2020
Las bendiciones sutiles del diezmo
Diciembre de 2020


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Las bendiciones sutiles del diezmo

Las bendiciones que recibo por pagar el diezmo no son como el maná que cae del cielo, pero estoy segura de que las bendiciones llegan igual.

Me parece que cuando escucho testimonios sobre pagar el diezmo, siempre incluyen experiencias milagrosas y asombrosas.

Estoy agradecida por esos testimonios, pero nunca he tenido ese tipo de experiencias.

Pero tampoco me ha golpeado nunca el Espíritu en la cabeza; siempre ha sido algo más sutil.

Siempre he pagado el diezmo; nunca se me ha pasado por la cabeza el no pagarlo, al principio porque mis padres esperaban que lo hiciera, y luego, cuando fui a la universidad, porque me sentí inspirada a hacerlo. Cuando me casé y empecé a tener hijos, continué pagándolo porque tenía fe en Jesucristo y un firme testimonio de las bendiciones que se pueden obtener al pagar un diezmo íntegro.

Cuando pago el diezmo, las cosas salen bien. Siempre tenemos suficiente comida; las cosas terminan siendo un poco más baratas de lo que pensaba, o puedo encontrar rebajas o cupones. Una cosa es cierta, tengo que trabajar para lograrlo; requiere esfuerzo y fe. Ahorramos, somos frugales y elaboramos un presupuesto; pero, al fin y al cabo, al final, siempre sé que las cosas saldrán bien porque he pagado el diezmo, he hecho lo mejor que he podido y he dejado el resto en las manos de Dios.

Mientras pensaba en mis experiencias y en por qué tengo un testimonio tan firme del diezmo, pensé en algo interesante. Al menos para mí, las bendiciones del diezmo no son como el maná del cielo. No recibo al azar cheques de dinero en el correo ni comidas de alguien que fue inspirado a traerme algo. Es más como cuando Jesús alimentó a los cinco mil (véase Mateo 14:14–21). Un joven ofreció toda la comida que tenía; el Salvador dio gracias a Dios y luego alimentó a todos con solo cinco panes y dos peces. De forma milagrosa, todos comieron suficiente y sobró comida.

Ha habido semanas en las que no estaba segura de lo que iba a comer, porque necesitaba alimentar a mi familia, pero de alguna manera, siempre hay suficiente. La comida no aparece de repente, pero me siento satisfecha con una porción más pequeña y mi esposo también. No recibo dinero extra, pero puedo hacer que alcance el que tenemos.

Es increíble cómo trabaja el Padre Celestial con nosotros y con lo que necesitamos. Todas las personas son diferentes; las necesidades de cada uno son diferentes y, por ello, nuestras bendiciones son diferentes. Es asombroso lo pendiente que está Él de nuestras necesidades, tanto físicas como espirituales. He sido bendecida al pagar al diezmo; quiero que lo sepan.