Liahona
La luz de Cristo
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Mensaje del Área

La luz de Cristo

Entre los años 1980 y 2000, mi país se vio envuelto en un conflicto armado interno que afectó la vida de millones de personas a nivel económico, social y personal; incluso muchos perdieron la vida a consecuencia de estos enfrentamientos. Durante esos difíciles tiempos, era común que las fuerzas que se oponían al gobierno derribaran las torres que sostenían los cables que transportaban la energía a las principales ciudades del País, sumergiéndolas en una densa obscuridad y completa angustia (en lo personal debo confesar que no me gusta la obscuridad y temo a todo lo que ella pueda representar).

Durante esas épocas de obscuridad, mi madre sabía que la única forma de brindar un poco de luz a nuestro hogar era encender velas, las cuales al ser ubicadas 1) al centro de nuestro hogar, 2) en lugares elevados y 3) junto a elementos que reflejaran su brillo, nos permitían ver, nos brindaban un sentido de seguridad y nos infundían paz.

En un sentido figurado, cada uno de nosotros podría sentir desesperanza y sentirse rodeado de obscuridad debido a las condiciones que nos rodean (los problemas de salud, los desafíos económicos, los conflictos familiares e incluso la muerte); sin embargo, el Señor nos extiende esta amable invitación: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Al pensar en esta Escritura y al recordar las épocas difíciles de mi vida, he llegado a sentir y a reconocer que Jesucristo es aquella Luz que nos guiará y sostendrá en nuestros momentos de desesperanza y obscuridad. Permítanme darles tres sugerencias para que la luz de Cristo se convierta en el faro que les guíe:

Permite que SU vida y enseñanzas ocupen el lugar central de TU vida

En La Familia: Una proclamación para el Mundo, encontramos un principio que debemos aprender: “La felicidad en la vida… tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”.

Recuerdo una experiencia que tuve durante mi servicio como misionero de regla en la ciudad de Huaraz, Perú. Era una mañana de domingo muy fría. Junto con mi compañero, nos levantamos muy temprano para ir a la capilla y ayudar en lo que fuera necesario. Al subir al autobús preferimos permanecer de pie y evitar sujetarnos del pasamanos por lo helado que estaban los asientos y el pasamanos. Al llegar a la capilla la notamos desolada (después de todo, era muy temprano para que hubiera alguien allí); sin embargo, al mirar a la primera banca cerca del estrado, notamos que había alguien; su postura encorvada hacia adelante nos hacía suponer que trataba de protegerse del frío. Al acercarnos nos dimos cuenta de que era una hermana cuya edad era muy avanzada; después de saludarla, le preguntamos cómo hacía ella para llegar tan temprano y sobre todo cuando hacía tanto frío. Ella nos miró y respondió: “¡Élderes, es muy sencillo!… mi espíritu va por delante y luego mi cuerpo sólo le sigue”.

Al alejarme de ella, quedó grabada en mi mente esa escena; esa bella hermana amaba tanto al Salvador como para dejar de lado el calor y la comodidad de su hogar a fin de ir a la capilla para renovar el convenio de la Santa Cena; esa era su forma de decirle al Salvador que Él ocupa el lugar central en SU vida.

Permite que SU vida sea tu modelo a Seguir

El Presidente Nelson, durante una velada para jóvenes Adultos, enseño:

“Cuando estamos desesperados por llegar a ser las personas que estamos destinadas a ser, nuestra visión cambia. Despertamos de la amnesia espiritual que el adversario tan ingeniosamente aplica y de repente vemos cosas sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre nuestra vida que nunca antes habíamos visto. La ‘diversión’ y el ‘entretenimiento’ del mundo comienzan a parecer casi ridículos, incluso quizás espiritualmente peligrosos. Comenzamos a ver los trucos y las trampas del adversario como lo que realmente son: tentaciones para hacernos olvidar nuestra verdadera identidad y destino.

“Empezamos a pasar nuestro tiempo de manera diferente. El tiempo en Facebook no parece tan inspirador como el tiempo en el templo. Experimentamos por nosotros mismos la profunda verdad que enseñó un presidente de templo: ‘Cuando entramos en el templo, dejamos el mundo de la farsa’. Nos interesan más las verdades eternas que el Señor nos enseñará en Su santa casa que los últimos comentarios sensacionalistas en las redes sociales, las cuales por lo general son superficiales y no estimulan la mente”.

Permite que TU Vida sea un reflejo de la Luz de Cristo

En el año 2007, un terremoto de intensidad IX en la escala de Mercalli azotó la ciudad de Pisco (situada al Sur de Lima), dejando 597 muertos, 76 000 viviendas destruidas y más de 431 000 damnificados. La situación fue tan grave, que miles de personas se quedaron sin vivienda, agua, luz y alimentos.

Diversos países ofrecieron ayuda, pero esta tardaría en llegar, por lo que la Presidencia del Área de la Iglesia invitó a los miembros de las estacas cercanas a que, en la medida de sus posibilidades, donaran alimentos para las familias de Pisco. En ese tiempo, era presidente en una de las estacas de Lima, por lo que, junto con los líderes de estaca y barrio, se hicieron los preparativos para que las familias y miembros que tuvieran las condiciones económicas suficientes pudieran ser invitados a compartir (en una fecha determinada) sus donativos en víveres para nuestros hermanos que había perdido todo en la ciudad de Pisco.

Al llegar el día seleccionado para la entrega, me encontraba en el centro de estaca recibiendo los donativos, cuando a lo lejos, por una de las puertas de la capilla, pude ver a una hermana de muy avanzada edad (cuya condición económica era muy escasa) ingresar cargando un bolso que, a lo lejos, se veía muy pesado para ella; por lo que corrí a ayudarla. Al estar cerca de ella le pregunte: “Hermana, ¿qué hace aquí y con una bolsa tan pesada?”; ella respondió: “Presidente, ¡¡¡vengo a traer mis donaciones para nuestros hermanos de Pisco!!!” Conociendo la situación de extrema pobreza y sintiendo que ella, en vez de dar ayuda a otros, debía ser ayudada, le dije: “Hermana, usted no necesita dar”; a lo que ella me respondió: “¡Presidente, por ¡por favor, no me quite la oportunidad de servir!, sé que por medio de esto recibiré bendiciones.

Esta bella hermana, no estaba dispuesta a que nadie le quitara la oportunidad de ayudar a otros, y por medio de esto que alguien sintiera el amor de Cristo en medio de sus dificultades y pruebas. Estoy seguro de que nuestro Padre Celestial bendijo a nuestra hermana por sus bellas acciones. Ese día aprendí que el reflejar la luz de Cristo en nuestra vida no depende de las condiciones que nos rodean, sino de lo que podamos tener en nuestro corazón.

Al recordar esas épocas, donde la obscuridad llenó mi corazón de temor y ansiedad, y cómo la luz de una tenue vela me infundió paz y tranquilidad, quiero compartir con todos aquellos que se encuentren solos, tristes, agotados, sin esperanza y en la obscuridad que Cristo es la Luz que puede brindarles paz en medio de la aflicción y desesperanza. Él les conoce, les ama, sabe y tiene el poder para bendecirles; solo necesitamos permitirle a Él ser el centro de nuestra vida, nuestro modelo a seguir, y luego buscar reflejar Su amor a otras personas.

Esto lo comparto en el dulce nombre de Jesucristo. Amén.