Liahona
La fe en todos los niveles de capacidad

La fe en todos los niveles de capacidad

Cada uno de nosotros puede ayudar a edificar el Reino de Dios de maneras singulares y poderosas.

Cada persona de la tierra tiene diferentes puntos fuertes y debilidades, aspectos en los que tiene capacidad, así como limitaciones. En este artículo, se presenta a tres miembros de la Iglesia que viven con afecciones a las que, en términos médicos, define como discapacidades. Sus buenas obras prueban que, especialmente cuando se trata de seguir al Salvador, sin duda son capaces de ayudar a edificar Su reino, son capaces de marcar la diferencia y son capaces de dar ejemplos que los demás pueden seguir.

Ministrar con amor

El presidente Juan Medina presta servicio como presidente de rama por segunda vez, pero esta experiencia es un poco diferente. En esta ocasión, no le es posible ver a las personas a las que ministra. “Perdí la vista poco a poco, pero no perdí la capacidad de servir que el Señor siempre me ha ofrecido”, dice el presidente Medina desde su casa en Sonora, México. “Tener la capacidad de ministrar a mis hermanos y hermanas es un privilegio”.

Durante la pandemia del COVID-19, el presidente Medina llamó a cada miembro de la rama para ver cómo estaba; dice que aquello no solo ayudaba a los demás, sino que también lo ayudaba a él a sentirse menos deprimido y con menos estrés. “Por medio de la ministración, ya sea que alguien me haya ministrado a mí o que yo ministre a otras personas, llego a conocer el verdadero amor de Cristo”.

El presidente Medina dice que, en especial, le encanta trabajar con los miembros recién bautizados. “Puede verse una clara diferencia entre su vida antes y después del bautismo”, dice. “El amor los cambia”.

Cuando se le preguntó en cuanto a los desafíos que afronta, el presidente Medina no mencionó sus impedimentos de la vista en absoluto. Más bien, sus comentarios se centraron en las personas que no están presentes en la reunión sacramental de cada semana y en el modo en que desea que sepan cuánto se les echa de menos.

“La bendición más grande que he recibido es que mi vida ha cambiado a través del Evangelio”, dice, “y el ser ciego no ha cambiado eso”.

Llevar cientos al templo

Fotografía del Templo de Los Ángeles, California, por Jamie Dale Johnson.

Hay pocos lugares en los que Heather Nilsson prefiere estar aparte del templo.

“Es un lugar maravilloso, porque es literalmente la Casa del Señor”, dice. El Templo de Los Ángeles, California ocupa un un lugar especial en su corazón, pues es donde sirvió en una misión. Gran parte de la obra de las ordenanzas que llevó a cabo fue a favor de miembros de su familia.

Heather Nilsson

“Jamás pude conocer a mi abuelo en persona, pero llegué a conocerlo en el templo”, dice.

El vivir con parálisis cerebral hace que muchos aspectos de la vida resulten difíciles. La hermana Nilsson dice que en ocasiones se siente desanimada por lo que dicho defecto de nacimiento le impide hacer, como conducir un automóvil o correr alrededor de la manzana, por ejemplo. No obstante, su confianza en el plan de Dios le brinda esperanzas más potentes que el desaliento. Recuerda vívidamente el día en que aprendió por primera vez acerca de la resurrección; en ese entonces tenía seis años de edad y había sido adoptada por una familia Santo de los Últimos Días.

“Las cosas que no puedo hacer ahora las podré hacer después gracias a la expiación de Jesucristo”, testifica.

Mientras tanto, la hermana Nilsson sigue ayudando a Dios a salvar almas valiéndose de su talento para la obra de historia familiar. Ha buscado los nombres de cientos de personas, tanto en su familia adoptiva como en su familia biológica, y ha ayudado a efectuar las ordenanzas por ellas. Cuando tiene días difíciles, lee su bendición patriarcal, lo cual le renueva la fe y le recuerda que debe ver los desafíos actuales desde una perspectiva eterna.

La hermana Nilsson dice que espera que todas las personas que lean este artículo sepan cuánto se les ama. “Si tuviera que elegir un mensaje para compartir, sería que no estamos solos, aunque así lo sintamos a veces. El Padre Celestial te ama. Eres Su hijo(a)”.

Infundir confianza y ánimo

Mientras aguardaba con ansias ayudar a bendecir la Santa Cena, Bridger Pons también temía algo: el leer y memorizar las oraciones sacramentales. Bridger tiene dislexia, una discapacidad del aprendizaje que dificulta leer y escribir.

“Me he esforzado mucho para llegar a leer bien, pero todavía me pongo nervioso cuando tengo que leer en voz alta frente a grupos de personas”, dice Bridger. “Cuando estoy nervioso, cometo errores, lo cual, a su vez, me pone aún más nervioso”.

Bridger Pons

De modo que Bridger y su madre imprimieron las oraciones sacramentales en un formato que resultara más fácil de leer: tenía letras más grandes y estaba organizado con frases cortas y separadas. Tras mucha práctica, pudo recitar las oraciones sin cometer ningún error.

“Poder superar el desafío de leer frente a un grupo grande de personas tal vez no sea un gran problema para muchas personas, pero para mí fue importante”, dice Bridger.

Su esfuerzo adicional terminó bendiciendo a otras personas de maneras inesperadas. Después de la reunión, varios miembros del barrio se le acercaron y dijeron que su forma de leer lenta y calculada les había ayudado centrarse en el Espíritu durante las sagradas oraciones. Además, mientras ayudaba a los líderes a comprender sus desafíos, Bridger se enteró de que otros hombres jóvenes de la estaca necesitan ayuda similar. El temor a leer afectaba su participación en la Iglesia y su confianza al prepararse para el servicio misional. Ahora, la familia Pons comparte materiales de ayuda para la lectura con otras personas cada vez que le es posible.

Bridger dice que espera que más personas lleguen a comprender que la capacidad de leer de la persona no refleja su nivel de inteligencia. También comparte estas palabras de aliento para quien tenga dificultades de lectura como las de él: “No estás solo y eres inteligente”.

Edifiquemos Sion juntos

Las Escrituras enseñan que a cada persona se le ha dado un don espiritual de Dios (véase Doctrina y Convenios 46:11), lo cual incluye a las personas de todo nivel de capacidad. Por ejemplo, tal vez algún día nos enteremos sobre oraciones elevadas en silencio que nuestros hermanos y hermanas que no puedan hablar hayan ofrecido por nosotros, o sobre la porción adicional del Espíritu que ellos hayan invitado a nuestro hogar.

Tenemos la oportunidad de continuar edificando Sion juntos, contribuyendo con cualquier capacidad que tengamos para ofrecer. Nuestra familia de la Iglesia estará completa solo cuando todos sean incluidos y apreciados.