versículos podrían simbolizar la capacidad del Señor para sanarnos espiritualmente. Esto podría incluir cosas tales como el perdonar nuestros pecados, consolarnos en nuestros pesares o calmar nuestros temores y ansiedades.


Para ayudar a los alumnos a sentir la verdad y la importancia de estos principios, el maestro podría pedir a los alumnos que compartieran una experiencia donde ellos o alguien que conozcan hayan sido sanados espiritual o físicamente. Se podría pedir a los alumnos que contaran de ejemplos donde hayan visto a alguien llevar a una persona al Señor para recibir la influencia sanadora del Salvador. (Cuando los alumnos comparten estos ejemplos, debe recordárseles que no mencionen los nombres de las personas involucradas). El maestro puede invitar a los alumnos a testificar del amor del Salvador y de Su poder para sanarnos.


A fin de fomentar la aplicación, el maestro podría pedir a los alumnos que pensaran en algo específico que podrían hacer para ejercer la fe para ser sanados, perdonados o consolados, y las maneras en que podrían llevar a un amigo u otra persona al Salvador.

Antes de continuar con los versículos 27–35, el maestro podría pedir a los alumnos que compartieran lo que han aprendido acerca del Salvador en estos versículos. Las reacciones a esta invitación podrían generar sentimientos de gratitud y reconocimiento de la compasión del Salvador.


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Versículos 27–35

Jesús come con publicanos y pecadores, ocasionando que los escribas y fariseos lo cuestionen.


En este segmento el maestro solamente planea ayudar a los alumnos a entender el contexto y el contenido. Al estudiar estos versículos, los alumnos aprenderían acerca del llamamiento del publicano Leví, o Mateo, y acerca de Jesús comiendo con publicanos y pecadores (contenido). El maestro podría ayudar a los alumnos a entender que los judíos consideraban a los publicanos como desterrados y pecadores (contexto). Este contexto ayudaría a que los alumnos entendieran la importancia del futuro llamamiento de Mateo para llegar a ser un discípulo del Señor. También agregaría significado adicional al intercambio que ocurrió en estos versículos entre los fariseos y el Señor concerniente a Su “com[er] y beb[er] con los publicanos y pecadores” y Su misión de ayudar a los pecadores a arrepentirse (véanse los versículos 30–32).


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Versículos 36–39

Jesús dice la parábola del vino nuevo en odres viejos.


Para ayudar a los alumnos a entender el contexto y el contenido de esta parábola, el maestro podría hacer una referencia a la definición de odre en el diccionario de la Academia (donde se explica que los odres son bolsas de cuero para contener líquidos, como la bota de vino) y analizar la diferencia entre el cuero nuevo, que es suave y flexible, y el cuero que se ha endurecido y vuelto quebradizo. El maestro podría explicar luego que Jesús se dirigía a los fariseos (contexto), y que “vestido viejo” y los “viejos odres” en esta parábola representan a los fariseos, que no estaban dispuestos a cambiar y aceptar la doctrina de Cristo. El maestro podría también señalar que el “nuevo paño” y los “nuevos odres” representan a las personas que estaban dispuestas a cambiar y aceptar al Salvador y Sus enseñanzas.


El maestro podría entonces pedir a los alumnos que identificaran un principio basándose en esta parábola. Una posible verdad que los alumnos podrían identificar es: Para aceptar al Salvador y Su evangelio, debemos ser humildes y estar dispuestos a cambiar. El maestro podría hacer que los alumnos revisaran el capítulo, buscando ejemplos donde las personas se hayan endurecido y vuelto inflexibles en su actitud hacia el Salvador y Sus enseñanzas, así como ejemplos donde las personas fueron humildes y estaban dispuestas a cambiar. Esta actividad podría ayudar a los alumnos a entender este principio mejor.


El maestro podría concluir la lección invitando a los alumnos a compartir reflexiones adicionales o impresiones que hayan adquirido de su estudio de Lucas 5. El maestro podría testificar también de las verdades que se enseñaron y alentar a los alumnos a actuar conforme a los principios y las doctrinas que han descubierto.

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