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La ministración por medio de la reunión sacramental
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Principios de ministración

La ministración por medio de la reunión sacramental

La reunión sacramental brinda oportunidades para relacionarse con los demás y ministrarles.

Ilustraciones por Edward McGowan.

La reunión sacramental es un momento de nutrición espiritual y reflexión personal sobre el Salvador y Su expiación. A medida que participamos de la Santa Cena cada semana, nos edificamos juntos (véase Doctrina y Convenios 84:110). Sin embargo, algunas personas de nuestros barrios y ramas llevan sobre sí cargas pesadas o no asisten nunca.

A continuación figuran algunas oportunidades de cómo podríamos aprovechar esa hora sagrada para ministrar a los demás y marcar una diferencia en su vida.

Ayude a mejorar la reunión sacramental para aquellos a quienes ministra

El primer paso para aprender a ministrar es conocer a las personas o familias y sus necesidades. Podría haber maneras de ayudarles a mejorar su experiencia en la adoración sacramental y lo puede lograr sencillamente conociendo más sobre ellos.

Para Mindy, una joven madre de pequeñas mellizas, los sencillos esfuerzos de su hermana ministrante marcaron una enorme diferencia en la experiencia que tenía durante la reunión sacramental cada semana.

“Debido al horario de trabajo de mi esposo, llevo sola a nuestras mellizas a la Iglesia todas las semanas”, explica Mindy. “Es realmente abrumador intentar pasar toda la reunión sacramental con dos pequeñas inquietas, pero mi hermana ministrante se ha comprometido a ayudarme.

“Se sienta con nosotras y me ayuda a cuidar a mis hijas todas las semanas. El solo tenerla a mi lado significa mucho y realmente alivia mi ansiedad en los momentos de berrinches o irritabilidad de las pequeñas. No creo que llegue a saber cuánto me han impactado sus acciones en este momento de mi vida. Percibió mis necesidades como madre joven y llena de ansiedad y me ayuda a convertir la Iglesia en un lugar pacífico y feliz para todas nosotras”.

Ideas para ayudar a las personas con necesidades específicas

  • Consulte con los líderes del cuórum de élderes y de la Sociedad de Socorro sobre las necesidades de los miembros.

  • Los líderes planifican los discursos de la reunión sacramental para ayudar a satisfacer las necesidades de los miembros. Si aquellos a quienes ministra se beneficiarían por escuchar un mensaje determinado, comparta esa idea con sus líderes.

  • Si sabe que alguien padece una discapacidad o alergia alimentaria que le impida disfrutar de las bendiciones de la Santa Cena, pídale detalles y qué adaptaciones se podrían hacer para mejorar su experiencia de adoración. Comparta esta información con sus líderes1.

  • Si alguien a quien ministra o conoce está confinado en su hogar, ya sea de manera permanente o temporal, pregúntele a su obispo si se le puede dar la Santa Cena en su casa. Incluso podría tomar notas durante la reunión sacramental y compartirlas por teléfono, correo electrónico o en persona.

  • Si alguien a quien ministra tiene hijos pequeños, puede ofrecerse para ayudarlos durante la reunión sacramental.

  • Si las personas a las que ministra no asisten con regularidad a la reunión sacramental, intente comprenderlas y pensar en maneras de ayudarlas. Si necesitan transporte, podría ofrecerse a llevarlas en su vehículo. Si no cuentan con el apoyo de la familia, podría invitarlas a sentarse con usted. Podría extenderles invitaciones especiales para ayudarlas a sentirse bienvenidas y aceptadas en la reunión sacramental.

Recuerde, los actos sencillos pueden marcar la diferencia

Al hablar de la ministración, la hermana Jean B. Bingham, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, enseñó: “A veces pensamos que tenemos que hacer algo grandioso y heroico para ‘que cuente’ como servicio a nuestro prójimo. Sin embargo, los actos simples de servicio pueden tener efectos profundos tanto en los demás como en nosotros mismos”2.

En un barrio pequeño de Bélgica, Evita a menudo se ofrece a interpretar durante las reuniones de la Iglesia para visitantes y miembros que hablan español. Una vez, le presentaron a Evita una persona de la República Dominicana que estaba aprendiendo sobre la Iglesia. Él sabía algo de inglés, pero el español era su lengua materna, por lo que Evita se ofreció a interpretar en voz baja para él en la reunión sacramental, a fin de que se sintiera más cómodo.

“Traducir puede hacer a veces que mi día de reposo sea más ajetreado”, dice Evita, “pero seguir la impresión de preguntarles a los demás si necesitan un intérprete me brinda definitivamente un sentimiento de gozo y calor al saber que puedo ayudarlos a sentir el Espíritu y disfrutar de sus reuniones”.

Ideas para ayudar a través de actos sencillos

  • Hable con sus líderes para ver quién podría necesitar una pequeña ayuda extra durante la reunión sacramental, o si conoce a alguien que sí la precise, asegúrese de que sus líderes estén pendientes de ellos.

  • Siéntese en silencio mientras espera que comience la reunión. Eso ayudará a “los demás corazones quebrantados y espíritus apesadumbrados que están a nuestro alrededor”3, quienes necesitan la paz que se puede experimentar mediante la reverencia en un lugar santo.

  • El domingo de ayuno, considere la posibilidad de dedicar el ayuno y sus oraciones a alguien a quien ministra y que pueda necesitar consuelo adicional.

  • Ore para saber si hay alguien que podría beneficiarse de que usted se siente a su lado o cerca durante la reunión sacramental o si hay alguna otra manera en la que podría ayudarle.

La reunión sacramental puede ser un lugar acogedor para todos

El presidente Joseph Fielding Smith (1876–1972) enseñó: “[L]a reunión sacramental es la más sagrada, la más santa de todas las reuniones de la Iglesia”4. En ese caso, es importante asegurarse de que todos los que asisten a la reunión sacramental se sientan bienvenidos y sean nutridos espiritualmente, sobre todo los nuevos miembros o los miembros que no hayan asistido por algún tiempo.

Merania, de Nueva Gales del Sur, Australia, se hizo amiga de una mujer que estaba aprendiendo sobre la Iglesia en su barrio. “Ahora se ha convertido en una de mis amigas íntimas”, explica Merania. “Me encanta sentarme con ella en la reunión sacramental todas las semanas y siempre le pregunto cómo está y si hay algo que pueda hacer para ayudarla”. Después de algún tiempo, la amiga de Merania se bautizó. Los esfuerzos de los miembros del barrio, así como el ambiente acogedor en la reunión sacramental, desempeñaron un papel importante en la decisión que tomó.

Ideas para ministrar a miembros que regresan o a miembros nuevos

  • Cuando vaya a discursar en una reunión sacramental, podría invitar a amigos, familiares y otras personas a que vayan a escuchar su mensaje.

  • Puede buscar a los que están solos o que podrían necesitar ayuda y darles la bienvenida. Pregunte si puede sentarse junto a ellos o invítelos a sentarse con usted.

  • Cuando finalice la reunión, podría invitar a aquellos a quienes ministra y a otras personas a las próximas actividades de la Iglesia, al templo o a un evento social.

  • Si alguien a quien ministra asiste a la reunión sacramental pero no ha asistido por algún tiempo, puede preguntarle si tienen alguna pregunta sobre lo que se enseñó. Dígales que siempre pueden preguntarle a usted si hubo un término, una historia o una doctrina que no comprendieron. Pueden buscar las respuestas juntos, si fuera necesario.