A los misioneros reasignados de forma inesperada
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    A los misioneros reasignados de forma inesperada

    ¿Dio su misión un giro sorprendente? Estos son los consejos de una persona que entiende un poco de lo que usted está pasando.

    Pondering the Scriptures

    La autora vive en Utah, EE. UU.

    Muchos de ustedes, misioneros, no se hallan donde esperaban estar en este momento, aguardando para saber cuál será su nueva asignación de misión, o tal vez incluso hayan regresado a casa. Contemplar el desarrollo de estas historias ha despertado en mí los tiernos recuerdos de mi propia experiencia en la misión, hace unos años. He pensado que podría compartir varias perspectivas que tal vez podrían ser útiles, de una misionera reasignada de forma inesperada a otro.

    Evacuación de Albania

    A principios de 1997, yo era misionera en Albania. A mis compañeros y a mí nos encantaba el campo, los deliciosos pasteles de queso y espinacas y cómo sonaba el idioma que nos habíamos esforzado tanto en aprender. Sobre todo, nos encantaba trabajar con las personas de ese lugar.

    Con el tiempo, el clima político a nuestro alrededor se volvió más tenso. Intentamos mantenernos enfocados en compartir el Evangelio pero sin querer escuchábamos las noticias sobre las fuerzas rebeldes que cobraban fuerza en todo el país. Luego el gobierno impuso el toque de queda y las cosas empezaron a ponerse violentas; la nación se encaminaba hacia una guerra civil.

    Finalmente, el 14 de marzo, se evacuó a toda la misión. Nunca olvidaré la llamada telefónica en la que nos dijeron que era hora de reunirse para huir del país. La cabeza me daba vueltas con pensamientos y sentimientos contradictorios. Por supuesto que quería estar a salvo, pero la idea de dejar a las familias a las que habíamos llegado a amar tanto, sobre todo en esa situación caótica, me rompía el corazón; ni siquiera tendríamos la oportunidad de despedirnos.

    Para salir del país tuvimos que viajar en helicóptero hasta un portaaviones y después un traslado corto en Italia antes de ser reasignados a diferentes misiones. Se me asignó ir a Inglaterra. Fue rápido y un tanto emocionante, pero sobre todo fue realmente difícil. Uno de mis últimos recuerdos de Albania fue ver el paisaje empequeñecerse bajo el helicóptero, preguntándome qué les pasaría a las personas que dejábamos atrás.

    Hallar paz

    Aunque los detalles de sus experiencias sean diferentes a los míos, apuesto a que, justo ahora, algunos de ustedes están sintiendo emociones contradictorias similares; así que espero que también se identifiquen con lo que tengo que compartir a continuación. Estos son seis principios que me ayudaron a hallar paz después de los giros y vueltas impactantes de mi experiencia como misionera de tiempo completo.

    1. Conectar con los demás. Tal vez usted tenga sentimientos tristes y confusos que le hagan querer alejarse de los demás. Sin embargo, es importante permanecer conectado, sobre todo al principio mientras se adapta. Tienda la mano a las personas que se preocupan por usted y que le ayudan a mantener el ánimo elevado. Con la tecnología que hay disponible en la actualidad, ¡realmente no hay excusa! Tal vez podría encontrar a alguien con quien practicar su habilidad con el idioma que aprendió. Puede que incluso pueda mantenerse en contacto con personas a las que prestó servicio y enseñó. Aunque se sienta fuera de lugar en este momento, no está solo. Incluso si su familia y amigos no saben cómo apoyarle a la perfección, seguro que la mayoría de ellos realmente se preocupan por usted y quieren que esté bien.

    2. Siga compartiendo su testimonio. Sin importar en qué lugar se encuentre mientras lee estas palabras, no tengo dudas de que está rodeado de personas que serían bendecidas por la perspectiva única que ahora tiene. No rehúya compartir lo que ha aprendido y sentido como misionero de tiempo completo, no importa cuán largo o corto haya sido su tiempo en “el campo”. A medida que procese los recientes acontecimientos y reconozca la mano de Dios en su vida, comparta esas reflexiones con sus seres queridos. Tal vez una lección que aprenda en su aventura es exactamente lo que alguien necesita escuchar.

    3. Confíe en que el Padre Celestial le conoce a usted. ¿Sabe qué? ¡Dios sabía que esto sucedería! Sabe todo lo que está ocurriendo en su vida, y su Salvador, Jesucristo, entiende exactamente cómo se siente. Ellos están con usted mientras camina por esa senda y pueden consolarle por medio del Espíritu Santo. Los sentimientos de angustia pueden durar mucho tiempo, y está bien. Confíe en el Señor cuando afirma: “Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” (Doctrina y Convenios 84:88).

    4. Tenga paciencia mientras sufre. ¿Se siente enfadado?, ¿triste?, ¿frustrado?, ¿o se encuentra pensando: “¡Esto es tan injusto!”? Tal vez esté sintiendo una serie de emociones completamente diferentes. Solo sepa que sea lo que sea lo que esté sintiendo ahora mismo, es legítimo. Está sufriendo una pérdida y es importante ser paciente con usted mismo mientras afronta ese proceso. Al mismo tiempo, tenga cuidado de no caer en el sensacionalismo con sus experiencias o darle tantas vueltas en la cabeza al pasado que tenga un efecto negativo en su capacidad de funcionar en el presente. Si siente que le está costando hacer frente a la situación de manera saludable, pídale a su obispo o a su presidente de misión que le ayude a contactar con un consejero profesional; no debe avergonzarse por pedir ayuda.

    5. Haga un esfuerzo para invitar al Espíritu. Continúe participando de lleno en la obra del Evangelio. Si se le reasigna, continúe obedeciendo las reglas de la misión. Busque maneras cada día de mostrarle al Espíritu que quiere que esté con usted y escriba la inspiración que reciba de Él. Permanecer cerca del Espíritu le ayudará a tomar decisiones sobre su futuro, así como a encontrar consuelo en su situación actual.

    6. Tenga confianza en que todavía es “llamad[o] a la obra”. Durante mucho tiempo, pensé que mi “llamamiento” era el lugar donde me habían asignado para servir como misionera. Ojalá hubiera entendido antes que mi verdadero llamamiento era ministrar a los hijos de Dios dondequiera que estuviese. Incluso después de quitarme la placa misional con mi nombre, todavía estaba obligada por el convenio bautismal a tomar sobre mí el nombre de Jesucristo y tratar a los demás todos los días como lo haría Él. Ya sea que tenga una nueva asignación de misión o que haya sido relevado del servicio de tiempo completo, tenga la seguridad de que sus talentos se pueden utilizar para edificar el Reino de Dios adondequiera que vaya.

    En Sus manos

    Creo que uno de los aspectos más desesperantes de dejar Albania fue que estábamos abandonando a santos completamente nuevos que ahora tendrían que avanzar en el Evangelio sin nuestra ayuda; ¿pero sabe qué? Realizaron un trabajo increíble. Aunque no estábamos allí para ayudarlos, Dios estaba con ellos. Desde que salí hace más de veinte años, la obra en ese lugar ha progresado y los santos son fuertes.

    Así que, estimado misionero, continúe buscando la mano de Dios en lo que se despliega ante usted. Todavía hay gente que necesita su voz y aún hay mucho gozo que encontrar. Utilice esa experiencia única como una oportunidad para profundizar en su relación con Dios. Que Él le bendiga mientras sigue avanzando con fe.