Prepararse para enseñar
    Notas al pie de página
    Theme

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    Prepararse para enseñar

    La preparación personal [4.1]

    El élder Boyd K. Packer dijo: “El poder se recibe cuando el maestro ha hecho todo lo que está a su alcance para preparar, no únicamente sus lecciones, sino su vida, para que ésta esté siempre en la sintonía del Espíritu. Si aprende a confiar en el Espíritu para recibir inspiración, podrá estar delante de su clase… firme en el conocimiento de que podrá enseñar bajo inspiración” (Véase Enseñad diligentemente, revisión de 1991, pág. 171).


    La parte más importante, más fundamental, de la preparación de un maestro del Evangelio es su preparación espiritual. Algunas de las consideraciones importantes de tal preparación incluyen el vivir el Evangelio, orar por la ayuda y la guía, ejercer la fe y participar en las capacitaciones para maestros en funciones.

    Vivir el Evangelio [4.1.1]

    La fidelidad con la que los maestros viven el Evangelio influye en cada aspecto de su enseñanza. No se puede acometer una preparación más importante que la de vivir una vida digna de la guía y la compañía habilitante del Espíritu Santo (véase la sección 1.2, “vivir” en la página 00[2]).

    Orar para recibir ayuda y guía [4.1.2]

    La oración forma una parte integral de la preparación para la enseñanza (véase D. y C. 42:14; 104:79, 82). Un maestro puede orar por la ayuda del Espíritu para comprender las Escrituras y los principios del Evangelio; por la sabiduría para decidir cómo enseñar mejor esos principios por el Espíritu; por la ayuda y la guía antes de comenzar cada clase, y por la disposición de los alumnos a sentir y ser enseñados por el Espíritu. Los maestros pueden pedir al Señor el don del discernimiento para entender mejor a cada alumno, ayuda para poder llegar hasta los alumnos que tienen problemas y el don de la caridad para amar a los alumnos que puedan resultar difíciles de amar (véase Moroni 7:48).

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    Ejercer la fe [4.1.3]

    El párrafo “enseñar” del objetivo de SI implica que un maestro eficaz debe tener confianza en el poder de la palabra de Dios, fe en el Señor y en el Espíritu Santo y confianza en los alumnos. Cuando los maestros no tienen éxito, suele ser porque falta alguno de estos elementos.

    Confianza en el poder de la palabra. Los maestros pueden sentirse tentados a creer que a los alumnos no les gustarán las Escrituras, o que no podrán enseñarles las Escrituras día tras día y conservar el interés de los alumnos. No obstante, los maestros deben recordar que las Escrituras contienen “las palabras de vida” (D. y C. 84:85) y que la palabra tiene “un efecto más potente en la mente… que la espada o cualquier otra cosa” (Alma 31:5).


    El élder Henry B. Eyring dijo: “Les suplico, por ustedes y por sus alumnos, que tengan fe en que ellos querrán leer [las Escrituras], que no tendrán que llevar a los alumnos hacia ellas, sino que ellas los atraerán … El Señor escribió el libro. Él le mostró a Nefi cómo hacerlo [el Libro de Mormón] de manera tal que los atrajera a ustedes. Y atraerá a sus alumnos” (“The Book of Mormon Will Change Your Life”, Simposio del SEI sobre el Libro de Mormón, 17 de agosto de 1990, pág. 2).

    Fe en el Señor y en el Espíritu. La responsabilidad de enseñar los principios del Evangelio a los jóvenes y a los jóvenes adultos puede resultar desafiante y abrumadora. Pero, es la obra del Señor: Él brindará Su ayuda a quienes lo busquen con fe. Mormón enseñó: “Y Cristo ha dicho: Si tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquier cosa que me sea conveniente” (Moroni 7:33).

    Los maestros deben tener fe en que el Señor entiende las necesidades de cada alumno y quiere bendecirlos. Los maestros deben creer que el Espíritu Santo llevará el mensaje del Evangelio a cada alumno e inspirará la aplicación de los principios del Evangelio conforme a sus necesidades y circunstancias. Un maestro debe recordar que es “el Consolador que fue enviado para enseñar la verdad” (D. y C. 50:14).


    Confiar en los alumnos. Los maestros deben tener fe en que, con la guía y el aliento adecuados, los alumnos pueden entender las Escrituras, aprender a identificar las doctrinas y los principios, explicar el Evangelio a los demás y aplicar las enseñanzas del Evangelio en su vida. El presidente J. Reuben Clark Jr. describió algunas características de los alumnos de seminario e instituto:


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    “Los jóvenes de la Iglesia tienen hambre de las cosas del Espíritu; están ansiosos por aprender el Evangelio, y lo quieren en su forma más pura y clara…

    “…Ustedes no tienen que ubicarse detrás de este joven que tiene experiencia espiritual a fin de susurrarle la religión al oído; pueden ubicarse delante de él, cara a cara, y hablar con él. No tienen necesidad de disfrazar las verdades religiosas con un manto de cosas mundanas; pueden presentarle estas verdades con franqueza de manera natural” (El curso trazado por la Iglesia en la educación, edición revisada 1994, actualizada 2004, págs. 3, 10).


    En ocasiones, la apariencia de los alumnos, su comportamiento o su reacción al aprendizaje del Evangelio parecieran señalar que no “tienen hambre de las cosas del Espíritu”. En estas circunstancias es especialmente importante que los maestros ejerzan fe en las enseñanzas del presidente Clark. El élder Henry B. Eyring ofreció esta alentadora promesa: “Nuestros alumnos quizás no sepan que están desmayándose de hambre, pero las palabras de Dios satisfarán una sed que ellos no saben que tienen, y el Espíritu Santo las llevará hasta sus corazones” (“Debemos elevar nuestras miras”, Conferencia del SEI sobre el Libro de Mormón, 14 de agosto de 2001, pág. 3).


    Un maestro que procure cumplir el objetivo de SI ejerciendo fe en el poder de la palabra, en el Señor, en el Espíritu Santo y en los alumnos, debe plantearse regularmente:

    Mi enseñanza:


    1. ¿Promueve una comprensión y un amor más profundos por la palabra de Dios?


    2. ¿Invita al Espíritu Santo y conduce a la edificación?


    3. ¿Alienta a cada alumno a aprender y a vivir personalmente el Evangelio con fe?


    4. ¿Ayuda a mis alumnos a conocer, amar y seguir a Jesucristo de una manera mejor?

    Participar en las capacitaciones para maestros en funciones [4.1.4]

    Seminarios e Institutos provee oportunidades de capacitación para todos sus maestros y líderes en funciones. Estas capacitaciones están destinadas principalmente a mejorar la enseñanza, acrecentar el conocimiento del Evangelio y ayudar a los maestros a aprender a administrar en seminarios e institutos.


    Un aspecto de esta capacitación son las reuniones formales de maestros en funciones. Estas capacitaciones se celebran en forma regular, para las que se cuenta con la asistencia de los maestros y de los líderes. En estas capacitaciones los participantes estudian y analizan las Escrituras a fin de profundizar su comprensión. Aprenden y practican métodos inspirados de enseñanza. También comparten ideas para aumentar la matrícula de alumnos, la asistencia y la terminación de los cursos; deliberan acerca de las necesidades actuales y aprenden sobre cómo cumplir con sus responsabilidades administrativas.


    Otro aspecto de estas capacitaciones para maestros en funciones abarca las visitas a los salones de clase y las observaciones. Los maestros se pueden beneficiar grandemente de invitar al coordinador, supervisor u otro maestro a que observe sus clases y les dé comentarios útiles. Con frecuencia, se puede pedir a un observador que dé información acerca de alguna técnica específica de enseñanza que un maestro esté tratando de desarrollar. Donde esto sea posible, un maestro puede beneficiarse igualmente de hacer una observación de otros maestros.


    Quienes participen en estas capacitaciones para maestros en funciones con fe y con un deseo sincero de aprender y mejorar experimentarán un crecimiento y desarrollo constantes.

    La preparación del alumno [4.2]

    Las Escrituras hablan de un estado de preparación o disposición en el corazón y la mente de aquellos que procuran el aprendizaje espiritual. Por ejemplo, Esdras, un sacerdote y escriba en el Antiguo Testamento, “había preparado su corazón para buscar la ley de Jehová, y para cumplirla” (Esdras 7:10). El libro de Hechos describe a los fieles santos que “recibieron la palabra con toda solicitud” (Hechos 17:11). Durante Su visita al pueblo de Nefi, el Salvador les alentó: “preparad vuestras mentes para mañana, y vendré a vosotros otra vez” (3 Nefi 17:3).

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    Para que los alumnos sientan la influencia edificadora del Espíritu Santo en su experiencia de aprendizaje, ellos también deben hallarse “preparados para oír la palabra” (Alma 32:6). En el salón de clase, los alumnos están preparados para aprender cuando sus mentes están despiertas, su atención está centrada en la experiencia de aprendizaje y manifiestan disposición a ser enseñados por el Espíritu. Entre las muchas cosas que un maestro puede hacer para ayudar a los alumnos a preparar su corazón y su mente para el aprendizaje del Evangelio, están las siguientes:


    Orar por los alumnos. Los maestros pueden suplicar al Señor que derrame Su Espíritu sobre los alumnos para “preparar sus corazones para recibir la palabra… con gozo” (Alma 16:16–17).

    Fomentar un ambiente de amor y respeto. Los alumnos que se sienten amados y valorados por su maestro y por los otros alumnos, y sienten que se confía en ellos, vendrán a la clase más abiertos a la influencia del Espíritu y con un deseo más fuerte de participar.

    Establecer un sentido de propósito. Los maestros deben ayudar a los alumnos a comprender que asisten a clase para llegar a conocer al Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo, y a progresar hacia la vida eterna por medio del estudio de Su Evangelio, cual se halla en las Escrituras y en las palabras de los profetas.

    Presentar lecciones interesantes, relevantes y edificantes. Cuando los maestros preparan y presentan lecciones edificantes en forma regular, los alumnos desarrollan una expectativa de que aprenderán algo de valor cada vez que asistan a la clase. El élder Boyd K. Packer enseñó: “Si usted enseña una clase…, [los alumnos] no volverán a la clase con entusiasmo a menos que consideren que están aprendiendo algo. Para sentir el deseo de regresar tienen que aprender. Vendrán de su propia voluntad y con gran disposición a una clase … en donde sientan que se les está alimentando” (véase Enseñad Diligentemente, pág. 88).

    Invitar al Espíritu Santo al inicio de la clase. Con frecuencia, un devocional bien llevado por los alumnos, que incluya oración, el canto de un himno y un pensamiento de las Escrituras, invita al Espíritu, une a los alumnos y prepara sus mentes y corazones para el aprendizaje espiritual.

    Captar y mantener el interés de los alumnos. Los maestros pueden ayudar a centrar la mente de los alumnos en la experiencia de aprendizaje comenzando cada lección de una manera que capte la atención de los alumnos y los lleve a escudriñar las Escrituras con un mayor propósito. Por ejemplo, un maestro podría tener una pregunta intrigante escrita en la pizarra o exhibir un objeto o una lámina que despierte el interés de los alumnos al llegar al salón.

    Debido a que muchos alumnos poseen un período de atención reducido, un maestro sabio buscará maneras de reavivar su interés y entusiasmo varias veces durante la lección. Esto debe hacerse de forma tal que centre la atención de los alumnos en las Escrituras que se van a estudiar.

    Preparar a los alumnos para ser aprendices de éxito. Antes de invitar a participar a los alumnos, los maestros deben explicar claramente lo que se les pedirá, dar un ejemplo, dar tiempo a los alumnos a prepararse y practicar, y luego animarlos y reconocer los esfuerzos de los alumnos al cumplir su función en el proceso de aprendizaje. Los maestros que preparan a los estudiantes a cumplir con su función de aprendices tendrán mucho éxito en llevar a cabo el Objetivo de Seminarios e Institutos.


    La preparación de la lección [4.3]

    Fuentes para la preparación de la lección [4.3.1]

    Las Escrituras


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    Los cuatro cursos de seminario y la mayoría de los cursos aprobados de instituto consisten en un estudio de los libros canónicos. La fuente principal para determinar lo que se enseña en estos cursos son las propias Escrituras. En un mensaje a los maestros de seminario e instituto, el presidente Ezra Taft Benson enseñó: “Recuerden siempre: no hay sustituto que iguale a las Escrituras y a las palabras de los profetas vivientes. Ellas deben ser sus fuentes originales” (“El maestro del Evangelio y su mensaje”, discurso a los educadores religiosos del SEI, 17 de septiembre de 1976, pág. 3).

    Algunos cursos de instituto se centran en temas del Evangelio, más bien que en un estudio de los libros canónicos. Los maestros de estos cursos deben considerar el material sugerido en los manuales de instituto (así como las Escrituras) como su fuente principal de preparación. Los maestros deben buscar constantemente oportunidades para usar las Escrituras y las palabras de los profetas a fin de clarificar e ilustrar las doctrinas y los principios que se enseñan en estos cursos.


    El material de estudio de seminario e instituto


    Se proporcionan los materiales de los cursos de estudio de seminario e instituto como el recurso principal para ayudar a los maestros a preparar y enseñar lecciones eficaces. El material de estudio proporciona información general acerca de las Escrituras y su contexto, explicaciones sobre palabras y frases difíciles, comentarios de Autoridades Generales sobre las doctrinas y los principios enseñados en las Escrituras, y sugerencias en cuanto a los contenidos, las doctrinas y los principios que se deben enseñar. También aporta ideas en cuanto a cómo enseñar. A medida que los maestros utilicen el material del curso a la par de su estudio del bloque de las Escrituras, el Espíritu Santo puede inspirarlos en la adaptación de la lección a las necesidades de los alumnos.

    El élder Henry B. Eyring dio una explicación referida a la preparación y al uso del curso de estudio: “Las personas llamadas por el profeta para garantizar que la doctrina que se enseña en la Iglesia sea correcta, revisan cada palabra, cada imagen, cada diagrama del curso que ustedes reciben. Para desatar el poder del curso de estudios, basta con actuar con fe en que Dios ha inspirado su creación…

    “Apegarse al contenido del material de estudio y a su orden liberará nuestros talentos particulares de enseñanza, no los reprimirá” (véase “El Señor multiplicará la cosecha”, Una velada con el élder Henry B. Eyring, 6 de febrero de 1998, pág. 4).


    Recursos adicionales


    Los maestros pueden utilizar recursos adicionales como las revistas de la Iglesia, en especial las enseñanzas de la conferencia general, que contribuyan a aclarar la comprensión del bloque de las Escrituras. No deben utilizarse otros recursos para especular, causar sensación o enseñar ideas que no han sido establecidas claramente por la Iglesia. Aun cuando algo se hubiese verificado o publicado previamente, puede que no resulte apropiado para usarlo en el salón de clase. Las lecciones deben edificar la fe y el testimonio de los alumnos.

    Decidir qué enseñar y cómo enseñarlo [4.3.2]

    Al preparar una lección, todo maestro debe decidir: “¿Qué enseñaré?” y “¿Cómo lo enseñaré?”. El qué enseñar abarca el contexto (que incluye los antecedentes, la cultura y el ambiente), el contenido (el hilo de la historia, las personas, los acontecimientos, los sermones y las explicaciones inspiradas) y las importantes verdades del Evangelio contenidas en el bloque de las Escrituras. El cómo enseñar se refiere a los métodos, el enfoque y las actividades de aprendizaje que el maestro utiliza para que los alumnos aprendan (tales como los análisis en clase, recursos audiovisuales, ejercicios escritos y trabajo en pequeños grupos). Se debe decidir qué enseñar antes de escoger cómo enseñar para que la atención principal se centre en las Escrituras, antes que en los métodos y las técnicas.

    Al preparar las lecciones, los maestros deben dedicar suficiente tiempo y esfuerzo a decidir ambas cuestiones: qué enseñar y cómo enseñar. Si durante la preparación de la lección, el qué enseñar recibe casi toda la atención, un maestro no tendrá suficiente tiempo para considerar cómo ayudar a los alumnos a participar en el aprendizaje. Generalmente, esto se traducirá en lecciones aburridas y demasiado centradas en el maestro. Si el maestro se concentra demasiado en el cómo enseñar, las lecciones se vuelven desarticuladas y pierden propósito y poder.

    Decidir qué enseñar [4.3.3]

    Hay cuatro etapas fundamentales que los maestros deben cubrir al prepararse para enseñar: Primera, procurar entender el contexto y el contenido del bloque de las Escrituras. Segunda, identificar y entender las doctrinas y los principios que se hallan en el bloque. Tercera, decidir qué principios son los más importantes que sus alumnos deben aprender y aplicar, y cuarta, decidir qué nivel de énfasis debe darse a cada segmento en el bloque de las Escrituras.


    1. Entender el contexto y el contenido del bloque de Escrituras que se enseñará.


    Los maestros deben procurar entender el contexto o los antecedentes del bloque de las Escrituras y adentrarse en ese bloque de las Escrituras hasta que se familiaricen con el contenido. Adentrarse en las Escrituras significa leer, estudiar, meditar y orar por la inspiración y la comprensión acerca de lo que se lee.

    Una de las cosas más beneficiosas que puede hacer un maestro para entender el contenido de las Escrituras es percibir los quiebres naturales en el bloque de las Escrituras, donde se presentan cambios de tema o de acción. Utilizando el material de estudio y sus propias reflexiones, los maestros pueden dividir entonces el bloque de las Escrituras en segmentos o grupos de versículos más pequeños, siguiendo estos quiebres naturales. Estos segmentos más pequeños se convertirán en importantes componentes que los maestros utilizarán más adelante en su preparación para organizar el flujo de su lección, y les permitirá prestarle siquiera algo de atención a todo el contenido dentro del bloque de las Escrituras.


    Mientras esquematizan el bloque de las Escrituras de esta forma, los maestros deben también procurar mejorar su entendimiento sobre las personas, los lugares y acontecimientos y las relaciones causa y efecto que parezcan importantes, así como el significado de palabras y frases difíciles. Para lograr suficiente comprensión del contenido suele ser necesario leer el bloque de las Escrituras más de una vez.

    2. Identificar y entender las doctrinas y los principios.


    Además de entender el contexto y el contenido, los maestros deben identificar y comprender cuidadosamente las doctrinas y los principios del bloque de las Escrituras y revisar los que se sugieren en el material de estudio. A menos que ya se encuentre en el manual, el maestro debe hacer el esfuerzo de escribir las doctrinas y los principios en declaraciones claras y breves. Esto contribuirá a que tanto los principios como sus significados se cristalicen en la mente del maestro. También ayudará a guiar las actividades de aprendizaje durante la clase, y permitirá una comprensión mayor y una aplicación más enfocada por parte de los alumnos.


    3. Decidir qué principios y doctrinas son los más importantes que los alumnos deben aprender y aplicar.

    Casi siempre habrá en un bloque normal de las Escrituras, más material del que se pueda tratar con propiedad en una clase. Una vez que los maestros han estudiado las Escrituras y el material de estudio, necesitan decidir qué doctrinas y principios son los más importantes que sus alumnos deben comprender y aplicar. Para tomar esta decisión, los maestros deben considerar lo siguiente:


    Las impresiones del Espíritu Santo. Los maestros deben procurar continuamente la guía del Espíritu Santo para decidir qué principios y doctrinas deben recalcar en la lección.


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    La intención del autor inspirado. Los maestros deben procurar determinar lo que el escritor profeta deseaba comunicar. El presidente Ezra Taft Benson dijo: “Si ellos [los autores] vieron nuestros días, y eligieron aquellas cosas que serían de máximo valor para nosotros, ¿no es eso suficiente razón para estudiar el Libro de Mormón? Constantemente deberíamos preguntarnos: ‘¿Por qué inspiró el Señor a Mormón [o a Moroni o a Alma] para que incluyera esto en su registro? ¿Qué lección puedo aprender de esto que me ayude a vivir en esta época?’” (“El Libro de Mormón: La clave de nuestra religión” Liahona, enero de 1987, pág. 4). Los maestros deben considerar preguntas similares al preparar sus lecciones para cualquier curso de las Escrituras que enseñen.


    Asimismo, los maestros deben recordar que la intención principal de los profetas en las Escrituras ha sido siempre la de testificar de Jesucristo. Como dijo Nefi: “ Porque toda mi intención es persuadir a los hombres a que vengan al Dios de Abraham, y al Dios de Isaac, y al Dios de Jacob, y sean salvos”(1 Nefi 6:4). Por lo tanto, un maestro debe preguntarse: “¿Qué enseña este bloque de las Escrituras acerca de Jesucristo que ayudaría a mis alumnos a entender Sus enseñanzas y Su expiación y a confiar en ellas?”.


    A medida que los maestros procuran determinar la intención del autor inspirado, deben cuidarse de no ir más allá de lo que es evidente en el texto. El élder Henry B. Eyring advirtió: “No debo pretender que sé todo lo que los autores querían decir y lo que no querían decir” (“‘And Thus We See:’ Helping a Student in a Moment of Doubt”, Una velada con el élder Henry B. Eyring, 5 de febrero de 1993, pág. 6).

    Los principios de conversión y las doctrinas básicas. Al determinar qué enseñar, un maestro debe considerar: “De todas las verdades que se podrían enfatizar en este bloque de las Escrituras, ¿cuáles ayudarán a mis alumnos a acercarse más al Padre Celestial y al Salvador y los guiarán a la salvación?”. El élder Henry B. Eyring aconsejó: “Cuando esté preparando una lección, busque en ella los principios de conversión … Un principio de conversión es uno que conduce a obedecer la voluntad de Dios” (“Converting Principles”, discurso en una velada con el élder L. Tom Perry, 2 de febrero de 1996, pág. 1).

    Henry B. Eyring

    Los maestros deben determinar también si el bloque de las Escrituras que están cubriendo enseña alguna de las doctrinas básicas que SI ha decidido poner de relieve. Estas doctrinas proporcionan a los alumnos una comprensión del plan del Padre Celestial y de las creencias fundamentales de la Iglesia (véase sección 2.7.2, “Las doctrinas básicas” en la pág. 00[35]).

    Las necesidades y habilidades de los alumnos. Mientras mejor conozca y entienda el maestro a sus alumnos, más fácil será identificar y resaltar principios relevantes que puedan ser aplicados fácilmente. Al estudiar los maestros un bloque de las Escrituras, pueden hallar ideas o conceptos que les resulten apasionantes o de particular importancia personal, pero que pueden sobrepasar la capacidad y la comprensión espiritual de los alumnos (véase, por ejemplo, el consejo de Pablo acerca de la carne y la leche en 1 Corintios 3:2). Algunos principios que no son nuevos o interesantes para los maestros pueden ser de enorme importancia para los alumnos. Los maestros deben recordar que enseñan a los alumnos, no enseñan simplemente lecciones. Están creando una experiencia de aprendizaje y no sólo preparando reseñas de lecciones. El material de estudio puede ser de gran utilidad a los maestros para determinar qué principios y doctrinas pueden ser las más relevantes para los alumnos.


    El élder Richard G. Scott enseñó: “Determina lo que es la máxima prioridad, de acuerdo con las capacidades y necesidades individuales de tus alumnos. Si un principio clave es comprendido, interiorizado y se convierte en principio rector en la vida de los alumnos, entonces se ha logrado el objetivo más importante” (“To Understand and Live Truth”, Una velada con el élder Richard G. Scott, 4 de febrero de 2005, págs. 2–3).

    Un maestro que está decidiendo qué verdades debe enfatizar puede también planear mencionar brevemente un principio o una doctrina, que no se plantea enfocar mientras avanzan por el bloque de las Escrituras. Esto puede brindar una oportunidad al Espíritu Santo para personalizar un principio que, aun no siendo un punto importante de una lección, puede ser importante para un alumno en particular. Los maestros deben recordar igualmente que los alumnos pueden descubrir por su cuenta, y desear discutir algunas verdades del Evangelio que el maestro no había notado ni planeado analizar.


    Los maestros deben procurar confirmación del Espíritu para todas estas consideraciones. El Espíritu les ayudará a entender mejor la intención de los autores inspirados de las Escrituras, las necesidades de los alumnos y qué verdades del Evangelio ayudarán a los alumnos a acercarse más a su Padre Celestial y al Salvador.

    4. Decidir qué nivel de énfasis debe darse a cada segmento en el bloque de Escrituras.


    Teniendo una comprensión del contexto y del contenido del bloque de las Escrituras, habiéndolo dividido en segmentos más pequeños, conforme a su contenido, y habiendo identificado importantes verdades del Evangelio para que los alumnos aprendan y apliquen, los maestros están ahora preparados para decidir qué nivel de énfasis debe darse a cada segmento en el bloque de las Escrituras. Generalmente, recibirán el mayor énfasis los segmentos que contienen las doctrinas y los principios que un maestro procura realzar en la lección. Esto significa que para estos grupos de versículos, los maestros conducirán a los alumnos a entender su contexto y contenido, a identificar y entender las doctrinas y los principios importantes allí encontrados, a sentir la verdad y la importancia de estas doctrinas y estos principios en sus corazones, y a ayudarles a ver cómo pueden aplicar esas verdades en su vida.

    Otros segmentos de los bloques de las Escrituras pueden centrarse menos en las verdades que se enfatizan en la lección, pero no deben saltarse ni ignorarse. Los maestros deben planear que al menos harán un resumen de estos grupos de versículos.

    Nota: En raras ocasiones disponemos de un tiempo de preparación ilimitado. Un error común que hacen los maestros es dedicar tanto tiempo a leer, estudiar y tratar de decidir qué enseñar que no les queda suficiente tiempo para preparar cuidadosamente cómo enseñarlo. La preparación de cada lección llega a un punto donde el maestro debe decir: “Siento que poseo suficiente comprensión acerca de qué enseñar. Ahora tengo que decidir cómo voy a enseñar con eficacia”.

    Decidir cómo enseñar [4.3.4]

    Los maestros suelen emocionarse con los bloques de las Escrituras que van a enseñar y las verdades que han descubierto. Mediante su esfuerzo diligente por estudiar, entender y ser enseñados por el Espíritu, los maestros se sienten edificados y surge en ellos el deseo natural de comunicar lo que han aprendido durante su preparación. Si bien esto es apropiado, se debe recordar que el propósito de toda lección es que los alumnos entiendan las Escrituras, sean enseñados por el Espíritu Santo y se sientan alentados a aplicar lo que ellos aprenden. Para ello, casi siempre hará falta más que tener unos maestros diciendo a los alumnos lo que ellos han aprendido de las Escrituras y por qué sienten ellos que es importante. También requiere más que un maestro leyendo un versículo, comentándolo, y luego leyendo otro.


    Los alumnos se edifican cuando ellos son llevados a través de un proceso de aprendizaje que es similar al que experimentaron los maestros durante la preparación de la lección. Se debe guiar a los alumnos a escudriñar las Escrituras para entenderlas y descubrir las verdades del Evangelio por ellos mismos. Se les debe brindar oportunidades de explicar el Evangelio en sus propias palabras y de compartir y testificar lo que ellos saben y sienten. Esto ayuda a llevar el Evangelio desde sus mentes a sus corazones. 


    A medida que los alumnos experimentan regularmente el aprendizaje del Evangelio de esta manera, ganan confianza en su habilidad de estudiar las Escrituras por ellos mismos y de aprender por el Espíritu. Ellos sienten un deseo de aplicar en sus vidas lo que están aprendiendo. También están mejor preparados para explicar a los demás lo que ellos creen, y compartir testimonio de las doctrinas y los principios del Evangelio.

    Los maestros deben planear métodos que ayuden a los alumnos a experimentar este proceso de aprendizaje mientras avanzan juntos por las Escrituras en la clase. Al elaborar su plan para la lección, las respuestas a las siguientes preguntas proveen la base para decidir cómo enseñar:

    1. ¿Qué métodos y actividades de aprendizaje ayudarán a mis alumnos a comprender el contexto y el contenido que necesitan saber?


    2. ¿Qué métodos ayudarán a los alumnos a ser capaces de identificar y verbalizar las doctrinas y los principios clave, y les brindarán oportunidades de descubrir otros más?


    3. ¿Cuál será la mejor forma de ayudar a mis alumnos a entender dichos principios y doctrinas?

    4. ¿Qué métodos y enfoques conducirán a mis alumnos a sentir la verdad y la importancia de estos principios, y los invitará a compartirlos y testificar de ellos?


    5. ¿Cuál será una forma eficaz de ayudarles a ver cómo pueden poner en práctica esos principios y motivarlos a hacerlo?

    A continuación se dan algunas consideraciones para decidir cómo enseñar.

    Asegúrese de que los métodos de enseñanza están en armonía con el mensaje que se enseña y conducen a la influencia del Espíritu. En ocasiones, en un intento de entretener a los alumnos o conservar su interés, los maestros escogen métodos o utilizan técnicas que no conducen a la comprensión o a la edificación. Al seleccionar un método, los maestros deben considerar si el método realza o debilita el mensaje que se pretende que los alumnos interioricen. Por ejemplo, un juego instructivo puede ser una manera divertida y eficaz de enseñar información (como el orden de los libros en la Biblia), pero muy probablemente resulte contraproducente si el objetivo final es invitar a un sentimiento espiritual. Trabajar en pequeños grupos puede ser eficaz, pero debido a que consume un tiempo considerable, puede que no sea el mejor método para identificar una declaración sencilla de un principio.

    El maestro debe asegurarse de que los métodos y las actividades de enseñanza sean apropiados para un ambiente de aprendizaje del Evangelio, que no ofendan ni hieran a nadie y que conduzcan a la influencia del Espíritu.


    Utilice el material de estudio Los manuales de seminario e instituto ofrecen sugerencias acerca de cómo enseñar que implementan los aspectos fundamentales de la enseñanza y el aprendizaje del Evangelio. Al preparar cada lección, los maestros deben revisar cuidadosamente el material de estudio y seleccionar la información y los métodos que utilizarán para enseñar el bloque de las Escrituras. Los maestros pueden decidir usar todo o parte de las sugerencias para un bloque de las Escrituras o adaptar las ideas sugeridas a las necesidades y circunstancias de su clase.

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    Establezca la relevancia y el propósito. Cuando los alumnos perciben la relevancia de lo que están estudiando en el bloque de las Escrituras para sus propias situaciones y circunstancias, generalmente están más motivados a aprender y aplicar las enseñanzas del Evangelio. También están en capacidad de ver cómo las Escrituras proveen respuestas y dirección que les pueden guiar en situaciones de la vida real.

    Por consiguiente, al preparar cómo enseñar, sería prudente que los maestros reflexionaran en las verdades eternas contenidas en el bloque de las Escrituras y consideraran cómo pueden ser útiles y significativas en la vida de los alumnos. Con esto en mente, los maestros comenzarán a menudo la lección con una pregunta, situación o problema relevante que guíe a los alumnos a escudriñar las Escrituras buscando principios y doctrinas del Evangelio que les brinden guía y dirección. Al preparar las lecciones, los maestros deben planear también formas de mantener el interés y fomentar la participación continua de los alumnos en el proceso de aprendizaje.


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    Determine el ritmo de avance. Los maestros deben hacer un esfuerzo diligente por cubrir el bloque completo de las Escrituras. Sin embargo, al determinar cuánto tiempo dedicarán a las diversas partes de la lección, es importante que recuerden que están enseñando a alumnos, no enseñando lecciones. Los maestros no deben estar tan rígidamente centrados en seguir el plan de la lección, que no admitan la posibilidad de inspiración o de una participación no planeada de los alumnos durante la clase, que pueda hacer necesario modificar la lección.


    Uno de los errores más comunes que cometen los maestros es tomar mucho tiempo en la primera parte de la lección, teniendo luego que ir con prisa en la última parte. En su preparación, los maestros deben estimar cuánto tiempo les llevará cubrir cada sección de la lección siguiendo los métodos que han seleccionado. Debido a que un maestro casi siempre tendrá más por enseñar que el tiempo necesario para ello, necesitará determinar qué porciones del bloque enfatizará y cuáles resumirá.


    Esta necesidad de cuidar el ritmo en cada lección, se aplica a todo el curso igualmente. Por ejemplo, en un curso del Nuevo Testamento, si los maestros pasan mucho tiempo en los cuatro Evangelios, no estarán en capacidad de cubrir adecuadamente las importantes verdades del Evangelio que se hallan en los libros restantes.


    La mayoría de los manuales de seminario e instituto ofrecen sugerencias para establecer un ritmo de avance y brindan un calendario que abarca todo el curso.

    Céntrese en ayudar a los alumnos a desempeñar sus funciones. Al preparar los maestros el cómo enseñarán, deben permanecer enfocados en el alumno y no solamente en lo que hará el maestro. En vez de preguntarse simplemente: “¿Qué haré hoy en la clase?” o “¿Qué enseñaré hoy a mis alumnos?”, el maestro debería abordar la preparación de la lección pensando además: “¿Qué harán hoy mis alumnos en la clase?”, “¿Cómo ayudaré a mis alumnos a descubrir lo que deben saber?”.

    Utilice una variedad de métodos y enfoques. Incluso una persuasiva técnica de enseñanza puede convertirse en aburrida e ineficaz si se utiliza demasiado. Si bien los maestros no deberían seleccionar los métodos sólo por variar, muchos maestros eficaces varían la manera de enseñar durante cada lección y de día en día. Los maestros deben estar preparados para cambiar los métodos durante la lección, si los alumnos han perdido el interés o si lo que están haciendo no parece estar ayudando a los alumnos a lograr los resultados deseados.


    El emplear una variedad de métodos de enseñanza puede ayudar a llegar hasta alumnos que aprenden de otras maneras. Los métodos de enseñanza y las actividades de aprendizaje que requieran que los alumnos empleen diversos sentidos, tales como la vista, el oído y el tacto, pueden ayudar a incrementar la participación de los alumnos y su recuerdo de lo enseñado.

    Si bien los maestros generalmente deben seleccionar los métodos que dominen bien y con los que se sientan cómodos, deben estar dispuestos a experimentar con nuevos métodos y enfoques que quizás les permitan ser aún más eficaces.

    El capítulo siguiente de este manual analiza una variedad de métodos y enfoques de enseñanza que los maestros podrían considerar cuando decidan cómo enseñar.