Liahona
“¿Sabes cuán agradecida me siento?”
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Envejecer fielmente

“¿Sabes cuán agradecida me siento?”

La autora vive en Utah, EE. UU.

Cierta noche, mientras cuidaba de una hermana de edad avanzada, aprendí una perdurable lección sobre el dar las gracias.

Ilustración fotográfica de Getty Images; ilustración por Carolyn Vibbert.

Dorothy sabía que el fin estaba cerca. Todos los días perdía algo más, y no me refiero a cosas tangibles, sino a capacidades: La capacidad de bañarse por sus propios medios, la capacidad de prepararse la comida, la capacidad de caminar hasta el baño sin caerse, la capacidad de abrir la puerta trasera y recoger el periódico, la capacidad de escribir notas a sus seres queridos.

Sin embargo, aún había cosas que no había perdido: su determinación, su chispa y su gratitud. Debido a ello, estar con Dorothy producía gozo. Su casa parecía dar la bienvenida a invitados de ambos lados del velo.

Una noche, era mi turno de acompañarla como miembro de la Sociedad de Socorro del barrio para, supuestamente, ayudarla a ella. Se desató una tormenta de primavera y se produjo un corte de energía eléctrica alrededor de las 23:00 h. Nos percatamos de que no había suministro de electricidad cuando traté de encender las luces para poder ayudarla a ir al baño. Aunque movía el interruptor, no sucedía nada. Sin embargo, Dorothy estaba preparada: tomó una pequeña linterna de un bolsillo de su andador y nos las arreglamos con aquella escasa luz para cruzar el pasillo con cierta dificultad. Tras caminar con lentitud de regreso a su sillón, sonrió y dijo: “¿Sabes cuán agradecida me siento?”.

Ilustración fotográfica de Getty Images; ilustración por Carolyn Vibbert.

Esa misma noche, unos treinta minutos después de la medianoche, algo me despertó; sentí la impresión: “Dorothy necesita el equipo portátil de suministro de oxígeno”, y entonces noté que el burbujeo que siempre hacía el aparato de oxígeno que Dorothy usaba habitualmente se había detenido. Aún no teníamos electricidad. Corrí a buscar el equipo portátil de oxígeno y se lo coloqué, tratando de no despertarla. Al colocarle las mangueras sobre las mejillas, Dorothy alzó la vista y me dijo de nuevo: “¿Sabes cuán agradecida me siento?”.

Afortunadamente, nuestra presidenta de la Sociedad de Socorro me respondió cuando le envié un mensaje de texto a la 1:00 de la madrugada. Me dijo: “Aquí sí funciona la electricidad. Llamaré a la empresa de servicio eléctrico”. Gracias a su llamada, creo yo, a la 1:30 h de la madrugada llegaron algunos camiones y unos hombres comenzaron a trabajar para restablecer la electricidad a la casa de Dorothy. Cuando se despertó a las 2:30 h para volver a andar lentamente y a la luz de la linterna hasta el baño, miró por la ventana de la cocina y vio a todos los obreros. Me dijo: “Espero que sepan cuán agradecida me siento”.

Los obreros se retiraron a las 5:30 de la mañana, justo cuando se había agotado la batería del oxígeno portátil, aunque ya teníamos electricidad de nuevo. Tras otra lenta caminata hasta el baño, vimos cómo comenzaba a burbujear el aparato de oxígeno que Dorothy usaba habitualmente. La ayudé a acomodarse en el sillón y antes de cerrar los ojos, me contó en cuanto a tres visitantes que había visto durante la noche: ciertos familiares que habían venido a ofrecerle consuelo y paz. Luego me susurró de nuevo: “¿Sabes cuán agradecida me siento?”.

Me fui de casa de Dorothy a las 8:00 h de la mañana del sábado, cuando llegó otra hermana del barrio para acompañarla. Al sentarme en el automóvil, se me llenaron los ojos de lágrimas. Sentía mucho amor por Dorothy, mucho agradecimiento por los tiernos momentos que había pasado con ella.

De pronto, conforme sus palabras me acudían a la mente, ofrecí una oración de agradecimiento: “Padre Celestial, ¿sabes cuán agradecida me siento yo?”.

A pesar de la edad avanzada de Dorothy y de que necesitaba ayuda, su sencillo ejemplo de gratitud me bendijo aquella noche, así como continúa bendiciéndome desde entonces. Aunque ella ya ha fallecido, con frecuencia pienso: “¿Saben las personas cuán agradecida me siento?” y cada vez que lo hago, trato de expresar esa gratitud.