2022
Permanezcan en la senda de los convenios: el Sermón del Monte
Diciembre de 2022


Mensaje del Área

Permanezcan en la senda de los convenios: el Sermón del Monte

El presidente Nelson nos ha invitado a permanecer en la senda de los convenios. Las ordenanzas asociadas con la senda de los convenios son la parte visible de esa senda; el bautismo, recibir el don del Espíritu Santo, la ordenación al sacerdocio, la investidura del templo y la renovación de esos convenios, al participar de la Santa Cena. En el Sermón del Monte el Señor enseñó el camino hacia la felicidad. Me gustaría invitarlos a ver cómo se pueden relacionar ambos y qué podemos aprender de esa comparación.

En el Sermón del Monte, el Señor no menciona las ordenanzas reales, sino más bien lo que debería suceder en nuestro corazón y en nuestra alma al recorrer la senda de los convenios:

Arrepentimiento y bautismo:

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:3–4).

Aquellos que reconocen su estado carnal se sienten, incluso, menos que el polvo de la tierra, (véase Mosíah 4:2–4) y quieren cambiar y ejercer su fe para arrepentirse; son llevados a la aflicción a causa de sus pecados; y cuando vienen a Cristo por medio del arrepentimiento y son bautizados, ¿no son consolados?

Enós dijo, mientras participaba en ese proceso y después de suplicar y llorar para recibir el perdón de sus pecados: “Y vino a mí una voz diciendo: Enós, tus pecados te son perdonados, y serás bendecido.

“Y yo, Enos, sabía que Dios no podía mentir; por tanto, mi culpa fue expurgada” (Enós 1:5–6).

Cuando uno siente que sus pecados son perdonados, ¿no experimenta gran consuelo?

Recibir el don del Espíritu Santo:

“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra como heredad” (Mateo 5:5).

Mormón, escribiendo a su hijo, Moroni, explica la doctrina de Cristo: “y la remisión de los pecados trae la mansedumbre y la humildad de corazón; y por motivo de la mansedumbre y la humildad de corazón viene la visitación del Espíritu Santo” (Moroni 8:26).

Cuando se lleva a cabo la ordenanza de recibir el don del Espíritu Santo, este trae como consecuencia la mansedumbre y la humildad al corazón. Al sentir la expiación obrando en su vida, reconocen su completa dependencia del Señor Jesucristo. Sus deseos cambian, y la disposición a hacer el mal disminuye, a medida que aumenta su deseo de hacer el bien. ¿No ha nacido del Espíritu?

Renovar nuestros convenios bautismales al participar de la Santa Cena:

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6).

Cuando estuvo con los santos, en América, el Señor compartió la Santa Cena con Sus discípulos, y aquellos que comieron y bebieron buscando el reino de Dios y su justicia, ¿no estaban llenos?

Esta parte me indica lo que debo estar buscando al renovar mis convenios cada semana. Mi alma debe tener hambre y sed de justicia, buscando mejorar y arrepentirse de mis defectos.

Servicio en el sacerdocio:

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7).

El Señor nos invita, a volvernos hacia los demás y a ser misericordiosos. La expresión de compasión al servir a los demás, con el sacerdocio, es esencial. Los poseedores del sacerdocio deben actuar con misericordia y amor para ayudar a los demás a emprender este camino de transformación. Es al amar y mostrar compasión por nosotros mismos y por los demás que podemos progresar y ayudar a otros a avanzar en la senda de los convenios. Al expresar misericordia hacia los demás, ¿seremos misericordiosos con nosotros mismos?

Asistencia al Templo:

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

La invitación del Señor a poder verlo, conocerlo y entrar en Su presencia parece estar muy relacionada con la asistencia al templo. Esto también me indica qué disposición de corazón debo tener cuando asisto al templo. El templo es el símbolo mismo de ver a Dios y entrar en Su presencia; y, para hacerlo, se nos invita a purificar nuestras vidas y nuestros corazones.

En el templo, ¿no se nos invita a velar por nosotros mismos y purificar nuestros corazones?

Perseverar hasta el fin:

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

Parece que la asistencia al templo sería el final de la senda de los convenios, pero la invitación del Señor va más allá de entrar en el templo y conocerlo. Ahora que hemos llegado a conocerlo, estamos invitados a ser pacificadores, a aceptar todas las persecuciones por el bien del reino. Habiendo recibido esta investidura, ahora podemos ir revestidos de poder para establecer el reino de Dios en la tierra.

Esto me enseña lo que significa perseverar hasta el fin: no una espera pasiva hasta que llegue el fin, sino un compromiso activo para eliminar todos los conflictos en nuestras vidas, como el presidente Nelson nos invitó a hacer, ser pacificadores en nuestros hogares, familias y comunidades. El compromiso de estar armados con el poder de establecer el reino de Dios (véase 1 Nefi 14:14).

Caminar por la senda de los convenios ha sido una experiencia maravillosa que ha mejorado todos los aspectos de mi vida. Me ha bendecido con una hermosa familia, ha cambiado mi corazón, me ha dado innumerables oportunidades de servicio y me ha llevado a escuchar la voz de mi Redentor muchas veces. Años después de dar el primer paso, sigue siendo mi búsqueda y deseo: establecer el reino del Señor y experimentar el poder del Santo Sacerdocio de Melquisedec para bendecir la vida de quienes me rodean, al invitarlos a andar por la senda de los convenios.